LOS ROSCOS DE MI ABUELA

Vengo de pasar la nochebuena y la navidad en casa de mi abuela, como cada año, como siempre que mi hermano o yo conseguimos que nuestros jefes nos den ese día libre para disfrutar de la familia, algo que intentamos conseguir de mil maneras cada año, aunque después tengamos que trabajar el doble otro día. Pero, año tras año las cosas van cambiando, todo evoluciona. A veces para bien, y otras para mal solemos dejar atrás costumbres, hábitos, etc.

Tengo la sensación de que la era de las telecomunicaciones está acabando ¡qué casualidad! con nuestra capacidad de comunicarnos cara a cara. Y es que ya no es necesario visitar a nadie para saber como está, simplemente una llamada de teléfono o una conexión a internet y ya podemos quedarnos tranquilos. No me entendáis mal, yo no soy de esos que está contra el avance de la tecnología, de hecho como casi todas las personas hoy día, tengo teléfono móvil (de los modelos avanzados), facebook, tuenti y ¡¡hasta un blog!!… pero no dejo de pensar que esas herramientas para comunicarnos no pueden hacer que me olvide del placer que se siente al sentarme delante de alguien y escuchar hasta que duelen los oidos cada una de sus palabras, mirar sus ojos, sentir sus gestos…

Ese estar reunidos se pierde poco a poco, o al menos es lo que yo veo o siento. Puedo ser carca, anticuado, puede que esté envejeciendo muy rápido y no me de cuenta, pero estas fechas son o eran, una excusa perfecta para ver a la mayoría de las personas que quiero disfrutando , hablando, cantando… pero los años pasan y las reuniones se van diluyendo en encuentros de unos pocos.

A mi siempre me gustó disfrutar estos días desde primera hora, quizás porque viví parte de mi vida con mis abuelos veía como mi abuela se levantaba para hacer pestiños y roscos, preparar comida (cuanto trabajo que no se ve cuando uno se pone a cenar sin más pensando que todo viene hecho), siempre con alguna de mis tías ayudándole y la mayoría de las veces con mi hermano y conmigo alrededor, intentando aprender a hacer la masa de los pestiños y los roscos (aún tenemos que llamarla cada vez que nos disponemos a hacer esos roscos o pestiños uhmmmmmm), creo que estábamos más pendiente de comer los que iban saliendo que de la receta, jejeje.

Cuando fuí algo más mayor me dedicaba a salir de cervezas con amigos, volver a comer y esperar, nervioso, a que dieran las ocho de la tarde para empezar a vestirme y ver como la casa se iba llenando poco a poco de gente para cenar, beber y pasarlo bien. Sí, las costumbres y la gente cambiaban, pero siempre, siempre todo terminaba con las copas de anís llenas, los pestiños y los roscos en una mesa cerquita, mi abuelo con una pandereta, alguien con la zambomba, todos cantando villancicos y mi abuela limpiándose las lágrimas.

Los últimos años he visto como todo eso iba cambiando, nietos y nietas se echan pareja, hijas e hijos prefieren quedarse en casa descansando y viendo la tele… y todo sigue su ritmo.

Las fiestas no son iguales, pero mi abuela sigue haciendo roscos y pestiños para esos días y, si llegamos algunos de estos nietos mayores que hemos vivido esas fiestas lo primero que nos dice es: “en el mueble hay rosquitos” y mi respuesta es siempre “ya cogí uno, jajajaja”.

Al final todos visitamos esa casa ya sea un día u otro, pero ya no coincidimos tanto en el mismo lugar, nos vemos más por messenger aunque allí no podemos cantar.

Creo que por mucho que se hable del jaleo que supone preparar las cosas para estos días, mi abuela aún espera que uno de estos años volvamos a reunirnos todos con los mismos villancicos, por eso hace roscos para 30 personas cuando terminamos siendo muchos menos.

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