Una noche especial

Sabía que aquella noche era una noche especial. No esperaba nada, las noticias no habían anunciado ninguna lluvia de estrellas, no había concierto de guitarra que envolviera su cuerpo transmitiendo la cálida sensación de estar protegida, tampoco tenía el abrazo, ni el beso (físico) que tanto añoraba. Solo sabía que aquella era una noche especial.

– Puede que hoy me llegue alguna sorpresa -se decía así misma.

La ansiosa espera del momento se rendía al pesado caer de sus párpados. Luchó hasta no poder más, mantuvo su mirada fija en aquella caja tonta que tantas veces emitía lo que a ella le resultaban pesados programas sin sentido, pero no pudo soportar el peso del sueño.

Y así, rendida pero esperanzada caminó lentamente hacia su cama… Dormiría plácidamente, sin sobresaltos, con la tranquila calma de soñar que esa noche sería una noche especial.

Y no sabemos si soñó con bosques y playas, con risas y fiestas; o lo hizo con montruos y batallas, con miedos y dudas. Lo que sí sabemos es que ella durmió pensando que, esa noche sería una noche especial…

¿lo sería?


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