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¿Los bárbaros?

“Los bárbaros están llegando. Veo mentes refinadas escrutar la llegada de la invasión con los ojos clavados en el horizonte de la televisión. Profesores competentes, desde sus cátedras, miden en los silencios de sus alumnos las ruinas que ha dejado a su paso una horda a la que, de hecho, nadie ha logrado, sin embargo, ver. Y alrededor de lo que se escribe o se imagina aletea la mirada perdida de exégetas que, apesadumbrados, hablan de una tierra saqueada por depredadores sin cultura y sin historia. LOS BÁRBAROS, aquí están”

(Los bárbaros, Alessandro Baricco)

Hace ya tiempo que tenía ganas de escribir algo en refencia al magnífico ensayo de Baricco que tuve la oporunidad de leer hace ya casi un año.

Quizás debería abrir este texto diciendo que la tecnología siempre ha sido un debate abierto, sobre todo en educación. Y, sobre educadoras y educadores recae el peso de una sociedad que cuestiona, busca y espera la respuesta que devuelva la calma, es “pax Augusta”, que al parecer, siempre hemos disfrutado antes que llegaran los radicales aparatos del infierno.

Los bárbaros

Ante la aparición de una nueva transformación social, miedos e intereses se dan la mano para lanzar el “sagrado” mensaje al conjunto de la ciudadanía: “debemos salvar nuestros valores, nuestros conocimientos, nuestras tradiciones y constumbres, debemos cultivar nuestras mentes y proteger a la juventud que viene detrás”. Pero, resulta que una inmensa cantidad de ocasiones es, precisamente, a esa juventud a la que se tiene miedo. Miedo a que no sean incapaces de mantener aquello que las generaciones anteriores tanto han hecho por construir.

Va siendo hora de ceñirse al tema y dejar de dar rodeos. Os da miedo la tecnología, tanto como el miedo que os causa que la próxima generación sea más estupida, menos inteligente o, simplemente, inserte nuevos valores en la sociedad que vosotras y vosotros, guardianes del conocimiento válido, habéis marcado con el certificado de autenticidad social.

Precisamente Baricco, en su libro, también nos habla de esos bárbaros sin escrúpulos, que vienen a destruirlo todo, y de esas valerosas personas que se enfrentan a las hordas de salvajes, para evitar que contaminen todo lo bueno de nuestra sociedad con sus comportamientos sin escrúpulos, su manía de hacer que todo el mundo disfrute lo que era privilegio de unos cuantos (hombres, por lo general), su interés por mezclar y remezclar, su tendencias post- ante todo.

Pero, estos bárbaros están dando una lección a quienes le precedieron, como refleja Baricco en su libro:

“Por regla general, se lucha para controlar los puntos estratégicos del mapa. Pero aquí, de una forma más radical, parece que los agresores están haciendo algo mucho más profundo: están cambiando el mapa… Eran mutantes que sustituían un paisaje por otro, y que allí fundaban su hábitat.” (pág. 13)

Resulta curioso ver como Beethoven también fue etiquetado de bárbaro, pero dejo que os lo cuente el libro. El tema de los bárbaros y los salvajes es tan recurrente que no hay ámbito que escape a incluir algún grupo o persona a quien podamos etiquetar como tal.

Así, “los salvajes” en la tan seguida serie Juego de Tronos son quienes han decidido vivir al margen de las normas y reglas marcadas por la inmensa mayoría de la sociedad. No deja de ser curiosa esa denominación de “bárbaros”, “salvajes”, etc. para un pueblo que parece más libre que la mayoría de los que se nos muestran en poniente y que tanto tendría que aportar a la medieval lucha por el poder. Aunque esto es otra historia.

Invasión bárbaros

Salvaje fue el surgimiento de la televisión, que raptaba a nuestras hijas e hijos para atarlos a las deseos de la caja tonta, salvaje fueron los hippies, los punkies y por supuesto, todo aquella persona que tiene la osadía de cruzar las fronteras marcadas en los mapas, para atreverse a ir más allá… más allá del muro, porque un muro es lo que construimos entre nosotros y aquello que llega nuevo, ya sean personas, avances tecnológicos o transformaciones sociales y culturales. La tendencia general en nuestra sociedad ante aquello que desconocemos es defendernos, importa poco de donde venga o quién lo traiga.

Los medios de comunicación, son de gran ayuda para preservar nuestros miedos y hacer que broten en el momento oportuno: “Hoy ya no se lee como antes…”, “estamos enganchados…”, “destruyen nuestro modo de vida…”, “perdemos el contacto con quienes nos rodean…”, “destruyen la educación…”, “influyen negativamente en nuestra salud mental…”, y por supuesto, la madre de todos los desastres… “afectan a nuestra productividad”, y ya se sabe que en nuestra preciada sociedad, si no produces, no eres nadie. Estos y tantos otros, son discursos que a fuerza de repetirse visualizamos como reales, nunca faltan los casos específicos que no dejan de resaltarse para justificar que, de una vez por todas, ¡hay que tomar medidas!.

OjO, no trato de construir un discurso que niegue que debemos mantener la actitud crítica ante aquello qeu de una forma u otra nos afecta y construye la sociedad que compartimos. Pero, esa actitud crítica también requiere de la capacidad de acercarse a lo extraño, para comprender, para conocer, para saber y poder mirar más allá de los miedos compartidos y transmitidos por la simple necesidad de protegernos de los nuevo.

“Los bárbaros llegan de todas partes. Y esto es algo que nos confundeun poco, porque no podemos aprehender la unidad del asunto, una imagen coherente de la invasión en su globalidad. Uno se pone a discutir a cerca de las grandes librerías, de los fast food, de los reality shows, de la política en televisión, de los chicos que no leen y de un montón de cosas de este tipo, pero lo que no conseguimos hacer es mirar desde arriba y captar la figura que las innumerables aldeas saqueadas dibujan sobre la superficie del mundo. Vemos los saqueos, pero no conseguimos ver la invasión. NI, EN CONSECUENCIA, COMPRENDERLA”. (Pág. 37)

De eso se trata, de comprenderla, porque si pulgarcita ha desarrollado nuevas habilidades, sin duda, estas responden a una necesidad de adaptación y por qué no, una adaptación para su propio beneficio y el de la sociedad en la que quiere vivir.

Necesitamos, como profesionales de la educación, adentrarnos en el nuevo mundo que la juventud vive, un mundo que no está en transformación, sino que ellas y ellos mismos están transformando desde la raíz. Sería absurdo relacionar una enumeración de enlaces para demostrar la cantidad de beneficios que el avance de las tecnologías de la información o el auge de las redes sociales aporta a nuestra día a día personal y/o profesional. No es mi pretensión contribuir a un debate sin sentido entre defensores y detractores.

La clave para quienes comprendemos que las cosas cambian y los cambios son inherentes a nuestra construcción como personas, es indagar más allá de lo que queda en la superficie, mirar desde lo alto, como dice Baricco, entrando en lo más profundo de las motivaciones que generan la necesidad de un cambio tan radical que esta transformando el terreno de juego para situarnos en un mundo totalmente desconocido. Abrir los muros que nos separan, para intentar aprehender las claves de la lucha.

“A menudo, cuando percibimos hedor a bárbaros, tendemos a relacionarnos con uno, dos como máximo, de esos acontecimientos: elegimos lo que más nos molesta o lo más evidente y lo convertimos en nuestro blanco (ese vino es demasiado simple, el fútbol es esclavo del dinero, los jóvenes unicamente escuchan música fácil y espectacular). Pues bien hay algo, en esa actitud, que siempre nos mantendrá alejados de una auténtica comprensión. En realidad, es probable que ninguno de esos acontecimientos esté esencialmente aislado de los demás, ni pueda juzgarse en sí mismo, ni mucho menos condenar” (pág. 55)

 

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Encontrando nuestro espacio (diario de cárcel)

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Veníamos de una semana bastante difícil, una semana en la que tuvimos que repensar cada concepto de nuestro taller, cada idea construida, nuestras miradas y nuestras iusiones. El día de ayer resultaba, al menos para mí un día decisivo para saber que hacer con nuestro espacio de encuentro y claro, no hay día que este trabajo no te sorprenda.

Llegamos pronto al módulo, al menos pronto para la hora a la que Oscar y yo solemos entrar. Comenzamos a encontrarnos con nuestros compañeros de grupo. Saludos, abrazos, preguntas por lo que pasó la semana anterior. Las conversaciones continúan y entre ellas nos comentan que por ahora seguiremos sin Biblioteca (la están pintando), es decir, sin el lugar donde cotidianamente nos reunimos durante nuestros encuentros. Otros espacios están ocupados, así que toca decidir que hacemos…

Este es uno de esos momentos en los que me doy cuenta que yo no soy un voluntario que hace una labor “x” horas a las semana porque, es cierto, yo (igual que Oscar) no cobro ni un euro por ir al centro penitenciario y realizar junto a Oscar los talleres que realizamos, pero no hay nada que pueda pagar la pasión y las ganas con las que desempeño ese trabajo. Un voluntario, casi con toda seguridad, al ver que el espacio donde realiza su taller no está disponible ni parece haber otro libre da media vuelta y otro día será. Pero, nosotros no concebimos en ningún momento la posibilidad de darnos la vuelta por falta de un espacio delimitado, ni por falta de medios o materiales. Resulta que a estas alturas para nosostros, al menos para mí, lo único importante es el contenido, y ese contenido lo ponemos las personas que nos encontramos y construimos espacio de encuentro. Si nos encontramos, si queremos aprender y compartir el espacio lo creamos nosotros.

Así que después de hablarlo durante un par de minutos allí íbamos cargados con una mesa y algunas sillas del comedor, ¿hacia dónde? Imagino que eso se preguntaban quienes nos veían cargar con ellas y miraban nuestro recorrido para escrutar donde estaba nuestro destino. Sí, habíamos descubierto que existía un espacio enorme, amplio, compartido con otras personas y abierto. Ese lugar donde como diría Marcos Ana, la Tierra deja de ser redonda y se tranforma en cuadrado, un lugar que también esta para ser espacio de encuentro.

Romper con la rutina, romper con los espacios, nos da la oportunidad, como grupo, de hacernos visibles, de ser vistos por otros que quizás nunca nos vieron, pero también de ver a esos otros que normalmente no se acercan a otros espacios donde suponen algo sucede pero no saben qué. Pero, romper caminar a los espacios abiertos también nos da la oportunidad de decir que estamos ahí y que ante todo, no tenemos nada que esconder, más bien tenemos mucho que mostrar y que aprender.

Transcurre la mañana, se acercan algunos curiosos. Unos ojean, alguno que otro pregunta y los menos buscan una silla y nos acompañan. Hablamos, jugamos y hacemos dinámicas. Los temas se suceden, hay risas y momentos serios. Aperturas personales y reflexiones sobre el grupo, sobre cómo seguir caminando y qué hacer para devolverle vigor a este espacio de encuentro.

Hoy seguimos construyendo aprendiajes y compartiendo experiencias. Pero, sin darnos cuenta hoy hemos descubierto, o al menos yo lo he hecho, que el taller de “espacio de encuentro” es más que una estructura porque solo es construido a través de las personas que le vamos aportando contenido. Hemos ensanchado los límites para expandir nuestros encuentros.


Tomar decisiones significa arriesgarse (diario de investigador)

“Si solo hablamos de estilo, de sueños  y de proyectos pero no salimos a buscarlos, nunca sabremos si es posible. No habrá nadie que nos diga: «Ahora, hoy, es el momento, y se tiene que hacer así», porque a donde vamos no ha ido nadie, y la única realidad es que tenemos que salir para descubrirlo por nosostros mismos”

(Killian Jornet)

No puedo evitar preguntarme si la tarea de diseñar y construir toda una investigación nos viene grande.

Sin duda hay un riesgo en cada decisión que tomamos en nuestra vida y en este caso, en el caso de las investigaciones sucede lo mismo. Tomar decisiones significa arriesgarse, y ese riesgo nos lleva inevitablemente a equivocarnos o acertar en diferentes ocasiones. Para mí, la clave está en aprender de lo experimentado y perder el miedo a poder equivocarnos.

Todo esto no quiere decir que tengamos que andar como locos tirándonos a las fauces del tiburón por si tenemos suerte y no termina de masticarnos. Significa que tenemos capacidad para preveer las distintas situaciones que nos pueden surgir después de cada decisión y que aún así a veces arriesgarse merece la pena.

Para mí la decisión que en su día tomamos de conformar un grupo de investigadoras e investigadores jóvenes que nos encargáramos de construir y diseñar una de los casos de investigación es una decisión arriesgada. Y aquí no hay que olvidar que arriesgarse también, a veces, tiene que ver con tomar posición y favorecer el crecimiento personal y grupal. Porque lo fácil, lo tradicional, quizás incluso lo oportuno, podría haber sido conformar un grupo equilibrado de investigación, con gente mucho más experimentada y gente más novel, de esa forma quizás el grupo y nosotras/os mismos no correríamos el riesgo de la incertidumbre, quedaríamos situados en una cómoda zona de confort y seguridad. Ni que decir tiene que esto además podría asegurar, en cierta medida,  unos resultados predecibles sobre el proceso y sobre la investigación, o al menos eso se podría pensar.

De ahí que tomar decisiones de este tipo no solo tenga que ver con asumir riesgos, sino que además propicia que quienes generalmente no tendrían que asumir responsabilidades las tomen. Habrá quien me pueda decir que esto genera cierto extrés y no puedo negarlo, porque todo lo que implica responsabilizarse de un proceso de crecimiento personal y grupal nos produce cierta ansiedad, pero para mí la clave está en manejar esa ansiedad perdiendo el miedo a equivocarnos y asumiéndolo como parte del proceso de aprendizaje inherente a toda investigación y a toda practica educativa.

Puede que os preguntéis donde nos encontramos ahora. Personalmente después de nuestra primera reunión me encuentro inundado por un sin fin de preguntas sobre nuestro papel en el proyecto “ecologías del aprendizaje en contextos múltiples”, sobre nuestra capacidad para hacer frente a este reto y sobre las posibilidades que nos brinda esta oportunidad.

Hace unos días (16 de diciembre) nos reuníamos las 5 personas que componemos este grupo de trabajo para comenzar a diseñar cómo íbamos a construir esta investigación. Lo primero que hace que el proceso se distinga de otros es el lugar donde realizamos esta reunión. Huímos de la institución universitaria, buscamos otro lugar donde sentirnos relajados, donde el ambiente nos invitara a quitar seriedad sin olvidar la importancia y responsabilidad de lo que hacemos, pero tomando conciencia de que investigar también es encontrarnos a nosotras/os mismos más allá de las paredes y los muros de las instituciones educativas, al fin y al cabo el proyecto general desde el que parte la investigación está centrado en la educación expandida y los aprendizajes invisibles así que ¿por qué no expandir los muros que constriñen la investigación?

Dudas, preguntas, ideas, sentimientos, propuestas… me encuentro a gusto compartiendo este rato. Cárceles, género, ciudadanía, educación social, pedagogía crítica, estudios de paz, intervención social, nuevas tecnologías, diversidad, juventud… La heterogeneidad de los temas en los que cada miembro del grupo ha ido adquiriendo experiencia solo me hace pensar que nada malo puede surgir de este proyecto. Somos noveles, pero con caminos y experiencias muy distintas algo que solo puede enriquecer la investigación.

Las primeras propuestas no se centran en la investigación, sino en el proceso de cosntrucción de la misma, y ahí si queremos hacer algo distinto tenemos que comenzar a seleccionar los beneficios que nos puede aportar un uso crítico y consciente de las nuevas tecnologías y las aplicaciones de internet.

Hablamos de Trello para construir los distintos apartados de la investigación; proponemos google docs para construir el diseño de forma conjunta y añadir críticas a la redacción; queremos conocernos para trabajar mejor, y ahí surge la idea de estos diarios de investigadores públicos para el universo web en general o privados, pero en cualquier caso compartidos entre nosotras/os. Vamos sin prisas pero a cada paso fijando bien el pie antes de lanzar hacia delante la pierna contraria. Fijamos un calendario, pero somos conscientes de la necesidad de ser flexibles con nuestros tiempos y de respetar nuestros espacios de descanso. Y sobre todo una idea a sobrevolado todo el proceso, queremos que esto que hacemos sea útil para todas las personas que estarán de alguna u otra forma inmersas en el proceso de investigación, por eso las preguntas éticas retumban una y otra vez sobre el papel.

Solo ha sido la primera reunión y ya me siento totalmente inmerso en la investigación.

Retomando estos pensamientos después de unos días tras la reunión, reflexiono sobre nuestro uso de esas aplicaciones tecnológicas que ayudan a construir más colectivamente los pensamientos e ideas. Pienso que como grupo nos queda mucho por descubrir para sacar el máximo rendimiento a las posibilidades que nos dan esas herramientas y que aún no hemos explotado como grupo todo el abanico que nos abren, pero los pasos que damos en la comunicación horizontal sobre el proyecto nos dirigen a construir procesos de investigación más colectivos y colaborativos. Quizás el uso continuado que hago de ellas en distintas actividades o colectivos me lleva a proponerlas sin pensar que no es tan fácil habituarse a su uso por parte de todo el mundo. En cualquier caso la predisposición del grupo a participar de ellas, conocerlas y adentrarse en su uso es infinitamente mayor que en otras ocasiones donde he propuesto aprovechar el potencial que nos pueden ofrecer en algunas tareas, lo que vuelve a transmitir esa sensación de riesgo que parece estamos dispuesto asumir como parte de nuestro proceso investigador.


Mi maestro (diario de cárcel)

FRATO+Sin+odiar+lo+que+estudiamos

Hoy me apetecía volver a plasmar en la blogosfera parte de ese diario que personalmente me ayuda a relfexionar sobre mi practica educativa en los “espacios de encuentro” que vamos construyendo en la cárcel.

Hay días que no todo sale como tienes planeado. Días en los que descubres o mejor re-descubres lo dificil que resulta el trabajo cuando esa labor está relacionada con personas y tú eres una de ellas.

Siempre pienso que es una sensación normal esa en la que la frustración te inunda y las dudas golpean cada intento de seguir adelante. Cuando decides apostar por la educación y el aprendizaje como motores de cambio nada resulta fácil. Por suerte a lo largo de mi experiencia en actividades, proyectos, iniciativas, comunidades, colectivos, etc. siempre he tenido alguna persona con quien compartir esas dudas, esa persona que te hace reflexionar, que te empuja a buscar el lado optimista de la situación, que te pone los pies en la tierra o simplemente que conoce lo que haces, por qué lo haces y cuál es el objetivo global hacia el que va encaminado mi pensamiento. Mi maestra/o.

Hoy ha sido un día duro, o al menos pudo serlo. La mañana se presentaba interesante, nuevas compañeras que se embarcaban en conocer uno de los contextos en el que desarrollamos las actividades de la Asociación Pides, las ganas de Oscar y mías de retomar las sesiones del “espacio de encuentro” con dos dinámicas de reflexión personal y social… Pero, en la practica educativa uno debe estar siempre preparado para cualquier cosa, y quizás, yo a pesar del tiempo que llevo compartiendo mi tiempo en la cárcel en los distintos talleres no estaba preparado para afrontar la realidad que se me iba a presentar. No todos los días tiene uno el tiempo para fiesta.

La llegada a nuestro espacio de encuentro se desarrollaba como siempre, saludos aquí y allá, preguntas por los últimos días, por lo que teníamos pensado hacer hoy, por los motivos de no haber ido la semana anterior… Algún que otro compañero del grupo enfermo, la gripe y los resfriados se hacen notar a pesar de los pocos días de frío. Todo como siempre, excepto que por unas cosas u otras nos encontrábamos solos, practicamente sin posibilidad de comenzar el taller. Allí estábamos mirándonos y preguntándonos los dos Oscar y yo. Mi maestro y yo.

Mi maestro porque es en estos momentos donde cuando uno se cae tiene que haber otra persona que le empuje a levantarse. Maestro porque si uno se para alguien tiene que darle el primer empujón para hacerle caminar, y hoy ese alguien fue mi compañero y maestro de actividades, Oscar. Vale. Entiendo que a estas alturas tenga que explicarme y explicar por qué califico así, de maestro a una persona determinada.

Hagamos un paréntesis:

[Este es el momento en que más de una/o me saca la definición de maestro de la RAE o me envía a la wikipedia a consultarla. Pero, yo hablo de un maestro con mayúsculas. De los maestros que a veces olvidamos que tenemos cerca porque buscamos contínuamente a esa figura referente, docta en tal o cual materia, reconocida públlica y socialmente como maestra o maestro por encima del resto. Hablo de las compañeras y compañeros de trabajo como maestros. Por eso entiendo que he tenido muchas maestras y maestros a lo largo de mi corta vida y que cada una de esas personas fue y es maestra en determinados momentos y practicas.]

Una vez explicada mi concepción (errónea para muchas/os, sesgada para algunas/os e interesada para otras/os .Podemos discutirlo en los comentarios) de maestro, me gustaría explicar qué hace un maestro, cuando el estudiante (en este caso yo) se queda paralizado.

El maestro es quien no entra en tu derrumbe ni cae en tu red, que en estos momentos se construye en una espiral autodestructiva. El maestro mira, te mira y a veces sin pensar te propone otra cosa que hacer. Parece algo sencillo, pero el maestro acaba de desviar tu atención del problema para enfocarte en otra dirección y aunque tenga que vencer resistencias sabe que finalmente todo consiste en no seguir parado fijando tu concentración en el problema.

El maestro no se pregunta por tu bloqueo mental, puede que incluso no sepa que tienes un bloqueo mental. El maestro continúa el desarrollo normal de un día de trabajo, y si las circunstancias hacen que no haya nada que hacer en un lugar, busca otro sitio donde pasar ese tiempo sin necesidad de que haya un plan previo, ni objetivos concretos por alcanzar pero, con la intención de buscar la motivación que te permita, os permita, continuar construyendo aprendizajes.

Y entonces es cuando todo cambia. Todo cambia porque tu mente y tu bloqueo se encuentran con otras personas, a veces nuevas y otras no tanto. Las resistencias a un bloqueo que te lleva a pensar que lo que haces no sirve para mucho o que tú mismo no sirves como educador/a, se ven sacudidas por conversaciones que te envuelven hasta hacer olvidar el recuerdo que hacía que todo fuese una espiral descendiente.

De pronto un mal día se ha transformado en un día para pensar en cosas nuevas o en otras ocasiones para conocer otras inquietudes propias y ajenas.

Pero, la labor del maestro a veces no termina ahí. Hay días en los que además tienes la oportunidad de poder compartir tus pensamientos, reflexiones, ideas o miedos con tu maestro, y es en esos momentos donde comprendes la importancia que tiene que tu compañero de trabajo sea tu maestro o que tu maestro sea sobre todo un compañero de trabajo. Porque en estos momentos es donde se encuentran los pensamientos y las ideas, donde se construyen nuevas transformaciones y proyectos, donde se intercambian las dudas para transformarlas en posibilidades de acción.

Hoy todo eso fue posible gracias a uno de mis MAESTROS, Oscar. Hoy todo eso me ha sido posible por descubrirme aprendiz donde otras veces puedo ser maestro. Todo es posible por descubrir que un compañero es mucho más que una persona con la que solo compartes un tiempo y un espacio. Por haber deconstruido el significado de maestra/o para reinterpretarlo como aquella persona que te hace aprender y que en otras ocasiones puede aprender de ti. Hay muchas maestras y maestros en muchos lugares distintos, haciendo cosas distintas, solo tenemos que estar abiertos a encontrarlos y reconocerlos.


Rajoy y su… ¿pedagogía?

En el último mes del ya pasado 2014 me sorprendió escuchar en tantas ocasiones la palabra pedagogía. En una reunión del Partido Popular el pasado 16 de Diciembre, Mariano Rajoy pedía a sus diputados “hacer pedagogía”; El 26 de Diciembre en una rueda de prensa el señor Rajoy volvía a pedir que “hicieran pedagogía” para explicar donde está cada cual.

Hacer pedagogía. Cada vez que escucho esas palabras de boca de la clase política de nuestros país, y no son pocas las veces que las dicen, me pregunto a que se estarán refiriendo…

Soy uno de esos profesionales de la educación, uno de esos pedagogos, que piensa que la frase “hacer pedagogía” conlleva implícita ciertos significados:

Hacer pedagogía es escuchar, saber y aprender a escuchar a las y los demás. Escuchar para poder hablar, para aprender a hablar; escuchar para comprender y entender las situaciones, los miedos, las intenciones… Escuchar porque sin escuchar difícilmente podré hablar, porque para hablar y que te escuchen primero es necesario saber escuchar.

Pero, me pregunto cuando el gobierno actual, sus diputados, su presidente, escuchó por última vez a la ciudadanía. Ustedes no han escuchado ninguno de los gritos de auxilio que el pueblo ha intentado hacerles llegar, no escucharon las peticiones como no escucharon los sufrimientos. Rajoy no puede hacer pedagogía si su único afán es hablar sin escuchar, si sus mensajes no admiten preguntas y se transmiten por pantalla plana o ruedas de prensa cerradas. El PP no puede hacer pedagogía tapando la boca a la ciudadanía con una mordaza que limita las libertades y las opiniones.

Hacer pedagogía es crear situaciones en las que se produzca un aprendizaje consciente, un aprendizaje crítico, que genere preguntas a las que se puedan buscar respuestas en conjunto. Hacer pedagogía no es transferir a otra persona conocimientos e ideas propias para que las asuma como verdades inamovibles, sino propiciar que estas sean cuestionadas y reconstruidas a través de la pregunta.

Usted, señor Rajoy. Ustedes, señoras y señores del gobierno no hacen pedagogía, ustedes imponen ideas, transmiten discursos sin permitir que se es cuestione. Ustedes insultan a la justicia y a la ciudadanía siempre que les apetece sin admitir cualquier discurso o pregunta contraria a la agenda marcada, contraria al discurso dominante impuesto por los poderes hegemónicos. Por eso señoras y señores ustedes no hacen pedagogía.

Hacer pedagogía es ser humilde. Hacer pedagogía es admitir el error y ser consciente de que tenemos derecho a equivocarnos, a reconocer dicha equivocación, asumir responsabilidades y  subsanar dicho error. Pero sobre todo, hacer pedagogía es hacer gala de la humildad necesaria para reconocernos como seres que aprendemos de nuestros errores.

¿Cuándo fue la última vez que admitieron un error?¿Cuándo admitieron por última vez que sus reformas hunden en la miseria a su población, a la ciudadanía que dicen representar?. No. Ustedes no pueden hacer pedagogía sin reconocer sus errores, sin dejar de echar las culpas a los demás, sin ser humildes y asumir sus responsabilidades ante las devoluciones en caliente en Melilla, ante las personas desalojadas de sus casas, ante los suicidios desesperados por la perdida de toda esperanza, ante quienes fueron expulsados de su ciudad y de su país por la imposibilidad de encontrar un trabajo digno, ante quienes sufren los recortes en sanidad, ante quienes pierden sus derechos a ser atendidos como personas, ante quienes son explotados en sus trabajos, ante las niñas y niños que se acercan cada vez más a la pobreza.

Hacer pedagogía es educar con el ejemplo. Hacer pedagogía es partir de la conciencia de quién es uno mismo para construir un discurso acorde con lo que se practica. Hacer pedagogía es enseñar mediante la acción lo que se transmite con la palabra.

¿Cómo van a hacer pedagogía ustedes que mientras transmiten la austeridad viven en la opulencia de la subida de sueldos, de las tramas corruptas, de los favores a amigas y amigos? ¿Cómo pretenden hacer pedagogía si su ejemplo es el de un pequeño Nicolas, el de una juventud que olvidó el compañerismo, el esfuerzo y la humildad para cambiarla por el engaño, la imagen y el dinero fácil?

Pero, sobre todo y ante todo, hacer pedagogía es pensar que como dijo Paulo Freire “cambiar el mundo es tan difícil como posible”. Hacer pedagogía es saber que tenemos el derecho a transmitir la realidad que se vive, tenemos el derecho a conocer cómo y por qué estamos en la situación que estamos pero, sobre todo es saber y ser consciente que en la medida en que intervenimos en el mundo como personas, somos capaces de cambiar las situaciones de desigualdad, de odio, de apatía, de explotación y desesperanza que en él se dan.

Ustedes no transmiten esperanza, sino desesperanza. Ustedes transmiten esperanza a los mercados, a las clases dominantes, a quienes siempre han ostentado el poder. Mientras, a la ciudadanía, a quienes sufren las consecuencias de una crisis creada por el poder financiero la hipnotizan e inmovilizan con el discurso de la imposibilidad, con la sagrada aseveración de que “el mundo, las cosas son así y nada se puede hacer ante ello”. Pero, no es cierto y lo saben, el mundo no es así, el mundo se construye con la acción de cada persona sobre él, el mundo cambia porque somos muchas y muchos quienes queremos que las cosas cambien. Así que ustedes no hacen, ni pueden hacer pedagogía porque no esperan un cambio de rumbo hacia un mundo más humano, igualitario y justo, sino mantener unas relaciones de desigualdad, ampliar las diferencias entre personas y callar las voces que han despertado de su letargo.

No me gustaría terminar sin sugerir un cambio en su discurso, al menos en el uso que hacen de la palabra Pedagogía y de la frase hacer pedagogía. Hagan un favor, sustituyan esa frase y esa palabra por la verdad, por aquello que realmente pretenden hacer. Ustedes no quieren hace pedagogía, ustedes quieren “vender y comprar”:

Vender e imponer un discurso y unas ideas al margen de la realidad que sufre el país para comprar la sumisión de un pueblo entero.

Vender que hemos salido de la crisis para comprar el silencio de quienes aún la sufren.

Vender nuevas medidas y subvenciones sociales para comprar votos de cara a las elecciones que están por llegar mientras durante 3 años han acabado con el tejido social del país.

Vender que quienes se alejan del discurso dominante son radicales, antisistema o cualquier otra etiqueta impuesta de forma peyorativa mientras los verdaderos radicales antisistema han sido ustedes al destruir la educación, la investigación y la sanidad de este país.

Vender que solo ustedes llevan razón para comprar la razón y el pensamiento crítico que es lo que realmente hace evolucionar a una sociedad.


Mirando al futuro: Educación e inspección (en respuesta a @ftsaez)

Esta entrada está dedicada a @ftsaez y su fantástica idea expuesta en su última entrada de blog: “Mirando al futuro: educación e inspección”.

Quienes me conocen saben que no soy ningún experto ni gran conocedor de la inspección educativa, y por su puesto tampoco un amante de las inspecciones tal y como las tenemos entendidas o las conocemos. En cualquier caso, espero con esta entrada colaborar en la propuesta de Fernando Trujillo y aportar algo al debate propuesto.

La inspección educativa… Si cualquiera de nosotras y nosotros, ya estemos no directamente relacionados con el mundo de la educación, escuchamos en una conversación esas tres palabras es muy posible que en nuestro cerebro se activen toda una serie de imágenes y relatos construidos a través del imaginario de los medios de comunicación y de la historia vivida.

Para la mayoría la palabras “inspección educativa” despiertan recelo, alejamiento, rechazo… toda una serie de sentimientos alimentados por películas, series, etc donde la inspección no es más que una suerte de burocracia obsesionada con la rendición de cuentas, estadísticas, cumplimiento de normativas y leyes, alejada de la realidad escolar y desconectada del entorno social donde se ve inmerso el profesorado. Pero, ¿sucede así realmente?

Al situarme frente a esta entrada he procurado olvidarme de lo aprendido durante mi formación sobre inspección educativa (no me ha costado mucho), situarme en distintos períodos de mi formación y preguntarme:

– ¿Quién era la inspectora o inspector educativo cuando yo estudiaba en la escuela o instituto?. Mi sensación es que aún hoy día la figura de la inspectora o inspector educativa sigue siendo totalmente desconocida por las y los estudiantes, algo que no facilita para nada la labor que según la ley está encomendada a su figura. Este desconocimiento personal se extiende al profesorado y por supuesto a la mayoría de familias que, inmersas como es lógico en otros quehaceres solo ven en la inspección como a una extraña presencia que perturba de vez en cuando, la marcha normal de sus actividades.

– ¿Cuándo aprendí cual es la labor de la inspección educativa?. Resulta llamativo que ni tan siquiera hoy día pueda asegurar que conozco al 100% el trabajo y la labor de la inspección educativa, más allá de los papeles donde se definen sus funciones y evidentemente de lo que comentan quienes la viven o sufren en según que casos.

La formación e información sobre la importancia (o no) de las funciones desempeñadas por la inspección educativa resulta escueta durante la formación docente y en mi opinión supone una escasa ayuda para la misma.

¿vigilar y castigar, o acompañar y transformar?. Si la visión construida sobre la inspección educativa ha sido la de vigilantes de la ley, quizás no solo por una herencia pre-democrática en la que la obsesión por el cumplimiento de normas marcaba las pautas a seguir, sino por una homogeneización del colectivo sin observar que al igual que en caso del profesorado u otros profesionales, el colectivo de inspectoras e inspectores educativos es mucho más heterogéneo de lo que parece y por tanto es la propia concepción de la educación de estos la que orienta sus funciones hacia un camino u otro.

Después de tanta pregunta, si pienso que algunas de las pautas que debería tener en cuenta la inspección educativa en el siglo XXI serían:

–  La información y el contacto del inspector/a educativo/a debe ir más allá del equipo directivo, teniendo un mayor contacto con el profesorado, las familias y los estudiantes de los centros y sobre todo garantizando el flujo informativo sobre las funciones y actuaciones de la propia inspección en el funcionamiento del centro educativo.

– Si una de las funciones de la inspección educativa es la de proteger el derecho a la educación de todas y todos, esta debería hacer efectiva en todos los centros las garantías de justicia social para todas y todos estando especialmente alerta de aquellas situaciones en las que la equidad, la inclusión y la igualdad de oportunidades se pongan en peligro.

– La existencia de la inspección educativa pasa por una transformación de las funciones que se observan de la misma desde la sociedad. La imagen de la inspección educativa debe transitar del vigilar, controla, castigar, al acompañar, formar y transformar. Quizás esta transición sin duda en marcha ya, debe ir acompañada de una mayor formación pedagógica de las y los inspectores para poder impulsar los cambios meteorológicos necesarios en una era de la información y la comunicación como la que estamos inmersos, funciones para las que el conocimiento de la normativa y la burocracia tecnocrática no son suficientes.

– Una nueva sociedad como es la que vivimos actualmente requiere de una nueva forma de trabajo. Partir del trabajo colectivo y los equipos de trabajo en cuanto a inspección educativa en lugar de hablar de la figura exclusiva o individual de la inspectora o inspector educativa ayuda a ver dicho trabajo como un consenso de actuaciones orientadas a la mejora global de las escuela y de todo el sistema educativo en general, en lugar de como la revisión y control por parte de dicha inspección de  las actuaciones y el trabajo de los centros educativos. Equipos de inspección.

– La construcción de redes para la mejor atención de las necesidades de los centros y las personas que los integran. La irrupción de las nuevas tecnologías en el ámbito educativo debería servir para construir estructuras de comunicación y apoyo a la hora de intercambiar información y propuestas de mejora en torno a las actuaciones llevadas a cabo en distintos puntos del sistema educativo. Aprovechar las ventajas que nos ofrecen estas redes y poner en marcha equipos de evaluación que detecten las actuaciones de éxito educativo para promover el aprendizaje y puesta en marcha de las misma debería ser una prioridad en el siglo actual.

A todo esto quizás tendría que añadir una pregunta que imagino nos seguimos haciendo todas y todos, sobre todo a la vista de como funcionan algunos de los sistemas educativos que parece tienen los mejores resultados ¿Cómo de necesaria es la inspección educativa hoy?


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