Autonomía política, dignidad, coherencia y ética representativa

Sin duda ante un título de un post como el que figura en la cabecera de esta entrada cualquier persona podría esperar un ensayo profundo y trabajada sobre la ética política, quizás con citas y referencias a Aristóteles, Ortega y Gasset, Espinoza, Gramsci, Chomsky, etc. Quizás haya quien espera los resultados de una profunda investigación en torno al papel de nuestras/os representantes hoy en día, con referencias a la crisis de legitimación o a la perdida de reconocimiento en torno a nuestras instituciones, con alguna que otra referencia a la sociedad líquida de la que nos habla Bauman y como no con innumerables párrafos sobre la crisis económica actual y su extensión a los diferentes ámbitos de la vida.

Para todo eso quedan los innumerables artículos de periódicos y revistas que día a día se reproducen en los medios de comunicación actuales. No es este un sitio donde vaya a verter mis impresiones y opiniones sobre toda la actualidad política (al menos no ahora y seguro no en el mismo formato o forma en que se hace en otros sitios), me ha parecido mucho más pedagógico citar una experiencia real, una experiencia vivida y reflejada por uno de los grandes pedagogos del siglo pasado, Paulo Freire. No hay mucho que decir sobre la cita, o sí, eso lo dirá el debate que puedan producir las palabras del autor de Pedagogía del Oprimido:

“Cuando asumí la Secretaría de Educación en Sâo Paulo, una semana después recibí una llamada del Banco Mundial que estaba en negociaciones con varias instituciones del estado de Sâo Paulo… Me llamaron de Boston y fijamos una entrevista. Yo y mi equipo recibimos una delegación del Banco Mundial, hablamos, y el presidente de la delegación del banco dijo: “Mire, profesor, nosotros tenemos cincuenta millones de dólares para prestarles, para la Secretaría de Educación” y añadió: “Ahora bien, hay algunas condiciones, la primera es que usted también tenga cincuenta millones”. Y yo dije que muy bien. “La segunda” – continuó- “es que usted pase sus cincuenta millones a algunas organizaciones no gubernamentales” (pensad que algunas organizaciones no gubernamentales también despiertan interés entre los neoliberales), “que usted pase los cincuenta millones para las organizaciones no gubernamentales, ellas no pagan, pero usted nos paga”. “Terccero” – dijo- “nosotros prestamos el dinero para un determinado tipo de trabajo… para escuelas”. “Cuarto, que la mayoría de las educadoras que van a trabajar con las organizaciones no gubernamentales deben ser personas no diplomadas, no formadas”.

Yo dije: “¡Mire, ¿usted sabe que el 70% de las profesoras de la red municipal de Sâo Paulo tienen posgraduados y que del 30% restante, el 20% tienen una carrera universitaria y que el otro 10% restantes son diplomadas?! ¿Y usted me propone, ahora que estoy comprometido con un trabajo extraordinario, gigantesco, que cuesta millones de dólares ponerlo en práctica, para la formación permanente de estas personas, usted me propone esto ahora?”.

Después continué: “Mire, señor, esto no se propone ni siquiera para las zonas más pobres del noreste de Brasil, donde hay falta de formación de los docentes. Ahora bien, me gustaría hacer una pregunta. Vamos a suponer que usted me pida lo que yo no le he pedido: un préstamo. Pero vamos a suponer que usted me pida cinco mil dólares (este es mi límite) y me dé pruebas, me dé señales de que usted puede pagar. ¿Usted aceptaría que yo le dijera: “Muy bien, yo le presto cinco mil dólares, pero hay algunas condiciones, primero, con estos cinco mil dólares usted tiene que comprar mil shorts hechos en Sâo Paulo, doscientos de color azul, trescientos estampados… y también tiene que comprar dos mil corbatas hechas en Recife…””

Y así hice una lista de exigencias para prestar los cinco mil dólares y pregunté: “¿Usted aceptaría esto?” y el dijo que no. Entonces yo respondí: “¿Cómo piensa usted que yo, que ya estuve preso, que ya fui expulsado de mi país y que escribí un libro titulado “Pedagogía del Oprimido” pueda aceptar esto? ¿Usted piensa que yo no respeto a mi pueblo? No, mi respuesta es no… muchas gracias, yo no quiero su préstamo”. Y el dijo: “¿Cuál es la condición para que usted acepte?” yo dije que tenía dos condiciones: “La primera no pagar nunca de vuelta el préstamo, y la segunda, que yo haga lo que quiera sin dar explicaciones o enviar informes a nadie. Estas son las dos exigencias sin las cuales, muchas gracias, no quiero su dinero”.

Y él entonces preguntó: “¿Y si la alcaldesa Luiza Erundina acepta?” Yo respondí: “Mire no hay “sí” en este caso. ¿Sabe por qué Erundina me llamó para ser secretario? Porque sabía, antes de llamarme, que un día una propuesta como esta sería rechazada por mí. Fue por esto que ella me llamó, porque sabía que yo diría “no” a usted o a cualquier persona que haga este tipo de propuesta. Pero suponiendo que Erundina haya enloquecido y dijera que acepta, yo entregaría mi cargo al momento y daría una entrevista diciendo: Erundina está loca“. Y me levanté y él se fue para siempre con su equipo. Esto es lo que tenemos que hacer. Esta es la cara de dignidad que tenemos que asumir en nombre de nuestro pueblo y no solamente en nombre de nosotros mismos, individualmente. No sería yo si estuviera allí haciendo un discurso delicado…”

(Texto extraído de Pedagogía del compromiso de Paulo Freire, paginas 99-101)

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