Disculpen las molestias estamos evalu… transformándo(nos)

Hace un año aproximadamente que como muchas y muchos sabéis comparto parte de mi tiempo en distintos módulos del Centro Penitenciario de Albolote gracias a la la gente de PIDES, a que aún considero que lo que hacemos allí es importante y a que los compañeros que dentro de la cárcel comparten esos días, siguen colaborando con nosotros en las pesadas actividades, películas y libros que trabajamos.

Llevaba tiempo queriendo dedicar una entrada a la evaluación, sobre todo porque en este mundillo en el que vivimos siempre hay alguna o algún atrevido que más que comerse el producto tal cual, trata de leer la etiqueta del mismo e incluso (cosa poco probable hoy en día) tiene la osadía de preguntar o preguntarse la procedencia de los ingredientes o componentes del mismo.

Para empezar, me gustaría dejar claro que la evaluación nunca es una tarea fácil ya se haga de forma individualizada o colectiva; desde la perspectiva de la autoevaluación o mediante evaluación por un agente externo. Por lo general tendemos a simplificar de tal manera los procesos de evaluación que terminan por aportar más bien poco al desarrollo de nuestras actividades. Así, una evaluación puede convertirse en una acumulación de objetivos cumplidos o por cumplir, vamos, en aquello que estamos acostumbrados a ver en todos los proyectos educativos, sociales, económicos, etc. que conocemos. Un proceso por el que queramos o no, todas y todos indivudualmente o como asociación tendremos que pasar de cara a la galería.

Pero, para mí, una evaluación es mucho más que eso. La evaluación de cualquier proyecto o acción educativa está siempre unida a la evolución del proceso que se está desarrollando, la evaluación se convierte así en la confirmación de la ideología, de los principios y de la fuerza del propio proyecto que estamos construyendo.

En las sesiones de club de lectura, en las distintas actividades y en los debates que establecemos en las sesiones que realizamos en la cárcel hay tres principios básicos que una vez fueron acordados en nuestro primer encuentro hemos respetado durante todas las sesiones:

  • Principio de intimidad: Lo que ocurre en el club de lectura, se queda en el club de lectura.

  • Principio de horizontalidad: Respetar la palabra y la opinión de cada participante aunque no estemos de acuerdo.

  • Principio de voluntariedad: Asistir al club, es totalmente voluntario, ni se prohibe ni se alienta la entrada por medios coercitivos ni de más interés que el propio club.

A estos tres principios que aprendí en mi primer día en el centro mis compañeros de PIDES Carlos y José, acordamos agregar en nuestra primera primera sesión uno nuevo:

  • Principio de libre intervención: mediante el cual acordamos que no será necesario pedir turno de palabra para hablar, comprometiéndonos a respetar y escuchar a la persona que esté interviniendo antes de interrumpir su discurso.

Dicho esto en un momento dado llegué a preguntarme: ¿qué derecho tengo yo para romper cualquiera de estos principios en la realización de la evaluación? O reformulando la pregunta ¿por qué romper estos principios al evaluar la actividad que estamos construyendo o desarrollando entre todos?

Vercauteren, “Mouss” Crabbé y Müller citando a Ardonio1 nos ofrecen dos tipos (a grosso modo) de evaluación, La “evaluación control” y la “evaluación signo”.

La “evaluación control” podríamos representarla como el modelo clásico de evaluación que estamos acostumbradas y acostumbrados a observar, planificar y realizar. En esta evaluación “se fija un marco, se determina un objetivo a alcanzar y éste se articula con una intención más lejana”

evaluación lineal

En este tipo de evaluación las preguntas que nos hacemos se repiten para todos los objetivos: ¿dónde estamos?¿qué nos queda?¿hemos seguido la línea o nos hemos desviado?

Planteandome mi propio proceso de evaluación traté de repasar los supuestos sobre los que se asienta una evaluación como la anterior. ¿De verdad una evaluación así tiene sentido en todos los contextos?¿Cómo evaluar un objetivo que varia en función de como lo hace el contexto y las propias personas que lo habitan y construyen?¿Cómo evaluar un proceso de cambio y aprendizaje continuo en un desarrollo horizontal de las relaciones?

Gran parte de las respuestas las hallé en los libros, pero una parte muy importante de las mismas no se encontraba en ellos, sino en mi propia experiencia al haber sido objeto de las evaluaciones constantes del sistema educativo y de la sociedad en la que vivimos. Existen variadas respuestas y alternativas a la evaluación tradicional y evidentemente yo no voy a descubrir ninguna nueva, pero quizás vaya siendo hora de que las asociaciones, entidades, colectivos, grupos y personas de forma individual que trabajan/trabajamos en el ámbito social no solo construyamos procesos alternativos sino que nos decidamos a evaluar esos procesos sin alterar nuestros principios (muchas me consta que ya lo hacen), a pesar de que las administraciones obligen a tener que justificar de alguna forma los proyectos que se realizan (es evidente que no se puede cambiar de golpe la mentalidad de rendición de cuentas y cumplimiento de objetivos de nuestro entorno).

En este caso, la “evaluación signo” se aborda desde el propio medio en el que se realiza nuestro encuentro de diálogo, lo importante aquí no son los puntos de partida y final, sino todo lo que ocurre entre esos puntos. Lo importante “es la intensidad de los diferentes momentos recorridos y las maneras en que se unen unos a otros”. (pág. 90)

evaluación signo

Al centrarnos en el medio, los objetivos dejan de cobrar importancia porque el propio programa, la propia actividad está siendo evaluada por todo el grupo en el momento de su realización. Las preguntas dejan de centrarse en el objetivo por conseguir para cuestionarnos colectivamente ¿Qué estamos construyendo?¿Qué nos frena como grupo y qué nos impulsa colectivamente? No esperamos a una evaluación posterior para repensar y transformar lo que estamos haciendo, sino que esta se produce en el propio proceso de la actividad.

Como bien exponen David Vercauteren, Olivier “Mouss” Crabbé y Thierry Müller “Una reunión, un proyecto, un grupo, se atascan en redundancias que conducen a un atolladero (un tipo de fuerza pasiva) y en pasiones tristes; se trata de tener en cuenta aquí y ahora ese momento para desenredar los hilos y cambiar de orientación. Bifurcar, crear otra línea y ver lo que pasa (pag. 91).”

Si a pequeña escala Oscar (otro compi de nuestros talleres en la cárcel) y yo, casi de manera inconsciente ponemos en práctica los procesos evaluativos de la “evaluación signo” para reconstruir constantemente nuestras actividades en función de las necesidades del grupo. A gran escala los beneficios de trabajar desde esta perspectiva sin separar el desarrollo de la actividad de la propia evaluación lo pude vivir hace a penas una semana, cuando Oscar, Juan y yo mismo decidimos que teníamos que reconducir las actividades que llevávamos a cabo en uno de los talleres que realizamos juntos.

Parar, repensar, reconstruir e informar. Parece sencillo, pero con el ajetreo de responsabilidades en las que todos o casi todos nos encontramos metidos resulta casi una Odisea.

Lo primero fue plantearnos la duda de que algo fallaba y saber que la carga de ese fallo no recaía en nosostros de forma particular, ni por supuesto en los chavales que dentro de su día a día particular en aquel módulo, bastante hacen con acercarse y curiosear. Pero, si el fallo no estaba ahí…

Indagamos en nuevas actividades (creatividad e innovación), seleccionamos aquellas que por nuestras habilidades y por el contexto podríamos dominar mejor (convicción y decisión), y por último, consultamos y consensuamos nuestras propuestas con nuestros compañeros del módulo para seleccionar las que creían podían motivarles más a trabajar (horizontalidad y participación informada).

Contado así puede parecer una gran puesta en escena, pero en realidad, ni nada es tan pomposo y difícil, ni tuvimos que plantearnos tantas trabas metodológicas. El resumen de andar por casa sería el siguiente:

Tres compañeros de trabajo detectan que algo no funciona. Dos de ellos lo hablan y lo comparten con el tercero. Todos piensan que falta un cambio. Buscan un día y una hora para compartir las propuestas. Se quedan con tres propuestas. Llegan al grupo de reunión y exponen la idea de cambio. El grupo lo recibe con indiferencia, posteriormente comienzan a hablarlo. Acuerdan que hacer el próximo día y nos comprometemos a experimentar algo nuevo. FIN DE LA HISTORIA.

Ya sé que más de una persona que haya llegado hasta aquí estará preguntándose ¿Y eso da resultado?

La respuesta correcta sería: Lo estamos evaluando.

De momento de lo unico que puedo informar es que tras el primer día de cambio, llamémosle “DÍA 1 DC” (Después del cambio), la asistencia al taller se multiplicó (no sin un buen trabajo e insistencia), la participación aumentó, y la confianza del grupo y en el grupo generó nuevas ideas y expectativas sobre la deriva positiva del mismo.

1. Vercauteren, David; “Mouss” Crabbé, Olivier y Müller, Thierry (2010). Micropolíticas de los grupos. Para una ecología de las prácticas colectivas. Traficantes de sueños. Madrid.

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