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¿Hay salida al panorama social y educativo que se nos presenta?

[Esta entrada es continuación de la publicada anteriormente “Cuando más educación no equivale a mejor empleo”]

“Lo que no es posible siquiera es pensar en transformar el mundo sin un sueño, sin utopía o sin proyecto. Las puras ilusiones son los sueños falsos de quien, con independencia de sus buenas intenciones, hace la propuesta de quimeras que, por eso mismo, no pueden realizarse. La transformación del mundo necesita tanto del sueño como la indispensable autenticidad de éste depende de la lealtad de quien sueñe las condiciones históricas, materiales, en los niveles de desarrollo tecnológico, científico del contexto soñado”.

(Freire, 2006, 64)

La realidad dibujada en las entradas publicadas anteriormente en el blog, no representa un presente o futuro invariable guiado por fuerzas mágicas imposibles de controlar, se trata de una realidad que está siendo construida y en cuya construcción estamos participando.

En una sociedad que nos empuja hacia la dispersión, el individualismo y el aislamiento emocional, tenemos que ser capaces de encontrar esos espacios vacíos desde los que construir puentes, accesos y lugares de encuentro que faciliten la comunicación y acerquen, cada vez más, a los distintos habitantes de las ciudades, haciéndoles participar de la transformación y el crecimiento de una sociedad más humana y humanizada, perdiendo el miedo a las amenazas que esa misma participación podría generarnos en nuestro ejercicio de crecimiento como ciudadanas y ciudadanos.

En el ámbito de la ciudadanía, los derechos sociales y la lucha contra las políticas y poderes del sistema-mundo capitalista, la irrupción del 15M durante la primavera de 2011 supuso la entrada de aire fresco en una sociedad asfixiada por la corrupción, la crisis económica y las desigualdades construidas por años de políticas neoliberales. “Aquella manifestación supuso no solo una sorpresa de aquellos nostálgicos y nostálgicas del mayo del 68, sino una sorpresa social que alentó la esperanza de quienes pensaban que “otro mundo es posible”, poniendo en vilo a la minoría que no deseaba modificar el statu quo en aras de mantener su posición privilegiada” (Hernández Merayo, 2015, 147)

Una manifestación que gestó un movimiento de encuentro de la ciudadanía a través de la pluralidad, el empuje de una juventud descontenta y llena de inseguridades ante su futuro y la negociación constante con el resto de la sociedad (Hernández Merayo, 2015)

La apertura de nuevos procesos participativos en nuestras ciudades se debe concebir como el paso para la recuperación de una democracia viciada por el capitalismo. La participación ciudadana no solo en procesos de decisión política, sino en la construcción de nuevos espacios de deliberación y encuentro, espacios potenciadores de una ciudadanía crítica y comprometida con nuevos modelos de utilización del tiempo, de los espacios y de las relaciones debiera ser un objetivo primordial de cualquier cambio social.

Movimientos, colectivos y experiencias de participación como Stop desahucios, coop57, Asociación de parados Casería de Montijo, Cooperativa Agroecológica Hortigas, Abogad@s en red… y otras muchas, contribuyen a recuperar la democracia participativa y a generar procesos de apoyo mutuo que superan los márgenes y la desigualdad en los que nos encierra el sistema-mundo capitalista.

En palabras de Bauman (2005, p. 99) se hace necesario que sintamos que “aquello que desde el punto de vista de la conquista de los mercados -conquista ya alcanzada o aún en curso- es una “zona gris”, para sus habitantes conquistados, conquistados a medias o a punto de serlo es una comunidad, un vecindario, un círculo de amigos, compañeros de vida y de por vida… Un mundo cuyos habitantes no son competidores ni objetos de uso y consumo, sino compañeros (que ayudan, que reciben ayuda) en el constante e interminable esfuerzo conjunto de construir una vida en común y de hacer que esa vida en común sea más fácil.”.

Pero, los movimientos sociales representan además una oportunidad para el conocimiento académico y la educación. A través de procesos de educación popular y la apertura de nuevos proyectos educativos en el ámbito de lo social “Los movimientos sociales permiten releer la actualidad desde unos parámetros diferentes y alternativos a los dominantes. Cambian los códigos a partir de los que se interpreta la realidad y se toman las decisiones” (Marí, 2005, 187).

Movimientos sociales y educación popular nos permiten trasgredir los límites institucionales de la educación para construir otras educaciones posibles acordes con esa transformación social con la que soñamos y que rompen con las prácticas hegemónicas cerradas y totalitarias que se imponen desde el discurso dominante.

En el marco académico universitario podemos encontrar igualmente numerosos ejemplos que transgreden espacio y tiempo institucional para constituirse como nuevos laboratorios de experimentación y aprendizaje. Las universidades nómadas, las universidades populares o los espacios P2P (Herreros, 2010), los propios bancos del tiempo o el Banco Común de Conocimientos (BCC) representan nuevas formas de comprender los procesos de aprendizaje, ligados y unidos además al desarrollo de las nuevas tecnologías de la información.

En palabras de Boaventura de Souza (2010, 14) “tenemos que partir de una idea de humildad, que se entronca con aquello que un sabio llamó ‘ecología de saberes’, pues los conocimientos teóricos y científicos apenas son uno de los conocimientos vigentes en el mundo. El conocimiento popular, de las mujeres, de los indígenas, de las comunidades urbanas, es un conocimiento tan valioso como el teórico. Pero para emprender esta transformación tenemos que desaprender, tenemos que hacer un esfuerzo interno de abrirnos a otras realidades de conocimiento”.


El pedagogo libertario

El 13 de Octubre de 1909 fue fusilado, ante un pelotón militar, Francisco Ferrer y Guardia, un precursor de una nueva forma de pedagogía, una metodología de aprender y enseñar que aún hoy sigue siendo vista con recelos por gran parte de la cultura dominante en nuestras escuelas pero, que por otra parte contagia, de algún modo, todas las nuevas practicas pedagogico-educativas que surgen en este nuevo siglo, y que se ponen en marcha a pesar de las grandes dificultades y los numerosos ataques que sufren por parte de los defensores de la metodología tradicional, cuantificadora, esa educación bancaria como diría Freire, que se ha propagado a través de las pruebas estandarizadas y las evaluaciones internacionales.

Ferrer y Guardia fue capaz en su época de romper con las normas establecidas, no solo a través de nuevos presupuestos pedagógicos, sino llevando a la practica su concepción de la educación a través de “La escuela moderna”, un centro de enseñanza donde teoría y practica se daban la mano para caminar hacia la plena libertad del aprendizaje individualizado, donde los niños vivían por sí mismos, siguiendo las enseñanzas de Ellen Key, y por sí mismos aprendían a crecer como personas libres en comunidad con sus compañeras y compañeros.

“No tememos decirlo: queremos hombres, personas capaces de evolucionar incesantemente; capaces de destruir, de renovar constantemente los medios y de renovarse ellos mismos; hombres cuya independencia intelectual sea la fuerza suprema, que no se sujeten jamás a nada; dispuestos siempre a aceptar lo mejor, dichosos por el triunfo de las ideas nuevas y que aspiren a vivir vidas múltiples en una sola vida. La sociedad teme tales hombres: no puede, pues, esperarse que quiera jamás una educación capaz de producirlos”.

(F.  Ferrer y Guardia, La escuela Moderna pág 28)

Es curioso que educadores como Ferrer y Guardia, Ivan Illich, Friedrich Fröbel, John Dewey, Célestin Freinet, Giner de los Ríos e incluso Paulo Freire se encuentren en muchas ocasiones casi escondidos  (si es que aparecen), en los planes de estudio de las distintas carreras universitarias de educación. Ferrer y Guardia no solo fue ajecutado, acusado (sin pruebas que lo demostrasen) de instigar a la revuelta de la semana trágica. Su ejecución y su persecución por parte del Estado era una forma de avisar y frenar el surgimiento de las nuevas ideas pedagógicas, que resurgirían en España de manos de las instituciones de enseñanza de la II República. Su juicio era el juicio de los poderes conservadores a la libertad de aprender y crecer en una sociedad más libre, más humana y más consciente de las necesitades de la clase obrera.

Hoy en día la lucha sigue, los poderes del mercado, el neoliberalismo y el capitalismo educativo, tratan igualmente de frenar las iniciativas pedagógicas y educativas que surgen desde las practicas más institucionalizadas de la escuela pública, hasta aquellas que surgen de cooperativas educativas o practicas sociales transformadoras. Los nuevos o reciclados movimientos pedagógicos y educativos (pedagogía blanca, educación expandida, pedagogías invisibles, edu-punk, MRP, pedagogía libertaria, educación popular, Waldorf, escuelas democráticasy tantos otros) tienen hoy abiertos grandes frentes de lucha educativa y política. Por eso es importante que hoy no olvidemos que la ejecución de Ferrer y Guardia no solo fue un juicio a una persona, sino a sus ideas y convicciones políticas, y sobre todo, a otra forma de ver la educación y el aprendizaje.


Carta de la desexcelencia: salvemos la universidad *

Hoy me he encontrado con esta entrada en la página web de Jordi Adell. Como ya hice con la carta  abierta a Andreas Schleicher creo que son iniciativas que hay que difundir, más allá de que como dice mi querido amigo Carlos, yo también me encuentre a estas alturas “harto de tanta filosofía, de tanto estudio concienzudo sobre cómo actuar. Cientos de artículos y decenas de libros. Análisis críticos sobre circunstancias que atenazan al mundo, a la actividad laboral, al modelo productivo, a las relaciones entre las personas, o al desarrollo de la sociedad en su medio. Pesados debates, milenarias asambleas, panfletos, carteles, discursos, líderes, palabras…” .

Así que sin más, os animo no solo a que la difundáis por todos los medios posibles, sino a que en la practica cotidiana hagáis posible ese cambio, quizás poniendo en marcha esa “slow science” o no, tal vez librándose del yugo del neoliberalismo, quizás uniéndose a esos grupos que ya trabajan con otras orientaciones

CARTA DE LA “DESEXCELENCIA”

En los inicios del siglo XXI, la excelencia es una idea omnipresente. La encontramos en la empresa, en el deporte, en la alimentación, en la televisión, y ha llegado hasta la intimidad de nuestros hogares. La excelencia expresa la superación personal, el crecimiento continuo del rendimiento y del éxito en un mundo en el que se extiende la idea de que nos hallamos frente a un profundo cambio donde solo los más fuertes sobrevivirán.

Recuperada por la política neoliberal y por el mundo empresarial desde los años 80, la excelencia se apoya en un lenguaje mágico y seductor que despierta cierta sonrisa ya que hay mucha distancia entre los eslóganes de los nuevos managers y la realidad que tratan de construir. Sin embargo, esta sonrisa desaparece cuando analizamos los efectos concretos de una gestión de las cosas basada en la idea de la excelencia: hipercompetitividad, desvalorización de los saberes construidos sobre la experiencia, modificación continua de las prácticas profesionales, precariedad, evaluaciones estandarizadas, todo ello provoca efectos negativos de desmotivación, baja autoestima y disminución de la calidad del trabajo.

Aunque en la universidad la idea de la excelencia ha llegado más tarde que en otros ámbitos, muchos dirían que ha sido acogida con los brazos abiertos, con la fe del converso. En el agitado proceso de Bolonia, que consagraba la competitividad entre las universidades europeas, se hacía necesario cuidar la propia imagen de marca universitaria, transformar la propia institución en una máquina de guerra capaz de absorber mayores fondos y los mejores estudiantes y profesores para poder posicionarse en los lugares de prestigio de los ránquines globales. En un contexto de crisis y penuria, la preocupación por la financiación ha impulsado aún más los sistemas de gestión de la investigación y la enseñanza basados en indicadores.

Tras una década de reformas ininterrumpidas, se observa en la actualidad un progresivo deterioro y no una mejora de la institución universitaria. Es cierto que se ha crecido en capacidad de comunicación, en capacidad de producir indicadores de excelencia que llevan a algunos a mejores posiciones en los sistemas de clasificación. Pero todo esto no garantiza que haya mejorado la calidad de nuestro trabajo. Peor aún, estos crecimientos esconden muchas veces una bajada de dicha calidad: mercantilización del aprendizaje, sustitución de saberes teórico-reflexivos por saberes instrumentales, declive del espíritu crítico, especialización extrema de campos y líneas de investigación, fraudes en la investigación, etc. Tras la fachada de cartón piedra, la política de la excelencia lleva a un resultado exactamente inverso al que trata de promover.

Esta constatación lleva a proponer la idea de “Desexcelencia”. Lejos de querer significar un llamamiento a la mediocridad o la pereza, la desexcelencia invita a preocuparse por la calidad real y efectiva del trabajo en la universidad, de modo que seamos conscientes de la naturaleza del trabajo que realizamos y de la satisfacción que puede producir. Según este enfoque, inspirado en el trabajo artesanal, la calidad se cultiva conciliando el acto y el sentido, lo que pone en cuestión la actual gestión de las universidades. El llamamiento a la desexcelencia no reivindica la vuelta a ninguna edad de oro sino que invita a criticar la actual evolución fallida de las universidades.

¿Para qué una “carta de la desexcelencia”?

A lo largo de la década pasada se han hecho oír en el mundo académico en Francia y Bélgica, numerosas voces críticas que han denunciado las prácticas de la excelencia en la investigación y la docencia. Entre otras propuestas, se ha preconizado ralentizar –Slow Science– y repensar los valores en el mundo universitario de cara a alcanzar un trabajo de mayor calidad: trabajo compartido, honestidad, gratuidad, satisfacción con el trabajo bien hecho.

Se han promovido múltiples llamamientos con miles de firmas de apoyo en todo el mundo. Este hecho es satisfactorio, pero se hace necesario ir más allá de la firma, la sensibilización y la denuncia. Es preciso que cada uno reflexione sobre el lugar que ocupa en la reproducción de la ideología de la excelencia. Se hace necesario conocer la responsabilidad personal en el desarrollo de esta lógica y saber hasta qué punto formamos parte y colaboramos en el funcionamiento de está mecánica. Cuando aceptamos ciertas reformas generadas en nombre de la excelencia, cuando cumplimos las imposiciones que esta nos reclama y la carrera competitiva que impone, nos convertimos en actores de nuestra propia destrucción.

Una forma de salir de estas contradicciones es transformar nuestras maneras de ser y actuar y poner en práctica nuestros valores y no solo hacer llamamientos a las autoridades educativas, que parecen más reocupadas por la imagen que por el funcionamiento real de la universidad.

Con esta finalidad nace la carta de la desexcelencia. Es fruto de una reflexión colectiva que pretende abrirse a la participación de todos. Una reflexión que busca sustituir la ilusa meta de la excelencia por la idea de un trabajo honesto y bien hecho en el marco de una universidad pública, democrática y accesible, algo muy diferente a las tendencias que hoy se abren ante nuestros ojos.

Más allá del debate, aceptación y firma de esta carta, se pretende su difusión a través de la apropiación personal y crítica de su contenido y mediante la adopción en la vida académica de cada uno de nosotros: en la docencia, en la investigación y en la gestión. Las proposiciones que contiene la carta pueden ser moduladas en función de los perfiles individuales y de las posibilidades de acción de cada uno. Por más que les pese a los nuevos managers de la universidad, hay múltiples intersticios en los que se desarrollan formas de resistencia muy diferentes. Desde esta carta no se hace un llamamiento al suicidio profesional a través de su cumplimiento a rajatabla. Proponemos que esto pueda ser modulado dependiendo del margen de maniobra de cada estamento académico. Para lograr una comunidad universitaria basada en el diálogo y la solidaridad, lo ideal sería su máxima extensión.

DOCENCIA

La enseñanza es una misión esencial de la universidad. No es un producto de consumo sujeto a normas de rentabilidad.

Consecuentemente, me comprometo a:

– Defender la libertad de acceso de los estudiantes a la universidad.

– Oponerme a la organización de áreas de conocimiento basadas en fenómenos de moda o de mayor número de alumnos.

– Denunciar los discursos y dinámicas que están transformando las universidades en instituciones estrictamente profesionalizantes, prometiendo la adquisición de competencias directamente operacionales.

– Rechazar el trato a los alumnos como si fueran clientes o consumidores. Más en concreto:

            -Llevando al centro de la docencia dinámicas de construcción del saber poniendo en marcha dispositivos pedagógicos que permitan la construcción conjunta de saberes –seminarios conjuntos entre asignaturas, trabajos prácticos-.

            – Luchando contra la infantilización de los alumnos en los procesos de aprendizaje que va aparejada con la estandarización de contenidos y de las expectativas. Ello impide el desarrollo de la curiosidad y del espíritu crítico.

            – Evitando la estandarización de las formas de evaluación.

– Mantener una exigencia intelectual hacia los estudiantes, explicándoles sus obligaciones y responsabilidades en materia de trabajo personal y exponiéndoles los objetivos y las exigencias de los cursos, discutiendo con ellos la organización de los contenidos y recogiendo información para valorar el efecto de la docencia y planificar cursos sucesivos.

– Crear una enseñanza reflexiva que permita al alumno construir herramientas para interpretar mejor el mundo.

– Rechazar los listados de “competencias” que no tengan como principal objetivo la expansión personal e intelectual de estudiantes y profesores mediante la construcción de saberes (pensamiento), saber hacer (métodos) y saber estar (valores).

– Promover reflexiones pedagógicas colectivas a escala departamental para contener la creciente estandarización actual de la enseñanza.

– Velar porque las líneas pedagógicas institucionales centralizadas no caigan en las mencionadas formas de estandarización docente y de uniformización tecnológica de la pedagogía.

– No promover o participar en cursos, o tipos de formación que puedan producir una discriminación económica.

– No seleccionar nuevos profesores o nuevas promociones que se basen únicamente en su experiencia de investigación y publicaciones o en su capacidad de movilizar fondos de investigación. Las capacidades pedagógicas han de ser una prioridad para contratar docentes.

– Valorar la experiencia profesional en las contrataciones solo cuando esta beneficie a los alumnos y a la investigación.

– Exigir que cualquier procedimiento de evaluación externa o interna de la docencia tenga claramente especificados sus criterios y objetivos y recoja los puntos de vista de los evaluados sobre la cuestión.

INVESTIGACIÓN

Para nosotros, la investigación genera conocimientos diversos y abiertos. No es una empresa productivista y utilitaria. No tiene como finalidad la fabricación de productos acabados.

En consecuencia, me comprometo a:

– Considerar la investigación y la docencia como inseparables, tanto en los principios como en la práctica. La investigación se enriquece con el dispositivo pedagógico y este permite la transmisión de conocimientos y el surgimiento de nuevas preguntas de investigación.

– Defender la libre elección de temas de investigación, sin imposiciones basadas en criterios de rentabilidad.

– Rechazar las actuales lógicas de evaluación y clasificaciones que ponen en competición a los investigadores y a los grupos de investigación haciendo que peligre el trabajo colaborativo. En concreto, me comprometo a:

            – No dar validez a los ránquines internacionales, cuyas finalidades y métodos deben ser discutidos.

            – No participar o someterme a evaluaciones que no se correspondan con autoevaluaciones decididas por los propios grupos de investigación. Lo que significa que los criterios de evaluación hayan sido discutidos colegialmente y lleven a evaluar objetivos pensados conjuntamente.

            – No aplicar sistemas de evaluación en la universidad que provengan de otro tipo de evaluación concebida de manera estándar para otro tipo de organizaciones (como empresas, por ejemplo).

            – Rendir cuentas a la sociedad, pero sin que esto cree una dependencia de la demanda social o privada. Es necesario defender la perspectiva de una investigación a la escucha del mundo, pero lo suficientemente autónoma para que su agenda no venga marcada por otras finalidades.

– Respetar las reglas en cuanto a la contratación y promoción del profesorado.

            – No primar procedimientos de contratación que desfavorezcan a los candidatos “locales”

            – Eliminar la hegemonía de baremos cuantitativos (número de publicaciones, índice de impacto, factor h…). Reintroducir prioritariamente los procedimientos cualitativos que se centren sobre la valoración del contenido de los expedientes.

            – No utilizar el postdoctorado en el extranjero como criterio de selección (es claramente discriminatorio para las mujeres y los menos favorecidos económicamente)

            – Para los procesos de selección, contratación y promoción, creación de formularios y procedimientos abiertos que den cabida a la argumentación y la expresión de los méritos de manera argumentada y no sujeta a número de caracteres u otras limitaciones por los procedimientos informáticos al uso.

            – Promover ayudas accesibles a aquellos que no alcancen las contrataciones

            – Promover que los procesos de movilidad en la investigación se acojan a programas financiados.

– No sometimiento a la obsesión productivista en materia de publicaciones. Crear medios para que las investigaciones largas no se vean discriminadas por esta obsesión de publicar rápido. Facilitar la difusión de la investigación al conjunto de la sociedad.

Lo que implica:

             – Apartarme del uso de indicadores bibliométricos en la gestión de las carreras y en la selección de los proyectos de investigación.

            – Evitar obsesionarse con la posición ocupada en el marco muy cuestionable de los indicadores bibliométricos (índice h, factor impacto…) o con la posición ocupada por otros colegas.

            – Reflexionar junto a los investigadores más jóvenes sobre los peligros de una investigación basada en la ideología de la excelencia que da prioridad a la cantidad y la rapidez por delante de la calidad y el contenido.

            – Favorecer la publicación de textos de síntesis (en artículos, libros o capítulos de libro) y no la reiteración o clonación de artículos con vistas a inflar el curriculum.

            – No firmar artículos en los que no haya tenido un papel activo en la investigación y la escritura.

            – Favorecer plazos de entrega largos en las convocatorias para conseguir mejores niveles de calidad en la escritura.

            – Favorecer la escritura conjunta posibilitando la firma en nombre de colectivos y no de autores.

            – No dar por supuesto el inglés como lengua de publicación

            – Cuidar que los contratos de publicación no dejen nuestras investigaciones en manos privadas y con finalidades mercantiles.

            – Publicar en Open Acces

            – Publicar en revistas locales, regionales, nacionales y en las editoriales universitarias.

            – Favorecer la discusión de mis investigaciones dentro y fuera de los medios académicos.

            – Redactar y publicar resultados a disposición de medios y colectivos no académicos (revistas de asociaciones, por ejemplo).

           – No dejar que mi trabajo de investigación me aleje de otros ámbitos de la actividad universitaria.

– Combatir la conversión de los grupos, departamentos o institutos de investigación en células empresarializadas:

            -Favoreciendo la gestión colegial y democrática, demandando sistemas que la posibiliten

           -Favoreciendo la existencia de estructuras interdisciplinares en la universidad.

            -Favoreciendo diversas formas de vinculación de las personas a las unidades de investigación.

            -Protegiendo y desinfantilizando la situación de los doctorandos. Promoviendo su participación paritaria y su libertad académica de elección en la investigación.

Igualmente, posibilitando una información lo más clara posible sobre sus expectativas profesionales en la universidad y eliminando en lo posible su precarización en todos los terrenos.

            -Favoreciendo el uso público y no con fines personales de los resultados de investigación producidos colectivamente y con fondos públicos. Las investigaciones realizadas con dichos fondos pertenecen a la sociedad.

-Limitar las cargas administrativas que dificultan actualmente las tareas de docencia e investigación (informes, guías docentes, evaluación, coordinación, gestión de proyectos…)

-En los contratos de investigación realizados con entidades privadas, incluir, en la medida de lo posible, un uso abierto de los resultados.

GESTIÓN-ADMINISTRACIÓN

La administración es un componente esencial en el funcionamiento de la universidad. No ha de entenderse como el equipamiento pasivo y maleable de los nuevos managers universitarios.

En consecuencia, me comprometo a:

-Exigir una estructura administrativa suficiente con un trabajo satisfactorio en todas sus dimensiones: salariales, espaciales, formativas, organizativas.

-Velar por que las nuevas iniciativas de docencia e investigación no se planifiquen sin contar con los medios que aseguren su correcto desarrollo.

-Contar con los puntos de vista y recomendaciones del personal administrativo

-Reivindicar un peso creciente de la esfera administrativa en las tomas de decisión.

-Valorizar y movilizar recursos internos en materia de organización del trabajo y de gestión en vez de recurrir a consultorías y servicios externos.

UNIVERSIDAD SERVICIO PÚBLICO

Las universidades tienen una misión de servicio a la colectividad. Son, y deben seguir siendo, un lugar abierto y conectado a la sociedad. Sin embargo, este servicio no debe reducirse a cubrir necesidades y demandas sociales marcadas por lo inmediato, decididas por los responsables políticos para su propia visibilidad personal o institucional. Tampoco es un servicio público de cara al mercado de trabajo o a las empresas para sus propias dinámicas de rentabilidad.

En consecuencia, me comprometo a:

– Defender la libertad de expresión de los miembros de la universidad, incluso cuando supongan una crítica a la institución universitaria.

– Apoyar los vínculos de la universidad con la sociedad (asociaciones, empresas, movimientos sociales) siempre que conlleven un beneficio y aprendizaje mutuo y un sentido de emancipación colectiva.

-Rechazar la visibilización personal o de la universidad a cualquier precio (por ejem. en espacios televisivos donde el formato televisivo hace imposible la explicación de argumentos complejos)

– Crear nuevos espacios y herramientas de discusión entre científicos y no científicos, que puedan generar nuevos encuentros y formas de comunicación y expresión del conocimiento.

vía Jordi Adell: http://elbonia.cent.uji.es/jordi/2014/09/14/carta-de-la-desexcelencia-salvemos-la-universidad/


“La sociedad no existe, solo existen hombres y mujeres individuales” *

Que cosa tan sencilla y simple de decir y entender. Una frase tan clara e inocua que, a quien podría hacer daño. Porque, ¿Hay alguien que pueda negar que como mujeres y hombres existimos? ¿Alguien podría decirnos que como personas no estamos aquí? Nos sentimos, nos vemos, podemos tocarnos y escucharnos, pensamos, y como dijo Descartes “pienso luego, existo”.

Pero, pensemos un poco. Me gustaría atreverme a pensar y ver lo que no se ve. Ver la negación que nos ha llevado y nos lleva a construirnos única y exclusivamente como mujeres y hombres de forma individual, alejados de aquel otro que más cerca o más lejos es a su vez otra mujer u otro hombre.

La simpleza de la frase “la sociedad no existe, solo existen hombres y mujeres individuales” se rompe cuando nuestra atención se centra en la negación implícita en la primera parte de la misma. “LA SOCIEDAD NO EXISTE”. Cuatro palabras acaban de borrar con sus trazos toda una historia de conquistas, luchas, comprensión, apoyo, solidaridad. Cuatro palabras acaban de sembrar el germen del individualismo, la competencia irracional, la diferenciación, el miedo a la otra persona, el egoismo.

Negar la sociedad, negar que como mujeres y hombres nos necesitamos y necesitamos de quienes nos rodean para sentirnos parte de un grupo, es negar las posibilidades de construirnos como sujetos sociales, como parte de una comunidad con la que compartimos, con la que sufrimos, con la que vivimos, reimos y lloramos. Pero, que triste es la realidad, no solo nos negamos como sujetos sociales, sino que nos negamos a nosotras y nosotros mismos como sujetos políticos, constructores de unos ideales y de unas practicas que se extienden ramificandose de abajo hacia arriba y viceversa. Corroboramos los discursos egoistas de nuestra clase política, aquella que busca proteger las fronteras, no solo las fornteras estatales, sino las que separan a las clases altas de la clase obrera (como en la película In Time, que es mala, pero con un planteamiento interesante), porque aunque nos borren la memoria y nos hablen del nuevo milenio sin clases. Lamento decirte, que las clases sociales existen. Y tú y yo estamos dentro de esa clase obrera. La misma clase obrera a la que pisoteas, a la que te refieres como aprovechada de tu trabajo y tu salario, la misma clase obrera que luchó por sus derechos y hoy crece convencida de que ¿no hay nada por lo que luchar?, a la que acusan o ¿acusas? De fraude por cobrar el paro y buscarse la vida mientras te roban tu salario, tu salud y tu educación, TU TIEMPO esos misteriosos hombres grises, los ladrones sociales, ladrones de sueños, de vidas, los buscadores de votos.

Convencidas y convencidos de nuestra sagrada libertad individual nos robaron la libertad de trabajar en comunidad, la libertad de ser seres sociales, comprometidos, solidarios, en definitiva nos robaron la libertad para ser libres.

La sociedad existe, pero no es construida por un gobierno o quienes lo forman. La sociedad existe y lo hace gracias a las mujeres y hombres que traspasaron y traspasan su propia individualidad para sentirse parte de un colectivo más amplio, para pensarse como seres sociales y políticos capaces de cambiar y transformar su entorno. La sociedad existe y lo hace gracias a, quienes superando el egoismo determinista inoculado por la sociedad de consumo, crecen cada día buscando y construyendo alternativas viables con el medio ambiente y la justicia social. La sociedad existe porque la hacen posible quienes denuncian una injustia en la calle, en el trabajo, en la propia comunidad.

Me parecía  importante que recordar, hoy que no hay que perder ni dar la espalda a la idea de que, LA SOCIEDAD EXISTE, y la hacemos posible con nuestros actos colectivos, las mujeres y los hombres.

* Expresión que resume la afirmación pronunciada por Margaret Thatcher en una entrevista en la revista Women´s Own el 31 de octubre de 1987. La frase completa decía “there is no such thing as society. There are individual men and women, and there are families.” 


Disculpen las molestias estamos evalu… transformándo(nos)

Hace un año aproximadamente que como muchas y muchos sabéis comparto parte de mi tiempo en distintos módulos del Centro Penitenciario de Albolote gracias a la la gente de PIDES, a que aún considero que lo que hacemos allí es importante y a que los compañeros que dentro de la cárcel comparten esos días, siguen colaborando con nosotros en las pesadas actividades, películas y libros que trabajamos.

Llevaba tiempo queriendo dedicar una entrada a la evaluación, sobre todo porque en este mundillo en el que vivimos siempre hay alguna o algún atrevido que más que comerse el producto tal cual, trata de leer la etiqueta del mismo e incluso (cosa poco probable hoy en día) tiene la osadía de preguntar o preguntarse la procedencia de los ingredientes o componentes del mismo.

Para empezar, me gustaría dejar claro que la evaluación nunca es una tarea fácil ya se haga de forma individualizada o colectiva; desde la perspectiva de la autoevaluación o mediante evaluación por un agente externo. Por lo general tendemos a simplificar de tal manera los procesos de evaluación que terminan por aportar más bien poco al desarrollo de nuestras actividades. Así, una evaluación puede convertirse en una acumulación de objetivos cumplidos o por cumplir, vamos, en aquello que estamos acostumbrados a ver en todos los proyectos educativos, sociales, económicos, etc. que conocemos. Un proceso por el que queramos o no, todas y todos indivudualmente o como asociación tendremos que pasar de cara a la galería.

Pero, para mí, una evaluación es mucho más que eso. La evaluación de cualquier proyecto o acción educativa está siempre unida a la evolución del proceso que se está desarrollando, la evaluación se convierte así en la confirmación de la ideología, de los principios y de la fuerza del propio proyecto que estamos construyendo.

En las sesiones de club de lectura, en las distintas actividades y en los debates que establecemos en las sesiones que realizamos en la cárcel hay tres principios básicos que una vez fueron acordados en nuestro primer encuentro hemos respetado durante todas las sesiones:

  • Principio de intimidad: Lo que ocurre en el club de lectura, se queda en el club de lectura.

  • Principio de horizontalidad: Respetar la palabra y la opinión de cada participante aunque no estemos de acuerdo.

  • Principio de voluntariedad: Asistir al club, es totalmente voluntario, ni se prohibe ni se alienta la entrada por medios coercitivos ni de más interés que el propio club.

A estos tres principios que aprendí en mi primer día en el centro mis compañeros de PIDES Carlos y José, acordamos agregar en nuestra primera primera sesión uno nuevo:

  • Principio de libre intervención: mediante el cual acordamos que no será necesario pedir turno de palabra para hablar, comprometiéndonos a respetar y escuchar a la persona que esté interviniendo antes de interrumpir su discurso.

Dicho esto en un momento dado llegué a preguntarme: ¿qué derecho tengo yo para romper cualquiera de estos principios en la realización de la evaluación? O reformulando la pregunta ¿por qué romper estos principios al evaluar la actividad que estamos construyendo o desarrollando entre todos?

Vercauteren, “Mouss” Crabbé y Müller citando a Ardonio1 nos ofrecen dos tipos (a grosso modo) de evaluación, La “evaluación control” y la “evaluación signo”.

La “evaluación control” podríamos representarla como el modelo clásico de evaluación que estamos acostumbradas y acostumbrados a observar, planificar y realizar. En esta evaluación “se fija un marco, se determina un objetivo a alcanzar y éste se articula con una intención más lejana”

evaluación lineal

En este tipo de evaluación las preguntas que nos hacemos se repiten para todos los objetivos: ¿dónde estamos?¿qué nos queda?¿hemos seguido la línea o nos hemos desviado?

Planteandome mi propio proceso de evaluación traté de repasar los supuestos sobre los que se asienta una evaluación como la anterior. ¿De verdad una evaluación así tiene sentido en todos los contextos?¿Cómo evaluar un objetivo que varia en función de como lo hace el contexto y las propias personas que lo habitan y construyen?¿Cómo evaluar un proceso de cambio y aprendizaje continuo en un desarrollo horizontal de las relaciones?

Gran parte de las respuestas las hallé en los libros, pero una parte muy importante de las mismas no se encontraba en ellos, sino en mi propia experiencia al haber sido objeto de las evaluaciones constantes del sistema educativo y de la sociedad en la que vivimos. Existen variadas respuestas y alternativas a la evaluación tradicional y evidentemente yo no voy a descubrir ninguna nueva, pero quizás vaya siendo hora de que las asociaciones, entidades, colectivos, grupos y personas de forma individual que trabajan/trabajamos en el ámbito social no solo construyamos procesos alternativos sino que nos decidamos a evaluar esos procesos sin alterar nuestros principios (muchas me consta que ya lo hacen), a pesar de que las administraciones obligen a tener que justificar de alguna forma los proyectos que se realizan (es evidente que no se puede cambiar de golpe la mentalidad de rendición de cuentas y cumplimiento de objetivos de nuestro entorno).

En este caso, la “evaluación signo” se aborda desde el propio medio en el que se realiza nuestro encuentro de diálogo, lo importante aquí no son los puntos de partida y final, sino todo lo que ocurre entre esos puntos. Lo importante “es la intensidad de los diferentes momentos recorridos y las maneras en que se unen unos a otros”. (pág. 90)

evaluación signo

Al centrarnos en el medio, los objetivos dejan de cobrar importancia porque el propio programa, la propia actividad está siendo evaluada por todo el grupo en el momento de su realización. Las preguntas dejan de centrarse en el objetivo por conseguir para cuestionarnos colectivamente ¿Qué estamos construyendo?¿Qué nos frena como grupo y qué nos impulsa colectivamente? No esperamos a una evaluación posterior para repensar y transformar lo que estamos haciendo, sino que esta se produce en el propio proceso de la actividad.

Como bien exponen David Vercauteren, Olivier “Mouss” Crabbé y Thierry Müller “Una reunión, un proyecto, un grupo, se atascan en redundancias que conducen a un atolladero (un tipo de fuerza pasiva) y en pasiones tristes; se trata de tener en cuenta aquí y ahora ese momento para desenredar los hilos y cambiar de orientación. Bifurcar, crear otra línea y ver lo que pasa (pag. 91).”

Si a pequeña escala Oscar (otro compi de nuestros talleres en la cárcel) y yo, casi de manera inconsciente ponemos en práctica los procesos evaluativos de la “evaluación signo” para reconstruir constantemente nuestras actividades en función de las necesidades del grupo. A gran escala los beneficios de trabajar desde esta perspectiva sin separar el desarrollo de la actividad de la propia evaluación lo pude vivir hace a penas una semana, cuando Oscar, Juan y yo mismo decidimos que teníamos que reconducir las actividades que llevávamos a cabo en uno de los talleres que realizamos juntos.

Parar, repensar, reconstruir e informar. Parece sencillo, pero con el ajetreo de responsabilidades en las que todos o casi todos nos encontramos metidos resulta casi una Odisea.

Lo primero fue plantearnos la duda de que algo fallaba y saber que la carga de ese fallo no recaía en nosostros de forma particular, ni por supuesto en los chavales que dentro de su día a día particular en aquel módulo, bastante hacen con acercarse y curiosear. Pero, si el fallo no estaba ahí…

Indagamos en nuevas actividades (creatividad e innovación), seleccionamos aquellas que por nuestras habilidades y por el contexto podríamos dominar mejor (convicción y decisión), y por último, consultamos y consensuamos nuestras propuestas con nuestros compañeros del módulo para seleccionar las que creían podían motivarles más a trabajar (horizontalidad y participación informada).

Contado así puede parecer una gran puesta en escena, pero en realidad, ni nada es tan pomposo y difícil, ni tuvimos que plantearnos tantas trabas metodológicas. El resumen de andar por casa sería el siguiente:

Tres compañeros de trabajo detectan que algo no funciona. Dos de ellos lo hablan y lo comparten con el tercero. Todos piensan que falta un cambio. Buscan un día y una hora para compartir las propuestas. Se quedan con tres propuestas. Llegan al grupo de reunión y exponen la idea de cambio. El grupo lo recibe con indiferencia, posteriormente comienzan a hablarlo. Acuerdan que hacer el próximo día y nos comprometemos a experimentar algo nuevo. FIN DE LA HISTORIA.

Ya sé que más de una persona que haya llegado hasta aquí estará preguntándose ¿Y eso da resultado?

La respuesta correcta sería: Lo estamos evaluando.

De momento de lo unico que puedo informar es que tras el primer día de cambio, llamémosle “DÍA 1 DC” (Después del cambio), la asistencia al taller se multiplicó (no sin un buen trabajo e insistencia), la participación aumentó, y la confianza del grupo y en el grupo generó nuevas ideas y expectativas sobre la deriva positiva del mismo.

1. Vercauteren, David; “Mouss” Crabbé, Olivier y Müller, Thierry (2010). Micropolíticas de los grupos. Para una ecología de las prácticas colectivas. Traficantes de sueños. Madrid.


Es necesario que cambiemos nosotros mismos

Me he metido en tantos líos en los últimos años que sería imposible resumirlos en un simple post. Cuando hablo de líos me refiero a aquellas iniciativas o proyectos a los que miro ahora con más escepticismo que esperanza y de los que, en la medida en que creo en ellos, siempre esperé que fueran un punto de partida de algo mucho más grande.

Durante las últimas semanas he tenido el tiempo suficiente para reflexionar sobre todos esos proyectos que emprendidos con ilusión se han ido quedando rezagados, amontonados entre folios, cuadernos y conversaciones inolvidables.

En cada uno de esas iniciativas he conocido y he tenido la suerte de compartir mi tiempo con personas a las que considero extraordinarias en todos los ámbitos de la vida, creo en ellas por lo que son, por como son. Y a veces, aún hoy que comienzo a sentir la necesidad de levantar la bandera blanca y confesar que todo aquello no eran más que quimeras construidas sin cimientos, descubro    sorprendido que por más que intente alejarme no podré jamás dejar de preocuparme y resistirme a que el paso del tiempo deje morir lentamente las ilusiones de unas/os locos/as que quisieron cambiar las cosas o al menos poner su granito de arena para hacer surgir nuevas ideas.

No hace mucho terminaba de leer el libro de Gramsci que un compañero de ilusiones y amigo me dejó. Casualmente en los momentos en que continuaba dándole vueltas a todas esas decisiones por tomar, me encontraba en uno de los capítulos con esta reflexión que define palabra por palabra ese estado en el que me encuentro con la vista en el horizonte y los pies sobre la tierra:

“Hablo con compañeros, con amigos, con personas afines. De todos oigo algo diferente. Han surgido nuevas necesidades, y se estimula el pensamiento. La realidad del entorno se ve ahora bajo nuevos puntos de vista. Todos están inquietos, y en todos hay un tumulto de intenciones vagas e inciertas que se expresan en términos generales, que no consiguen solidificarse.

¿Por qué ocultarlo? Yo también participo de esta inquietud, de esta incertidumbre. Trato de refrenar los estímulos, de no dejarme sumergir por la ola de impresiones nuevas que llaman al umbral de la conciencia y quieren ser aceptadas, y quieren ser examinadas…

Las publicaciones nuevas, las nuevas revistas, no me importan, no me pueden dar ninguna de las satisfacciones que yo busco. Cosa que, por lo demás, no es una razón para desesperarse. Debo buscar las satisfacciones en mí mismo, en lo más íntimo de mi conciencia, donde sólo puedan componerse todas las disidencias, todas las turbaciones suscitadas por los estímulos externos. Estos libros no son para mí nada más que estímulos, oportunidades para pensar, para indagar en mí mismolas razones profundas de mi ser, de mi participación en la vida del mundo…

Los errores que que se hayan podido cometer, el mal que no se ha podido evitar, no se deben a fórmulas o a programas. El error, el mal, estaba en nosotros, estaba en nuestro diletantismo, en la ligereza de nuestra vida… Las fórmulas, los programas eran externos, eran inanimados para muchos; no los vivían con intensidad, con fervor, no vibraban en cada acto de nuestra vida, en cada momento de nuestro pensamiento. Cambiar las fórmulas no significa nada. Es necesario que cambiemos nosotros mismos, que cambie el método de nuestra acción… Somos revolucionarios en la acción, mientras somos reformistas en el pensamiento: obramos bien y razonamos mal. Avanzamos por intuición, en lugar de por razonamiento; y esto conduce a una inestabilidad continua, a una permanente insatisfacción: somos temperamentos más que caracteres…”*

* Fragmento de la carta de Hace falta que cambiemos nosotros mismos escrita el 24 de noviembre de 1917 por Antonio Gramsci (En Gramsci, A. Odio a los indiferentes, 88-92).


Un regalo de reyes para educadoras y educadores

“En el más amplio sentido, es la educación -la introducción del conocimiento en la vida social- el aspecto central de un proyecto que pueda convertir las posibilidades en realidades. Los maestros radicales no han cometido el error de ser demasiado radicales, sino el de no serlo suficientemente. Es labor de los maestros, junto con otras personas, la de iniciar un proyecto en el que se consideren y transformen las formas de las instituciones sociales y de trabajo, con el fin de que en el concepto de cultura se pueda llegar a incluir el desarrollo de las estructuras sociales. La verdadera naturaleza del plan de estudios… es el desarrollo de aquellos conocimientos, pensamientos y prácticas que requieren los jóvenes para poder participar en la producción y reproducción de la vida social y llegar a conocer el carácter de estos procesos”

(Doug White citado por Henry Giroux en La escuela y la lucha por la ciudadanía, pp146-147)

El libro de Giroux lo estoy terminando de leer y es 100% recomendable, como todos los de este autor.


2012, para que todo cambie…

Cambia lo superficial,

cambia también lo profundo
cambia el modo de pensar
cambia todo en este mundo…

cambia todo cambia…

cambia el sol en su carrera
cuando la noche subsiste
cambia la planta y se viste
de verde la primavera

cambia el pelaje la fiera
cambia el cabello el anciano
y así como todo cambia
que yo cambie no es extraño
pero, no cambia mi amor
por más lejos que me encuentre
ni el recuerdo ni el dolor
de mi pueblo y de mi gente
y lo que cambió ayer
tendrá que cambiar mañana
así como cambio yo
en estas tierras lejanas…
 
(de la canción “Todo cambia” compuesta por Julio Numhauser cuando fué obligado a exiliarse de Chile por la dictadura de Pinochet)
 
Aviso para posibles lectores de la derecha política: mi cambio no tiene relación con ningún proyecto político que podáis pensar, mucho menos con el presentado por el actual partido en el gobierno. Por lo tanto mejor no confundirse y esperar ver en la entrada una alabanza a los cambios que este mismo partido pueda llevar a cabo en el año próximo.

Aviso para posibles lectores de la izquierda política: Si piensas en los cambios que menciono bajo unas siglas concretas que aglomeran a una gran parte de la ciudadanía, vuelves a equivocarte. Los cambios a los que aspiro son más profundos, más internos, se trata de romper con la tradición sin olvidar la historia, se trata de ver más allá de lo heredado en nuestro entorno, se trata de no callar ante las injusticias, de no sucumbir ante la disciplina del grupo.

Hay una entrada que casi estoy convirtiendo en un clásico de este espacio de pensamientos, ideas y vivencias en que se ha convertido este blog. La entrada del próximo año o de las fiestas pasadas durante el período navideño. Es cierto que casi se está convirtiendo para mí en una costumbre coger el ordenador y escribir esas palabras de reflexión o felicitación, pero no es menos cierto que quizás por eso mismo se me hace cada vez más difícil resumir tantos sentimientos en unas cuantas líneas.

Esta vez no voy a hablar de lo que viene, no os voy a desear que sigáis luchando por mejorar lo que nos rodea porque estoy seguro que seguiréis haciéndolo, esta vez me gustaría hablar de algo que me costó mucho asimilar y reconocer en su momento, hace ya unos años: Los cambios, los que hubo, los que habrá. Al fin y al cabo, tal y como dice la canción, al caminante cambiar el rumbo siempre le hace daño.

Y, es que 2011 ha sido un año de cambios, al menos para mí. No me refiero a ese extraño “súmate al cambio” del que no me merece la pena tan siquiera prestarle atención si no es para contrarrestarlo o para recordar que “lo que cambió ayer tendrá que cambiar mañana”. Hablo de cambios en mí mismo, hablo de cambios en lo que conozco, en lo que me rodea y de cambios más profundos, de nuevos despertares de la ciudadanía.

Como dice la canción, no es extraño que yo cambie, de hecho cada una de las personas que conozco o he conocido este 2011 quizás cambien. Quizás todas y todos, quién sabe, nos volvamos con el paso de los años mucho más conservadoras/es. Yo ya tengo claro que lo seré desde el próximo 2012. No, no os asustéis, seré conservador, pero en el sentido en que utilizaba el término Hannah Arendt refiriéndose a la educación, porque:

“destruiremos todo si tratamos de controlar lo nuevo de tal forma que nosotros, los viejos, podamos dictar la forma que habrá de adoptar. Precisamente por el bien de aquello que hay de nuevo y de revolucionario en cada niño, la educación debe ser conservadora; debe preservar esta novedad e introducirla como cosa nueva en un mundo viejo, el cual, por revolucionarias que puedan ser sus acciones se encuentra ya desde el punto de vista de la nueva generación, caduco y al borde de la destrucción” (Hannah Arendt, “What is authority?” en between past and present, pp. 192-193. Citado en Henry A. Giroux, la escuela y la lucha por la ciudadanía, p.118)

2011 me ha dado la posibilidad de conocer o profundizar en la relación con personas extraordinarias en momentos igualmente impresionantes. Jornadas, congresos, concentraciones, asambleas, reuniones, asociaciones, revistas… dentro de todas y cada una de las actividades que he realizado ha destacado la calidad y la voluntad de las personas que en ellas se encontraban inmersas, cada uno de los encuentros forma parte ya de una de esas caras del cubo que nunca hay que dejar de seguir explorando.

De este año me llevo la entrega a la lucha de Carlos, el pragmatismo de Juanma, la sinceridad y rebeldía de Conchi, la solidaridad y la ilusión de Irene, el compañerismo y la constancia de Eli, los consejos de Alicia, el bombardeo contra-informativo de Lolo, los wiki-twitter de Alejandro, las ganas que espero que nunca pierdan (¡y que nadie se las quite!) de pelear de Reta, MM, Arantza, Naxo, Pablo, Nerea, Althea, Juan o Alba por mencionar a parte de esa juventud que viene con ganas, los momentos de discusión en CARE con tantas personas inolvidables, el amor y la responsabilidad de Judith y me llevo el encuentro con un indignado que forma parte ya de la vida de varias personas acompañando días y noches de la Granada en la que llevo tantos años. A todas, a todos, y a quienes no menciono porque de por sí siguen ahí después de tantos años, gracias por hacerme pensar y compartir tantos momentos durante los cambios de 2011.

Cambiaron muchas cosas durante este año. Los movimientos sociales dejaron de retumbar en el pecho de tantas personas anónimas, que como hormiguitas poco a poco construían y seguirán construyendo alternativas, para latir con fuerza en las calles y formar parte, una vez más, de una llamada de atención a la sociedad. Para bien o para mal, con mayor o menor fortuna, cada una de las personas que formaron parte de los movimientos que ocuparon plazas y construyeron asambleas, para reconceptualizar su propia ciudadanía, ya no serán las mismas de antes. Para bien o para mal, nos hemos encontrado más allá de las instituciones, ya sea en persona o de forma virtual, en grupo o individualmente, muchas de esas personas no olvidarán esos encuentros y sin duda seguirán (seguiremos) pidiendo cambios puede que, para empezar, “en lo superficial, pero también en lo profundo”.

Puede que 2012 nos depare otras oportunidades, puede que no coincidamos en los mismos lugares, que las circunstancias no sean las mismas, que nuestro futuro nos depare otros destinos donde situarnos, y cambiaremos nuestra localización y quizás con ella muchos de nuestros pensamientos se vean modificados, pero sin duda como dice la canción lo que nunca cambiará será “mi amor por más lejos que me encuentre, ni el recuerdo ni el dolor de mi pueblo y de mi gente”. En la medida en que sintamos cada día el dolor de cada persona conocida o no, cercana o no, como nuestro, siempre quedará la certeza de que es necesario seguir peleando por cambiar todo en este mundo.

Todas las personas que conozco puede que cambien, es más espero que no dejen nunca de cambiar para que nos recordemos a nosotras/as mismas/os algo que a veces se nos hace difícil dislumbrar bajo la oscuridad con la que nos encontramos en muchas ocasiones en nuestro camino. Si como personas somos capaces de cambiar para reconstruirnos y encontrar nuestro sitio junto a otras/os, igual que nosotros el mundo también cambia, pero solo haremos que cambie con nuestra intervención en él.

2012 no es más que la excusa de tener un año más por delante para seguir cambiándolo todo.

Permitidme que os deje aquí la canción del principio cantada por Mercedes Sosa en Chile, después de tantos años de silencio y con unos ¡ya cayó, ya cayó! que festejaban la vuelta de la libertad a aquella tierra.


Pedagogía de las mentiras

“Si te atienes a la línea del partido, no hace falta que documentes nada; puedes decir lo que te venga en gana… Es uno de los priviliegios de la obediencia. Pero si te muestras crítico con la opinión recibida, tendrás que documentar todas y cada una de tus frases” (Noam Chomsky en la des-educación)

No quiero confundir a nadie. La línea del partido no es solo la marcada desde ciertos partidos políticos o desde ciertas facciones de dichos partidos. La línea del partido es una forma de dar nombre a las fuerzas de poder de las estructuras en las que nos encontramos inmersos. La línea del partido tiene mucho que ver con las fuerzas dominantes, los diferentes grupos de influencia y poder, las jerarquías que mantienen la corriente de opinión válida y permitida en universidades, facultades, aulas, asociaciones, partidos políticos. En defenitiva la línea del partido marca lo políticamente correcto: mentir para mantener el orden, el desconocimiento y la ceguera en todas y cada una de las personas que construimos esta sociedad.

Si me quedara solo con lo dicho anteriormente estaría traicionando a mis propias ideas. Es cierto que casi nos sentimos obligadas/os a seguir una determinada línea de pensamiento, pero quedarnos en eso significaría aceptar que somos simples reproductores de lo que se nos transmite, incapaces de actuar, de tomar las riendas de nuestra vida y decidir conscientemente a pesar de los pesares.

La pedagogía de las mentiras se aprende desde los primeros años de vida, se reproduce en nuestras escuelas e impregna cada centímetro de los pasillos de nuestras universidadades. Si nos fijamos con un poco de detenimiento la pedagogía de las mentiras empieza en el momento en que como estudiante te acomodas a la línea de pensamiento marcada por tu profesor/a con el objetivo, bien aprendido, de agachar la cabeza tan abajo como haga falta siempre que la recompensa de la nota llegue en el momento deseado.

La pedagogía de las mentiras se sustenta en 3 columnas que se afianzan en nuestro interior hasta formar parte de nuestro propia razón de ser:

1. Toda acción tiene o debe tener una recompensa: Es la primera y más importante regla que aprendemos, nuestro moderno mundo líquido nos ha enseñado que no merece la pena hacer nada si por ello no se obtiene una recompensa o si por hacerlo perdemos la recompensa a la que podríamos aspirar.

Quien ostenta “el poder” Miente u oculta para mantener un estatus, una determinada posición; quien aún no ha llegado a la cima del poder aprende que para subir la escalera es mejor adherirse a la línea marcada desde arriba. Así mantenemos la mentira o la ocultamos con la esperanza de recibir los favores necearios para llegar antes que el resto a la cumbre.

2. Tu participación cuenta, pero solo en la medida en que se atiene a las reglas del juego: La retórica de la participación se ha utilizado en los últimos tiempos para haceer valer las líneas de pensamiento marcadas desde las instancias de poder. Aunque no sea verdad, aunque realmente puedas discernir la regla número uno sigue marcando nuestras acciones y nos repite constantemente que para llegar a algún sitio no debemos ir a la contra.

De esta forma la pedagogía de las mentiras se asegura una cantera de seguidores capaces de justificar cualquier acción realizada por quienes “guían” el camino marcado. Si quieres que tus aportaciones se escuchen, y más allá de eso se pongan en marcha, no deben dañar la imagen y el discurso de las fuerzas de poder dominantes.

3.  La verdad está determinada por la posición que ostentas en la escala de poder: Aunque tengas todo lo necesario para demostrar que te mienten, que nos mienten, todos tus argumentos serán desmontados con una locuaz intevención que garantizará que:

–  Se estudiará tu aportación.

– Se tendrá en cuenta lo que dices.

– O para terminar más rápido (hoy en día esto sucede en muy pocas ocasiones), ¡mientes!.

Darle la vuelta a la tortilla es fácil para quienes no quieren escuchar argumentos distintos y alternativos a los marcados de antemano.

Si aún después de todo esto algún día se te ocurre ir en contra de la línea del partido, nadando a contracorriente te aconsejo que lleves siempre contigo un buen salvavidas. A pesar de que aquello que puedas decir sea algo tan claro que cualquier mortal pudiese asegurar que está pasando y que es una realidad palpable, verás como en cuestión de minutos se convierte en un expediente X del que nadie sabe nada. Un ejemplo centrado en la universidad: si se te ocurre decir que las asignaturas dentro de un departamento son escogidas siguiendo la línea jerárquica del mismo y no en función del trabajo que se ha realizado sobre la materia en cuestión, y pesar de que lo estés viviendo con tus propios ojos, serás tildada/o de alborotador/a que cuestiona la profesionalidad de un colectivo al que parece ser, no se le puede cuestionar nada.

Quienes siguen la corriente marcada por la línea del partido se olvidan con facilidad de algo que mantiene la lucha por descubrir la verdad: Vamos tomando conciencia de que hemos de tomar partido en cada decisión, vamos aprendiendo que hay otras formas de llegar más allá de “la verdad” que nos enseñan.

Hay una pedagogía de la resistencia que va más allá de la simple reproducción, que encuentra caminos alternativos, que construye redes de colaboración activa y que camina más allá de la línea marcada por el partido. Pero eso es otra historia…

 


Dicen que en una litrona…

La semana pasada tuve la enorme suerte de escuchar, sí escuchar, a la juventud hablar sin miedo y sin limites de ellos mismos. La experiencia me despertó un nuevo optimismo y sobre todo la certeza de que estamos acabando con las voces críticas desde nuestro propio sistema educativo.

No estaría mal que como ya hacen algún que otro profesor o profesora nos pararámos a escuchar lo que dicen nuestros jóvenes en lugar de intentar darles lecciones de historias no vividas.

Y como hoy la cosa ha comenzado con carnavales, no tengo más remedio que dejar esta letra que para mí es el mayor homenaje a una juventud a la que no paramos de culpar de los errores de sus adultos.

“Dicen que en una litrona emborrachan el presente,
que el humo de los canutos les dibuja otras quimeras.
Dicen que toman la noche, desvelando a los durmientes,
con la música rugiente, que se mean en las aceras,
que vomitan en las plazas, las tripas de sus estudios,
que desnudan sus amores, sin saber lo que es amar,
que envenenan sus lenguas, insultando a los mayores,
porque no tienen cojones de vivir ‘pa’ trabajar.

Mentira, sólo piden un futuro,
‘pa’ un montón de socialistas, populares y cuentistas,
que ‘na’ más les dan por culo.
Vergüenza, no recuerdan la vergüenza,
de una España de ‘paraos’, inmigrantes y ‘jubilaos’
que ya no levantan cabeza.

A las calles camaradas, por la revolución,
vamos a meterle miedo a un Gobierno ladrón.
Como el Mayo de las Flores, que se escuche la voz
de los jóvenes del mundo.

Mi botella, yo levanto mi botella,
y otra vez vuelvo a brindar
por vuestra dignidad,
compañeros de fatiga.
Ya lo dijo el propio Che:
“prefiero morir de pie
a vivir de rodillas”

(Antonio Martinez Ares)


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