“Me gusta que suenen las palabras” (sobre la película Conducta)

“Por lo general, cuando se interroga a alguien sobre su preparación profesional, el interrogado al responder tiende a comenzar por enumerar las actividades escolares, resaltando su formación académica, su tiempo de experiencia en la profesión. Difícilmente se toma en consideración, por no rigurosa, la experiencia existencial mayor. La influencia a veces casi imperceptible, que recibimos de tal o cual persona con que convivimos, o de tal o cual profesor o profesora, a quien jamás le faltó coherencia, así como de la competencia juiciosa de personas humildes y serias (Freire, Cartas a Cristina pp. 95).

No hace mucho que tuve la oportunidad de ver esta película de Ernesto Danaras, una joya del cine que este año estuvo incluso nominada a los Oscars. 

Danaras retrata de forma espectacular el duro trabajo y la lucha diaria que Carmela, una maestra de escuela, lleva a cabo para sacar adelante las chicas y chicos que cada año tiene en sus clases, enfrentándose a todas las trabas y problemas surgidas de la sociedad, el contexto, el sistema educativo y las dificultades propias de cada niña/o.

Conducta es la historia de “Chala”, un chico que vive con la fuerza y el ímpetu que no todos seríamos capaces de sacar en su situación, pero también es la historia de las “Carmelas” que siguen peleando cada día dentro de las burocracias educativas, no sólo en Cuba, en muchos otros países, como España.

Conviene no olvidar la dedicación presupuestaria que Cuba dedica a su sistema educativo, una dotación que ronda el 13% del PIB, siendo reconocido por el Banco Mundial como el país que más invierte en educación, no obstante la UNESCO ha reconocido en varias ocasiones los grandes logros obtenidos por Cuba en el sector de la educación, todo esto bajo el embargo que lleva soportando durante décadas.

Entonces, ¿Por qué pasan cosas como las que se retratan en la película? 

“Todos los años tengo un Chala en el aula. Ninguno pudo más que yo, porque en el fondo, todos son muchachos. Hay cuatro cosas que hacen a un niño: la casa, la escuela, el rigor y el afecto. Pero cuando cruzan esa puerta, está la calle. Y un maestro necesita saber lo que les espera allá afuera. Antes para mí la vida era más clara, y yo sabía para lo que preparaba a un alumno… pero ahora, lo único que tengo claro, es para lo que no debo prepararlo.” (Carmela)

La calle… quizás aquello para lo que la escuela se olvidó hace tiempo de preparar a esa niñas y niños que tarde o temprano tendrán que enfrentarse a un mundo en constante variación y evolución. Pero, la calle está ahí sobre todo para aquellas y aquellos que cada día, no solo en Cuba, tienen que salir a buscar alguna forma de ganar un dinero. La escuela se centró en las materias para olvidar la formación como persona y a quienes no se amoldan al sistema los lanza al abrigo de la calle para culparles más tarde de sus actos, de sus “conductas”:

“- Este niño cría perros de pelea… ni la madre, ni la maestra pueden con él, y encima de eso…

– Perdón Carlos, la maestra de Chala soy yo, y me quito el nombre si no puedo con él.

– El muchacho se las trae, ya lo agarré un par de veces intentando fugarse.

– Chala no va a dejar sola a su madre ¿Tú sabías que en su casa él es el que pone los frijoles en la mesa?

– Otra razón para que esté aquí. Un niño no tiene que ocuparse de esas cosas.

– Donde quiera que tú lo metas la realidad lo va a estar esperando. Nada de lo que hagas aquí va a cambiar eso.

– Carlos, tú no eras mejor que Chala… déjame esto a mí, por favor. Y que la comisión vaya a verme a la escuela.”

(Diálogo entre Carlos y Carmela)

Afortunadamente en nuestras escuelas (en España), como en las escuelas de Cuba y de otros países nos quedan muchas “Carmelas”, maestras y maestros que siguen día a día trabajando para construir otro tipo de educación, que ponen el punto de mira en aquello que beneficia a las chicas y chicos con los que trabajan y no a un sistema burocrático alejado de las realidades de la calle.

“- Ningún alumno mío ha ido nunca a una escuela de conducta*

– Pero eso no lo decide usted, Carmela.

– El día que yo no decida lo que pasa en mi clase… hasta ese día soy maestra”

(Diálogo entre Carlos y Carmela)

La riqueza pedagógica del personaje de Carmela, que evidentemente está inspirado en una “Carmela” real, no debería pasar desapercibida en muchas de nuestras facultades de Educación. Carmela construye otro forma de educación, una educación que se pregunta ¿de quién/es son los espacios? ¿De quién/es es el aula? ¿A quién/es pertenece la escuela?.

El acto de rebeldía de una de sus estudiantes al colocar una estampita de la virgen en el tablón de la clase ante la difícil situación de un compañero y amigo, y la actuación de respeto y comprensión de la maestra escuchando las razones, los por qué de aquella decisión, retratan una forma de aprender que va más allá de los dogmas al afrontar los conflictos a través de la escucha, un escucha que se centra en el respeto mutuo y en el diálogo constante entre quienes afrontan el proceso de aprendizaje. Enfrentando, si es necesario, a la inspección para defender esos espacios.

“- Usted sabe perfectamente que no puede hacer eso”

 – Yo no, pero los muchachos sí”.

(Diálogo entre Carmela y la Inspección educativa sobre la estampita)

Carmela quizás no es perfecta como maestra… ¿y quién lo es?. Podríamos criticar alguna de sus decisiones, o su forma de imponer su criterio por encima del de otras compañeras y compañeros, pero nos olvidaríamos de cuál es el interés último de la educación y de preguntarnos si ese fin último es el que busca Carmela, a saber, el desarrollo máximo como persona de cada una de las niñas y niños que asisten a la escuela más allá de su situación y sus dificultades.

– “Ya sé que no es un santo, pero también sé que es un niño con valores y con sentimientos que no le enseñaron en su casa… La escuela de conducta sería otra marca en su vida, nos guste o no eso lo margina”

– “Lo que pasa es que estás pensando en como quedan ustedes… y yo pienso en como queda el muchacho” (Carmela)

Carmela ha ganado el respeto de sus estudiantes por su forma de acercarse a sus vidas, por su forma de comprender sus locuras sin dejar de enfrentarlas, todo ello le ha reportado la autoridad que en torno a la escuela y el barrio en que trabaja le permite licencias que no pueden adquirir otras maestras y maestros. Lo único que le reporta mayor inseguridad en su trabajo son las nuevas estrategias que un capitalismo feroz y la necesidad constante de dinero y satisfacción va construyendo en torno a quien desde pequeños tienen que enfrentar el empuje al consumismo de una sociedad global envuelta en una crisis social, económica, ética.

Su orgullo como maestra y como persona no decae durante toda la película y nos transmite la necesidad de no claudicar ante nuestros valores y lo que es más importante, de no dejarnos llevar por los agasajos de quienes nos aplauden mientras celebran tu partida (la última escena es toda una joya):

– “Las dos sabemos que aquí cada una tiene que hacer el trabajo que le toca”

(Carmela)

Al fin y al cabo no puedo negar que como a Carmela “Me gusta que suenen las palabras”.

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