Archivo de la categoría: Reflexión-acción

Deshacer los caminos

Esta entrada llega tarde, para variar, en concreto, llega un mes tarde al reto #blimagen2017 lanzado por @xarxatic en su blog. El reto es sencillo, una imagen y sobre esa imagen, nuestro pensamiento y nuestras reflexiones.

Digamos que ver esa imagen me ha trasladado a múltiples momentos de mi desarrollo personal y profesional. Sentirme allí, de pie, frente a una gran explanada y un camino que se abre hasta perderse en el horizonte, mientras dos trenes aguardan a que alguien, quizás yo mismo vuelva a subir hacia algún otro lugar en el que crecer profesionalmente y nutrirme de lo que otras personas puedan enseñarme.

Siempre he pensado que cualquier camino es una invitación a adentrarnos más allá del lugar en el que nos encontramos en este momento. Caminar, como verbo, implica una acción, la simple acción de situar un pie delante de otro para desplazarnos hacia cualquier otro punto del mapa que se nos abre ante nuestra vida.

De conversaciones con amistades, compañeras y compañeros o familiares me queda la sensación de que, cada vez que pensamos en un camino lo miramos a lo lejos, delante de nosotros. Algunas corrientes de la psicología y la educación de estos tiempos que corren, como todas aquellas centradas en el tan alabado coaching no dejan de trasladarnos aquellos mantras sobre “escoger tu camino”, “comenzar tu camino”, “visualizar tu camino”… Y de tanto utilizarse se ha vuelto empalagosa la famosa frase del gran poeta Machado: “se hace camino al andar”.

Pero, poco o nada se encuentra sobre la acción de deshacer el camino andado, volver atrás, caminar de espaldas o simplemente sobre la diversidad de caminos a seguir, según situamos nuestra mirada. Porque la vida nos la venden (y cada día la compramos más inconscientemente), como aquel tren al que debemos subirnos para no perder la oportunidad. Pero, nunca nos cuentan que los trenes pasan varias veces y con múltiples destinos, nadie nos habla de los cruces de caminos y de la importancia de sentarnos a disfrutar del encuentro con otras y otros caminantes.

Bueno, digamos que Freire sí que nos advirtió que a veces es bueno esperar, sentarnos y esperar “para descansar de lo mucho que haré mientras te espero”. Y en esta sociedad en la que cada día buscamos más la satisfacción instantánea de nuestras acciones, practicar el noble acto de esperar y ser paciente para con nosotros mismos y quienes nos rodean, no deja de ser también un pequeño acto de rebeldía, digamos que poner en marcha la estrategia de frenar la dictadura de la velocidad es una forma de desobediencia que nos debemos a nosotr@s y a la sociedad que construimos. Dormir para resistir que diría Marina Garcés.

Pero, si caminar implica acción, también podemos decidir con quién o quienes queremos ir compartiendo cada paso que damos, olvidarnos de todos aquellos discursos que nos invitan cada día más a andar en solitario, a caminar nuestro camino, a fijar nuestras metas, obviando la importancia de caminar con otras personas para no encontrarnos solas o solos, cuando lleguemos al ansiado final, si es que existe final para nuestros caminos…

De momento, pienso seguir buscando la multitud de posibilidades que nos presenta la vida, sin negarme a volver atrás para reconocer errores, pedir perdón, mirar alrededor antes de seguir solo hacia delante y sobre todo, invitar a otras personas a acompañarme al menos en un trecho de este largo y apasionante a ninguna parte.

Anuncios

¿Los bárbaros?

“Los bárbaros están llegando. Veo mentes refinadas escrutar la llegada de la invasión con los ojos clavados en el horizonte de la televisión. Profesores competentes, desde sus cátedras, miden en los silencios de sus alumnos las ruinas que ha dejado a su paso una horda a la que, de hecho, nadie ha logrado, sin embargo, ver. Y alrededor de lo que se escribe o se imagina aletea la mirada perdida de exégetas que, apesadumbrados, hablan de una tierra saqueada por depredadores sin cultura y sin historia. LOS BÁRBAROS, aquí están”

(Los bárbaros, Alessandro Baricco)

Hace ya tiempo que tenía ganas de escribir algo en refencia al magnífico ensayo de Baricco que tuve la oporunidad de leer hace ya casi un año.

Quizás debería abrir este texto diciendo que la tecnología siempre ha sido un debate abierto, sobre todo en educación. Y, sobre educadoras y educadores recae el peso de una sociedad que cuestiona, busca y espera la respuesta que devuelva la calma, es “pax Augusta”, que al parecer, siempre hemos disfrutado antes que llegaran los radicales aparatos del infierno.

Los bárbaros

Ante la aparición de una nueva transformación social, miedos e intereses se dan la mano para lanzar el “sagrado” mensaje al conjunto de la ciudadanía: “debemos salvar nuestros valores, nuestros conocimientos, nuestras tradiciones y constumbres, debemos cultivar nuestras mentes y proteger a la juventud que viene detrás”. Pero, resulta que una inmensa cantidad de ocasiones es, precisamente, a esa juventud a la que se tiene miedo. Miedo a que no sean incapaces de mantener aquello que las generaciones anteriores tanto han hecho por construir.

Va siendo hora de ceñirse al tema y dejar de dar rodeos. Os da miedo la tecnología, tanto como el miedo que os causa que la próxima generación sea más estupida, menos inteligente o, simplemente, inserte nuevos valores en la sociedad que vosotras y vosotros, guardianes del conocimiento válido, habéis marcado con el certificado de autenticidad social.

Precisamente Baricco, en su libro, también nos habla de esos bárbaros sin escrúpulos, que vienen a destruirlo todo, y de esas valerosas personas que se enfrentan a las hordas de salvajes, para evitar que contaminen todo lo bueno de nuestra sociedad con sus comportamientos sin escrúpulos, su manía de hacer que todo el mundo disfrute lo que era privilegio de unos cuantos (hombres, por lo general), su interés por mezclar y remezclar, su tendencias post- ante todo.

Pero, estos bárbaros están dando una lección a quienes le precedieron, como refleja Baricco en su libro:

“Por regla general, se lucha para controlar los puntos estratégicos del mapa. Pero aquí, de una forma más radical, parece que los agresores están haciendo algo mucho más profundo: están cambiando el mapa… Eran mutantes que sustituían un paisaje por otro, y que allí fundaban su hábitat.” (pág. 13)

Resulta curioso ver como Beethoven también fue etiquetado de bárbaro, pero dejo que os lo cuente el libro. El tema de los bárbaros y los salvajes es tan recurrente que no hay ámbito que escape a incluir algún grupo o persona a quien podamos etiquetar como tal.

Así, “los salvajes” en la tan seguida serie Juego de Tronos son quienes han decidido vivir al margen de las normas y reglas marcadas por la inmensa mayoría de la sociedad. No deja de ser curiosa esa denominación de “bárbaros”, “salvajes”, etc. para un pueblo que parece más libre que la mayoría de los que se nos muestran en poniente y que tanto tendría que aportar a la medieval lucha por el poder. Aunque esto es otra historia.

Invasión bárbaros

Salvaje fue el surgimiento de la televisión, que raptaba a nuestras hijas e hijos para atarlos a las deseos de la caja tonta, salvaje fueron los hippies, los punkies y por supuesto, todo aquella persona que tiene la osadía de cruzar las fronteras marcadas en los mapas, para atreverse a ir más allá… más allá del muro, porque un muro es lo que construimos entre nosotros y aquello que llega nuevo, ya sean personas, avances tecnológicos o transformaciones sociales y culturales. La tendencia general en nuestra sociedad ante aquello que desconocemos es defendernos, importa poco de donde venga o quién lo traiga.

Los medios de comunicación, son de gran ayuda para preservar nuestros miedos y hacer que broten en el momento oportuno: “Hoy ya no se lee como antes…”, “estamos enganchados…”, “destruyen nuestro modo de vida…”, “perdemos el contacto con quienes nos rodean…”, “destruyen la educación…”, “influyen negativamente en nuestra salud mental…”, y por supuesto, la madre de todos los desastres… “afectan a nuestra productividad”, y ya se sabe que en nuestra preciada sociedad, si no produces, no eres nadie. Estos y tantos otros, son discursos que a fuerza de repetirse visualizamos como reales, nunca faltan los casos específicos que no dejan de resaltarse para justificar que, de una vez por todas, ¡hay que tomar medidas!.

OjO, no trato de construir un discurso que niegue que debemos mantener la actitud crítica ante aquello qeu de una forma u otra nos afecta y construye la sociedad que compartimos. Pero, esa actitud crítica también requiere de la capacidad de acercarse a lo extraño, para comprender, para conocer, para saber y poder mirar más allá de los miedos compartidos y transmitidos por la simple necesidad de protegernos de los nuevo.

“Los bárbaros llegan de todas partes. Y esto es algo que nos confundeun poco, porque no podemos aprehender la unidad del asunto, una imagen coherente de la invasión en su globalidad. Uno se pone a discutir a cerca de las grandes librerías, de los fast food, de los reality shows, de la política en televisión, de los chicos que no leen y de un montón de cosas de este tipo, pero lo que no conseguimos hacer es mirar desde arriba y captar la figura que las innumerables aldeas saqueadas dibujan sobre la superficie del mundo. Vemos los saqueos, pero no conseguimos ver la invasión. NI, EN CONSECUENCIA, COMPRENDERLA”. (Pág. 37)

De eso se trata, de comprenderla, porque si pulgarcita ha desarrollado nuevas habilidades, sin duda, estas responden a una necesidad de adaptación y por qué no, una adaptación para su propio beneficio y el de la sociedad en la que quiere vivir.

Necesitamos, como profesionales de la educación, adentrarnos en el nuevo mundo que la juventud vive, un mundo que no está en transformación, sino que ellas y ellos mismos están transformando desde la raíz. Sería absurdo relacionar una enumeración de enlaces para demostrar la cantidad de beneficios que el avance de las tecnologías de la información o el auge de las redes sociales aporta a nuestra día a día personal y/o profesional. No es mi pretensión contribuir a un debate sin sentido entre defensores y detractores.

La clave para quienes comprendemos que las cosas cambian y los cambios son inherentes a nuestra construcción como personas, es indagar más allá de lo que queda en la superficie, mirar desde lo alto, como dice Baricco, entrando en lo más profundo de las motivaciones que generan la necesidad de un cambio tan radical que esta transformando el terreno de juego para situarnos en un mundo totalmente desconocido. Abrir los muros que nos separan, para intentar aprehender las claves de la lucha.

“A menudo, cuando percibimos hedor a bárbaros, tendemos a relacionarnos con uno, dos como máximo, de esos acontecimientos: elegimos lo que más nos molesta o lo más evidente y lo convertimos en nuestro blanco (ese vino es demasiado simple, el fútbol es esclavo del dinero, los jóvenes unicamente escuchan música fácil y espectacular). Pues bien hay algo, en esa actitud, que siempre nos mantendrá alejados de una auténtica comprensión. En realidad, es probable que ninguno de esos acontecimientos esté esencialmente aislado de los demás, ni pueda juzgarse en sí mismo, ni mucho menos condenar” (pág. 55)

 


¿Por qué escribo?

“No es posible leer sin escribir, ni escribir sin leer… Nadie escribe si no escribe, del mismo modo que nadie nada si no nada.”

(Paulo Freire, Cartas a quien pretende enseñar)

Hace pocos días, hablando con una buena amiga y mejor persona, terminé contándole un poco por encima cual era mi motivación para escribir. Sí, siempre hay una motivación para algo y no siempre estuvo presente en mí la motivación por escribir y dejar lo escrito abierto a la lectura para otras personas.

Quizás, como muchas otras personas, comencé a escribir simplemente por volcar muchos de mis sentimientos en un papel, por contarme a mí mismo aquello que no sabía como expresar para los demás. Mi despertar a la escritura pública, está menos relacionado conmigo mismo y mucho más con una conciencia de ser y estar siendo parte del mundo que compartimos.

No escribo para agradar, ni tampoco para comprobar como llegan mis pensamientos a otras personas. Escribo para, de alguna forma, dejar una huella de aquello que voy viviendo. Escribo para buscar el intercambio de ideas, pero también para no dejar que todo aquello que experimento en mi practica diaria o en mis lecturas cotidianas quede apresado entre los muros de mis pensamientos internos.

Escribir

Si como persona, escribir se convierte en una forma de estar formando parte del mundo y de un intercambio de ideas, como profesional de la educación, escribir se convierte para mi en un deber. Se convierte en el deber de dejar escrita parte de una historia, una historia vivida por mí, pero también por otras personas en las prácticas educativas en las que estamos inmersas. Una historia que cuenta multitud de pequeñas historias, de distintas prácticas. Una historia que cuenta los aciertos, pero también los fallos y las soluciones encontradas. Una historia que nace con la intención de contagiar a otras personas el amor por actuar en al ámbito de la educación social, pero que no busca ser ejemplo a seguir, sino un diálogo para construir.

La escuela, al menos la que yo viví, me enseño a escribir solo para reproducir textos. Me enseñó a escribir separando esta practica de la de leer, y me enseñó a leer olvidando la importancia de escribir. Quizás, y tengo la esperanza de que actualmente así sea, la escuela debería ser ese lugar donde aprendiésemos la importancia de dejar nuestras propias historias escritas. Donde leer y escribir, dejen de ser dos prácticas separadas, donde leer ocupe el lugar central del conocimiento, para dejar paso a la importancia de escrbir para conocer. Donde descubriésemos la importancia que puede adquirir escribir, para que quizás en algún otro momento, cualquier persona pueda dialogar con nuestras palabras.

Para actuar en la sociedad, para poner en marcha proyectos y practicas de acción social transformadora, acudimos a los ejemplos de otras personas. Ejemplos que nacen de la practica personal y colectiva, pero que se plasman en libros, videos, blogs, páginas webs… Sin embargo, nos olvidamos, o más bien no nos sentimos con la seguridad suficiente, de pensar que nuestra propia practica pueda servir a alguien para aprender, para informarse, o simplemente, para entrar en debate con nuestras ideas y prácticas personales y/o grupales.

Por eso escribo. Por la conciencia social, política y personal que me dice que debemos ser testigos vivos de aquello que hacemos. Por la convicción de qué tenemos la obligación para con la sociedad de dejar huella, no solo en las personas con las que compartimos y trabajamos diariamente, sino también con aquellas que algún día puedan estar buscando, igual que todos/as lo hemos hecho, una pista para comenzar su camino en el ámbito de la acción social.

¿Y tú por qué escribes? ¿Por qué no escribes?


¿Se están vaciando las prisiones en España? Una mirada a lo que hay detrás del descenso de presas/os en las cárceles

Viene siendo costumbre en los últimos años utilizar la paulatina reducción de internas/os en la cárceles españolas para llenar más de un titular (Aquí algún que otro ejemplo: 1, 2), pero ¿qué hay detrás de esta reducción?¿es solo cuestión de datos cuantitativos o tenemos que indagar que políticas se están poniendo en marcha detrás de este descenso masivo?¿Por qué es importante mirar que sucede con las y los extranjeros en nuestras prisiones?

Desde 2010, el sistema penitenciario vive un período de recesión, produciéndose la disminución constante de la población penitenciaria, acompañada de un notable descenso de la criminalidad (Brandariz, 2015). Un descenso de población penitenciaria que ha afectado sobre todo a la población extranjera, no por falta de detenciones sobre la población migrante, que han seguido al alza, sino por la aplicación de las expulsiones a sus países (Brandariz, 2015; Ballester, 2016). Un fenómeno que, sin duda, se ve incrementado con la aplicación de la última reforma del partido popular (LO 1/2015 de 30 de marzo) en lo que es una forma de “utilizar el colectivo inmigrante como herramienta de descogestión de las cárceles” (Ballester, 2016, 106). Pero, si por algo destaca este período es por la reducción de la prisión preventiva y el aumento de la concesión del tercer grado y la libertad condicional (Ballester, 2016) que ha soportado la mayor reducción de la población carcelaria, en lo que se dibuja como una forma de hacer frente al período de crisis económica surgido desde 2008 y con el que ya se preveían las dificultades del sistema penitenciario para poder mantener el ritmo de crecimiento en cuanto a población penitenciaria de la década anterior, sobre todo teniendo en cuenta los recortes en medidas sociales acuciados en la inversión en servicios penitenciarios, “supresión de la merienda para los presos/as como medida de ahorro en Cataluña…fin del servicio de orientación y asistencia jurídico penitenciaria en Andalucía, hasta la reducción en la prestación de tratamientos contra la Hepatitis C” (Forero y Jiménez, 2014, 36 citado por Ballester 2016, 103).

Entrando en análisis sobre los derechos de las personas extranjeras, la modificación de la Ley Orgánica 10/1995, de 23 de noviembre del código penal, llevada a cabo como resultado de la promulgación de la nueva Ley Orgánica 1/2015, de 30 de marzo, supone restringir aún más las posibilidades de las personas provenientes de otros países de poder establecerse en España y regularizar su situación o al menos sentirse parte de la sociedad española.

LA LEY ORGÁNICA 1/2015, DE 30 DE MARZO COMO COLOFÓN DE UN ATAQUE DELIBERADO HACIA LOS EXTRANJEROS

La reforma llevada a cabo por el gobierno del partido popular el pasado año sobre la legislación penitenciaria, no supone más que un avance más hacia las reformas que buscan blindar la entrada de migraciones en la conformación de la que algunas investigadoras han venido denominando “Europa Fortaleza” (Sassen, 2013).

Así, esta reforma va intrínsecamente unida a las llevadas a cabo en materia de seguridad ciudadana con la denominada socialmente como “ley mordaza”, Ley Orgánica 4/2015, de 30 de marzo, de protección de la seguridad ciudadana, al Real Decreto-ley 16/2012, de 20 de abril, de medidas urgentes para garantizar la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud y mejorar la calidad y seguridad de sus prestaciones y, por supuesto, a Ley Orgánica 4/2000, de 11 de enero, sobre derechos y libertades de los extranjeros en España y su integración social y sus posteriores modificaciones.

En este sentido, en la medida en que toda esta batería de leyes contienen diversos aspectos relacionados con el trato, la acogida, los derechos y los servicios sociales que el Gobierno garantiza, o en este caso limita, al colectivo de extranjeros en España, residan o no de forma legal en nuestro país, suponen parte de una construcción específica de la visión sobre las migraciones que conlleva aparejada una determinada visión sobre la sociedad que construimos y el mundo en que vivimos.

En un país donde una gran parte de las prisiones hace unos años se encontraban masificadas, la reducción de presos que se ha conseguido en los últimos años puede considerarse por parte de la sociedad como todo un éxito de la administración y del gobierno actual en funciones, hasta correr el riesgo, incluso, de pensarse que esta reducción tan drástica de la ocupación de nuestras prisiones tiene que ver con políticas de desarrollo, educación y prevención llevadas a cabo por los últimos gobiernos populares.

Sin embargo, la disminución de personas presas en la ocupación de los distintos centros penitenciarios, tiene mucho más que ver con las políticas practicadas por nuestro gobierno con respecto a los extranjeros que viven en el país y con las sucesivas reformas llevadas a cabo para fortalecer el control de acceso y las fronteras que con políticas de integración y desarrollo social.

Atendiendo a las cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE)[1] la población reclusa extranjera es la que más ha bajado en los últimos años, desde 2009 año en que dicha población estuvo situada en 27.162 personas este número ha caído hasta las 19.697 en 2014. Después de una continuada subida durante más de 20 años, la población reclusa de nuestro país ha experimentado un continuado descenso que en el caso de las personas extranjeras ha supuesto la reducción de un 15% en el período comprendido entre 2009 y 2015 según informaban algunos medios de comunicación[2]

De esta forma la modificación que introduce la reforma del código penal con la L.O. 1/2015, de 30 de marzo, no hará más que incrementar esta disminución de presos extranjeros en los centros penitenciarios del país. No obstante una de las modificaciones introducidas es la referida al artículo 89 de la anterior L.O. 10/1995, de 23 de noviembre, que de establecer que las “penas privativas de libertad inferiores a seis años impuestas a un extranjero no residente legalmente en España podrán ser sustituidas por su expulsi6n del territorio nacional.” se modifica quedando de la siguiente forma:

“Las penas de prisión de más de un año impuestas a un ciudadano extranjero serán sustituidas por su expulsión del territorio español”

Ha de notarse que el cambio no hace sino ampliar la categoría de quienes podrán ser objeto de la aplicación de este artículo, ya que mientras en la anterior Ley Orgánica esta categoría no incluía a quienes no teniendo la nacionalidad española residían legalmente en el país, esta modificación elimina esa posibilidad quedando estas personas dentro del ordenamiento del citado artículo.

Del mismo modo debemos preguntarnos si a través de la redacción del artículo con la consiguiente decisión de expulsar a la persona infractora sin el cumplimento de la pena, no pudiese estar eludiendo el Estado una de las funciones que se recogen en la Constitución Española como fundamentales y primordiales de las penas privativas de libertad:

“Las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social”

 (Articulo 25.2 del Capitulo 2, sección 1ª de la Constitución Española)

En la medida en que nuestro gobierno pudiese eludir la responsabilidad de la reeducación y reinserción de la persona infractora, con la consiguiente reparación de la pena para con la sociedad, no hace más que afirmar que las políticas llevadas a cabo con este fin y en concreto la ley sobre la que centramos nuestro análisis, están sobre todo encaminadas a limitar las posibilidades de las y los extranjeros de formar parte de una sociedad, la nuestra, mucho más integradora y respetuosa con los derechos y libertades de quienes la integran o aspiran a integrarla en algún momento.

Unida a esta modificación se encuentra también la reducción de los años de condena para determinar la expulsión de la persona infractora una vez cumplidas tres cuartas partes de la condena, que mientras en la anterior L.O. quedaba establecida en los 6 años de condena sin especificar que estos años fueran resultado de la unión de varias penas impuestas, en su modificación queda de la siguiente forma:

“Cuando hubiera sido impuesta una pena de más de cinco años de prisión, o varias penas que excedieran de esa duración, el juez o tribunal acordará la ejecución de todo o parte de la pena, en la medida en que resulte necesario para asegurar la defensa del orden jurídico y restablecer la confianza en la vigencia de la norma infringida por el delito. En estos casos, se sustituirá la ejecución del resto de la pena por la expulsión del penado del territorio español, cuando el penado cumpla la parte de la pena que se hubiera determinado, acceda al tercer grado o se le conceda la libertad condicional.

La modificación introducida en esta parte del artículo, del mismo modo que en la anteriormente comentada, no se entiende sin tener en cuenta como dicha modificación puede estar relacionada con la modificación establecida en los otros artículos objeto análisis en la modificación de esta L.O. 1/2015, de 30 de marzo, aquellos que modifican los artículos 270 y 274 de la anterior L.O.:

“Será castigado con la pena de prisión de seis meses a cuatro años y multa de doce a veinticuatro meses el que, con ánimo de obtener un beneficio económico directo o indirecto y en perjuicio de tercero, reproduzca, plagie, distribuya, comunique públicamente o de cualquier otro modo explote económicamente, en todo o en parte, una obra o prestación literaria, artística o científica, o su transformación, interpretación o ejecución artística fijada en cualquier tipo de soporte o comunicada a través de cualquier medio, sin la autorización de los titulares de los correspondientes derechos de propiedad intelectual o de sus cesionarios.”

“La venta ambulante u ocasional de los productos a que se refieren los apartados anteriores será castigada con la pena de prisión de seis meses a dos años.

 Sin duda la primera modificación que endurece las penas de “seis meses a dos años o de multa de seis a veinticuatro meses” establecidas en el artículo 270 de la anterior L.O. 10/1995, de 23 de noviembre en relación a la distribución y reproducción de artículos con derechos de autor, y la relación con la que modifica el artículo 274 introduciendo la venta ambulante específicamente, penaliza sobre todo a aquellas personas que en nuestras sociedad se dedican a lo que coloquialmente se denomina “top manta” y que en su amplia mayoría, sino en su totalidad son extranjeros, en su mayoría migrantes sin papeles que son directa o indirectamente utilizados por diversas organizaciones para vender esos materiales.

Sería injusto no contemplar que dentro de las modificaciones realizadas a través de la L.O. 1/2015, de 30 de marzo con respecto a las migraciones hay una concretamente que podríamos decir ha venido a mejorar o al menos reducir las sanciones impuestas a quienes ayudaran a entrar en territorio español a extranjeros vulnerando la legislación. En este sentido se modifica el artículo 318 bis de la L.O. 10/1995, de 23 de noviembre que castigaba con penas de entre cuatro y ocho años de cárcel” quienes ofrecieran dicha ayuda, quedando la modificación de la siguiente forma:

“El que intencionadamente ayude a una persona que no sea nacional de un Estado miembro de la Unión Europea a entrar en territorio español o a transitar a través del mismo de un modo que vulnere la legislación sobre entrada o tránsito de extranjeros, será castigado con una pena de multa de tres a doce meses o prisión de tres meses a un año.

Los hechos no serán punibles cuando el objetivo perseguido por el autor fuere únicamente prestar ayuda humanitaria a la persona de que se trate.”

En este sentido podríamos hablar de una despenalización de la ayuda, sobre todo cuando, tal y como dice la redacción de dicho artículo, se trate de ayuda “humanitaria”. Pero, podríamos preguntarnos también que va a ser entendido por los distintos jueces como ayuda humanitaria y que seguridad garantiza esa libre interpretación y la ambigüedad con la que se redacta dicho artículo.

Las modificaciones analizadas en relación con la nueva reforma de la legislación respecto al código penal no han hecho sino endurecer la situación de desamparo ante la que se encuentran quienes residen en España de forma ilegal o aún más allá, las ciudadanas y ciudadanos que residiendo de forma legal en nuestro país, no tienen la nacionalidad española, tal y como queda reflejado en las modificaciones del artículo 89, suponiendo un incremento de los riesgos a correr para quienes, ya sea para reunirse con su familia, para mejorar económicamente o por las redes establecidas con nuestro país decide dejar parte de su vida en su lugar de origen para decidir migrar y establecerse en España.

Nos encontramos así, en la actualidad, en un período de contención del flujo penitenciario, un período que no hace de recorte de derechos generalizado en la sociedad y que utiliza la crisis económica y social actual como excusa para poner en marcha políticas penitenciarias centradas sobre todo en la gestión de la seguridad por encima de los principios de reeducación y reinserción proclamados en nuestra Constitución, un período que hace más necesaria que nunca la intervención en las prisiones de los profesionales del ámbito social, porque “lo más probable, en vista de esta situación, es que mientras la economía vaya bien, los políticos volverán a centrar sus discursos en la seguridad y tendrán una herramienta de castigo muy potente, mientras que en el caso de que vayan ahogados en cuanto a financiación se refiere [como sucede en la actualidad], utilizarán las estrategias que ellos mismos incluyeron en el Código, con previsión, para paliar esta realidad específica” (Ballester, 2016, 111).

—————————–

[1] Las estadísticas del INE pueden consultarse en la siguiente dirección: http://www.ine.es/welcome.shtml

[2] Puede consultarse la noticia en el siguiente enlace: http://www.eldiario.es/politica/extranjeros-protagonizan-poblacion-reclusa-lustro_0_356265355.html

 


Encontrando nuestro espacio (diario de cárcel)

frases-para-reflexionar-volando

Veníamos de una semana bastante difícil, una semana en la que tuvimos que repensar cada concepto de nuestro taller, cada idea construida, nuestras miradas y nuestras iusiones. El día de ayer resultaba, al menos para mí un día decisivo para saber que hacer con nuestro espacio de encuentro y claro, no hay día que este trabajo no te sorprenda.

Llegamos pronto al módulo, al menos pronto para la hora a la que Oscar y yo solemos entrar. Comenzamos a encontrarnos con nuestros compañeros de grupo. Saludos, abrazos, preguntas por lo que pasó la semana anterior. Las conversaciones continúan y entre ellas nos comentan que por ahora seguiremos sin Biblioteca (la están pintando), es decir, sin el lugar donde cotidianamente nos reunimos durante nuestros encuentros. Otros espacios están ocupados, así que toca decidir que hacemos…

Este es uno de esos momentos en los que me doy cuenta que yo no soy un voluntario que hace una labor “x” horas a las semana porque, es cierto, yo (igual que Oscar) no cobro ni un euro por ir al centro penitenciario y realizar junto a Oscar los talleres que realizamos, pero no hay nada que pueda pagar la pasión y las ganas con las que desempeño ese trabajo. Un voluntario, casi con toda seguridad, al ver que el espacio donde realiza su taller no está disponible ni parece haber otro libre da media vuelta y otro día será. Pero, nosotros no concebimos en ningún momento la posibilidad de darnos la vuelta por falta de un espacio delimitado, ni por falta de medios o materiales. Resulta que a estas alturas para nosostros, al menos para mí, lo único importante es el contenido, y ese contenido lo ponemos las personas que nos encontramos y construimos espacio de encuentro. Si nos encontramos, si queremos aprender y compartir el espacio lo creamos nosotros.

Así que después de hablarlo durante un par de minutos allí íbamos cargados con una mesa y algunas sillas del comedor, ¿hacia dónde? Imagino que eso se preguntaban quienes nos veían cargar con ellas y miraban nuestro recorrido para escrutar donde estaba nuestro destino. Sí, habíamos descubierto que existía un espacio enorme, amplio, compartido con otras personas y abierto. Ese lugar donde como diría Marcos Ana, la Tierra deja de ser redonda y se tranforma en cuadrado, un lugar que también esta para ser espacio de encuentro.

Romper con la rutina, romper con los espacios, nos da la oportunidad, como grupo, de hacernos visibles, de ser vistos por otros que quizás nunca nos vieron, pero también de ver a esos otros que normalmente no se acercan a otros espacios donde suponen algo sucede pero no saben qué. Pero, romper caminar a los espacios abiertos también nos da la oportunidad de decir que estamos ahí y que ante todo, no tenemos nada que esconder, más bien tenemos mucho que mostrar y que aprender.

Transcurre la mañana, se acercan algunos curiosos. Unos ojean, alguno que otro pregunta y los menos buscan una silla y nos acompañan. Hablamos, jugamos y hacemos dinámicas. Los temas se suceden, hay risas y momentos serios. Aperturas personales y reflexiones sobre el grupo, sobre cómo seguir caminando y qué hacer para devolverle vigor a este espacio de encuentro.

Hoy seguimos construyendo aprendiajes y compartiendo experiencias. Pero, sin darnos cuenta hoy hemos descubierto, o al menos yo lo he hecho, que el taller de “espacio de encuentro” es más que una estructura porque solo es construido a través de las personas que le vamos aportando contenido. Hemos ensanchado los límites para expandir nuestros encuentros.


La investigación colectiva es como un día de playa (diario de investigador)

Atardecer en la playa de La Ballena en Rota (Cádiz)

Atardecer en la playa de La Ballena en Rota (Cádiz)

Siento que investigar en grupo es como pasar un día de playa. Todo comienza llegando pronto, buscando un buen sitio donde dejar tus cosas para intentar tener un día divertido, tranquilo e interesante. Y claro… aquí va a dar mucho el viento, allí no que luego sube la marea, aquí después se llena de gente, por esta parte no que estamos muy lejos del agua….

En el caso de investigar en grupo comenzamos buscando el tema en el que nos vamos a centrar: que si delimitar el tema, que hay seleccionar los Issues, que los objetivos no están relacionados con el proyecto, que hay que elaborar el diseño, que cada cual tiene su idea en la cabeza, que la metodología no es la adecuada… que a ver si ponemos ya el huevo y empezamos…

En la playa comienza a avanzar el día y todo se va llenando de gente, cada cual con su idea, cada grupo con su espacio y sus mochilas, pero toda persona que llega lo hace con la misma idea de disfrutar el día y pasarlo con más o menos gente, en lo que es casi una negociación invisible, sin normas pero con acuerdos compartidos. Sí, ya sé, siempre está el que pone la música a toda mecha cuando tú quieres leer o echar una cabezada; y la o el que juega a correr por la arena y de camino va llenando las toallas y los bocatas de los demás. Pero, hasta eso se intenta minimizar cuando se trata de pasar un día de playa, al fin y al cabo esa diversidad de vivencias y experiencias es la que le da sentido y construcción a ese espacio que evocamos como “playa”.

En la investigación en grupo creemos que hemos terminado de plantar el huevo cuando por fin hemos delimitado el tema y tenemos nuestro diseño de la investigación hecho. Aunque, realmente aún la gallina ni siquiera ha elegido aún donde va a posarse… Ahora es cuando llega lo divertido. Porque aquí cada cual también trae su mochila a cuestas, y ponerse de acuerdo resulta a veces dificil, a la vez de bonito. Esta el tema, la idea central de la investigación, pero el proceso no es ese, sino el de llegar todas las personas que conformamos el grupo a comprender las ideas que cada una/o tiene sobre esa idea central. Digamos que en ese momento estamos construyendo los acuerdos compartidos sobre la investigación. Pulimos la metoología, nos relacionamos con ella y la conocemos. Perdemos el miedo a equivocarnos al aplicarlas y buscamos (auto) formarnos individual y colectivamente para mejorar nuestros conocimientos sobre el campo. Nosotrs quizás no hemos llegado con las mismas ideas a este estudio de caso, pero sí podemos poner en común los por qué y para qué de su puesta en marcha, y con eso empezamos a construir caso.

Como en la playa, el proceso de investigación colectiva no es lineal ni constante en el tiempo. Al igual que sube la marea somos conscientes que vendrá una bajamar. Pero, lo importante es que siempre haya alguien manteniendo la investigación en stand by, en avance lento y calmado esperando la nueva pleamar.

Tengo la sensación que en nuestro proceso de investigación se acerca esa bajamar, forzada por los procesos y dinámicas universitarias, y el lógico equilibrio que cada persona que forma el grupo tiene que buscar para mantener su proceso de crecimiento profesional y para mí, sobre todo, personal. Quizás perdamos fuerza durante un par de meses pero, también he podido sentir que el grupo en el que estamos trabajando cuenta con las personas necearias para mantener los mínimos de la investigación en un avance lento, pero seguro, esperando la llegada de la próxima pleamar. Mientras tanto al igual que en la playa cuando la marea baja buscamos el charquito que tiene más profundidad para refrescarnos al completo, nosotros buscamos nuevas personas que nos ayuden a cubrir nuestras necesidades y, por qué no, a seguir construyendo todo el proceso que nos queda por delante.

Y en esa andamos ahora. Buscando esa persona, que nos aporte su energía, sus ganas, sus miedos, sus inseguridades, sus conocimientos y sobre todos su compromiso para hacer crecer nuestro grupo. Mientras tanto la observación participante continúa su camino; las entrevistas comienzan a tener nombre; y las etnografías virtuales esperan el abordaje de las curiosas y curiosos investigadores. Pero eso es cosa de otro post.

 


Tomar decisiones significa arriesgarse (diario de investigador)

“Si solo hablamos de estilo, de sueños  y de proyectos pero no salimos a buscarlos, nunca sabremos si es posible. No habrá nadie que nos diga: «Ahora, hoy, es el momento, y se tiene que hacer así», porque a donde vamos no ha ido nadie, y la única realidad es que tenemos que salir para descubrirlo por nosostros mismos”

(Killian Jornet)

No puedo evitar preguntarme si la tarea de diseñar y construir toda una investigación nos viene grande.

Sin duda hay un riesgo en cada decisión que tomamos en nuestra vida y en este caso, en el caso de las investigaciones sucede lo mismo. Tomar decisiones significa arriesgarse, y ese riesgo nos lleva inevitablemente a equivocarnos o acertar en diferentes ocasiones. Para mí, la clave está en aprender de lo experimentado y perder el miedo a poder equivocarnos.

Todo esto no quiere decir que tengamos que andar como locos tirándonos a las fauces del tiburón por si tenemos suerte y no termina de masticarnos. Significa que tenemos capacidad para preveer las distintas situaciones que nos pueden surgir después de cada decisión y que aún así a veces arriesgarse merece la pena.

Para mí la decisión que en su día tomamos de conformar un grupo de investigadoras e investigadores jóvenes que nos encargáramos de construir y diseñar una de los casos de investigación es una decisión arriesgada. Y aquí no hay que olvidar que arriesgarse también, a veces, tiene que ver con tomar posición y favorecer el crecimiento personal y grupal. Porque lo fácil, lo tradicional, quizás incluso lo oportuno, podría haber sido conformar un grupo equilibrado de investigación, con gente mucho más experimentada y gente más novel, de esa forma quizás el grupo y nosotras/os mismos no correríamos el riesgo de la incertidumbre, quedaríamos situados en una cómoda zona de confort y seguridad. Ni que decir tiene que esto además podría asegurar, en cierta medida,  unos resultados predecibles sobre el proceso y sobre la investigación, o al menos eso se podría pensar.

De ahí que tomar decisiones de este tipo no solo tenga que ver con asumir riesgos, sino que además propicia que quienes generalmente no tendrían que asumir responsabilidades las tomen. Habrá quien me pueda decir que esto genera cierto extrés y no puedo negarlo, porque todo lo que implica responsabilizarse de un proceso de crecimiento personal y grupal nos produce cierta ansiedad, pero para mí la clave está en manejar esa ansiedad perdiendo el miedo a equivocarnos y asumiéndolo como parte del proceso de aprendizaje inherente a toda investigación y a toda practica educativa.

Puede que os preguntéis donde nos encontramos ahora. Personalmente después de nuestra primera reunión me encuentro inundado por un sin fin de preguntas sobre nuestro papel en el proyecto “ecologías del aprendizaje en contextos múltiples”, sobre nuestra capacidad para hacer frente a este reto y sobre las posibilidades que nos brinda esta oportunidad.

Hace unos días (16 de diciembre) nos reuníamos las 5 personas que componemos este grupo de trabajo para comenzar a diseñar cómo íbamos a construir esta investigación. Lo primero que hace que el proceso se distinga de otros es el lugar donde realizamos esta reunión. Huímos de la institución universitaria, buscamos otro lugar donde sentirnos relajados, donde el ambiente nos invitara a quitar seriedad sin olvidar la importancia y responsabilidad de lo que hacemos, pero tomando conciencia de que investigar también es encontrarnos a nosotras/os mismos más allá de las paredes y los muros de las instituciones educativas, al fin y al cabo el proyecto general desde el que parte la investigación está centrado en la educación expandida y los aprendizajes invisibles así que ¿por qué no expandir los muros que constriñen la investigación?

Dudas, preguntas, ideas, sentimientos, propuestas… me encuentro a gusto compartiendo este rato. Cárceles, género, ciudadanía, educación social, pedagogía crítica, estudios de paz, intervención social, nuevas tecnologías, diversidad, juventud… La heterogeneidad de los temas en los que cada miembro del grupo ha ido adquiriendo experiencia solo me hace pensar que nada malo puede surgir de este proyecto. Somos noveles, pero con caminos y experiencias muy distintas algo que solo puede enriquecer la investigación.

Las primeras propuestas no se centran en la investigación, sino en el proceso de cosntrucción de la misma, y ahí si queremos hacer algo distinto tenemos que comenzar a seleccionar los beneficios que nos puede aportar un uso crítico y consciente de las nuevas tecnologías y las aplicaciones de internet.

Hablamos de Trello para construir los distintos apartados de la investigación; proponemos google docs para construir el diseño de forma conjunta y añadir críticas a la redacción; queremos conocernos para trabajar mejor, y ahí surge la idea de estos diarios de investigadores públicos para el universo web en general o privados, pero en cualquier caso compartidos entre nosotras/os. Vamos sin prisas pero a cada paso fijando bien el pie antes de lanzar hacia delante la pierna contraria. Fijamos un calendario, pero somos conscientes de la necesidad de ser flexibles con nuestros tiempos y de respetar nuestros espacios de descanso. Y sobre todo una idea a sobrevolado todo el proceso, queremos que esto que hacemos sea útil para todas las personas que estarán de alguna u otra forma inmersas en el proceso de investigación, por eso las preguntas éticas retumban una y otra vez sobre el papel.

Solo ha sido la primera reunión y ya me siento totalmente inmerso en la investigación.

Retomando estos pensamientos después de unos días tras la reunión, reflexiono sobre nuestro uso de esas aplicaciones tecnológicas que ayudan a construir más colectivamente los pensamientos e ideas. Pienso que como grupo nos queda mucho por descubrir para sacar el máximo rendimiento a las posibilidades que nos dan esas herramientas y que aún no hemos explotado como grupo todo el abanico que nos abren, pero los pasos que damos en la comunicación horizontal sobre el proyecto nos dirigen a construir procesos de investigación más colectivos y colaborativos. Quizás el uso continuado que hago de ellas en distintas actividades o colectivos me lleva a proponerlas sin pensar que no es tan fácil habituarse a su uso por parte de todo el mundo. En cualquier caso la predisposición del grupo a participar de ellas, conocerlas y adentrarse en su uso es infinitamente mayor que en otras ocasiones donde he propuesto aprovechar el potencial que nos pueden ofrecer en algunas tareas, lo que vuelve a transmitir esa sensación de riesgo que parece estamos dispuesto asumir como parte de nuestro proceso investigador.


Un investigador en la Tierra Media

Abro un nuevo hilo dentro de este blog para cubrir ese diario de investigadores que nos hemos propuesto llevar a cabo Irene, Elisa, Antonio, Felicidad y yo durante el desarrollo de la investigación que realizamos para el Proyecto “Ecologías del aprendizaje en contextos múltiples” dentro del grupo de investigación de ICUFOP.

Como no se hacerlo de otra forma, pienso que lo primero que os debería transmitir es mi sensación como investigador, cómo me siento, por qué estoy aquí, qué espero… A fin de cuentas presentarme un poco dentro de este extraño mundo que envuelve a la investigación o me envuelve a mí dentro de ella.

Os parecerá extraño el título de esta entrada, pero es que a veces me siento como Pippin (Peregrin Tuk) en esa gran obra de Tolkien que es El Señor de los AnillosMe siento como Pippin porque pienso que como él yo estaba muy tranquilo y feliz detrás de la barra de un bar (eso sí yo en este caso sirviendo las cervezas y copas), sin más complicaciones que las de ir a trabajar, echar las horas en el lugar de trabajo y salir para seguir disfrutando de las bondades de la comarca (en este caso Granada). La vida así era tranquila, a veces con la visita de algún que otro Gandalf o las interesantes reuniones (asambleas) en algún que otro movimiento social. Pero, más allá de esos momentos el tiempo se repartía fácilmente entre la familia, los amigos y la diversión constante.

Pippen (Peregrin Tuk) en una de las escenas de "El señor de los Anillos"

Pippen (Peregrin Tuk) en una de las escenas de “El señor de los Anillos”

Pero, como Pippin nací con el don o la desgracia, según se mire, de la curiosidad constante por todo lo que me rodea, y en el ámbito de la Universidad y la investigación mi curiosidad no entiende de límites. Los avatares de la vida y las amistades peligrosas me llevaron a colaborar con lo que, para no desviarnos mucho del tema, llamaremos “La comunidad del anillo”, con la salvedad de que aquí el anillo podría traducirse como “artículos de impacto en revistas JCR” y que normalmente nos dirimimos entre tirarlas al monte del destino o usarlas para llevar la paz y la transformación a la Tierra Media, pero todo esto es otra historia en la que espero poder detenerme en otro momento.

Seguramente alguien se estará preguntando por qué identificarme con Pippin y no con Sam, Merry o incluso con Frodo. La clave está en que como Pippin yo albergaba ese interés por conocer, pero sin esperar que mi curiosidad me arrancara de mi cómodo círculo de placer en el que mi seguridad y mi tranquila vida se construían sin embarcarse en explorar territorios extraños; Al igual que Pippin en algún momento mi admiración por el conocimiento de los elfos (entendámoslos aquí como aquellos popes que tanto nos meten en la cabeza durante nuestro paso por la academia) nubló parte de mi pensamiento reflexivo y sobre todo de mi acción práctica, y mi tarea era volver a recuperarlo; también como Pippin me involucré en estos viajes gracias a amigas y amigos, primero echas una mano y después tú solo te vas metiendo hasta la cocina; y claro, como Pippin mi curiosidad me lleva, a veces, a cometer alguna que otra imprudencia, me gusta el riesgo y no se controlarme en ese sentido.

Lo que no puedo negar es que a día de hoy estoy totalmente integrado en esta diversa, divertida y arriesgada “comunidad del anillo” y que dentro del último de los viajes (proyectos) que tenemos en marcha comparto aprendizaje, como comentaba al principio, con cuatro compañeros más. Aún no sabemos si este viaje acabará como “la batalla de los cinco ejércitos” o traerá consigo un salto espacio-temporal que nos sitúe dentro de las mejores tramas de juego de tronos. En este caso esperemos no terminar más dispersos que los Stark y poder terminar el trabajo colectivo que se pone en marcha.


Mi maestro (diario de cárcel)

FRATO+Sin+odiar+lo+que+estudiamos

Hoy me apetecía volver a plasmar en la blogosfera parte de ese diario que personalmente me ayuda a relfexionar sobre mi practica educativa en los “espacios de encuentro” que vamos construyendo en la cárcel.

Hay días que no todo sale como tienes planeado. Días en los que descubres o mejor re-descubres lo dificil que resulta el trabajo cuando esa labor está relacionada con personas y tú eres una de ellas.

Siempre pienso que es una sensación normal esa en la que la frustración te inunda y las dudas golpean cada intento de seguir adelante. Cuando decides apostar por la educación y el aprendizaje como motores de cambio nada resulta fácil. Por suerte a lo largo de mi experiencia en actividades, proyectos, iniciativas, comunidades, colectivos, etc. siempre he tenido alguna persona con quien compartir esas dudas, esa persona que te hace reflexionar, que te empuja a buscar el lado optimista de la situación, que te pone los pies en la tierra o simplemente que conoce lo que haces, por qué lo haces y cuál es el objetivo global hacia el que va encaminado mi pensamiento. Mi maestra/o.

Hoy ha sido un día duro, o al menos pudo serlo. La mañana se presentaba interesante, nuevas compañeras que se embarcaban en conocer uno de los contextos en el que desarrollamos las actividades de la Asociación Pides, las ganas de Oscar y mías de retomar las sesiones del “espacio de encuentro” con dos dinámicas de reflexión personal y social… Pero, en la practica educativa uno debe estar siempre preparado para cualquier cosa, y quizás, yo a pesar del tiempo que llevo compartiendo mi tiempo en la cárcel en los distintos talleres no estaba preparado para afrontar la realidad que se me iba a presentar. No todos los días tiene uno el tiempo para fiesta.

La llegada a nuestro espacio de encuentro se desarrollaba como siempre, saludos aquí y allá, preguntas por los últimos días, por lo que teníamos pensado hacer hoy, por los motivos de no haber ido la semana anterior… Algún que otro compañero del grupo enfermo, la gripe y los resfriados se hacen notar a pesar de los pocos días de frío. Todo como siempre, excepto que por unas cosas u otras nos encontrábamos solos, practicamente sin posibilidad de comenzar el taller. Allí estábamos mirándonos y preguntándonos los dos Oscar y yo. Mi maestro y yo.

Mi maestro porque es en estos momentos donde cuando uno se cae tiene que haber otra persona que le empuje a levantarse. Maestro porque si uno se para alguien tiene que darle el primer empujón para hacerle caminar, y hoy ese alguien fue mi compañero y maestro de actividades, Oscar. Vale. Entiendo que a estas alturas tenga que explicarme y explicar por qué califico así, de maestro a una persona determinada.

Hagamos un paréntesis:

[Este es el momento en que más de una/o me saca la definición de maestro de la RAE o me envía a la wikipedia a consultarla. Pero, yo hablo de un maestro con mayúsculas. De los maestros que a veces olvidamos que tenemos cerca porque buscamos contínuamente a esa figura referente, docta en tal o cual materia, reconocida públlica y socialmente como maestra o maestro por encima del resto. Hablo de las compañeras y compañeros de trabajo como maestros. Por eso entiendo que he tenido muchas maestras y maestros a lo largo de mi corta vida y que cada una de esas personas fue y es maestra en determinados momentos y practicas.]

Una vez explicada mi concepción (errónea para muchas/os, sesgada para algunas/os e interesada para otras/os .Podemos discutirlo en los comentarios) de maestro, me gustaría explicar qué hace un maestro, cuando el estudiante (en este caso yo) se queda paralizado.

El maestro es quien no entra en tu derrumbe ni cae en tu red, que en estos momentos se construye en una espiral autodestructiva. El maestro mira, te mira y a veces sin pensar te propone otra cosa que hacer. Parece algo sencillo, pero el maestro acaba de desviar tu atención del problema para enfocarte en otra dirección y aunque tenga que vencer resistencias sabe que finalmente todo consiste en no seguir parado fijando tu concentración en el problema.

El maestro no se pregunta por tu bloqueo mental, puede que incluso no sepa que tienes un bloqueo mental. El maestro continúa el desarrollo normal de un día de trabajo, y si las circunstancias hacen que no haya nada que hacer en un lugar, busca otro sitio donde pasar ese tiempo sin necesidad de que haya un plan previo, ni objetivos concretos por alcanzar pero, con la intención de buscar la motivación que te permita, os permita, continuar construyendo aprendizajes.

Y entonces es cuando todo cambia. Todo cambia porque tu mente y tu bloqueo se encuentran con otras personas, a veces nuevas y otras no tanto. Las resistencias a un bloqueo que te lleva a pensar que lo que haces no sirve para mucho o que tú mismo no sirves como educador/a, se ven sacudidas por conversaciones que te envuelven hasta hacer olvidar el recuerdo que hacía que todo fuese una espiral descendiente.

De pronto un mal día se ha transformado en un día para pensar en cosas nuevas o en otras ocasiones para conocer otras inquietudes propias y ajenas.

Pero, la labor del maestro a veces no termina ahí. Hay días en los que además tienes la oportunidad de poder compartir tus pensamientos, reflexiones, ideas o miedos con tu maestro, y es en esos momentos donde comprendes la importancia que tiene que tu compañero de trabajo sea tu maestro o que tu maestro sea sobre todo un compañero de trabajo. Porque en estos momentos es donde se encuentran los pensamientos y las ideas, donde se construyen nuevas transformaciones y proyectos, donde se intercambian las dudas para transformarlas en posibilidades de acción.

Hoy todo eso fue posible gracias a uno de mis MAESTROS, Oscar. Hoy todo eso me ha sido posible por descubrirme aprendiz donde otras veces puedo ser maestro. Todo es posible por descubrir que un compañero es mucho más que una persona con la que solo compartes un tiempo y un espacio. Por haber deconstruido el significado de maestra/o para reinterpretarlo como aquella persona que te hace aprender y que en otras ocasiones puede aprender de ti. Hay muchas maestras y maestros en muchos lugares distintos, haciendo cosas distintas, solo tenemos que estar abiertos a encontrarlos y reconocerlos.


A veces uno es… (diario de cárcel)

“Unas veces me siento
como pobre colina
y otras como montaña
de cumbres repetidas.

Unas veces me siento
como un acantilado
y en otras como un cielo
azul pero lejano.

A veces uno es
manantial entre rocas
y otras veces un árbol
con las últimas hojas.
Pero hoy me siento apenas
como laguna insomne
con un embarcadero
ya sin embarcaciones
una laguna verde
inmóvil y paciente
conforme con sus algas
sus musgos y sus peces,
sereno en mi confianza
confiando en que una tarde
te acerques y te mires,
te mires al mirarme.”

(Estados de ánimo, Mario Benedetti)

Quizás una de las características que más me gusta de nuestro trabajo aquí sea la apertura que tenemos a que cualquiera pueda venir con nosotros a los talleres que realizamos. Siempre estamos abiertos a que se incorpore alguien más al grupo, venga de fuera o de dentro, no tenemos nada que ocultar y curiosamente esta situación contrasta con la que se produce en la mayoría de procesos de educación que permanecen cerrados e incluso en ocasiones prohibidos para cualquier persona ajena al grupo.

Sin duda en función de lo que se va a trabajar puede ser que quién se una al grupo se encuentre más o menos cómodo durante la sesión, pero exactamente igual ocurre con el grupo cuando recibe a esa persona. Quizás ahí debe estar centrado el trabajo de quienes de alguna manera son construidos y se construyen a sí mismas/os como educadoras/es: Ser capaces de conseguir que quienes participan de unas horas de encuentro, intercambio comunicativo, experiencias, etc. se sientan como en casa.

Pero ¿es necesaria una preparación del grupo y de las personas que se integran al mismo? Personalmente pienso que no. Lo necesario, desde mi punto de vista es sentido común, olvidar los miedos, vivir esas incorporaciones como algo normal y sobre todo estar dispuestas/os a desaprender todo lo que hasta ahora hemos aprendido.

Hoy nos tocó a nosotros tener dos nuevas visitas en nuestro grupo. Me resultaría difícil juzgar como se sintieron, pero si puedo decir que como grupo se enriquecieron los aprendizajes y se vivieron nuevos puntos de vista que aportan mucha importancia a las actividades que se realizan.

Aún continuamos conociéndonos tal y como contaba la semana pasada, pero claro ¿cuándo acabamos de conocernos individualmente? ¿Y en grupo? Me atrevo a decir que sin importar a lo que dediquemos la sesión nunca terminaremos de conocernos como grupo por muchas sesiones que trabajemos juntos, como nunca terminamos de conocernos a nosotros mismos por muchos años que nos de la vida para hacerlo.

¿Cuántas anécdotas, vivencias, experiencias o momentos especiales hemos guardado en el baúl? ¿Cuántas veces hemos preguntado a alguien cercano cuáles fueron sus momentos especiales?

Generalmente solemos hacerlo poco. Quizás la vida nos entretiene con demasiadas cosas como para conocer un poco más a quien tenemos cerca o simplemente no nos da tiempo de pensar en ello. Hoy nosotros quisimos hacerlo con una sencilla dinámica, una dinámica que a través de nuestras propias experiencias ha servido para conocernos un poco más, pero también para sentirnos más cómodos trabajando.

Todos tenemos distintas caras que mostramos al mundo. Caras que vamos turnando como si de máscaras se trataran, caras que esconden partes de nuestra personalidad, de nuestros miedos y nuestras alegrías. Caras que salen a la luz o que permanecen ocultas, guardadas en un lugar seguro, caras que nosotras/os mismos no vemos y caras que quizás nunca lleguemos a descubrir.

La ventana de Johari me ha servido hoy para descubrir algunas de esas caras que otras personas ven en mí y que nunca pensé que estaba mostrando, para reafirmar que la ironía es parte de mi vida diaria y para preguntarme que habrá en esa ventana desconocida que merezca la pena ir trayendo pronto a alguna de las otras ventanas.

Pero, hoy fuimos un paso más allá y nos atrevimos a experimentar construyendo una ventana de Johari grupal. Un espejo que fuésemos descubriendo a lo largo del año como grupo, un termómetro de como vamos evolucionando a través de como nos vemos como grupo y cómo nos ven.

Otra de las ventajas que se obtienen de trabajar esporádicamente con personas que normalmente no participan en las sesiones es la de obtener otras visiones de lo que estamos haciendo, un punto de vista diferente y una ayuda para seguir mejorando desde la crítica compartida.

Si las dificultades me invitan a no rendirme y seguir luchando… ¿Qué pasará conmigo si todo sigue marchando tan bien?


A %d blogueros les gusta esto: