¿El nivel intelectual de la Universidad es gallináceo?

“El nivel intelectual de la Universidad es gallináceo. Yo entiendo mucho de gallinas y al decir gallináceo quiero decir cosas científicamente justificables:

  • Las gallinas no vuelan, y en estos momentos la Universidad…
  • Las gallinas tienen una visión muy precisa, pero en túnel, para un espacio muy reducido. Como en las facultades.
  • Las gallinas no colaboran nunca. En la Universidad no se colabora ni en broma, siempre hay recelos.
  • Las gallinas ponen huevos que no valen para nada para su especie, y además son tan tontas que, aunque se pasen toda la vida sin incubar ninguno de sus huevos, porque se los quitamos, siguen poniéndolos. La productividad universitaria no se detiene a pensar: pero, ¿lo que estoy haciendo vale para algo?”

José Antonio Marina en una entrevista realizada por Cristóbal Cobo y Javier Esteban

Quizás solo añadiría una frase más a la cita: las gallinas siempre tienen un gallo que las controla y en nuestra universidad todo el mundo parece necesitar un gallo que diga lo que hay que hacer. Para quien tenga dudas puede consultar esta investigación (Forkman, B. y M.J. Haskell. 2004. The maintenance of stable dominance hierarchies and the pattern of aggression: for the suppression hypothesis. Ethology, 110(9):737-744.) o para no complicarse mucho dirigirse a esta página, quizás menos científica, pero más clara.

Pues sí, hace unos días ordenando todos los trabajos y papeles acumulados durante la carrera me encontré con un artículo en el que se citaba este fragmento de José Antonio Marina. Sin duda buscar y leer la entrevista completa da para comentar y entrar en un sin fin de detalles y temas por explorar, pero centrándome en tan sólo este fragmento me surgían mil preguntas que ya otras veces me he hecho y que se me ocurrió que no estaría mal compartir.

En muchas ocasiones he tenido la oportunidad de conversar con compañeras y compañeros sobre esa visión que a veces se tiene desde la Universidad, fundamentalmente en el profesorado, de aquello que ocurre más allá de los muros académicos. Me pregunto una y otra vez cómo la visión que se mantiene rehuye generalmente de una colaboración entre académicos o grupos de investigación, casi no merece la pena hablar si nos centramos en una colaboración entre ramas de conocimiento.

El problema que se produce ahora es que esa visión, que tradicionalmente podríamos achacar o atribuir al profesorado, se extiende actualmente a un estudiantado que parece entrar en un mundo paralelo cuando pisa las aulas universitarias. Cada vez más estudiantes universitarios se sitúan por encima del bien y del mal, se elevan (o así lo creen) por encima de cualquier mortal que no haya tenido la oportunidad o que no haya elegido seguir cursando la educación universitaria, e interiorizan que sus teorías y trabajos son más o menos válidos en función del título que le avale para realizarlo.

En muchas ocasiones, y con razón, he escuchado la lapidaria frase “la gente de educación estáis muy cerrados al exterior, no miráis más allá de vuestros muros” y a pesar de argumentar en defensa de un colectivo del que formo parte, al que respeto por encima de todo y del que tengo (tenemos) mucho que aprender, no me queda más que reconocer que, a veces, pecamos en exceso de una confianza en nosotros, y solo en nosotros, para cambiar, innovar y mejorar las cosas relacionadas con la educación.

Pero, más allá de todo eso la titulítis individualista en la que nos introducimos poco a poco nos ciega para construir caminos colectivos más comprometidos con el cambio de la realidad social y sobre todo educativa en la que nos encontramos inmersos, claro que aquí cabría preguntarse qué queremos cambiar y sobre todo si realmente a todas las personas inmersas en tareas universitarias, desde estudiantes a profesorado y PAS, les interesa cambiar esta deriva.

Mi respuesta es NO. esa respuesta no es más que la convicción, personal, totalmente sesgada y sin referencia a estudio cuantitativo o cualitativo alguno que la corrobore, de que existe una gran cantidad de personas que siguen pensando que el fin de estudiar una carrera universitaria es encontrar la comodidad para intentar trabajar el menor tiempo posible y poder disfrutar de un mayor prestigio entre la sociedad.

Mi respuesta es NO. Porque aún hay a quien le conviene que el sistema siga tal cual está, que premie el oportunismo, la mentira y la doblegación a los intereses de los poderes hegemónicos dominantes. Nos preguntamos por qué nuestras académicas y académicos no se manifiesta públicamente y en círculos de gobierno contra la situación actual pero sí lo hace en pequeños corrillos o en una cafetería. El estudiantado, en su mayoría, solo reproduce lo que genera mayor beneficio personal.

Todo ese afán de triunfo nos lleva a no preocuparnos por lo que pasa en la puerta del vecino, sobre todo porque el vecino no es más que un competidor más. La lógica neoliberal se ha insertado en una institución pública como la Universiad, es la privatización encubierta de la que hablan un gran número de sociólogos, economistas o intelectuales de prestigio. Es la lógica que plantea Zigmun Bauman desde su descripción de la sociedad líquida, todo lo que queda fuera del domínio de los mercados y del interés individual está condenado a ser desterrado a la “zona gris”. Pero, si para nosotros tiene sentido esa “zona gris” por qué nos dejamos llevar por la marea.

“Aquello que desde el punto de vista de la conquista de los mercados -conquista ya alcanzada o aún en curso- es una “zona gris”, para sus habitantes conquistados, conquistados a medias o a punto de serlo es una comunidad, un vecindario, un círculo de amigos, compañeros de vida y de por vida… Un mundo cuyos habitantes no son competidores ni objetos de uso y consumo, sino compañeros (que ayudan, que reciben ayuda) en el constante e interminable esfuerzo conjunto de construir una vida en común y de hacer que esa vida en común sea más fácil.” (Bauman, 2003, p. 99).

La apuesta del mercado es la individualización, y la apuesta de nuestras universidades se suma a esa individualización bajo la construción de un trabajo cooperativo/colaborativo ficticio firmado y sellado en multitud de documentos e informes, repetido verbalmente hasta el hastío, pero sin experimentación alguna en la práctica.

Se insta a estudiantes a trabajar en grupos de colaboración/cooperación para realizar un trabajo pero, por qué son posteriormente evaluados por un agente externo que jamás sabrá como funcionaron las dinámicas dentro del grupo, por qué se valora tan solo el trabajo/resultado final sin tener en cuenta el proceso de interacciones y de compromiso en la elaboración de la tarea.

Se insta a colaborar, pero esa colaboración queda siempre supeditada a alguien que la dirige y cuando ese alguien nos deja libertad de acción, en una gran cantidad de ocasiones, nos sentimos perdidos, desconcertados, como si nos enfrentáramos a algo con lo que nunca nos han dicho que hacer y cómo hacerlo. La capacidad autónoma de decisiones reflexionadas y conscientes se ha disipado en nuestras instituciones educativas desde la infancia y cuando nos llega el momento de decidir y actuar no sabemos qué camino tomar, ni tan siquiera como hacerlo.

Se ha institucionalizado la concepción de que dialogar, problematizar aquello que se está construyendo es el equivalente de discutir, romper relaciones y crearnos problemas con la persona de al lado y, seamos sinceros, en una sociedad alimentada por el progreso rápido y continuado, la reflexión y la discusión sobre el por qué y para qué de las cosas no hace sino estorbar al “correcto” devenir de los acontecimientos.

Nuestra querida universidad (o las investigadoras e investigadores que la habitan) se cuida bien de no frenar la producción científica que genera, pero la inmensa cantidad de esas investigaciones dificilmente influirán en una mejora de la sociedad. La razón no es otra que la de que esas investigaciones no fueron pensadas para mejorar o aportar cambios a la sociedad, sino para contribuir al currículum académico de quien las construye. Como escuché decir hace relativamente poco a John Elliot “no podemos conseguir grandes cambios, pero sí generar pequeños cambios desde acciones basadas en la investigación teórica, reflexiva y colaborativa”

La visión reflejada se torna, en cualquier caso, excesivamente pesimista. Afortunadamente tras los muros de nuestra Universidad continúan trabajando algunas personas que tratan de dar otra significación al sentido académico, que reconstruyen su práctica codo a codo con la sociedad y que buscan un sentido a lo que hacen.

 

Anuncios

4 responses to “¿El nivel intelectual de la Universidad es gallináceo?

  • mdaphe

    Creo que efectivamente el profesorado que publica mucho está cumpliendo con una parte de lo que se le demanda (no de lo que le demanda la sociedad, sino su currículum) pero no con todo lo que se le demanda. Como tú dices la calidad de lo que publican e investigan debería estar por encima de la cantidad de investigaciones que se producen, de lo contrario como hablábamos ayer publicar en AR tendrá mayor importacia que publicar algo innovador y que aporte una mejora a la situación que se vive.

    Por otro lado yo creo que hay muchas personas trabajando en esa mejora que mencionas, Carlos, pero la importancia no es, al menos para mí, solo trabajar para construir ese cambio, sino darle más publicidad y promoción a quienes comparten, colaboran y construyen cooperativamente por encima de quienes se encierran en las cuatro paredes de su habitación para que nadie vea lo que hace ni cómo lo hace.

    Pdta: me voy a comprar el diccionario María Moliner ;P

  • JuanMac

    El problema es qué haces con el profesorado que publica mucho, si es justamente ése el que está cumpliendo con lo que se le demanda… Es lamentable la programática de la investigación en España, que prima la cantidad antes que la calidad de lo que se hace.

    Y no parece que la cosa vaya a cambiar. Se toman más y más baremos de calidad, pero ninguno sobre la calidad del artículo en sí. Es como el que cree que ha escrito algo bueno porque le ha pasado al documento el corrector del word….

    Gracias por el post.

    PD: Illo, cada día usas un vocabulario más correcto, un día de estos vamos a tener que coger un diccionario para entenderte. Será porque no tengo una carrera todavia xD

  • Carlos Serrano Hermo

    No puedo estar más de acuerdo con lo que dices en este post. Me encanta además, el símil que has buscado con las gallinas.

    Lo único que puedo decir al respecto, es la conclusión final que he sacado yo leyendo tu post. Si construimos entre todos una Universidad y por qué no, unas Escuelas de Secundaria y Primaria en las que se favorezcan esos valores que tú ensalzas, compañerismo, compartir información etc,… seguramente estaremos más cerca de un cambio real en la sociedad.

    Sigue así David

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: