¿ser felices?

Acababa de terminar magisterio de educación física y en un año en el que decidía qué hacer tras terminar la diplomatura tomaba la decisión de conocer algo más de la educación, de no ser maestro hasta tener claro que educación, que formación podía ofrecer a quienes compartieran el proceso de aprender conmigo. Comenzaba a leer libros que nadie me había descubierto durante la carrera, comenzaba a sentir la frustración de quién ha pasado tres años en la institución con una única asignatura que le dejara marcadas a fuego las ganas de aprender y de enseñar, sí para quien la haya cursado es aquella que dan quienes algunas/os llamamos los tres magníficos. Casi todas misconstrucciones sobre la educación y sobre la escuela se venían abajo y de pronto un libro me devolvió las ganas de seguir adelante, me marcó algo por lo que merecía la pena creer en la escuela y en el cambio. Aquella lectura cambió toda una forma de concebir el mundo que me rodeaba.

Os dejo aquella reflexión que escribí cuando aún no tenía blog y todo aquello que escribía quedaba en un cuaderno o documento de word esperando una nueva inspiración para continuar su redacción:

“Hace poco una compañera me hablaba de un libro que estaba leyendo, me explicaba que aquel libro reflejaba la necesidad que tenemos hoy en día de ser felices, de cómo para ello buscamos conseguir todo lo que nos van poniendo por delante, comprar, tener, ser, lograr, mejorar, … .

Muchas veces me he planteado como me afectan a mí todas estas cosas y la verdad es que las conclusiones a las que llego no son demasiado esperanzadoras. ¿Alguien se ha parado a pensar por qué tenemos que conseguir todo lo que nos marcan desde pequeños/as?, seguro que sí, y cuando decidió acabar con ese destino prefijado recibió un “tú estás loco/a”, “sé realista, el mundo es así”, “tú no vas a cambiar el mundo” y un largo etc. de frases fatalistas y determinantes.

Hace unas semanas yo también terminé de leer un libro ¡qué casualidad!, este también hablaba sobre la felicidad, pero no de la necesidad de ser felices, sino de la necesidad de hacer felices, de hacernos capaces de sentir a la otra persona, de darle esperanza para conseguir sus objetivos y  de unir las fuerzas para cumplir el deber de ser felices, no yo, sino todas las personas que están siendo, que estamos construyéndonos, porque nadie puede crecer solo.

Ese libro, de Paulo Freire, esconde entre sus páginas una frase que, para mí, debería estar siempre en el centro de nuestra actividad como personas: “Me gusta ser persona, porque cambiar el mundo es tan difícil como posible”.

Nadie nos puede prometer que vamos a cambiar las injusticias que suceden día tras día, minuto tras minuto, pero nadie tiene derecho a quitarnos las ganas y el deseo de luchar por lo que creemos justo. Yo creo que como personas tenemos un deber que cumplir con el mundo, creer en el cambio, siempre posible en una realidad en constante movimiento. Un mundo en el que cada acción genera un pequeño efecto mariposa que hace que todo lo ajeno a mí varíe, solo por una pequeña decisión tomada en el momento oportuno.

Pero cambiar el mundo no es fácil, no basta con decirlo, no basta con pequeñas acciones para contentar a mi conciencia. Cambiar el mundo exige actuar, y tener siempre en mente para qué lo hacemos, qué queremos conseguir, y por qué de una forma y no de otra. Estos cuatro puntos creo que son los fundamentales siempre que tomamos una decisión, por eso creo que siempre debemos preguntarnos sobre ellos al decidir tomar un camino u otro.”

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