QUE TE TOQUE LA LOTERÍA

Un puente tan largo trabajando en un bar da para muchas reflexiones, y es que un bar es un entorno vivo, lleno de opiniones, de comportamientos, de temas de conversación, de actitudes…

Este fin de semana no puedo borrar una frase tan especial y profunda como la que escuché mientras realizaba mis funciones normales dentro de la barra:

Yo estaba sirviendo una copa de vino a uno de los clientes, uno de esos que va mucho por el bar y que nunca suele llamar la atención, simplemente toma su copa de vino, da las gracias deja la propina y se va, eso sí, siempre deja una sonrisa (por cierto no viene mal practicar eso en los bares, tanto para camareros y camareras como para clientes).

Mientras servía esa copa de vino otro cliente se acerca y le pregunta: “- ¿es que no vas a comprar lotería de navidad?”.

Cual fue mi sorpresa al escuchar… “- No… a mí me toca la lotería todos los días. Tengo salud, ganas de trabajar y una familia estupenda y de la que estoy orgulloso”.

Casi se me caen dos lagrimas al escucharlo, y es que sentí una alegría inmensa al escuchar hablar así a una persona que tiene más de 60 años y que vive la vida con esa filosofía.

Hoy en día todas las personas sueñan con que les toque una lotería, un cupón, una quiniela, … y esa es la única ilusión mientras seguimos trabajando, lamentándonos porque a otra persona le tocó cualquier cosa y a nosotros no. ¡Qué desgraciado soy! ¡qué mala suerte! ¿por qué no me pasa a mí?… son frases que utilizamos y decímos constantemente mientras la riqueza más grande que podemos adquirir pasa por delante de nosotros sin que le prestemos la más mínima atención.

Cada día que pasa me doy más cuenta de lo feliz que comienza una persona a ser cuando se olvida de esperar a que la suerte llame a su puerta y trabaja para buscar la suerte de encontrarse con los demás.

No quiero utilizar ningún tipo de demagogia y decir que no me hace falta dinero, por desgracia, lo necesito, pero quizás no tanto como parece o al menos no para depender de él tanto como para esperar que me llegue una gran cantidad para irme… ¿dónde?. Yo prefiero seguir con el día a día, persiguiendo sueños que yo construyo y tardando su tiempo en conseguirlos, al fin y al cabo la satisfacción de hacer algo está en las dificultades que se te plantean para conseguirlo y, por experiencia, ¡cómo se disfruta de algo cuando lo consigues con tu trabajo!.

Ganas de trabajar, ya sé que trabajar es jodido, lo sé porque lo he vivido y lo vivo, de mil formas, en mil trabajos, pero que distinto es trabajar con una sonrisa, que distinto es aceptar que el trabajo es algo que te puede enriquecer de un millón de formas, aunque a veces te den ganas de mandar lejos a más de una persona, jaja.

Este no sería mi blog si esta entrada quedara sin una pequeña, pesada y pedante lectura educativa, lo siento, es lo que tenemos los que nos empeñamos en aprender.

¿Qué pasaría si en las escuelas nos diera por aprender a construir sueños?¿qué pasaría si en lugar de decirle a nuestras niñas y niños lo que deben aprender para desenvolverse en la vida le préguntáramos cómo quieren desenvolverse en su vida?¿y si les mostramos la satisfacción de lograr sus sueños?

Qué dificil es todo eso cuando seguimos pensando y viviendo dentro de una economía consumista y de mercado que premia por tener y no por ser y donde se busca llegar a la meta lo antes posible, caiga quien caiga y pase lo que pase en el camino.

Hoy yo me uno a este cliente al que desde ese día miro como a un maestro más, un maestro de la vida, una de esas personas que sabe donde está su felicidad, que sabe quién es y que no busca recompensas gratuitas.

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