Me rodean gentes nuevas (diario de cárcel)

“Me rodean gentes nuevas,
gentes que me acosan a preguntas…
me llegan recuerdos de mi infancia,
de mi barrio,
de la ciudad,
de la nación;
pienso en las grandes fechas,
en los grandes sucesos,
y los acontecimientos definitivos…
Todas estas cosas llegan a mí de noche y de día, entran en mi vida,
vienen y se van…
¡pero yo no soy nada de esto!
Yo estoy fuera de estos empujones
que me traen y me llevan.
Yo me quedo arriba
alegre, ocioso,
compasivo,
viéndolo todo en panorama,

mirando, erguido, el mundo desde lo alto o apoyado el brazo sobre un sostén seguro aunque invisible, esperando curioso, con la cabeza medio vuelta hacia un lado, lo que va a acontecer… el acto siguiente. ¡Yo estoy dentro y fuera del juego a la vez… Y lleno de asombro!Miro hacia atrás
y me veo en la niebla discutiendo con satíricos y sofistas.
Pero yo no he venido a disputar ni escarnecer.
Estoy aquí observando y… ¡espero!”

(Fragmento de Canto a mí mismo de W. Whitman)

Me pregunto como valora alguien que se dedica a la educación los talleres, clases, sesiones, etc. que lleva a cabo.

A veces cuando un día como hoy salgo con la sensación de haber compartido interesantes charlas con los compañeros de nuestro “espacio de encuentro” me cuestiono como cabe todo eso en una evaluación, en un número o en un juicio de valor sobre lo aprendido.

No sé si alguno de quienes hemos estado hoy en el grupo estaba dando la respuesta correcta, pero me siento seguro de afirmar que cada respuesta y cada pregunta; que cada conversación  ha influido de alguna forma en nosotros.

Compartir mi  *“escudo”, aquello que pienso que me representa como persona, aquello por lo que peleo día a día, no ha sido fácil. Nunca es fácil abrirse a un grupo por superficial que sea esa apertura, e imagino que todos hemos tenido esa sensación.

¿Cómo poder hablar con libertad sin ser capaces de conocernos como personas individualmente y como grupo? ¿Cómo aspirar a cambiar algo sin ese convencimiento de nosotros como grupo y como personas?

Es sorprendente la de veces que como educadoras/es, maestras/os, pedagogos/as tratamos que un grupo aprenda algo, lo que “nosotras/os” queremos que aprendan, sin preguntarnos quiénes somos como personas y como educadora o educador; sin cuestionarnos quién/es forman el grupo, quiénes y cómo somos; y cómo nosotras y nosotros mismos como educadoras/es influimos en la deriva del grupo.

Llegamos a nuestras sesiones, talleres, aulas (siempre me sonó a “jaula”)… con una enorme mochila a la espalda cargada con multitud de “yo” que nos influyen e influyen en el grupo. Y nos han entrenado para ignorarlos, para no verlos y, lo que es peor, para no tratar de descubrirlos, para no usarlos como aliados.

Todo aprendizaje comienza por conocernos, y presiento que esta primera sesión abre el camino a muchos y grandes aprendizajes en grupo.

* En nuestra sesión de hoy hemos llevado a cabo una dinámica de presentación que consistía en dibujar nuestro hipotético escudo (una figura dividida en 4 partes) representando en las distintas partes del mismo aquellas cosas que nos inspiran, nos representan, a las que aspiramos, etc.

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