Un año más (diario de cárcel)

                        Dibujo de Mana Neyestany

                   Dibujo de Mana Neyestany

En la espera el verano se vuelve largo, a veces pensando en por qué no seguir esos meses construyendo los talleres que hemos ido compartiendo los últimos años tras las rejas; a veces, pensando en cuántos quedarán de aquel grupo que consolidamos casi a final del año anterior. Por supuesto el verano es un descanso para poner en orden muchos pensamientos (para nosotros, claro), es un tiempo lo suficientemente largo para pensar en cosas nuevas para proponer cuando un día como hoy llega el momento de volver a la practica. Lo cierto es que desde hace dos veranos los meses de Julio y Agosto me sirven para desconectar, cargar pilas, disfrutar de la familia y amigos… y para pensar en qué buenos momentos pueden abrirse el próximo año detrás de esas rejas.

Un año más entramos por las puertas de la prisión, este año hemos decidido visitar varios módulos para anunciar que estamos de vuelta, que nos fuimos unos meses como cada año, pero que volvemos para comenzar de nuevo o para continuar lo que otros empezaron.

Las sensaciones no son ya las mismas que recorrían mi cabeza aquella mañana de marzo en la que todo me era extraño, frío, desconocido. Todo lo contrario, y aún no sé si eso es bueno o malo. Hoy todo me es familiar, desde la entrada por la primera puerta a los espacios y movimientos de cada módulo. Me preocupa, pero me mantiene alerta saber que aún soy consciente de como afecta ese proceso a mi forma de ser, de pensar y de actuar.

Llevaba mucho tiempo sin entrar en el módulo de mujeres. Siempre es un placer encontrar a viejas amigas y compañeras; charlar, hablar mucho, de todo, política, sociedad, del jodido mundo que nos ha tocado vivir (o cambiar)… pasan los minutos, se pasan las horas, y apenas hemos visitado el primer módulo. Pero, hay mucho de que hablar, no sé si ellas tienen más que contar o somos nosotros que traemos ganas de charla.

– ¿Este año que vamos a hacer? 

– ¿Habéis visto lo de Grecia?

– ¿Qué te parece lo de los refugiados? no hay derecho, esta Europa…

– Y mi Carlillos ¿cómo está? dile que me escriba. 

– ¿Belinda no viene más? 

Preguntan (amos) por todo, hablamos de todo y de todos. Estos momentos de compartir palabras casi me son más productivos en aprendizaje que cualquier taller montado simple y llanamente para enseñar algo. Sin embargo, a veces se nos olvida la riqueza del compartir, de escuchar… a veces los árboles no nos dejan ver el bosque, o el tiempo (tan “importante” para toda institución) no nos da tregua.

Salimos del primer módulo, personalmente no sin ganas de seguir hablando y dejando pasar el tiempo. Nos dividimos y visitamos otros 2 módulos más.

Preguntas por aquellos a quienes no ves, te preocupas por quienes siguen allí con el ánimo decaído. Hacemos un sondeo y buscamos las caras conocidas para abrazarnos y preguntarnos por el verano.

– Aquí siempre igual. Mucha calor, no cambia nada.

– ¿Y vosotros? ¿Habéis tenido buenas vacaciones no?

Faltan bastantes de aquellos que formamos un buen grupo antes de despedirnos en Junio, pero quienes quedan nos muestran las ganas de seguir compartiendo un poco de nuestro tiempo. Vamos a la biblioteca. Todo a cambiado un poco, las sillas siguen brillando por su ausencia, las mesas cambiadas de lugar y aquellos papeles continuos que marcaban las actividades que hacíamos y el calendario de actividades compartidas, han dejado de decorar la pared. Pero, sigue habiendo libros y nosotros seguimos viniendo, así que no hay nada que no pueda volver a construir un rico espacio de encuentro con nuevos proyectos, lecturas, películas, dinámicas y debates.

Ya estoy deseando que Oscar y yo comencemos, ¿qué nos esperará este año?

 

 

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