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Para 2017… vamos a llenarlo todo de sonrisas

“Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas

defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos

defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias

defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres

defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
                  y también de la alegría”

(Defensa de la alegría, Mario Benedetti)

De nuevo sentado delante del ordenador para escribir esta entrada saludando al año que entra. Quizás este año tengamos que buscar las fuerzas, en cualquier sitio de donde podamos sacarlas, para comenzar a sonreir. Estoy seguro de que miles de personas pedirán salud para el próximo año, esa salud que, ya en algún año pasado desee que todas y todos tuviésemos para afrontar lo que día a día se nos viene encima, pero esta vez, a riesgo de polemizar, me gustaría que todas y todos lucháramos por sonreir al 2017.

Deseo que sonriámos para sentirnos más cerca de quienes nos rodean. Sonreir, para saber que no estamos sol@s, que hay una multitud de risas que se contagian a partir de la primera carcajada. Sonreir, para resistir el tiempo necesario el recorte de los derechos sociales y laborales conquistados pero, sonreir, también para que quienes están arriba sientan el miedo de millones de sonrisas que caminan juntas para recuperarlos.

Sonreir, para auyentar el miedo de caminar solas en una cultura patriarcal que sigue oprimiendo la libertad de las mujeres, porque son muchas las sonrisas que comienzan a oirse en la noche a pesar de que no cesen los pasos que acechan desde la oscuridad. Sonreir, para poder llorar sin miedo a ser señalad@s por ello pero, también para poder guardar tus lagrimas cuando te lo pida el cuerpo. Sonreir, frente a los test y los exámenes, que estandarizan los aprendizajes, porque nunca entenderán esas otras historias que suceden, ajenas a la doctrina de lo cuantificable. Sonreir, porque nuestra risa también pone nervios@s a quienes quieren vernos a tod@s cortad@s por el mismo patrón.

La risa es contagiosa, deshinibidora, es complice e inesperada, inoportuna y ajena, provocadora y relajante, amistosa y sincera. Una sonrisa es el comienzo de una relación y el final de una dulce despedida. Por eso en 2017 vamos a llenar de sonrisas el mundo que nos rodea, despertando los sueños colectivos que nos permitan seguir construyendo los anhelos de esos otros mundos posibles.

¡¡¡¡Feliz fin de año y sonriente 2017!!!!

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En 2016… Vamos a ser realistas

“El fin de año huele a compras, 
enhorabuenas y postales 
con votos de renovación; 
y yo que sé del otro mundo 
que pide vida en los portales, 
me doy a hacer una canción. 
La gente luce estar de acuerdo, 
maravillosamente todo 
parece afín al celebrar. 
Unos festejan sus millones, 
otros la camisita limpia 
y hay quien no sabe qué es brindar. Mi canción no es del cielo, 
las estrellas, la luna, 
porque a ti te la entrego, 
que no tienes ninguna. Mi canción no es tan sólo 
de quien pueda escucharla, 
porque a veces el sordo 
lleva más para amarla. 
Tener no es signo de malvado 
y no tener tampoco es prueba 
de que acompañe la virtud; 
pero el que nace bien parado, 
en procurarse lo que anhela 
no tiene que invertir salud. 
Por eso canto a quien no escucha, 
a quien no dejan escucharme, 
a quien ya nunca me escuchó: 
al que su cotidiana lucha 
me da razones para amarle: 
a aquel que nadie le cantó. Mi canción no es del cielo, 
las estrellas, la luna, 
porque a ti te la entrego, 
que no tienes ninguna. Mi canción no es tan sólo 
de quien pueda escucharla, 
porque a veces el sordo 
lleva más para amarla.”

 

 

 

(Canción de Navidad, Silvio Rodriguez)

Se abre un nuevo año, o la continuación de todo ese tiempo en el que venimos construyendo caminos y encajando historias. Hace unos días repasaba cada entrada de blog que he escrito para despedir el año o dar la bienvenida a todo lo que sigue abriéndose delante. Me daba cuenta entonces de como cada año he intentado desear algo, no para mí, para todas aquellas personas atrevidas, capaces de pararse a leer durante un rato las líneas con las que aporreo mi teclado. Para todas aquellas personas que continúan soñando, venciendo el miedo, luchando, buscando un cambio profundo o simplemente haciéndonos más llevadero nuestro viaje.

Leyendo aquellas entradas que escribía el último día de cada año, me he dado cuenta de cuanto realismo faltaba a cada palabra y a cada aliento de ánimo; a cada deseo y a cada futuro posible. En realidad no he sido yo quien se dio cuenta, más bien fueron otras personas quienes con su abierta sinceridad me dieron la posibilidad de comprender esa falta de realismo. Por eso he pensado que no podría desear nada mejor a quienes me rodean o en la lejanía leen estas líneas, que un 2016 lleno de realismo para todas y todos.

2016 es un año perfecto para que dejemos de soñar, para que nuestras ideas y sueños bajen de los cielos convirtiéndose en propuestas realistas, propuestas tangibles. Propuestas de las que nadie pueda dudar. Ideas que encajen con la construcción del pensamiento que nos rodea, ideas que dejen de contar que hay otros caminos posibles para adecuarse a estándares medibles y cuantificables.

En realidad para 2016 deberíamos ser conscientes que no hay mejor forma de acabar con esos miedos que nos ahogan que siendo perfectamente realistas, adaptándonos a un mundo que es así y aceptando la dificultad de cambiarlo, porque ¿de qué sirve seguir pensando que puede ser de otras muchas formas?

Sí. 2016 puede ser la oportunidad que tantas personas realistas llevan esperando para seguir manteniendo el mundo “real” lejos del sueño consciente de esos “otros mundos irreales”. Pero, yo no escribo para el mundo real, sino para aquel que es posible. Como en la canción de Silvio Rodriguez mis palabras no aspiran solo a describir sino a comprender, a mirar más lejos. Mis palabras son para invitarte a soñar, para despertar juntos compartiendo la convicción de que somos constructores del mundo que vivimos.

Por eso en 2016 quiero continuar haciendo llegar mis palabras a quien nunca las lee, seguir escuchando las voces de quienes nunca fueron escuchados, compartir pensamientos con quienes tengo a mi lado y luchar codo a codo con quienes aún continúan amando.

2016 seguirá siendo nuestro año así que, quizás sigue siendo hora de hacer aquello que ya alguien nos dijo…

“SEAMOS REALISTAS, HAGAMOS LO IMPOSIBLE”


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