La imbecilidad de la enseñanza en la Universidad (2ª parte)

By Forges

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Hace unos días tuve la suerte de que la Delegación de Estudiantes de Ciencias de la Educación de Granada me invitara a compartir un rato con las y los interesados en sus jornadas de participación estudiantil.

Para mí siempre es un placer poder compartir un rato de charla, debate, encuentro con quienes hoy son estudiantes de educación y mañana, probablemente, sean profesoras/es, pedagogas/os o educadoras/es sociales.

Me habían invitado a dar una pequeña charla/taller sobre normativa y legislación universitaria. Podéis imaginar lo aburrido del tema y sobre todo lo pesado que se puede hacer un encuentro sobre normativa y legislación. Aún no sé por qué cada vez que hay que hablar de normativa me llaman para que me encargue de ello, debe ser porque soy muy aburrido o muy friki. Aunque entonces me consuelo sabiendo que siempre habrá alguien más friki o aburrida que yo, aunque en estos momentos no esté disponible para charlas por estar haciendo las américas por Chile.

El caso es que me propuse no hacer un taller al uso, o más bien, no volverme un tostón de esos que no paran de recitar normativa como si estuviesen en un sermón delante de los fieles dispuestos a seguir el discurso. Intenté organizarlo todo en torno a 3 dinámicas de participación y reflexión, acompañadas de un prezi final, simple y sin mucha chicha (aún dudo de haber conseguido mi propósito).

Pero, el tema que me ocupa en esta entrada no es el taller en sí, ni los contenidos del mismo, sino la motivación con que las y los estudiantes acuden a eventos varios que se organizan en sus Facultades y Universidades.

Hace ya un tiempo publicaba en este blog una entrada en la que Miguel Ángel Santos Guerra reflexionaba sobre la imbecilidad de la enseñanza en la universidad. Hoy me ha tocado vivir de cerca lo que desde mi punto de vista ahonda aún más en esa visión que Santos Guerra daba sobre la facilidad que el profesorado puede tener para hacer de su clase un mero paseo sin contenido y sin sentido.

El hecho en cuestión se desarrolló de la siguiente forma:

El taller comenzaba invitando a quienes asistían a prestarse voluntariamente a echarme una mano con la preparación de la primera dinámica, sin que supiesen que en realidad aquello que iban a hacer constituía ya la dinámica en sí.

Tras pedir a las voluntarias y voluntarios que hiciesen ciertas gestiones necesarias para el futuro del taller pude conversar con aquellas, poquitas, personas que quedaron en el aula, lo que aproveché para satisfacer ciertas curiosidades…

– ¿Cómo es que os habéis apuntado a estas jornadas de participación estudiantil?

Iluso de mí, pensaba que me responderían con sus ansias de conocimiento, curiosidad, su espíritu de contribuir a los derechos de sus compañeras y compañeros, sus ganas de conocer el mundo de la representación, su curiosidad política…

Es que nos dan un punto en una asignatura.

¿Os imagináis mi cara?. En realidad no me sorprendía nada, uno ya está acostumbrado a que cierto profesorado ofrezca puntos en sus asignaturas por asistir a determinados eventos (sobre todo si son organizados por ellas/os mismas/os o participan en el mismo con una “emocionante” charla. Y claro, comencé a pensar que asignaturas podían estar relacionadas con la participación y cómo los contenidos adquiridos en aquellas charlas podían contribuir a desarrollar la conciencia crítica, los objetivos, contenidos, etc, etc de la asignatura…

– ¿Y que asignatura es?

– Atención a la diversidad

Atención a la diversidad… por más que le he dado vueltas al asunto sigo sin encontrar la relación entre atención a la diversidad en el aula de educación infantil y unas jornadas/talleres de participación estudiantil universitaria, no digamos con la normativa universitaria que afecta a los grados. 

Ante semejante panorama mi respuesta, llevando el tiempo que llevo realizando talleres en la cárcel, no podía ser otra.

– Bueno, yo doy talleres en la cárcel. Pero, lamento deciros que hoy no voy a contar nada relacionado con eso. Así que a ver dónde buscamos la diversidad… 

Veamos…

Yo no entro en valoraciones personales, pero ¡¡¡¿cómo puede ser que estudiantes de una carrera tan importante para el desarrollo de los primeros años de las niñas y niños, puedan aprobar o mejorar la nota de una asignatura como “atención a la diversidad” por la asistencia a unas jornadas/talleres de participación estudiantil?!!!

Yo soy de aquellos que piensan que la participación estudiantil en la Universidad, como parte de la formación política y ciudadana que debe atesorar toda persona en una sociedad es un pilar básico. Aseguro que todo lo que se puede aprender participando, organizando, leyendo normativas y reglamentos, debatiendo y dialogando con otras compañeras y compañeros, con profesorado, PAS y diversas entidades y colectivos, peleando y discutiendo por defender tus derechos como estudiante y como persona son el aprendizaje más enriquecedor que cualquier estudiante en formación puede llevarse de su paso por la Universidad y lo aseguro porque mis años involucrado en la representación y participación estudiantil así como en otros movimientos me dió una formación y unas destrezas que jamás adquirí en las asignatura de la carrera. Pero, también soy de aquellas personas que piensan que la formación de las y los futuros profesionales de la educación debe tener cimientos sólidos adquiridos por el desarrollo innovador y creativo de los conocimientos actuales en los distintos campos de actuación.

OJO: en ningún momento estoy diciendo que las asignaturas sean el pilar que transfieran dichos conocimientos, estos solo se consiguen con la propia inquietud, la sed de no dejar de aprender y la persistencia en buscar respuestas y hacerse preguntas sobre todo lo que engloba la educación y la sociedad en que vivimos.

Recuerdo casos similares, como aquellas jornadas en las que casi todas las asitentes querían hacerse una foto con las y los distintos conferenciantes, convirtiendo aquello en un espectáculo digno de las gruppies de los 60. Evidentemente la razón estaba en que su profesora (¡qué sabiduría!) les había pedido una foto con los conferenciantes como prueba de su asistencia a las jornadas.

O aquellas jornadas en las que alguien defendía su derecho a firmar por su amiga en la hoja de asistencia, ya que esta no había podido asistir a las jornadas… y así un largo etcétera.

Da la impresión de que los actuales títulos de grado no solo NO han acabado con vicios académicos ancestrales, sino que los han acrecentado. Sin duda muchas personas harían caer la responsabilidad de todo esto en la profesora o profesor de turno, ¡qué claro que la tiene, y mucha!, aunque seamos buenos e imaginemos que sus motivos tendrá para dar un punto por la asistencia a eventos así e incluso podría justificarlo (como justifican otras cosas), seguro. Pero, para mí, hay una responsabilidad que cae en las y los estudiantes que más que asistir, participar y disfrutar de jornadas, talleres, congresos y ponencias por su contenido e interés profesional y de formación, lo hacen por el número de puntos obtenidos en una u otra asignatura con la consiguiente frustración, sobre todo, para quienes organizan estos eventos.

Bueno, digamos que habría que hablar de otras muchas responsabilidades, pero las dejo para debate.

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