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Encontrando nuestro espacio (diario de cárcel)

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Veníamos de una semana bastante difícil, una semana en la que tuvimos que repensar cada concepto de nuestro taller, cada idea construida, nuestras miradas y nuestras iusiones. El día de ayer resultaba, al menos para mí un día decisivo para saber que hacer con nuestro espacio de encuentro y claro, no hay día que este trabajo no te sorprenda.

Llegamos pronto al módulo, al menos pronto para la hora a la que Oscar y yo solemos entrar. Comenzamos a encontrarnos con nuestros compañeros de grupo. Saludos, abrazos, preguntas por lo que pasó la semana anterior. Las conversaciones continúan y entre ellas nos comentan que por ahora seguiremos sin Biblioteca (la están pintando), es decir, sin el lugar donde cotidianamente nos reunimos durante nuestros encuentros. Otros espacios están ocupados, así que toca decidir que hacemos…

Este es uno de esos momentos en los que me doy cuenta que yo no soy un voluntario que hace una labor “x” horas a las semana porque, es cierto, yo (igual que Oscar) no cobro ni un euro por ir al centro penitenciario y realizar junto a Oscar los talleres que realizamos, pero no hay nada que pueda pagar la pasión y las ganas con las que desempeño ese trabajo. Un voluntario, casi con toda seguridad, al ver que el espacio donde realiza su taller no está disponible ni parece haber otro libre da media vuelta y otro día será. Pero, nosotros no concebimos en ningún momento la posibilidad de darnos la vuelta por falta de un espacio delimitado, ni por falta de medios o materiales. Resulta que a estas alturas para nosostros, al menos para mí, lo único importante es el contenido, y ese contenido lo ponemos las personas que nos encontramos y construimos espacio de encuentro. Si nos encontramos, si queremos aprender y compartir el espacio lo creamos nosotros.

Así que después de hablarlo durante un par de minutos allí íbamos cargados con una mesa y algunas sillas del comedor, ¿hacia dónde? Imagino que eso se preguntaban quienes nos veían cargar con ellas y miraban nuestro recorrido para escrutar donde estaba nuestro destino. Sí, habíamos descubierto que existía un espacio enorme, amplio, compartido con otras personas y abierto. Ese lugar donde como diría Marcos Ana, la Tierra deja de ser redonda y se tranforma en cuadrado, un lugar que también esta para ser espacio de encuentro.

Romper con la rutina, romper con los espacios, nos da la oportunidad, como grupo, de hacernos visibles, de ser vistos por otros que quizás nunca nos vieron, pero también de ver a esos otros que normalmente no se acercan a otros espacios donde suponen algo sucede pero no saben qué. Pero, romper caminar a los espacios abiertos también nos da la oportunidad de decir que estamos ahí y que ante todo, no tenemos nada que esconder, más bien tenemos mucho que mostrar y que aprender.

Transcurre la mañana, se acercan algunos curiosos. Unos ojean, alguno que otro pregunta y los menos buscan una silla y nos acompañan. Hablamos, jugamos y hacemos dinámicas. Los temas se suceden, hay risas y momentos serios. Aperturas personales y reflexiones sobre el grupo, sobre cómo seguir caminando y qué hacer para devolverle vigor a este espacio de encuentro.

Hoy seguimos construyendo aprendiajes y compartiendo experiencias. Pero, sin darnos cuenta hoy hemos descubierto, o al menos yo lo he hecho, que el taller de “espacio de encuentro” es más que una estructura porque solo es construido a través de las personas que le vamos aportando contenido. Hemos ensanchado los límites para expandir nuestros encuentros.


Mi maestro (diario de cárcel)

FRATO+Sin+odiar+lo+que+estudiamos

Hoy me apetecía volver a plasmar en la blogosfera parte de ese diario que personalmente me ayuda a relfexionar sobre mi practica educativa en los “espacios de encuentro” que vamos construyendo en la cárcel.

Hay días que no todo sale como tienes planeado. Días en los que descubres o mejor re-descubres lo dificil que resulta el trabajo cuando esa labor está relacionada con personas y tú eres una de ellas.

Siempre pienso que es una sensación normal esa en la que la frustración te inunda y las dudas golpean cada intento de seguir adelante. Cuando decides apostar por la educación y el aprendizaje como motores de cambio nada resulta fácil. Por suerte a lo largo de mi experiencia en actividades, proyectos, iniciativas, comunidades, colectivos, etc. siempre he tenido alguna persona con quien compartir esas dudas, esa persona que te hace reflexionar, que te empuja a buscar el lado optimista de la situación, que te pone los pies en la tierra o simplemente que conoce lo que haces, por qué lo haces y cuál es el objetivo global hacia el que va encaminado mi pensamiento. Mi maestra/o.

Hoy ha sido un día duro, o al menos pudo serlo. La mañana se presentaba interesante, nuevas compañeras que se embarcaban en conocer uno de los contextos en el que desarrollamos las actividades de la Asociación Pides, las ganas de Oscar y mías de retomar las sesiones del “espacio de encuentro” con dos dinámicas de reflexión personal y social… Pero, en la practica educativa uno debe estar siempre preparado para cualquier cosa, y quizás, yo a pesar del tiempo que llevo compartiendo mi tiempo en la cárcel en los distintos talleres no estaba preparado para afrontar la realidad que se me iba a presentar. No todos los días tiene uno el tiempo para fiesta.

La llegada a nuestro espacio de encuentro se desarrollaba como siempre, saludos aquí y allá, preguntas por los últimos días, por lo que teníamos pensado hacer hoy, por los motivos de no haber ido la semana anterior… Algún que otro compañero del grupo enfermo, la gripe y los resfriados se hacen notar a pesar de los pocos días de frío. Todo como siempre, excepto que por unas cosas u otras nos encontrábamos solos, practicamente sin posibilidad de comenzar el taller. Allí estábamos mirándonos y preguntándonos los dos Oscar y yo. Mi maestro y yo.

Mi maestro porque es en estos momentos donde cuando uno se cae tiene que haber otra persona que le empuje a levantarse. Maestro porque si uno se para alguien tiene que darle el primer empujón para hacerle caminar, y hoy ese alguien fue mi compañero y maestro de actividades, Oscar. Vale. Entiendo que a estas alturas tenga que explicarme y explicar por qué califico así, de maestro a una persona determinada.

Hagamos un paréntesis:

[Este es el momento en que más de una/o me saca la definición de maestro de la RAE o me envía a la wikipedia a consultarla. Pero, yo hablo de un maestro con mayúsculas. De los maestros que a veces olvidamos que tenemos cerca porque buscamos contínuamente a esa figura referente, docta en tal o cual materia, reconocida públlica y socialmente como maestra o maestro por encima del resto. Hablo de las compañeras y compañeros de trabajo como maestros. Por eso entiendo que he tenido muchas maestras y maestros a lo largo de mi corta vida y que cada una de esas personas fue y es maestra en determinados momentos y practicas.]

Una vez explicada mi concepción (errónea para muchas/os, sesgada para algunas/os e interesada para otras/os .Podemos discutirlo en los comentarios) de maestro, me gustaría explicar qué hace un maestro, cuando el estudiante (en este caso yo) se queda paralizado.

El maestro es quien no entra en tu derrumbe ni cae en tu red, que en estos momentos se construye en una espiral autodestructiva. El maestro mira, te mira y a veces sin pensar te propone otra cosa que hacer. Parece algo sencillo, pero el maestro acaba de desviar tu atención del problema para enfocarte en otra dirección y aunque tenga que vencer resistencias sabe que finalmente todo consiste en no seguir parado fijando tu concentración en el problema.

El maestro no se pregunta por tu bloqueo mental, puede que incluso no sepa que tienes un bloqueo mental. El maestro continúa el desarrollo normal de un día de trabajo, y si las circunstancias hacen que no haya nada que hacer en un lugar, busca otro sitio donde pasar ese tiempo sin necesidad de que haya un plan previo, ni objetivos concretos por alcanzar pero, con la intención de buscar la motivación que te permita, os permita, continuar construyendo aprendizajes.

Y entonces es cuando todo cambia. Todo cambia porque tu mente y tu bloqueo se encuentran con otras personas, a veces nuevas y otras no tanto. Las resistencias a un bloqueo que te lleva a pensar que lo que haces no sirve para mucho o que tú mismo no sirves como educador/a, se ven sacudidas por conversaciones que te envuelven hasta hacer olvidar el recuerdo que hacía que todo fuese una espiral descendiente.

De pronto un mal día se ha transformado en un día para pensar en cosas nuevas o en otras ocasiones para conocer otras inquietudes propias y ajenas.

Pero, la labor del maestro a veces no termina ahí. Hay días en los que además tienes la oportunidad de poder compartir tus pensamientos, reflexiones, ideas o miedos con tu maestro, y es en esos momentos donde comprendes la importancia que tiene que tu compañero de trabajo sea tu maestro o que tu maestro sea sobre todo un compañero de trabajo. Porque en estos momentos es donde se encuentran los pensamientos y las ideas, donde se construyen nuevas transformaciones y proyectos, donde se intercambian las dudas para transformarlas en posibilidades de acción.

Hoy todo eso fue posible gracias a uno de mis MAESTROS, Oscar. Hoy todo eso me ha sido posible por descubrirme aprendiz donde otras veces puedo ser maestro. Todo es posible por descubrir que un compañero es mucho más que una persona con la que solo compartes un tiempo y un espacio. Por haber deconstruido el significado de maestra/o para reinterpretarlo como aquella persona que te hace aprender y que en otras ocasiones puede aprender de ti. Hay muchas maestras y maestros en muchos lugares distintos, haciendo cosas distintas, solo tenemos que estar abiertos a encontrarlos y reconocerlos.


Una semana Entalegad@s

“Las palabras designan la experiencia, pero no son la experiencia. En el momento en que intento explicar lo que he experimentado exclusivamente en pensamientos y palabras, la experiencia desaparece: se seca, muere, se convierte en una mera idea. De esto se deriva que el ser es indescriptible en palabras y solo es comunicable con la condición de que mi experiencia sea compartida. En la estructura del tener, dominan las palabras muertas; en la estructura del ser, domina la experiencia viva e inexpresable”

(E. Fromm, Tener y ser)

En los últimos días me he encontrado en varias ocasiones con personas que me pedían que les explicara qué hicimos en el IV EnTalegArte: encuentro de Arte, Cultura y Educación en el medio penitenciario que se celebró el pasado mes de Noviembre y en el que vengo participando desde hace unos años con la Asociación PIDES. Cuando intento explicar lo que hemos hecho, o como se distribuyen los talleres, que trabajamos, como se desarrollan las sesiones de trabajo… siento que no me salen las palabras, es como si no encontrara la forma de transmitir lo que sucede en esos días, la persona que me pregunta me mira, extrañada, frunce el ceño, intenta comprender y acto seguido responde – Ahh… ya.-

Es entonces cuando me doy cuenta que no merece la pena explicarlo, que por más que busque en el vocabulario no encuentro las palabras suficientes para que una frase pueda describir las experiencias vividas. Sí, las experiencias. No porque yo haya vivido un sin fin de experiencias durante esa semana, aunque también sería cierto, sino porque son muchas personas compartiendo distintas experiencias, muchas personas abandonando en algún momento parte de ese modo de vida que correspondería a la orientación del “Tener” que tan bien describió Fromm, para acercarse al “Ser”. Grupos de personas que dejan de hablar de independencia, libertad, amor, y razón crítica para experimentarlas; Que dejan por momentos de ser parte del mundo consumidor para convertirse en activos protagonistas de la experiencia vivida; Que dejan de aprender para aprehender en el sentido freireano del término; Que aprecian la importancia del compartir la experiencia, la importancia de dar y darse a los demás.

Esta sociedad nos educa para dejar de vivir, de experimentar. Pensamos, cada vez más, que la simple transmisión de un concepto, de una idea… ¡de una experiencia! es suficiente para conocer aquello que nos interesa. Las clases obligatorias, la imperiosa dictadura del tiempo impuesto nos va atravesando para convertirnos en esclavos del reloj. Pretendemos resumir las experiencias a una simple respuesta escrita o transmitida de forma oral, de la misma manera que tratamos de reducir las emociones de un libro a un resumen esquemático de sus ideas.

Por eso me es imposible explicar las experiencias vividas durante esa semana Entalegados. Porque, puedo contarte una dinámica, recitarte la letra de una canción, explicarte como se resuelve un conflicto, contarte como nuestro cuerpo se transforma en arte, decirte como se interviene en el contexto o hablarte de lo que hacemos y de cómo intervenimos (o mejor dicho, somos intervenidas/os por quienes nos rodean), pero no puedo transmitirte lo que ha sido porque solo podrás entenderlo cuando lo hayas vivido.

¿Encerrados dentro de nosotras/os mismos?

¿Encerrados dentro de nosotras/os mismos?

 

 


A veces uno es… (diario de cárcel)

“Unas veces me siento
como pobre colina
y otras como montaña
de cumbres repetidas.

Unas veces me siento
como un acantilado
y en otras como un cielo
azul pero lejano.

A veces uno es
manantial entre rocas
y otras veces un árbol
con las últimas hojas.
Pero hoy me siento apenas
como laguna insomne
con un embarcadero
ya sin embarcaciones
una laguna verde
inmóvil y paciente
conforme con sus algas
sus musgos y sus peces,
sereno en mi confianza
confiando en que una tarde
te acerques y te mires,
te mires al mirarme.”

(Estados de ánimo, Mario Benedetti)

Quizás una de las características que más me gusta de nuestro trabajo aquí sea la apertura que tenemos a que cualquiera pueda venir con nosotros a los talleres que realizamos. Siempre estamos abiertos a que se incorpore alguien más al grupo, venga de fuera o de dentro, no tenemos nada que ocultar y curiosamente esta situación contrasta con la que se produce en la mayoría de procesos de educación que permanecen cerrados e incluso en ocasiones prohibidos para cualquier persona ajena al grupo.

Sin duda en función de lo que se va a trabajar puede ser que quién se una al grupo se encuentre más o menos cómodo durante la sesión, pero exactamente igual ocurre con el grupo cuando recibe a esa persona. Quizás ahí debe estar centrado el trabajo de quienes de alguna manera son construidos y se construyen a sí mismas/os como educadoras/es: Ser capaces de conseguir que quienes participan de unas horas de encuentro, intercambio comunicativo, experiencias, etc. se sientan como en casa.

Pero ¿es necesaria una preparación del grupo y de las personas que se integran al mismo? Personalmente pienso que no. Lo necesario, desde mi punto de vista es sentido común, olvidar los miedos, vivir esas incorporaciones como algo normal y sobre todo estar dispuestas/os a desaprender todo lo que hasta ahora hemos aprendido.

Hoy nos tocó a nosotros tener dos nuevas visitas en nuestro grupo. Me resultaría difícil juzgar como se sintieron, pero si puedo decir que como grupo se enriquecieron los aprendizajes y se vivieron nuevos puntos de vista que aportan mucha importancia a las actividades que se realizan.

Aún continuamos conociéndonos tal y como contaba la semana pasada, pero claro ¿cuándo acabamos de conocernos individualmente? ¿Y en grupo? Me atrevo a decir que sin importar a lo que dediquemos la sesión nunca terminaremos de conocernos como grupo por muchas sesiones que trabajemos juntos, como nunca terminamos de conocernos a nosotros mismos por muchos años que nos de la vida para hacerlo.

¿Cuántas anécdotas, vivencias, experiencias o momentos especiales hemos guardado en el baúl? ¿Cuántas veces hemos preguntado a alguien cercano cuáles fueron sus momentos especiales?

Generalmente solemos hacerlo poco. Quizás la vida nos entretiene con demasiadas cosas como para conocer un poco más a quien tenemos cerca o simplemente no nos da tiempo de pensar en ello. Hoy nosotros quisimos hacerlo con una sencilla dinámica, una dinámica que a través de nuestras propias experiencias ha servido para conocernos un poco más, pero también para sentirnos más cómodos trabajando.

Todos tenemos distintas caras que mostramos al mundo. Caras que vamos turnando como si de máscaras se trataran, caras que esconden partes de nuestra personalidad, de nuestros miedos y nuestras alegrías. Caras que salen a la luz o que permanecen ocultas, guardadas en un lugar seguro, caras que nosotras/os mismos no vemos y caras que quizás nunca lleguemos a descubrir.

La ventana de Johari me ha servido hoy para descubrir algunas de esas caras que otras personas ven en mí y que nunca pensé que estaba mostrando, para reafirmar que la ironía es parte de mi vida diaria y para preguntarme que habrá en esa ventana desconocida que merezca la pena ir trayendo pronto a alguna de las otras ventanas.

Pero, hoy fuimos un paso más allá y nos atrevimos a experimentar construyendo una ventana de Johari grupal. Un espejo que fuésemos descubriendo a lo largo del año como grupo, un termómetro de como vamos evolucionando a través de como nos vemos como grupo y cómo nos ven.

Otra de las ventajas que se obtienen de trabajar esporádicamente con personas que normalmente no participan en las sesiones es la de obtener otras visiones de lo que estamos haciendo, un punto de vista diferente y una ayuda para seguir mejorando desde la crítica compartida.

Si las dificultades me invitan a no rendirme y seguir luchando… ¿Qué pasará conmigo si todo sigue marchando tan bien?


Me rodean gentes nuevas (diario de cárcel)

“Me rodean gentes nuevas,
gentes que me acosan a preguntas…
me llegan recuerdos de mi infancia,
de mi barrio,
de la ciudad,
de la nación;
pienso en las grandes fechas,
en los grandes sucesos,
y los acontecimientos definitivos…
Todas estas cosas llegan a mí de noche y de día, entran en mi vida,
vienen y se van…
¡pero yo no soy nada de esto!
Yo estoy fuera de estos empujones
que me traen y me llevan.
Yo me quedo arriba
alegre, ocioso,
compasivo,
viéndolo todo en panorama,

mirando, erguido, el mundo desde lo alto o apoyado el brazo sobre un sostén seguro aunque invisible, esperando curioso, con la cabeza medio vuelta hacia un lado, lo que va a acontecer… el acto siguiente. ¡Yo estoy dentro y fuera del juego a la vez… Y lleno de asombro!Miro hacia atrás
y me veo en la niebla discutiendo con satíricos y sofistas.
Pero yo no he venido a disputar ni escarnecer.
Estoy aquí observando y… ¡espero!”

(Fragmento de Canto a mí mismo de W. Whitman)

Me pregunto como valora alguien que se dedica a la educación los talleres, clases, sesiones, etc. que lleva a cabo.

A veces cuando un día como hoy salgo con la sensación de haber compartido interesantes charlas con los compañeros de nuestro “espacio de encuentro” me cuestiono como cabe todo eso en una evaluación, en un número o en un juicio de valor sobre lo aprendido.

No sé si alguno de quienes hemos estado hoy en el grupo estaba dando la respuesta correcta, pero me siento seguro de afirmar que cada respuesta y cada pregunta; que cada conversación  ha influido de alguna forma en nosotros.

Compartir mi  *“escudo”, aquello que pienso que me representa como persona, aquello por lo que peleo día a día, no ha sido fácil. Nunca es fácil abrirse a un grupo por superficial que sea esa apertura, e imagino que todos hemos tenido esa sensación.

¿Cómo poder hablar con libertad sin ser capaces de conocernos como personas individualmente y como grupo? ¿Cómo aspirar a cambiar algo sin ese convencimiento de nosotros como grupo y como personas?

Es sorprendente la de veces que como educadoras/es, maestras/os, pedagogos/as tratamos que un grupo aprenda algo, lo que “nosotras/os” queremos que aprendan, sin preguntarnos quiénes somos como personas y como educadora o educador; sin cuestionarnos quién/es forman el grupo, quiénes y cómo somos; y cómo nosotras y nosotros mismos como educadoras/es influimos en la deriva del grupo.

Llegamos a nuestras sesiones, talleres, aulas (siempre me sonó a “jaula”)… con una enorme mochila a la espalda cargada con multitud de “yo” que nos influyen e influyen en el grupo. Y nos han entrenado para ignorarlos, para no verlos y, lo que es peor, para no tratar de descubrirlos, para no usarlos como aliados.

Todo aprendizaje comienza por conocernos, y presiento que esta primera sesión abre el camino a muchos y grandes aprendizajes en grupo.

* En nuestra sesión de hoy hemos llevado a cabo una dinámica de presentación que consistía en dibujar nuestro hipotético escudo (una figura dividida en 4 partes) representando en las distintas partes del mismo aquellas cosas que nos inspiran, nos representan, a las que aspiramos, etc.


Un año más (diario de cárcel)

                        Dibujo de Mana Neyestany

                   Dibujo de Mana Neyestany

En la espera el verano se vuelve largo, a veces pensando en por qué no seguir esos meses construyendo los talleres que hemos ido compartiendo los últimos años tras las rejas; a veces, pensando en cuántos quedarán de aquel grupo que consolidamos casi a final del año anterior. Por supuesto el verano es un descanso para poner en orden muchos pensamientos (para nosotros, claro), es un tiempo lo suficientemente largo para pensar en cosas nuevas para proponer cuando un día como hoy llega el momento de volver a la practica. Lo cierto es que desde hace dos veranos los meses de Julio y Agosto me sirven para desconectar, cargar pilas, disfrutar de la familia y amigos… y para pensar en qué buenos momentos pueden abrirse el próximo año detrás de esas rejas.

Un año más entramos por las puertas de la prisión, este año hemos decidido visitar varios módulos para anunciar que estamos de vuelta, que nos fuimos unos meses como cada año, pero que volvemos para comenzar de nuevo o para continuar lo que otros empezaron.

Las sensaciones no son ya las mismas que recorrían mi cabeza aquella mañana de marzo en la que todo me era extraño, frío, desconocido. Todo lo contrario, y aún no sé si eso es bueno o malo. Hoy todo me es familiar, desde la entrada por la primera puerta a los espacios y movimientos de cada módulo. Me preocupa, pero me mantiene alerta saber que aún soy consciente de como afecta ese proceso a mi forma de ser, de pensar y de actuar.

Llevaba mucho tiempo sin entrar en el módulo de mujeres. Siempre es un placer encontrar a viejas amigas y compañeras; charlar, hablar mucho, de todo, política, sociedad, del jodido mundo que nos ha tocado vivir (o cambiar)… pasan los minutos, se pasan las horas, y apenas hemos visitado el primer módulo. Pero, hay mucho de que hablar, no sé si ellas tienen más que contar o somos nosotros que traemos ganas de charla.

– ¿Este año que vamos a hacer? 

– ¿Habéis visto lo de Grecia?

– ¿Qué te parece lo de los refugiados? no hay derecho, esta Europa…

– Y mi Carlillos ¿cómo está? dile que me escriba. 

– ¿Belinda no viene más? 

Preguntan (amos) por todo, hablamos de todo y de todos. Estos momentos de compartir palabras casi me son más productivos en aprendizaje que cualquier taller montado simple y llanamente para enseñar algo. Sin embargo, a veces se nos olvida la riqueza del compartir, de escuchar… a veces los árboles no nos dejan ver el bosque, o el tiempo (tan “importante” para toda institución) no nos da tregua.

Salimos del primer módulo, personalmente no sin ganas de seguir hablando y dejando pasar el tiempo. Nos dividimos y visitamos otros 2 módulos más.

Preguntas por aquellos a quienes no ves, te preocupas por quienes siguen allí con el ánimo decaído. Hacemos un sondeo y buscamos las caras conocidas para abrazarnos y preguntarnos por el verano.

– Aquí siempre igual. Mucha calor, no cambia nada.

– ¿Y vosotros? ¿Habéis tenido buenas vacaciones no?

Faltan bastantes de aquellos que formamos un buen grupo antes de despedirnos en Junio, pero quienes quedan nos muestran las ganas de seguir compartiendo un poco de nuestro tiempo. Vamos a la biblioteca. Todo a cambiado un poco, las sillas siguen brillando por su ausencia, las mesas cambiadas de lugar y aquellos papeles continuos que marcaban las actividades que hacíamos y el calendario de actividades compartidas, han dejado de decorar la pared. Pero, sigue habiendo libros y nosotros seguimos viniendo, así que no hay nada que no pueda volver a construir un rico espacio de encuentro con nuevos proyectos, lecturas, películas, dinámicas y debates.

Ya estoy deseando que Oscar y yo comencemos, ¿qué nos esperará este año?

 

 


Vuelvo a la cárcel

“Quien espera en la pura espera
vive un tiempo de espera vacío.
Por esto, mientras te espero,
trabajaré los campos y 
conversaré con los hombres.
Sudará mi cuerpo, que el sol quemará;
mis manos se llenarán de callos;
mis pies aprenderán el misterio de los caminos;
mis oídos oirán más;
mis ojos verán lo que nates no vieron;
mientras te espero.
No te esperaré en la pura espera
porque mi tiempo de espera es un
tiempo de quehacer.
Desconfiaré de quienes me digan,
en voz baja y precavidos:
Es peligroso hacer.
Es peligroso hablar.
Es peligroso andar.
Es peligroso esperar, en la forma en que esperas,
porque esos niegan la alegría de tu llegada.
Desconfiaré también de quienes vengan a decirme,
con palabras fáciles, que ya llegaste,
porque ésos, al anunciarte ingenuamente,
antes te denuncian.
Estaré preparando tu llegada
como el jardinero prepara el jardín
para la rosa que se abrirá en la primavera.”
(Fragmento de canción obvia de Paulo Freire, 1971)

Sí. He vuelto a ser un visitante más de ese lugar que tantas personas temen, tantas como personas desconocen las historias que allí se producen.

Hace unos 8 meses comencé gracias a la Asociación PIDES y al colectivo de La Mano Verde un crecimiento personal y profesional que no podría haber imaginado cuando acepté el reto de acompañar mis lecturas con las palabras de otras personas. Aquel primer día comencé un pequeño diario en el que escribía:

“La entrada al módulo acompañado de Carlos produce la sensación de estar entrando en un mundo diferente, algo alejado de la realidad en la que normalmente estoy inmerso educativamente hablando, para adentrarme en otros modos de vida, en otro espacio distinto a lo conocido, con tiempos indeterminados y con mucho por recorrer por mi mismo a la hora de conocer y familiarizarme con quienes estén dispuestos a compartir un rato de charla, lecturas y trabajo conjunto”.

Me acordaba entonces de otros momentos en los que parte de mi práctica profesional se desarrollo en los mejores palacios y hoteles de cuatro estrellas. Cuando hoy volvía a estar acompañado por ellos, sentado tras aquellos muros, compartiendo lecturas, charlas, construyendo nuestro propio conocimiento, recordando los textos leídos y escuchando lo sucedido en el tiempo que estuve ausente, aquellas sensaciones volvieron a ocupar mi mente.

Todo es frío. Los muros, las puertas, aquella sala que poco a poco y gracias al trabajo de muchas personas se va llenando de libros y estanterías. Todo es frío, excepto el calor desprendido por el recuerdo de cada persona. Ha sido mucho el tiempo que he estado esperando volver a hacer, volver a compartir estos momentos en los que el tiempo pierde su razón de ser. Tiempo que emprendí en otros quehaceres porque yo, como Freire, no se vivir en la pura espera.

Y ahora todo comienza de nuevo, o mejor dicho, ahora todo continúa el camino emprendido, con objetivos, con libros, con textos, con risas, con llantos. Ante una realidad que cada día pisotea nuestros sueños, algunas personas nos empeñamos en seguir soñando, y mientras esperamos su llegada, vamos haciendo, vamos caminando.

Los sueños llegan de día tanto como de noche. Y ambos tipos de sueños están motivados por deseos que pretenden satisfacer. Pero los sueños diurnos difieren de los nocturnos; pues el “yo” que sueña despierto persiste en todo momento, consciente, privadamente, concibiendo las circunstancias e imágenes de una deseada vida mejor. El contenido del sueño diurno no es, como el del nocturno, un viaje de vuelta a las experiencias repremidas y su asociación. Se centra, en la medida de lo posible, en un viaje hacia delante sin restricciones, de modo que, en lugar de reconstruir lo que ya no es consciente, se pueden traer a la vida y al mundo, fantaseando, las imágenes de lo que todavía no es” (Bloch 1970: 86).

Nube en jaula by Nfeli777 http://www.flickr.com/photos/nfelicite/

Nube en jaula by Nfeli777 http://www.flickr.com/photos/nfelicite/

 


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