Archivo de la categoría: Lecturas

¿Los bárbaros?

“Los bárbaros están llegando. Veo mentes refinadas escrutar la llegada de la invasión con los ojos clavados en el horizonte de la televisión. Profesores competentes, desde sus cátedras, miden en los silencios de sus alumnos las ruinas que ha dejado a su paso una horda a la que, de hecho, nadie ha logrado, sin embargo, ver. Y alrededor de lo que se escribe o se imagina aletea la mirada perdida de exégetas que, apesadumbrados, hablan de una tierra saqueada por depredadores sin cultura y sin historia. LOS BÁRBAROS, aquí están”

(Los bárbaros, Alessandro Baricco)

Hace ya tiempo que tenía ganas de escribir algo en refencia al magnífico ensayo de Baricco que tuve la oporunidad de leer hace ya casi un año.

Quizás debería abrir este texto diciendo que la tecnología siempre ha sido un debate abierto, sobre todo en educación. Y, sobre educadoras y educadores recae el peso de una sociedad que cuestiona, busca y espera la respuesta que devuelva la calma, es “pax Augusta”, que al parecer, siempre hemos disfrutado antes que llegaran los radicales aparatos del infierno.

Los bárbaros

Ante la aparición de una nueva transformación social, miedos e intereses se dan la mano para lanzar el “sagrado” mensaje al conjunto de la ciudadanía: “debemos salvar nuestros valores, nuestros conocimientos, nuestras tradiciones y constumbres, debemos cultivar nuestras mentes y proteger a la juventud que viene detrás”. Pero, resulta que una inmensa cantidad de ocasiones es, precisamente, a esa juventud a la que se tiene miedo. Miedo a que no sean incapaces de mantener aquello que las generaciones anteriores tanto han hecho por construir.

Va siendo hora de ceñirse al tema y dejar de dar rodeos. Os da miedo la tecnología, tanto como el miedo que os causa que la próxima generación sea más estupida, menos inteligente o, simplemente, inserte nuevos valores en la sociedad que vosotras y vosotros, guardianes del conocimiento válido, habéis marcado con el certificado de autenticidad social.

Precisamente Baricco, en su libro, también nos habla de esos bárbaros sin escrúpulos, que vienen a destruirlo todo, y de esas valerosas personas que se enfrentan a las hordas de salvajes, para evitar que contaminen todo lo bueno de nuestra sociedad con sus comportamientos sin escrúpulos, su manía de hacer que todo el mundo disfrute lo que era privilegio de unos cuantos (hombres, por lo general), su interés por mezclar y remezclar, su tendencias post- ante todo.

Pero, estos bárbaros están dando una lección a quienes le precedieron, como refleja Baricco en su libro:

“Por regla general, se lucha para controlar los puntos estratégicos del mapa. Pero aquí, de una forma más radical, parece que los agresores están haciendo algo mucho más profundo: están cambiando el mapa… Eran mutantes que sustituían un paisaje por otro, y que allí fundaban su hábitat.” (pág. 13)

Resulta curioso ver como Beethoven también fue etiquetado de bárbaro, pero dejo que os lo cuente el libro. El tema de los bárbaros y los salvajes es tan recurrente que no hay ámbito que escape a incluir algún grupo o persona a quien podamos etiquetar como tal.

Así, “los salvajes” en la tan seguida serie Juego de Tronos son quienes han decidido vivir al margen de las normas y reglas marcadas por la inmensa mayoría de la sociedad. No deja de ser curiosa esa denominación de “bárbaros”, “salvajes”, etc. para un pueblo que parece más libre que la mayoría de los que se nos muestran en poniente y que tanto tendría que aportar a la medieval lucha por el poder. Aunque esto es otra historia.

Invasión bárbaros

Salvaje fue el surgimiento de la televisión, que raptaba a nuestras hijas e hijos para atarlos a las deseos de la caja tonta, salvaje fueron los hippies, los punkies y por supuesto, todo aquella persona que tiene la osadía de cruzar las fronteras marcadas en los mapas, para atreverse a ir más allá… más allá del muro, porque un muro es lo que construimos entre nosotros y aquello que llega nuevo, ya sean personas, avances tecnológicos o transformaciones sociales y culturales. La tendencia general en nuestra sociedad ante aquello que desconocemos es defendernos, importa poco de donde venga o quién lo traiga.

Los medios de comunicación, son de gran ayuda para preservar nuestros miedos y hacer que broten en el momento oportuno: “Hoy ya no se lee como antes…”, “estamos enganchados…”, “destruyen nuestro modo de vida…”, “perdemos el contacto con quienes nos rodean…”, “destruyen la educación…”, “influyen negativamente en nuestra salud mental…”, y por supuesto, la madre de todos los desastres… “afectan a nuestra productividad”, y ya se sabe que en nuestra preciada sociedad, si no produces, no eres nadie. Estos y tantos otros, son discursos que a fuerza de repetirse visualizamos como reales, nunca faltan los casos específicos que no dejan de resaltarse para justificar que, de una vez por todas, ¡hay que tomar medidas!.

OjO, no trato de construir un discurso que niegue que debemos mantener la actitud crítica ante aquello qeu de una forma u otra nos afecta y construye la sociedad que compartimos. Pero, esa actitud crítica también requiere de la capacidad de acercarse a lo extraño, para comprender, para conocer, para saber y poder mirar más allá de los miedos compartidos y transmitidos por la simple necesidad de protegernos de los nuevo.

“Los bárbaros llegan de todas partes. Y esto es algo que nos confundeun poco, porque no podemos aprehender la unidad del asunto, una imagen coherente de la invasión en su globalidad. Uno se pone a discutir a cerca de las grandes librerías, de los fast food, de los reality shows, de la política en televisión, de los chicos que no leen y de un montón de cosas de este tipo, pero lo que no conseguimos hacer es mirar desde arriba y captar la figura que las innumerables aldeas saqueadas dibujan sobre la superficie del mundo. Vemos los saqueos, pero no conseguimos ver la invasión. NI, EN CONSECUENCIA, COMPRENDERLA”. (Pág. 37)

De eso se trata, de comprenderla, porque si pulgarcita ha desarrollado nuevas habilidades, sin duda, estas responden a una necesidad de adaptación y por qué no, una adaptación para su propio beneficio y el de la sociedad en la que quiere vivir.

Necesitamos, como profesionales de la educación, adentrarnos en el nuevo mundo que la juventud vive, un mundo que no está en transformación, sino que ellas y ellos mismos están transformando desde la raíz. Sería absurdo relacionar una enumeración de enlaces para demostrar la cantidad de beneficios que el avance de las tecnologías de la información o el auge de las redes sociales aporta a nuestra día a día personal y/o profesional. No es mi pretensión contribuir a un debate sin sentido entre defensores y detractores.

La clave para quienes comprendemos que las cosas cambian y los cambios son inherentes a nuestra construcción como personas, es indagar más allá de lo que queda en la superficie, mirar desde lo alto, como dice Baricco, entrando en lo más profundo de las motivaciones que generan la necesidad de un cambio tan radical que esta transformando el terreno de juego para situarnos en un mundo totalmente desconocido. Abrir los muros que nos separan, para intentar aprehender las claves de la lucha.

“A menudo, cuando percibimos hedor a bárbaros, tendemos a relacionarnos con uno, dos como máximo, de esos acontecimientos: elegimos lo que más nos molesta o lo más evidente y lo convertimos en nuestro blanco (ese vino es demasiado simple, el fútbol es esclavo del dinero, los jóvenes unicamente escuchan música fácil y espectacular). Pues bien hay algo, en esa actitud, que siempre nos mantendrá alejados de una auténtica comprensión. En realidad, es probable que ninguno de esos acontecimientos esté esencialmente aislado de los demás, ni pueda juzgarse en sí mismo, ni mucho menos condenar” (pág. 55)

 

Anuncios

¿Se están vaciando las prisiones en España? Una mirada a lo que hay detrás del descenso de presas/os en las cárceles

Viene siendo costumbre en los últimos años utilizar la paulatina reducción de internas/os en la cárceles españolas para llenar más de un titular (Aquí algún que otro ejemplo: 1, 2), pero ¿qué hay detrás de esta reducción?¿es solo cuestión de datos cuantitativos o tenemos que indagar que políticas se están poniendo en marcha detrás de este descenso masivo?¿Por qué es importante mirar que sucede con las y los extranjeros en nuestras prisiones?

Desde 2010, el sistema penitenciario vive un período de recesión, produciéndose la disminución constante de la población penitenciaria, acompañada de un notable descenso de la criminalidad (Brandariz, 2015). Un descenso de población penitenciaria que ha afectado sobre todo a la población extranjera, no por falta de detenciones sobre la población migrante, que han seguido al alza, sino por la aplicación de las expulsiones a sus países (Brandariz, 2015; Ballester, 2016). Un fenómeno que, sin duda, se ve incrementado con la aplicación de la última reforma del partido popular (LO 1/2015 de 30 de marzo) en lo que es una forma de “utilizar el colectivo inmigrante como herramienta de descogestión de las cárceles” (Ballester, 2016, 106). Pero, si por algo destaca este período es por la reducción de la prisión preventiva y el aumento de la concesión del tercer grado y la libertad condicional (Ballester, 2016) que ha soportado la mayor reducción de la población carcelaria, en lo que se dibuja como una forma de hacer frente al período de crisis económica surgido desde 2008 y con el que ya se preveían las dificultades del sistema penitenciario para poder mantener el ritmo de crecimiento en cuanto a población penitenciaria de la década anterior, sobre todo teniendo en cuenta los recortes en medidas sociales acuciados en la inversión en servicios penitenciarios, “supresión de la merienda para los presos/as como medida de ahorro en Cataluña…fin del servicio de orientación y asistencia jurídico penitenciaria en Andalucía, hasta la reducción en la prestación de tratamientos contra la Hepatitis C” (Forero y Jiménez, 2014, 36 citado por Ballester 2016, 103).

Entrando en análisis sobre los derechos de las personas extranjeras, la modificación de la Ley Orgánica 10/1995, de 23 de noviembre del código penal, llevada a cabo como resultado de la promulgación de la nueva Ley Orgánica 1/2015, de 30 de marzo, supone restringir aún más las posibilidades de las personas provenientes de otros países de poder establecerse en España y regularizar su situación o al menos sentirse parte de la sociedad española.

LA LEY ORGÁNICA 1/2015, DE 30 DE MARZO COMO COLOFÓN DE UN ATAQUE DELIBERADO HACIA LOS EXTRANJEROS

La reforma llevada a cabo por el gobierno del partido popular el pasado año sobre la legislación penitenciaria, no supone más que un avance más hacia las reformas que buscan blindar la entrada de migraciones en la conformación de la que algunas investigadoras han venido denominando “Europa Fortaleza” (Sassen, 2013).

Así, esta reforma va intrínsecamente unida a las llevadas a cabo en materia de seguridad ciudadana con la denominada socialmente como “ley mordaza”, Ley Orgánica 4/2015, de 30 de marzo, de protección de la seguridad ciudadana, al Real Decreto-ley 16/2012, de 20 de abril, de medidas urgentes para garantizar la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud y mejorar la calidad y seguridad de sus prestaciones y, por supuesto, a Ley Orgánica 4/2000, de 11 de enero, sobre derechos y libertades de los extranjeros en España y su integración social y sus posteriores modificaciones.

En este sentido, en la medida en que toda esta batería de leyes contienen diversos aspectos relacionados con el trato, la acogida, los derechos y los servicios sociales que el Gobierno garantiza, o en este caso limita, al colectivo de extranjeros en España, residan o no de forma legal en nuestro país, suponen parte de una construcción específica de la visión sobre las migraciones que conlleva aparejada una determinada visión sobre la sociedad que construimos y el mundo en que vivimos.

En un país donde una gran parte de las prisiones hace unos años se encontraban masificadas, la reducción de presos que se ha conseguido en los últimos años puede considerarse por parte de la sociedad como todo un éxito de la administración y del gobierno actual en funciones, hasta correr el riesgo, incluso, de pensarse que esta reducción tan drástica de la ocupación de nuestras prisiones tiene que ver con políticas de desarrollo, educación y prevención llevadas a cabo por los últimos gobiernos populares.

Sin embargo, la disminución de personas presas en la ocupación de los distintos centros penitenciarios, tiene mucho más que ver con las políticas practicadas por nuestro gobierno con respecto a los extranjeros que viven en el país y con las sucesivas reformas llevadas a cabo para fortalecer el control de acceso y las fronteras que con políticas de integración y desarrollo social.

Atendiendo a las cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE)[1] la población reclusa extranjera es la que más ha bajado en los últimos años, desde 2009 año en que dicha población estuvo situada en 27.162 personas este número ha caído hasta las 19.697 en 2014. Después de una continuada subida durante más de 20 años, la población reclusa de nuestro país ha experimentado un continuado descenso que en el caso de las personas extranjeras ha supuesto la reducción de un 15% en el período comprendido entre 2009 y 2015 según informaban algunos medios de comunicación[2]

De esta forma la modificación que introduce la reforma del código penal con la L.O. 1/2015, de 30 de marzo, no hará más que incrementar esta disminución de presos extranjeros en los centros penitenciarios del país. No obstante una de las modificaciones introducidas es la referida al artículo 89 de la anterior L.O. 10/1995, de 23 de noviembre, que de establecer que las “penas privativas de libertad inferiores a seis años impuestas a un extranjero no residente legalmente en España podrán ser sustituidas por su expulsi6n del territorio nacional.” se modifica quedando de la siguiente forma:

“Las penas de prisión de más de un año impuestas a un ciudadano extranjero serán sustituidas por su expulsión del territorio español”

Ha de notarse que el cambio no hace sino ampliar la categoría de quienes podrán ser objeto de la aplicación de este artículo, ya que mientras en la anterior Ley Orgánica esta categoría no incluía a quienes no teniendo la nacionalidad española residían legalmente en el país, esta modificación elimina esa posibilidad quedando estas personas dentro del ordenamiento del citado artículo.

Del mismo modo debemos preguntarnos si a través de la redacción del artículo con la consiguiente decisión de expulsar a la persona infractora sin el cumplimento de la pena, no pudiese estar eludiendo el Estado una de las funciones que se recogen en la Constitución Española como fundamentales y primordiales de las penas privativas de libertad:

“Las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social”

 (Articulo 25.2 del Capitulo 2, sección 1ª de la Constitución Española)

En la medida en que nuestro gobierno pudiese eludir la responsabilidad de la reeducación y reinserción de la persona infractora, con la consiguiente reparación de la pena para con la sociedad, no hace más que afirmar que las políticas llevadas a cabo con este fin y en concreto la ley sobre la que centramos nuestro análisis, están sobre todo encaminadas a limitar las posibilidades de las y los extranjeros de formar parte de una sociedad, la nuestra, mucho más integradora y respetuosa con los derechos y libertades de quienes la integran o aspiran a integrarla en algún momento.

Unida a esta modificación se encuentra también la reducción de los años de condena para determinar la expulsión de la persona infractora una vez cumplidas tres cuartas partes de la condena, que mientras en la anterior L.O. quedaba establecida en los 6 años de condena sin especificar que estos años fueran resultado de la unión de varias penas impuestas, en su modificación queda de la siguiente forma:

“Cuando hubiera sido impuesta una pena de más de cinco años de prisión, o varias penas que excedieran de esa duración, el juez o tribunal acordará la ejecución de todo o parte de la pena, en la medida en que resulte necesario para asegurar la defensa del orden jurídico y restablecer la confianza en la vigencia de la norma infringida por el delito. En estos casos, se sustituirá la ejecución del resto de la pena por la expulsión del penado del territorio español, cuando el penado cumpla la parte de la pena que se hubiera determinado, acceda al tercer grado o se le conceda la libertad condicional.

La modificación introducida en esta parte del artículo, del mismo modo que en la anteriormente comentada, no se entiende sin tener en cuenta como dicha modificación puede estar relacionada con la modificación establecida en los otros artículos objeto análisis en la modificación de esta L.O. 1/2015, de 30 de marzo, aquellos que modifican los artículos 270 y 274 de la anterior L.O.:

“Será castigado con la pena de prisión de seis meses a cuatro años y multa de doce a veinticuatro meses el que, con ánimo de obtener un beneficio económico directo o indirecto y en perjuicio de tercero, reproduzca, plagie, distribuya, comunique públicamente o de cualquier otro modo explote económicamente, en todo o en parte, una obra o prestación literaria, artística o científica, o su transformación, interpretación o ejecución artística fijada en cualquier tipo de soporte o comunicada a través de cualquier medio, sin la autorización de los titulares de los correspondientes derechos de propiedad intelectual o de sus cesionarios.”

“La venta ambulante u ocasional de los productos a que se refieren los apartados anteriores será castigada con la pena de prisión de seis meses a dos años.

 Sin duda la primera modificación que endurece las penas de “seis meses a dos años o de multa de seis a veinticuatro meses” establecidas en el artículo 270 de la anterior L.O. 10/1995, de 23 de noviembre en relación a la distribución y reproducción de artículos con derechos de autor, y la relación con la que modifica el artículo 274 introduciendo la venta ambulante específicamente, penaliza sobre todo a aquellas personas que en nuestras sociedad se dedican a lo que coloquialmente se denomina “top manta” y que en su amplia mayoría, sino en su totalidad son extranjeros, en su mayoría migrantes sin papeles que son directa o indirectamente utilizados por diversas organizaciones para vender esos materiales.

Sería injusto no contemplar que dentro de las modificaciones realizadas a través de la L.O. 1/2015, de 30 de marzo con respecto a las migraciones hay una concretamente que podríamos decir ha venido a mejorar o al menos reducir las sanciones impuestas a quienes ayudaran a entrar en territorio español a extranjeros vulnerando la legislación. En este sentido se modifica el artículo 318 bis de la L.O. 10/1995, de 23 de noviembre que castigaba con penas de entre cuatro y ocho años de cárcel” quienes ofrecieran dicha ayuda, quedando la modificación de la siguiente forma:

“El que intencionadamente ayude a una persona que no sea nacional de un Estado miembro de la Unión Europea a entrar en territorio español o a transitar a través del mismo de un modo que vulnere la legislación sobre entrada o tránsito de extranjeros, será castigado con una pena de multa de tres a doce meses o prisión de tres meses a un año.

Los hechos no serán punibles cuando el objetivo perseguido por el autor fuere únicamente prestar ayuda humanitaria a la persona de que se trate.”

En este sentido podríamos hablar de una despenalización de la ayuda, sobre todo cuando, tal y como dice la redacción de dicho artículo, se trate de ayuda “humanitaria”. Pero, podríamos preguntarnos también que va a ser entendido por los distintos jueces como ayuda humanitaria y que seguridad garantiza esa libre interpretación y la ambigüedad con la que se redacta dicho artículo.

Las modificaciones analizadas en relación con la nueva reforma de la legislación respecto al código penal no han hecho sino endurecer la situación de desamparo ante la que se encuentran quienes residen en España de forma ilegal o aún más allá, las ciudadanas y ciudadanos que residiendo de forma legal en nuestro país, no tienen la nacionalidad española, tal y como queda reflejado en las modificaciones del artículo 89, suponiendo un incremento de los riesgos a correr para quienes, ya sea para reunirse con su familia, para mejorar económicamente o por las redes establecidas con nuestro país decide dejar parte de su vida en su lugar de origen para decidir migrar y establecerse en España.

Nos encontramos así, en la actualidad, en un período de contención del flujo penitenciario, un período que no hace de recorte de derechos generalizado en la sociedad y que utiliza la crisis económica y social actual como excusa para poner en marcha políticas penitenciarias centradas sobre todo en la gestión de la seguridad por encima de los principios de reeducación y reinserción proclamados en nuestra Constitución, un período que hace más necesaria que nunca la intervención en las prisiones de los profesionales del ámbito social, porque “lo más probable, en vista de esta situación, es que mientras la economía vaya bien, los políticos volverán a centrar sus discursos en la seguridad y tendrán una herramienta de castigo muy potente, mientras que en el caso de que vayan ahogados en cuanto a financiación se refiere [como sucede en la actualidad], utilizarán las estrategias que ellos mismos incluyeron en el Código, con previsión, para paliar esta realidad específica” (Ballester, 2016, 111).

—————————–

[1] Las estadísticas del INE pueden consultarse en la siguiente dirección: http://www.ine.es/welcome.shtml

[2] Puede consultarse la noticia en el siguiente enlace: http://www.eldiario.es/politica/extranjeros-protagonizan-poblacion-reclusa-lustro_0_356265355.html

 


La lucha por permanecer en el mercado de trabajo (Desigualdad, educación y políticas neoliberales IV)

“El terror a perder el puesto de trabajo suprime cualquier tentación de defenderse”

(Jones, 2013, 69)

Nos encontramos ante una evolución de los procesos de desigualdad y de distanciamiento entre clases sociales que viene producido por la fragmentación del trabajador que lucha por convertirse en la mercancía deseada por el mercado de trabajo (Barrigüete, 2005) para poder sobrevivir aunque para ello tenga que “flexibilizar” o lo que es lo mismo renunciar a sus expectativas aceptando condiciones cada vez más miserables.

Los recientes datos del Informe sobre empleo y protección social realizado por la Fundación FOESSA (2015) indican que el deterioro en las rentas más bajas no tiene precedentes en los últimos 40 años, unido a esto la rotación en los puestos de trabajo se confirma como medida generalizada, una medida que incide en la inseguridad laboral de quienes consiguen alcanzar el disputado premio de un contrato de trabajo. Parafraseando a Bauman (2013) podríamos decir que en esta sociedad construida para transferir las presiones económicas y sociales hacia abajo, a quienes sufren los procesos de exclusión siempre les puede quedar la esperanza de que le toque la lotería de un trabajo.

Pero, tal y como nos transmite Barrigüete (2005) no debemos caer en el reduccionismo de confundir trabajo y empleo, ya que estaríamos sentando las bases para desenfocar el verdadero problema, que es más el reparto del producto social y la creación de las condiciones políticas para ello que el reparto del trabajo. Por estas razones no se puede decir que el trabajo sea un bien escaso.”

ee1fe97e7a27310a4fea7b3cce7e3551

By Forges

En la sociedad actual el trabajo queda subordinado a los caprichos del capital, siendo este el principal motor de creación de empleo cuando en realidad no debiera ser más que un producto generado por el propio trabajo (Barrigüete, 2005). Las políticas neoliberales aprovechan el debilitamiento progresivo de los sindicatos, antaño firmes defensores de los derechos de las trabajadoras y trabajadores, para imponer las dinámicas laborales soñadas por los ideólogos del liberalismo (Antenas y Vivas, 2012; Jones, 2013).

La idea inoculada a la clase obrera de que no deberían estar ahí, la contaste ridiculización de la vida de las clases trabajadoras estigmatizando y acusando a dicha clase social de ser un lastre para la sociedad, unida al eterno discurso vociferado por los voceros del neoliberalismo de que todo el mundo al margen de las circunstancias puede salir de ahí si se lo propone, han terminado instaurando la convicción de que la clase obrera es una simple etapa de paso, una condición de la que hay que escapar a toda costa, pasando incluso por encima de la propia clase. Pero lo cierto es que detrás del discurso la realidad muestra que solo un escaso número de afortunadas personas acceden a esa movilidad de clase que se nos quiere vender (Jones, 2013).

Los avances tecnológicos abren el camino a las empresas para poder deshacerse de un buen número de trabajadores al mismo tiempo que presiona a los que quedan para que se adapten a las nuevos tiempos tecnológicos, la deslocalización empresarial y apertura de nuevos mercado a través de la libre circulación de empresas presiona a la clase trabajadora para aceptar salarios más bajos (Barrigüete, 2005) y condiciones laborales que violan todos los acuerdos del contrato social de la modernidad. En palabras de Boaventura de Sousa Santos pasamos“del pre- al post-contractualismo sin transitar por el contractualismo”[1] (2011, 22).

Mientras tanto la maquinaria neoliberal a través de las políticas de empleo comienza a poner en marcha el rodillo de destrucción de todo lo que pueda recordar a aquellos años de lucha social donde trabajadoras y trabajadores, sindicatos y movimientos políticos de izquierda hacían frente a los designios del capital, “los trabajos bien pagados, seguros y cualificados de los que la gente estaba orgullosa, que habían sido el eje de la identidad de la clase obrera, fueron erradicados. Todas las cosas que la gente asociaba a la clase trabajadora fueron desapareciendo” (Jones, 2013, 73). Ahora sí, ya todos podíamos decir que éramos de clase media. Y si aún no lo éramos teníamos que buscar la forma de acceder a ella. La necesidad de identificación con el discurso dominante, la necesidad de sentirnos parte de, de ser parte de esa ciudadanía incluida en el contrato social ha marcado el camino a seguir.

Los inmigrantes son señalados y construidos como parte del problema laboral. Los discursos de la derecha mediática y política hacen mella en la autoestima de una clase obrera que lejos de señalar hacia arriba para buscar a los causantes de su situación de pobreza mira hacia sus iguales, hacia esos grupos aspirantes a conseguir la ciudadanía prometida desde el discurso dominante, para verlos como competidoras y competidores directos en su afán de conseguir “el sueño prometido” (Jones, 2013)

Las mujeres acceden al mundo laboral construidas como trabajadoras “genéricas”[2] a través del renovado pacto entre el capitalismo y el patriarcado (Cobo, 2011). La mujer flexible se ve abocada a la doble lucha de conseguir y/o mantener un puesto de trabajo remunerado mientras lucha porque se reconozcan sus derechos a poder elegir libremente y a que se reconfiguren las relaciones que construyen el trabajo de los cuidados como un deber exclusivo de las mujeres.

De esta forma, mujeres e inmigrantes representan el grueso que ha venido a sustituir en este sistema-mundo capitalista neoliberal al difuminado proletariado de siglos pasados, conformando lo que Saskia Sassen denomina como “clases de servidumbre” (Cobo, 2011).

El llamado a la especialización; la pérdida constante de valor en las credenciales educativas; la pérdida de fuentes de trabajo de un día para otro, casi sin dejar tiempo para reaccionar; la presión económica, que empuja a una movilidad forzada, sustituyendo la linealidad de un puesto laboral para toda la vida; y la fragmentación de las relaciones que antaño nos insuflaban seguridad (Bauman, 2005), han terminado destruyendo los lazos de apoyo que mantenían el equilibrio de fuerzas en el campo de batalla, dejando vía libre al austericidio[3] y las políticas privatizadoras y de desregulación laboral.

———————————————————-

[1] Según lo presenta De Sousa Santos “el post-contractualismo es el proceso mediante el cual grupos e intereses sociales hasta ahora incluidos en el contrato social quedan excluidos del mismo, sin perspectivas de poder regresar a su seno… El pre-contractualismo consiste, por su parte, en impedir el acceso a la ciudadanía a grupos sociales anteriormente considerados candidatso a la ciudadanía y que tenían expectativas fundadas de poder acceder a ella” (2011, 21).

[2] El concepto de trabajadoras “genéricas” acuñado por Celia Amorós hace referencia a una construcción de las mujeres como trabajadoras flexibles, capaces de adaptarse a horarios y situaciones distintas y de aceptar las condiciones de sobreexplotación rechazadas por otras (Cobo, 2011).

[3] Con esta palabra se ha venido denominando a aquellas actuaciones arbitrarias que, con la excusa de construirse como imprescindibles, se ponen en marcha asfixiando las posibilidades de desarrollo de los sectores más pobres y vulnerables de la población.


La desigualdad social como caballo de Troya de la reacción capitalista

“Lo cierto es que cabe decir que nos encontramos en un mundo post-foucaultiano (lo cual revela, retrospectivamente lo muy organizado que era ese mundo anarquista de Foucault)”

(De Sousa Santos, 2011, 16)

La sociedad actual se ha desarrollado bajo el paraguas de la modernidad, una modernidad que basaba su legitimidad en los poderes atribuidos al Estado a través del contrato social. Dicho contrato social quedaba conformado desde unos criterios de inclusión a los que también correspondían antagónicamente una serie de criterios de exclusión. Así el contrato social quedaba restringido única y exclusivamente a los individuos y sus asociaciones, excluyendo de esta forma a la naturaleza; por otro lado solo los ciudadanos son considerados parte del contrato social, lo que excluye a mujeres, migrantes, minorías étnicas, etc.; para terminar solo los intereses que se expresan en el ámbito de la sociedad civil forman parte del contrato, quedando excluidos los espacios domésticos, los intereses personales y la intimidad (De Sousa Santos, 2011).

Viñeta de Mafalda by Quino

Viñeta de Mafalda by Quino

Sin embargo, en una sociedad fragmentada y polarizada social, política, económica y culturalmente los criterios establecidos bajo el contrato social entran en crisis, reelaborando los significados de aquellos valores heredados de la modernidad y la Ilustración y conformando una base estructural en la que los procesos de exclusión se sitúan por encima de los de inclusión. De esta forma parte de la ciudadanía que hasta ahora se encontraban formando parte de ese contrato social queda excluida del mismo, al mismo tiempo que se impide el acceso a este a esa conjunto de grupos que podían tener la esperanza de adquirirla (De Sousa Santos, 2011).

Pero la crisis del contrato social se encuentra inevitablemente unida a la crisis del otro gran contrato heredado de la Modernidad, el contrato sexual. Las instituciones que regulaban la sexualidad y los pactos entre mujeres y hombres están siendo socavadas, uno de los pilares básicos de la familia patriarcal, aquel que consagraba al hombre como proveedor económico de la familia mientras que limitaba a las mujeres al papel de amas de casa, se ha quebrado. Las mujeres, gracias a años de lucha y reivindicación alcanzan poco a poco nuevos puestos en el mercado laboral y escalan –a un ritmo más lento del que sería deseable- puestos en la escala de decisión política (Cobo, 2011).

Unida a esta crisis contractual y fragmentación social nos encontramos con el establecimiento de unas relaciones sociales que han perdido las referencias de aquellos vínculos inquebrantables, seguros y duraderos de las que la dotaba la modernidad, adentrándose cada vez más en una modernidad líquida que se caracteriza por la fragilidad de las relaciones interpersonales; el miedo a lo desconocido, al otro construido como diferente y ajeno a la propia persona; la flexibilidad y la movilidad forzadas, que conllevan consecuencias no solo a nivel personal, sino a nivel profesional y de empleo (Bauman, 2005). Se trata en definitiva de la transferencia de los conflictos y problemas sociales sobre los individuos haciendo que emergan actitudes antisociales que buscan resistir a la presión de la deriva social (Touraine, 2009).

La realidad se conforma así desde un caldo de cultivo que camina en paralelo a la aparición de un fascismo societal, donde los excluidos son segregados en las propias ciudades que habitan, construyendo un modelo de Estado centrado en el control y la represión en las “zonas excluidas” mientras actúa amparado en el discurso de la protección en las zonas “civilizadas”, todo bajo la estrecha vigilancia de los aparatos para-estatales que no dudan en usurpar el control social del Estado, ya sea neutralizándolo o suplantándolo (De Sousa Santos, 2011).

Viñeta de "El Roto"

Viñeta de “El Roto”

En medio de todo este terremoto global, la divinización del “homo económicus” y el “homo consumens” (Bauman, 2005) acaparan el centro civilizatorio, conformando una realidad social que se rige por los dictados de una sociedad de consumo donde “se tratan todas las cosas -incluidos los hombres- como comestibles…[que] no hace ninguna diferencia entre una manzana y un niño, porque tiene hambre para comerse a los dos.” (Alba Rico, 2003, 8-9).

Todo se compra y todo se vende. Las relaciones se conforman en torno al precio que somos capaces de pagar para mantenerlas, liberados de ataduras sociales nos lanzamos en los brazos del consumo voraz alimentado por la infatigable búsqueda por parte de los mercaderes de nuevos y atractivos productos para vender. “Para los consumidores imperfectos, estos <<no poseedores>> contemporáneos, no comprar es el irritante estigma de una vida no realizada, una vida de vacío que no es buena para nada. Significa no sólo la ausencia de placer, sino también la ausencia de dignidad humana” (Bauman, 2013, 100).

Viñeta de "El roto"

Viñeta de “El roto”

En torno a estos procesos de pobreza y exclusión se produce un “silencio estructural” que oculta que “los efectos de la globalización económica sobre la vida de las mujeres han contribuido significativamente a la feminización de la pobreza o la segregación genérica del mercado laboral, entre otros fenómenos” (Cobo, 2011, 116).

Sin lugar a dudas, la mayoría del trabajo mal pagado termina en manos de las mujeres que al estar lastradas por las lignificadas raíces del “impuesto reproductivo” a través del cual se extrae “la plusvalía de dignidad genérica” se ven privadas de un acceso en igualdad de condiciones al ámbito laboral. Las políticas de recortes que genera la consecuente privatización de los servicios públicos, propicia el aumento del trabajo de los cuidados en manos de las mujeres, un trabajo que, como siempre que el Estado deja de asumir su papel en las políticas sociales, continúa invisibilizado en la sociedad. Niñas y mujeres se convierten así en el sector que más carga con las consecuencias de las políticas neoliberales de ajuste presupuestario (Cobo, 2011).

Por otro lado, el auge de los movimientos poblacionales, generados en amplia media por la globalización económica, dibujan además un contexto de acción muy distinto al que hace unos años nos enfrentábamos en nuestras ciudades. El propio crecimiento poblacional da lugar a identidades que reconstruyen el espacio público, en palabras de Bauman “Cuanto más grande y heterogénea es una ciudad, más atractivos puede contener y ofrecer.” (2003, 33). Sin embargo, en nuestro país, acostumbrados a una ficticia homogeneidad, solo sostenida por la invisibilización a la que fueron relegados los gitanos durante años, las migraciones plantean nuevos retos en lo que a la cultura se refiere, sobre todo en lo relacionado con la diversidad, la inclusión cultural y la educación (Terrén, 2007) en un modelo de ciudad que tradicionalmente se ha caracterizado por excluir más que por incluir a quienes no entraban en los cánones marcados.

Señalados como la causa de todos los problemas, los otros, los extranjeros construidos como extraños y no pertenecientes al territorio son el foco de las miradas de los políticos y los medios de la extrema derecha política, el dedo acusador de la derecha política les señala consiguiendo que desaparezca aquel discurso que vinculaba los problemas sociales con los errores y las injusticias cometidas por el sistema capitalista (Jones, 2013), haciendo emerger nuevos discursos racistas como medio de canalizar el descontento generalizado de una ciudadanía que busca desesperadamente salvarse sin tener que cambiar el modelo de vida al que la sociedad le ha acostumbrado.

Viñeta de Forges.

Viñeta de Forges.

Las ciudades contemporáneas se convierten así “en los campos de batalla donde coinciden los poderes mundiales y las obstinadas razones de ser de cada uno de sus habitantes; donde éstos chocan y combaten en busca de un acuerdo satisfactorio o mínimamente tolerable; un tipo de convivencia que se espera constituya una paz duradera”.(Bauman 2009, 25-26)


Desigualdad, educación y políticas neoliberales. Parte 1: Reorganizando el mundo.

* Esta es la primera de una serie de entradas en las que ir exponiendo el desarrollo de algunas ideas que enlazan las políticas actuales con los procesos de desigualdad social y laboral, así como con la creciente estandarización de las politicas educativas.

Viñeta de FORGES

Viñeta de FORGES

“Cuando el consenso neoliberal habla de estabilidad se refiere a la estabilidad en las expectativas de los mercados y de las inversiones, nunca a la de las expectativas de las personas. De hecho, la estabilidad de los primeros sólo se consigue a costa de la inestabilidad de los segundos”

(De Sousa Santos, 2011, 26)

En una sociedad envuelta en cambios continuados propios de ese mundo líquido que nos dibuja (Bauman, 2005; 2013) la crisis económica mundial de 2008 hizo aparición en la escena política internacional y en la sociedad en general, una crisis que iba mucho más allá del aspecto económico, convirtiéndose en una crisis institucional, social, medioambiental, política y ética, una crisis que abarcaba además al modelo de democracia imperante hasta la actualidad, acrecentando la crisis de un modelo, el sistema capitalista neoliberal.

Nacida a finales de los años 40 en el transcurso de un reunión en la pequeña aldea de Mont Pélerin en Suiza, la ideología liberal de Von Hayek y las ideas que plasmó en su libro “Camino de servidumbre”, iban a representar la semilla de un concepto de sociedad y organización económico-política que se extendería por todo el planeta, en parte debido al agotamiento de los movimientos sociales de izquierda y del movimiento obrero en los años 60 y 70 del siglo pasado, pero también gracias a una estrategia diseñada para desacreditar cualquier idea que proviniese de una concepción más social del Estado. Una ofensiva diseñada para ser inoculada al sistema no desde la lucha en las calles a las que en aquellas décadas de los 60 y 70 nos tenían acostumbradas las movilizaciones, sino desde el ámbito intelectual y a través think tanks diseñados para propagar sus ideas aprovechando la irrupción de los medios de comunicación y el declive de la socialdemocracia (Jones, 2015).

Se trataba así de una contraofensiva diseñada desde los círculos ideológicos para ir adentrándose en todas las capas del sistema, haciendo patente la afirmación de que “el neoliberalismo es un arma de conquista. Anuncia un fatalismo económico contra el cual toda resistencia parece vana. El neoliberalismo es como el sida, destruye el sistema inmunitario de sus víctimas” (Bourdieu citado por Ziegler, 2002, 64).

Una ofensiva que avanzaría de forma triunfal durante los gobiernos de Thatcher, en Reino Unido y Reegan, en Estados Unidos durante los años 80. Gobiernos que facilitaron la puesta en práctica de las políticas más ofensivas y neoliberales ensayadas por Friedman y los “Chicago Boys” en Chile durante la dictadura de Pinochet.

La caída del muro de Berlín en 1989 y el desplome de la URSS a finales de los 80 y principios de los 90 facilitarían lo que John Williamson denominó como “El Consenso de Washington” (Ziegler, 2002) y que se concretaba en los siguientes principios:

“1. En cada país deudor, es preciso poner en marcha una reforma fiscal basada en dos criterios: a) disminución de la carga tributaria que grava las rentas más altas, con el objetivo último de incentivar a los ricos para que efectúen inversiones productivas, y b) ampliar la base de los contribuyentes; dicho de forma más clara, la supresión de las exenciones fiscales que benefician a los más pobres para incrementar el volumen del impuesto.

  1. Liberalización, tan rápida y completa como sea posible, de los mercados financieros .
  2. Garantizar la igualdad en el trato dispensado a las inversiones autóctonas y a las extranjeras con la finalidad de aumentar la seguridad y, así el volumen de las inversiones extranjeras.
  3. Desmantelamiento, tanto como sea posible hacerlo, del sector público, privatizando de forma especial todas las empresas cuyo propietario sea el Estado o una entidad paraestatal.
  4. Desregulación máxima de la economía del país para garantizar el libre juego de la competencia entre las diferentes fuerzas económicas presentes.
  5. Intensificar la protección de la propiedad privada.
  6. Fomento de la liberalización de los intercambios a un ritmo lo más sostenido posible, teniendo como objetivo mínimo la reducción en un 10% anual de los aranceles aduaneros.
  7. Dado que el libre comercio progresa por medio de las exportaciones, es preciso, como prioridad, favorecer el desarrollo de aquellos sectores económicos que son capaces de exportar bienes.
  8. Limitación del déficit presupuestario.
  9. Creación de la transparencia del mercado: los subsidios estatales a los operadores privados deben ser.”

(Ziegler, 2002, 62-63)

El germen de una nueva organización mundial estaba creciendo al amparo de los nuevos ideólogos del liberalismo económico e impulsada por un “Establishment”, una nueva casta política y económica (Jones, 2015) que se situaba en las más altas cotas de poder de los distintos países basando sus relaciones en la lucha por un objetivo común, la reducción del Estado y del sector público a su mínima expresión mediante la desregulación y la privatización de los servicios.

En un clima como el que se dibuja, en abril de 1994 los ministros del GATT (General Agreement on Tariffs and Trade) firman en Marruecos el principio de acuerdo para la puesta en marcha de la Organización Mundial del Comercio (OMC), organismo supraestatal que se encargaría de la liberalización de la circulación de mercancías y capitales (Ziegler, 2002).

La OMC se sumaba así a las organizaciones nacidas de los pactos de Bretton-Woods en 1944, el Banco Mundial (BC) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) que junto al Acuerdo Multilateral de Inversiones (AMI) promovido por los países de la OCDE e impulsado por la Unión Europea (UE) y los Estados Unidos (EE.UU.) constituiría la más salvaje expresión de un sistema-mundo capitalista que crecía amparado en la impunidad del “fascismo financiero” (De Sousa Santos, 2011).

Bancos, entidades financieras y grandes corporaciones han ido aumentando gradualmente su poder en el ámbito político en el transcurso de las últimas décadas del siglo XIX y los primeros años del siglo XX. Las decisiones políticas y económicas dejaban de estar en manos exclusivamente de los Estados-Nación para pasar a manos de las entidades supranacionales que contribuirían a la gradual desregulación y privatización económica mundial (Alba Rico, 2003; Cobo, 2011; De Sousa Santos, 2011; Ziegler, 2002).

Fue este proceso de globalización promovida y sostenida por los poderes financieros la que “comportó así una creciente crisis de la democracia parlamentaria liberal, que se ha exacerbado, intensificado y acelerado con el crack económico de 2008” (Antenas y Vivas, 2012, 17).

Pero, no debemos olvidar, tal y como nos recuerda Fernández Rodríguez (2015) que este fenómeno globalizador no se limita única y exclusivamente al ámbito económico y político, sino que engloba toda una lógica de un sistema-mundo capitalista que se articula en torno a tres dimensiones: la económica, a través de un sistema de mercado integrado mundialmente; la política, centrada en estados soberanos conectados desde organismos interestatales; y la cultural o “geocultural”¹ que dota de coherencia y legitimidad todo el proyecto. Dimensiones que se han concretado en fracturas a nivel ideológico, geopolítico, cultural, sociológico y subjetivo (Fernández Rodríguez, 2015).


1. Tal y como lo describe Immanuel Wallerstein, esta geopolítica hace referencia a las “normas y modos discursivos generalmente aceptados como legítimos dentro de sistema-mundo” (2005, 116).


12 meses, 12 libros: La frontera invisible de Kilian Jornet

Título: La frontera invisible

Autor: Kilian Jornet

Páginas: 209

Editorial: Now books

Año: 2013

¿Por qué lo recomiendo?: Porque en cada línea las ganas y la energía de soltar el libro y comenzar a correr van creciendo. Porque para practicar deporte es indispensable no dejar de soñar. Porque nos transmite la reflexión constante en algún momento de soledad corriendo, haciendo bicicleta, escalando o practicando cualquier otro deporte todas y todos hemos tenido.

Vale la pena comenzar el año con un libro que nos siga alimentando las ganas de emprender aventuras y romper los muros que nos paralizan.

La frontera invisible es un libro de superación personal, de lucha contra la muerte y de crecimiento interior que nos embarca hacia la dureza, pero también la belleza del contacto con la naturaleza a través del deporte.

“Las montañas no quieren hacerte reír ni llorar, no te piden perdón ni te felicitan, no dan condolencias ni engaños; las montañas son como espejos, te ves a ti mismo, sin escrúpulos.” (p.32)

“¿Por qué necesitamos ser completos para ser felices?… En la historia de la humanidad, en la historia de la Tierra, pocos círculos han llegado a cerrarse.” (p. 91)

Después de su primer libro, Kilian Jornet nos enseña en la frontera invisible que el deporte puede entenderse de maneras muy diferentes en función de que lo enfoquemos a la competición, en especial la alta competición; o al disfrute personal, ¿o más bien debería decir a la superación personal?.

“Los héroes no existen, únicamente somos los cobardes que ocultamos nuestras debilidades.” (p. 80)

Para quienes nunca se han adentrado en el mundo del deporte en contacto con la naturaleza, encontrará en el libro de Kilian Jornet la energía suficiente para dar el paso y comenzar a buscar experiencias nuevas que le ayuden a conocer su cuerpo y su mente en contacto con lo imprevisible, propio de la naturaleza; Para quienes están metidos de lleno en el mundo del deporte al aire libre, el libro es una invitación al reto constante, a seguir adelante, a no parar en el camino que nos lleva a nuestro sueños, pero también una invitación a soñar nuevos horizontes o, como diría Kilian, nuevas fronteras.

“Si solo hablamos de estilo, de sueños  y de proyectos pero no salimos a buscarlos, nunca sabremos si es posible. No habrá nadie que nos diga: «Ahora, hoy, es el momento, y se tiene que hacer así», porque a donde vamos no ha ido nadie, y la única realidad es que tenemos que salir para descubrirlo por nosostros mismos” (p. 150)

Portada del libro de Kilian Jornet "La frontera invisible"

Portada del libro de Kilian Jornet “La frontera invisible”


12 meses, 12 libros: Chavs: la demonización de la clase obrera de Owen Jones

51am1uNqk2L._SX319_BO1,204,203,200_

Que mejor para terminar un año lleno de contenidos políticos que un libro que nos vuelva a poner sobre la mesa conceptos e ideas que han sido apartados de la vida política y social para seguir construyendo la falsa idea de que las clases sociales dejaron de existir, que todas y todos formamos parte ya de la “amplia” clase media.

En Chavs, Owen Jones nos invita a mirar de otra forma los mensajes que los medios de comunicación lanzan construyendo un determinado pensamiento sobre ciertos sectores de la sociedad. Podemos mirar a esos chavs de Inglaterra que nos retrata el libro como el equivalente de quienes son construidos como “canis” en España, pero esta categorización no representa solo un grupo o subcultura determinado en estos países. Tal y como Jones nos transmite los chavs representan, con distintas denominaciones según el país, toda una capa social que sistemáticamente ha sido menospreciada y caricaturizada por los medios de comunicación como parte de una estrategia neoliberal de acabar con la conciencia de clase.

Según Jones, la clase obrera ha sido objeto sistemático de burlas. Es representada como la “subclase salvaje” menospreciada como zánganos que viven de los subsidios y ayudas del Estado, una clase que no llega siquiera a ser clase trabajadora, la cual según el repetido mantra neoliberal, ya no existe. Hoy todos somos clase media… o al menos vivimos bajo la ilusión de serlo.

Chavs desmenuza cada uno de los estereotipos construidos para hacer desaparecer la conciencia de clase de las y los obreros, una denominación que no se entiende sin conocer el período thatcherista en Inglaterra durante los años ochenta, un período que abriría la época del régimen neoliberal del que aún hoy luchamos por salir. Un régimen que ya entonces hizo suya la meta que  Pinochet declarara anteriormente para Chile: “hacer de Chile no una nación de proletarios, sino de emprendedores”.

Chavs es una descripción de la demonización de esa clase obrera inglesa, pero lógicamente lo es también de los mitos construidos en torno a todo lo referente a la conciencia de clase en el mundo, mitos que han contribuido a alejarnos como miembros de un amplio grupo que continúa sufriendo la presión económica y social mientras los medios de comunicación estereotipan sus vidas.

Tal y como nos cuenta Owen Jones para construir un movimiento capaz de desafiar el régimen económico que nos ahoga es necesario que desmontemos antes esos mitos que nos dicen “que todos somos esencialmente de clase media; que la clase es un concepto anticuado; y que los problemas sociales son en realidad los fallos de un individuo”, leer Chavs es un buen comienzo para recuperar la conciencia de clase que nos han robado y comprender como operan las distintas lógicas de poder político, económico y social en el mantenimiento de un determinado orden social.


12 meses, 12 libros: La conjura de los necios de J. Kennedy Toole

Os debo un libro. El último mes de Noviembre estuve metido en tantas cosas que me fue imposible sacar ese rato que dedico a quienes tienen la valentía y las ganas de pasarse por el blog a ver si escribo algo. El pasado mes de Octubre empezábamos con fuerza este propósito de recomendar un libro por mes, así que mientras preparo la recomendación del mes de Diciembre os dejo ese libro que os debía del mes pasado.

LA CONJURA DE LOS NECIOS 

Sería injusto que este magnífico libro de J. K. Toole no entrara dentro de las recomendaciones de estos 12 meses. J. K. Toole murió sin ver publicada su gran obra. Despreciado por todas la editoriales a las que las envió, Toole decidió quitarse la vida en 1969. Sería finalmente su madre quien a costa de no poca insistencia logró que la obra de su hijo se publicara en 1980.

La conjura de los necios es la historia de Ignatius J. Reilly, alguien que pasa su vida enfrentándose al desgraciado mundo que le ha tocado vivir. Ignatius va a contracorriente, no entiende de normas que no sean las suyas y no tiene más que lamentar la ignorancia del mundo que le rodea. Sabe que tarde o temprano podrá llegar a culminar su gran obra e iluminar a la sociedad con su sabiduría, pero se ha encontrado con un sin fin de necios conjurándose para que no pueda desarrollar ese mundo ideal que tanto ansía.

“el atrevimiento de aquel ignorante fundamentalista rústico y fanático impulsó a mis demás alumnos a crear un comité para exigir que yo corrigiese, puntuase y devolviese sus ensayos y exámenes acumulados. Hubo incluso una pequeña manifestación ante la ventana de mi despacho. Fue todo muy espectacular. Se las arreglaron bastante bien, siendo como eran unos mozalbetes simplones e ignorantes. En el punto culminante de la manifestación, tiré todos aquellos papeluchos, sin corregir, por supuesto, por la ventana, sobre sus propias cabezas. La universidad era demasiado mezquina para aceptar aquel acto de desafío al abismo de la academia contemporánea.

—¡ Ignatius! Nunca me lo habías contado.

—No quería preocuparte. También les dije a los estudiantes que, en bien del futuro de la humanidad, esperaba que todos fueran estériles.”

Por eso, Ignatius recorrerá todos los caminos posibles para poner su plan en marcha a pesar de su madre y las amistades de estas, de la Universidad que desprecia sus conocimientos, de los caciques explotadores que no reconocen su genio… Y para ello luchará contra la necedad de la sociedad, se rebelará contra los “simplones e ignorantes” estudiantes universitarios, será sindicalista para reivindicar los derechos que le corresponden y formará un partido político para conseguir su objetivo más ambicioso.

Pero la conjura de los necios no es solo la historia de un hombre, es la historia de un quijote de los tiempos modernos. Cuando vas leyendo cada página de la novela en tu cabeza comienzan a surgir imágenes, imaginas al propio Ignatius con su gorra verde y esa particular figura que nos describe el libro, pero también ves a los cientos de Ignatius que han ido pasando por tu vida. Quizás incluso llegues a pensar, a temer,  que en cierto modo en algunas ocasiones hay un Ignatius dentro de ti.

“No creo que sean más progresistas tampoco tus ideas sociológicas o políticas. ¿Has abandonado aquel proyecto de formar un partido político o nombrar un candidato para presidente por derecho divino? Recuerdo que cuando por fin te conocí y ataqué tu apatía política, me saliste con esa idea.”

J. K. Toole nos habla de la familia Reilly, pero también tiene una asombrosa habilidad para transportarnos al maravilloso mundo de la New Orleans más caricaturesca, a las relaciones humanas y personales que se entablan en nuestra moderna sociedad.

A Ignatius le rodean una multitud de personajes que engrandecen más si cabe la fábula humorística de la novela. El policía Mancuso, la madre de Ignatius, su novia Myrna (con la que intercambia cartas a cada cual más indescriptible), Jones, Lana Lee… Toda una comunidad que recrea una atmósfera quijotesca a través de la que Ignatius se presenta como el nuevo antihéroe que acude a salvar a nuestra sociedad.


12 meses, 12 libros: Los desorientados de Amin Maalouf

Quienes me conocen saben que me encanta devorar libros, la mayoría de las veces no se trata de novelas, sino de lecturas sobre educación, psicología, investigación, política… Pero, las novelas son esos libros que guardo para cuando tengo un poco de tiempo para mí mismo, cuando llueve y la tarde me deja un rato para disfrutar de una buena historia. 

Así que he decidido abrir este nuevo reto a mí mismo en el blog, una forma de compartir aquellos libros que voy leyendo o he leído, y que van dejando una huella en mi forma de construirme a mi mismo y a lo que me rodea. Cada mes un nuevo libro para compartir y recomendar, quizás me falten meses, pero lo que no faltarán serán palabras. Así pues, hoy le ha tocado al último libro que he tenido el placer de disfrutar. 

Los desorientados (Amin Maalouf)

Es la primera vez que leo a Amin Maalouf. Este libro no llegó por ninguna recomendación ni ninguna lectura hecha por internet, fue mucho más sencillo que todo eso. A la vieja usanza, esta magnífica novela simplemente llamó mi atención a través de ese pequeño resumen que leí en la contraportada mientras vagaba por una librería, algo que acostumbro a hacer de vez en cuando para abrir mi mente a nuevas lecturas.

Los desorientados es un libro sobre la amistad, el rencor, el amor, la guerra, la política, la cultura, el desarraigo y el cambio. Todo y mucho más en una misma historia y relatado a través de los recuerdos que Adam nos va desgranando mientras intenta unir de nuevo a aquellas amistades que fueron dispersándose tras la época de juventud universitaria y que vivieron juntos los cambios a los que tuvieron que enfrentarse en su país.

“Hubo en la época en que nos conocimos incontables veladas que se me confunden ahora en la memoria en una sola. A veces me parece que estábamos siempre juntos, igual que una horda melenuda… No era así en realidad, pero es la impresión que me ha quedado. Seguramente porque los momento intensos y los acontecimientos magnos los vivíamos juntos. Para alegrarnos, para indignarnos y sobre todo, para pelearnos al respecto. ¡Dios, cuánto nos gustaban los debates y las argumentaciones! ¡Cuántas voces! ¡Cuántas trifulcas! Pero eran trifulcas nobles. Creíamos de verdad que nuestras ideas podían influir en el transcurso de los hechos…”

Los sueños forman parte fundamental del libro, esos sueños que un día tuvimos años atrás y que conforme avanzan los años vamos olvidando o relegando a algún lugar oscuro apartado de los pensamientos con bosque nos enfrentamos al día a día:

“Algunos de nosotros soñábamos con convertir nuestra pandilla en un cenáculo literario; otros pensaban en un movimiento político que empezara entre estudiantes antes de extenderse a toda la sociedad; otros más sustentaban aquella idea tan atractiva que Balzac ilustró a su manera en su Historia de los Trece y a tenor de la cual unos amigos, pocos, pero entregados a causas comunes y portadores de una ambición común, un puñado de amigos valerosos, competentes y, sobre todo, unidos de forma indisoluble, podrían cambiar la faz de la tierra.”

Pero, Maalouf retrata mucho más que una simple amistad pasajera, se adentra en aquello que esconde cada relación, en las palabras que en algún momento se dijeron y las que quedaron por decir. El libro va abriendo heridas para poder cerrarlas. Heridas con el pasado, con la migración forzada, con el rencor de quienes quedaron en el país para luchar y de quienes tuvieron que marchar para sobrevivir.

“Se rumorea por aquí que te has ido para no volver. Cada vez que alguien lo repite delante de mí, hago como que me enfado. Lo que me ahorra andarme argumentando, dado que, te lo comento entre nosotros, no sé ya que decir..”

Maalouf ofrece un libro lleno de psicología pero también de política y de reivindicaciones, un libro íntimo a la vez que un grito a la justicia, a la paz y al entendimiento entre quienes tenemos que encontrarnos y convivir diariamente con personas iguales y distintas a nosotros mismos.

“Todo hombre tiene derecho a irse; es su país quien tiene que convencerlo para que se quede, digan lo que digan los políticos grandilocuentes. “No te preguntes qué puede hacer por ti tu país, sino lo que puedes hacer tú por tu país.” ¡Es muy fácil decirlo cuando eres millonario y acaban de elegirte, a los cuarenta y tres años, presidente de los Estados Unidos de América! Pero cuando en tu país no puedes ni trabajar, ni recibir cuidados médicos, ni tener donde vivir, ni estudiar, ni votar libremente, ni decir lo que opinas, ni tan siquiera ir por la calle como te apetezca, ¿de qué vale la sentencia de John F. Kennedy? ¡De muy poca cosa!.”

Imagino, que con el título del libro Amin Maalouf quiere hacernos llegar toda esa desorientación que cualquier persona siente al llegar a un lugar nuevo, con toda una maleta de recuerdos a su espalda, con los primeros deseos de volver pronto y con la ansiedad de sentirse sola ante la inmensidad de relaciones nuevas por construir; o acaso a la desorientación que acompaña a quienes viven las bruscas transformaciones que acompañan a las revoluciones, golpes de estados o vuelcos políticos, una desorientación que inunda desde los aspectos más públicos de la persona como lo más intimo de las relaciones.

“Si los hombres y las mujeres pudieran hablar abiertamente de sus relaciones, de sus sentimientos, de sus cuerpos, toda la humanidad sería más floreciente y más creadora.”

Sea como fuere, a través de su libro Amin Maalouf logra hacernos pensar en momentos vividos, reflexionar sobre la amistad y sobre los conflictos, conocer aún más las injusticias de la guerra, transmitirnos los sentimientos de quien marcha lejos de su lugar de origen, y todo con la excusa de organizar una nueva cena de reencuentro entre amigas y amigos.

“Nada sustituye el afecto de una pandilla de amigos. Nada, ni el trabajo, ni el dinero, ni la vida en familia. ¡Nada sustituye esos momentos en que los amigos se reúnen, y comparten ideas, sueños y comidas! Yo, por lo menos, lo necesito. A lo mejor soy un nostálgico incurable, un adolescente cuya alma no aceptó nunca el mundo de los adultos, pero soy así.”

¿Cuándo la próxima cena?

Portada del libro los desorientados de Amin Maalouf

Portada del libro los desorientados de Amin Maalouf


12 meses, 12 libros: Las intermitencias de la muerte de José Saramago

Las intermitencia de la muerte de José Saramago

Las intermitencias de la muerte de José Saramago

“Vivir con mis propios errores ya me cuesta demasiado trabajo, como para emitir juicios de errores ajenos”

Es extraño que haya tardado tanto en reseñar o escribir algo de José Saramago, sobre todo teniendo en cuenta como me han marcado algunos de sus libros. No fue el primero, pero tampoco el último libro que leí de José Saramago. Quizás la culpa de que cayera durante un tiempo en las garras de la literatura de Saramago la tuvieron aquellas jornadas en homenaje a su figura en las que tuve la suerte de participar junto con otras compañeras y compañeros. En cualquier caso, lo cierto es que una vez que entré en el universo Saramago tuve la necesidad de leer gran parte de sus libros.

Las intermitencias de la muerte es un desafío a nosotros mismos y a aquello que en muchas ocasiones tenemos tanto miedo: la muerte (en minúscula, y si no leed el libro)

La historia parece en principio bien sencilla, simplemente podría reducirse a la maravillosa primera frase del escritor:

“Al día siguiente no murió nadie.”

Pero, con esa primera frase Saramago es capaz de construirnos todo un relato ético, un ensayo filosófico, político y social sobre la muerte y las consecuencias de vivir eternamente. ¿Quién vive de la muerte? ¿quienes trabajan para la muerte? ¿qué problemas puede haber en no morir nunca? ¿tenemos que aceptar la muerte?. Sin duda es memorable la comisión interdisciplinaria donde filósofos, delegados de todas las religiones, Gobierno y demás representantes tratan de busca una salida a los nuevos problemas surgidos de esta vida eterna…

“las religiones, todas, por más vueltas que le demos, no tienen otra justificación para existir que no sea la muerte; la necesitan como pan para la boca”

El recorrido de José Saramago por la conducta humana y la forma de sacar provecho de cualquier situación, el mantenimiento de la pillería, del estatus social, el miedo a la pérdida de control y sobre todo el miedo a perder el poder sobre algo que las propias personas han utilizado para dominarse unas a otras: la muerte.

“La muerte por sí misma, sola, sin ninguna ayuda exterior, siempre ha matado mucho menos que el hombre.”

Construir un relato verosímil de algo completamente irreal es algo que Saramago sabe hacer son una habilidad asombrosa. por eso os recomiendo leer este libro y descubrir las consecuencias de acabar con eso que tanto nos atormenta: la muerte.

Me gustaría dejar, para terminar, una pequeña parte de la misteriosa carta que la muerte (y no la Muerte) hace llegar a los simples mortales:

“yo no soy la Muerte, soy simplemente la muerte, la Muerte es algo que ni por sombre les puede pasar por la cabeza qué es, ustedes, los seres humanos, sólo conocen esta pequeña muerte cotidiana que soy, esta que hasta en las peores catástrofes es incapaz de impedir que la vida continúe, un día llegarán a saber qué es la Muerte con letra mayúscula, en ese momento, si ella, improbablemente, les diese tiempo para eso comprenderían la diferencia real que existe entre lo relativo y lo absoluto, entre lo lleno y lo vacío, entre el ser y el no ser ya…”


A %d blogueros les gusta esto: