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Autonomía política, dignidad, coherencia y ética representativa

Sin duda ante un título de un post como el que figura en la cabecera de esta entrada cualquier persona podría esperar un ensayo profundo y trabajada sobre la ética política, quizás con citas y referencias a Aristóteles, Ortega y Gasset, Espinoza, Gramsci, Chomsky, etc. Quizás haya quien espera los resultados de una profunda investigación en torno al papel de nuestras/os representantes hoy en día, con referencias a la crisis de legitimación o a la perdida de reconocimiento en torno a nuestras instituciones, con alguna que otra referencia a la sociedad líquida de la que nos habla Bauman y como no con innumerables párrafos sobre la crisis económica actual y su extensión a los diferentes ámbitos de la vida.

Para todo eso quedan los innumerables artículos de periódicos y revistas que día a día se reproducen en los medios de comunicación actuales. No es este un sitio donde vaya a verter mis impresiones y opiniones sobre toda la actualidad política (al menos no ahora y seguro no en el mismo formato o forma en que se hace en otros sitios), me ha parecido mucho más pedagógico citar una experiencia real, una experiencia vivida y reflejada por uno de los grandes pedagogos del siglo pasado, Paulo Freire. No hay mucho que decir sobre la cita, o sí, eso lo dirá el debate que puedan producir las palabras del autor de Pedagogía del Oprimido:

“Cuando asumí la Secretaría de Educación en Sâo Paulo, una semana después recibí una llamada del Banco Mundial que estaba en negociaciones con varias instituciones del estado de Sâo Paulo… Me llamaron de Boston y fijamos una entrevista. Yo y mi equipo recibimos una delegación del Banco Mundial, hablamos, y el presidente de la delegación del banco dijo: “Mire, profesor, nosotros tenemos cincuenta millones de dólares para prestarles, para la Secretaría de Educación” y añadió: “Ahora bien, hay algunas condiciones, la primera es que usted también tenga cincuenta millones”. Y yo dije que muy bien. “La segunda” – continuó- “es que usted pase sus cincuenta millones a algunas organizaciones no gubernamentales” (pensad que algunas organizaciones no gubernamentales también despiertan interés entre los neoliberales), “que usted pase los cincuenta millones para las organizaciones no gubernamentales, ellas no pagan, pero usted nos paga”. “Terccero” – dijo- “nosotros prestamos el dinero para un determinado tipo de trabajo… para escuelas”. “Cuarto, que la mayoría de las educadoras que van a trabajar con las organizaciones no gubernamentales deben ser personas no diplomadas, no formadas”.

Yo dije: “¡Mire, ¿usted sabe que el 70% de las profesoras de la red municipal de Sâo Paulo tienen posgraduados y que del 30% restante, el 20% tienen una carrera universitaria y que el otro 10% restantes son diplomadas?! ¿Y usted me propone, ahora que estoy comprometido con un trabajo extraordinario, gigantesco, que cuesta millones de dólares ponerlo en práctica, para la formación permanente de estas personas, usted me propone esto ahora?”.

Después continué: “Mire, señor, esto no se propone ni siquiera para las zonas más pobres del noreste de Brasil, donde hay falta de formación de los docentes. Ahora bien, me gustaría hacer una pregunta. Vamos a suponer que usted me pida lo que yo no le he pedido: un préstamo. Pero vamos a suponer que usted me pida cinco mil dólares (este es mi límite) y me dé pruebas, me dé señales de que usted puede pagar. ¿Usted aceptaría que yo le dijera: “Muy bien, yo le presto cinco mil dólares, pero hay algunas condiciones, primero, con estos cinco mil dólares usted tiene que comprar mil shorts hechos en Sâo Paulo, doscientos de color azul, trescientos estampados… y también tiene que comprar dos mil corbatas hechas en Recife…””

Y así hice una lista de exigencias para prestar los cinco mil dólares y pregunté: “¿Usted aceptaría esto?” y el dijo que no. Entonces yo respondí: “¿Cómo piensa usted que yo, que ya estuve preso, que ya fui expulsado de mi país y que escribí un libro titulado “Pedagogía del Oprimido” pueda aceptar esto? ¿Usted piensa que yo no respeto a mi pueblo? No, mi respuesta es no… muchas gracias, yo no quiero su préstamo”. Y el dijo: “¿Cuál es la condición para que usted acepte?” yo dije que tenía dos condiciones: “La primera no pagar nunca de vuelta el préstamo, y la segunda, que yo haga lo que quiera sin dar explicaciones o enviar informes a nadie. Estas son las dos exigencias sin las cuales, muchas gracias, no quiero su dinero”.

Y él entonces preguntó: “¿Y si la alcaldesa Luiza Erundina acepta?” Yo respondí: “Mire no hay “sí” en este caso. ¿Sabe por qué Erundina me llamó para ser secretario? Porque sabía, antes de llamarme, que un día una propuesta como esta sería rechazada por mí. Fue por esto que ella me llamó, porque sabía que yo diría “no” a usted o a cualquier persona que haga este tipo de propuesta. Pero suponiendo que Erundina haya enloquecido y dijera que acepta, yo entregaría mi cargo al momento y daría una entrevista diciendo: Erundina está loca“. Y me levanté y él se fue para siempre con su equipo. Esto es lo que tenemos que hacer. Esta es la cara de dignidad que tenemos que asumir en nombre de nuestro pueblo y no solamente en nombre de nosotros mismos, individualmente. No sería yo si estuviera allí haciendo un discurso delicado…”

(Texto extraído de Pedagogía del compromiso de Paulo Freire, paginas 99-101)


Recuperando horizontes, construyendo caminos desde la representación estudiantil II: espacios de movilización, participación y representación

 

Los Consejos y Delegaciones de estudiantes abren un nuevo espacio de participación política dentro de la Universidad, estos organismos están compuestos íntegramente por estudiantes, siendo gestionados en su totalidad por quienes las integran y teniendo una autonomía de actuación total (al menos en teoría) del consejo de Gobierno y de otros órganos colegiados y unipersonales de la Universidad tal y como por ejemplo recogen los estatutos de la Universidad de Granada y el reglamento de la delegación General de Estudiantes de la UGR sobre este ultimo órgano.

 

El funcionamiento de las delegaciones y consejos de estudiantes varia en función de las competencias, organización y formas de financiación recogida por sus integrantes en el reglamento de funcionamiento de las mismas y reflejado en el caso de los consejos y delegaciones de universidad en los estatutos generales de la misma. Esta libertad de acción permite que podamos encontrar delegaciones o consejos de estudiantes que funcionen de forma muy distinta sin ser esto un condicionante a su fin ultimo, la defensa y lucha por los derechos de estudiantes.

 

La construcción de las formas de participación dentro de la universidad no queda, por otro lado, limitada por el reglamento y el funcionamiento de la delegación o consejo de estudiantes, aunque estos órganos si recogen la máxima representación dentro de la institución universitaria.

 

Si admitimos como valido el supuesto de que la participación dentro de la universidad no queda limitada a la orientación realizada desde el máximo órgano de representación, podemos afirmar que somos los y las estudiantes como personas libres y responsables de nuestra practica diaria quienes construimos las distintas formas de participación en la universidad y que estas pueden tener tantas formas y opciones como queramos darles.

 

La autonomía de los máximos órganos de representación con respecto a los órganos colegiados de la universidad posibilita, ademas, un trabajo conjunto entre las delegaciones y consejos de estudiantes y asociaciones, ONG’s y otros colectivos representativos de la sociedad, siempre y cuando estas colaboraciones no vayan en contra de los fines últimos recogidos en los reglamentos de dichos órganos y en los estatutos de las universidades a las que pertenecen.

 

Por otro lado, esta participación en la construcción de nuevos espacios de expresión y cambio en los modelos de aprendizaje, podría encontrar un apoyo en las acciones realizadas por quienes nos representan en los máximos órganos de representación y en los órganos colegiados de la Universidad, de forma que nuestras ideas, nuestros proyectos y nuestras actividades puedan obtener nuevos caminos de financiación, transmisión y reconocimiento en la institución.

 

según Navarrete Lorenzo, “los jovenes no se sienten ni autores ni actores de la historia de su tiempo, sienten que es imposible autoubicarse”. En contra de esta afirmación, yo si creo que nos sabemos actores y autores de nuestro tiempo, la diferencia estriba en que queremos decir cuando hablamos de participación y sobre todo en aquello que se legitima como participación dentro de la universidad.

 

La variabilidad de cada persona, así como la defensa de determinadas ideas y principios de actuación conduce a que hablar de participación estudiantil implique realizar un amplio recorrido por sus diversas representaciones o las distintas formas en que esta es entendida.

 

A modo de resumen, desde mi punto de vista, tres son las visiones que podemos encontrar en torno a la participación estudiantil y sobre todo a la motivación que desde las distintas opciones se puede dar para participar dentro de la universidad:

 

1. En primer lugar podemos encontrarnos con grupos de estudiantes que no participen de la representación estudiantil, simplemente por motivaciones ideológicas. Estos estudiantes sin embargo, generan distintos espacios de participación paralelos a la representación formal e incluso a las distintas delegaciones y consejos que además de seguir movilizando y fomentando la participación del sector estudiantil, aporta nuevas visiones y construcciones de los espacios públicos en la universidad, así como de la transmisión del conocimiento que se da en esta. En este sentido no están de acuerdo con la organización de dichos órganos y con la subordinación, que desde su punto de vista existe en ellos a los poderes organizativos del sistema universitario.

 

2. Una segunda forma de participación estaría marcada por aquellas personas que representan en distintos órganos colegiados a sus compañeras y compañeros, pero que, quizás por falta de conocimiento, de tiempo o simplemente por no encontrar los caminos adecuados no terminan de transmitir aquello que se trabaja en las distintas reuniones. Por otro lado desde la representación, podemos encontrarnos con personas que ademas están involucradas en otras formas de participación, principalmente con actividades organizadas por asociaciones o por los propios vicedecanatos; y otras personas que simplemente se interesan por representar y estar algo mas informadas de aquello que sucede en el ámbito de su facultad o su universidad.

 

3. Por ultimo podemos encontrarnos con personas que estén involucradas en la participación desde distintos ámbitos, ya sea desde el plano social, representativo, asociacional o en las delegaciones y consejos de estudiantes.

 

Como señala Rodríguez López (2003) existen grupos volcados no solo en la participación dentro de la universidad sino en el reconocimiento de dicha participación, algo que no deberíamos olvidar. En este sentido en su trabajo señala la labor de “Sapienza Pirata” un grupo que busca que “la Universidad reconozca como parte de los currícula los seminarios, lecturas o actividades que el movimiento estudiantil o los sectores mas dinámicos de las facultades sean capaces de crear. Estas experiencias pueden ser el embrión de formas nuevas de conocimiento, pero sobre todo mecanismos de autoorganización política con capacidad para modificar la propia institución y de generar formas de renta autónomas a los circuitos de explotación del trabajo cognitivo. ”

 

En cualquier caso la forma de participación en la que estemos dispuestos a involucrarnos dentro de nuestra universidad no debería de imposibilitar el contacto constante entre las distintas motivaciones, ya que el fin ultimo de todas se traduce en la consecución de la defensa de nuestros intereses como estudiantes y sobre todo en la mejora de la Universidad, del conocimiento que en ella se genera y de la función social que esta debería cumplir en nuestra sociedad.

 

“Los estudiantes deben participar en el gobierno universitario porque están en condiciones de hacerlo, y porque conocen y sufren mas que nadie los problemas universitarios. Esta participación debe darse tanto a través de los representantes estudiantiles en órganos de cogobierno, como de las organizaciones gremiales y centros de estudiantes” (Cuello Pagnone y Parisí).

 

La información como clave de la participación

 

En el estudio realizado recientemente por Cuello Pagnone y Parisí, Participación política estudiantil al interior de la Universidad: interés en política y conocimiento sobre la vida institucional. Se refleja la importancia de una información transparente y fluida en la consecución de una mayor participación por parte del sector estudiantil en la política universitaria, de este modo los autores señalan que:

 

“Sumado a la desinformación se registraron reclamos, de parte del estudiantado hacia la institución en general o hacia los representantes estudiantiles, en términos de demandas en cuanto a la cantidad, calidad y claridad información ”

 

Pero, por otro lado en dicho estudio se concluye que aquellas personas que de alguna forma participaban involucrándose en procesos de participación en la universidad registraban una mayor cantidad de información sobre las políticas universitarias llevadas a cabo y sobre el funcionamiento en general de la organización de la universidad (Cuello Pagnone y Parisí).

 

Las conclusiones de este estudio deberían hacernos reflexionar con respecto a la participación estudiantil, a cómo se lleva a cabo la transmisión de información y sobre todo al enriquecimiento de conocimiento que se adquiere al estar involucrados en labores de representación y participación.

 

Pero este apartado busca responder a algunas de las preguntas que con mayor frecuencia nos hacemos cuando decidimos colaborar o participar dentro de la universidad y de las actividades que se llevan a cabo en ella: ¿cómo participo? ¿qué puedo hacer?

 

Quizás en respuesta a esta pregunta nos bastaría con citar la famosa frase de Machado “caminante no hay camino, se hace camino al andar”. Y es que como se ha intentado reflejar en el apartado anterior la participación depende mucho de nuestras propias motivaciones, de hasta qué punto estemos dispuestos a involucrarnos y por su puesto de hacia dónde nos encaminan nuestras ideas.

 

Lo cierto es que la revitalización del movimiento estudiantil en general y del movimiento estudiantil universitario en particular, pasa por saber crear cauces de participación que permitan entrar en contacto con la política universitaria y con la información que se genera dentro de los distintos órganos a la amplia diversidad de ideas, creencias y motivaciones que integran las universidades, preservando siempre los principios democráticos de no represión y no discriminación y el valor de las argumentación en la validez de ideas sobre las opiniones vacías y basadas en dogmatismos ideológicos.

 

Las formas de participación que se desprenden de la exposición realizada comprenden una amplia variedad de posibilidades:

 

– Representación en órganos colegiados de la universidad, facultad o departamentos.

– Representación en las distintas delegaciones y consejos de estudiantes.

– Participación en la elaboración de actividades organizadas por distintas organizaciones o asociaciones.

 

Propuesta y elaboración de actividades a realizar por los propios estudiantes.

– Participación en medios de difusión de información: periódicos, boletines, revistas, radio, televisión, redes sociales…

 

etc.

Un abanico tan amplio de posibilidades deja paso a generar las motivaciones suficientes como para que cada persona se sienta participe de un movimiento que pugna por recuperar la importancia y el reconocimiento que ha ido perdiendo en los últimos años y sobre todo el reconocimiento de una juventud que no esta muerta, ni es apática. Aunque quizás tenga falta de confianza en sus posibilidades y en sus ideas, tal y como resalta Navarrete Lorenzo:

 

“Para que el movimiento estudiantil volviera a tener la influencia social de los 60 tendria que cambiar la mentalidad de los universitarios, tendrían que tener mayor confianza en sus posibles acciones. Pero ahora, lo que reina en la mente del universitario es el desencanto, la desconfianza, el egoísmo y otros aspectos que hacen imposible que vuelva a ser el agente de cambio que fué”

Y os dejo la bibliografía para quién esté interesado en algo más sobre el tema:

Carrillo-Linares, Alberto. Movimiento estudiantil antifranquista, cultura política y transición política a la democracia. asado y Memoria. Revista de Historia Contemporánea, 5, 2006, pp. 149-170 .

Cuello Pagnone, Marina y Parisí, Elio. Participación política estudiantil al interior de la universidad: interés en política y conocimiento sobre la vida institucional.

Decreto 1236/1971, de 14 de mayo, por el que se aprueban los estatutos provisionales de la Universidad de Granada. B.O.E. De 17 de junio de 1971, no 144, pags. 9775-8784. Descargado el 2 de enero de 2011 de http://www.boe.es/aeboe/consultas/bases_datos/doc.php?id=BOE-A-1971-753

Fouce, José G. El movimiento estudiantil español a lo largo del tiempo: la transición y los anos 90. Un análisis cualitativo. Nómadas 2007, nº7, enero-junio. Universidad Complutense de Madrid (Madrid).

González Calleja, Eduardo y Souto Kustrin, Sandra. De la dictadura a la república: orígenes y auge de los movimientos juveniles en España. HISPANIA. Revista Española de Historia, 2007, vol. LXVII, num. 225, enero-abril, pags. 73-102.

Ley de 29 de julio de 1943 Sobre Ordenación de la Universidad Española. BOE de 31 de julio de 1943, no 212, pags. 7406 a 7431 .consultada en http://www.filosofia.org/mfa/fae943a.htm el 28 de diciembre de 2010.

Navarrete Lorenzo, Montserrat. El cambio del movimiento estudiantil. De la revolución a la apatía. Acciones e investigaciones sociales , pags 75-88.

Real Decreto de 21 de mayo de 1919 consultado en http://personal.us.es/alporu/legislacion/plan_silio.htm el 29 de diciembre de 2010.

Rodríguez Lçopez, Emmanuel. La universidad y su critica. Movimiento estudiantil, reforma universitaria y mercado de trabajo (1975-2003). LOGOS. Anales del Seminario de Metafísica 2003, 36 49-63 .


Recuperando horizontes, construyendo caminos desde la representación estudiantil I

Bueno pues aquí dejo la primera parte de la Ponencia que tuve la suerte de compartir en las I Jornadas de Representación Estudiantil organizadas por las facultades de Ciencias de la Educación y Ciencias de la Universidad de Granada en 2010.

Hablar de representación o mejor dicho de participación estudiantil en las instituciones educativas  y particularmente en la Universidad obliga a hacer un repaso histórico a las formas y espacios que han servido para dar expresión a la voz de de estudiantes en toda la amplitud que el término recoge.

Si centramos nuestra atención en nuestro Estado podemos afirmar que el movimiento estudiantil ha sido precursor de verdaderos cambios políticos y sociales a lo largo de nuestra historia, sobre todo desde los siglos XIX y XX. Como señalan Gonzalez Calleja y Souto Kustrín (2007) en España “los primeros movimientos de protesta juvenil fueron fundamentalmenteuniversitarios”. Varios sucesos recogidos por estos autores en su trabajo De la dictadura a la república: orígenes y auge de los movimientos juveniles en España, indican la importancia de estos movimientos, así como su compromiso con el avance y progreso de la democracia y de la sociedad en la que se suceden. Los autores citan por ejemplo la “Noche de San Daniel del 10 de abril de 1865” donde se luchó por la defensa de la libertad de cátedra, los alborotos de la Santa Isabel en noviembre de 1884 con las mismos intereses de defensa en favor de la libertad de cátedra, las primaveras de 1903 y 1905 contra el aumento del clericalismo en las aulas… Estas movilizacionesy manifestaciones marcarían los inicios de un movimiento que ha tenido diferentes motivaciones y respuestas a las circunstancias vividas a lo largo del siglo siguiente.

Durante siglo XX la movilización estudiantil recorre una línea en la que ha evolucionado a través de distintas formas de participación en la institución universitaria, en el gobierno de la propia universidad y en la transformación de la sociedad.

Los primeros años del siglo y hasta el golpe de Estado que generaría la guerra civil española, lamovilización estudiantil mantuvo un papel muy activo en la politica estatal, hasta el punto de que algunos trabajos relacionan el estallido de la guerra con la fuerte oposición entre grupos de movilización juvenil, muchos de estos muy relacionados con los distintos grupos de participación estudiantil universitaria.

El final de la guerra y la dictadura del general Franco reducidiría la representación y participación estudiantil dentro de la Universidad al sindicato español universitario (SEU), un sindicato de organización vertical, marcado por la ideología del régimen y que servía como un elemento más de instrucción y control de la población, sobre todo de los grupos opuestos al régimen. Cómo ejemplo basta echar un vistazo a algunas de las competencias atribuidas a dicho sindicato en la Ley de 29 de julio de 1943 sobre Ordenación de la Universidad Española:

“a) Agrupar a todos los estudiantes universitarios.

c) Infundir con sus actividades e instituciones el espíritu de la Falange en los escolares universitarios.

d) Participar en la selección de los alumnos universitarios para el intercambio de pensiones o ampliación de estudios en Centros nacionales o del extranjero, de suerte que su informe favorable sobre la formación política de los candidatos sea preceptivo para la designación.

g) Organizar, de acuerdo con las normas del Ministerio de Educación Nacional, del Frente de Juventudes y de las disposiciones rectorales, el Servicio Obligatorio de Trabajo, cualquiera que sea el lugar en que haya de realizar sus tareas.

h) Determinar, conforme a las normas de la Delegación nacional del Frente de Juventudes, los planes obligatorios de Educación Física y Deportiva, que, una vez aprobados por el Ministerio de Educación Nacional, pondrá en práctica de acuerdo con las disposiciones rectorales los recursos materiales necesarios para la puesta en práctica de estos planes serán facilitados por el Ministerio de Educación Nacional.

i) Organizar Comedores y Hogares del Estudiante, Albergues de Verano e Invierno, y cuantas instituciones tiendan a fomentar el espíritu de camaradería entre sus afiliados y a mejorar su preparación para la vida humana.”

Si bien, este sindicato lejos de establecerse como el instrumento de transmisión y subordinación que el régimen requería para el control de la juventud chocaría, sobre todo a partir de los años 50, con una generación nueva, que al darse cuenta de las funciones doctrinarias de dicho sindicato constituiría el germen de un sindicato paralelo (Sindicato Democrático), controlado íntegramente por estudiantes y que participó activamente en acciones contra la dominación académica y social generada por la dictadura (Carrillo-Linares, 2006).

Resulta fundamental resaltar el papel que según los trabajos consultados (Fouce, 2003 y Carrillo-Linares, 2006) tendrían las organizaciones juveniles, sobre todo durante las décadas de los 60 y 70, nacidas de las inquietudes de estudiantes que buscaban una salida democrática al régimen dictatorial.

“El aire de modernidad social y de refresco mental penetró, más que por ningún sitio, por la aulas universitarias, a veces incluso contra la moral de muchos de los partidos de la oposición, lo que nos alude a que el proceso iba más allá de lo puramente político” (Carrillo-Linares 2006).

A este respecto estos estudios sobre la participación estudiantil de finales de la dictadura y sobre todo durante la transición política, dejan claro el papel movilizador del liderazgo estudiantil de la época, formando una pieza clave de la transición democrática del Estado.

Tal y como señala Carrillo-Linares (2006):

“El régimen siempre temió mucho más la protesta obrera pero, en cierta medida, perdió de vista los efectos destructivos del otro movimiento, que fue mucho más corrosivo, del entramado profundo sobre el que se construye una sociedad”.

El período de transición dejó paso a una nueva organización estatal, basada en los principios democráticos heredados del estado de bienestar y que imponía nuevas formas de participación desde los movimientos estudiantiles. Pero, con anterioridad a la llegada de la democracia la puesta en marcha de la Ley general de Educación de 1970, promulgada durante el final de la dictadura y que representó un intento de aplacar a los sectores críticos del régimen, incluyó la ampliación de la participación en los procesos y órganos de toma de decisiones, una de las reivindicaciones de los movimientos de renovación pedagógica y sobre todo de aquellos profesores que no gozaban de una seguridad funcionarial en el sistema, los llamados profesores no numerarios (PNN). El papel de estos profesores no numerarios tras la promulgación de la LGE y su integración total en el sistema funcionarial, generaría un cambio con terribles consecuencias para la movilización estudiantil (Rodríguez López, 2003).

Así por ejemplo los estatutos de 1970 de la Universidad de Granada recogen la participación de una representación de estudiantes en distintos órganos colegiados. Tanto en su artículo 27 sobre la composicíón del claustro, del que formarían parte “seis estudiantes por facultad o escuela técnica superior, que hayan aprobado el primer año de sus estudios” y “un estudiante por Escuela universitaria”. Como en el artículo 35 sobre la composición de la junta de gobierno, de la que formarían parte “en representación de cada Facultad o Escuela Técnica Superior, un estudiante que haya aprobado los dos primeros años de estudios”.

El movimiento estudiantil y la participación dentro de la universidad se regulaba ahora mediante la elección de representantes en los distintos órganos de gobierno. Esta medida a la vez que garantizaba una representación de estudiantes en aquellos órganos en los que se tomaban las decisiones, generaba nuevas incógnitas en cuanto a la capacidad de negociación, movilización y presión del sector estudiantil que además había perdido en las reformas educativas de los años 70 y 80 a sus aliados en las presiones de los años 60, aquellos profesores y profesoras que no gozaban de plaza fija en el sistema eduativo.

La nueva situación tendría un pulso decisivo en la aprobación de la Ley universitaria de 1986, que generó la primera manifestación estudiantil de la recién estrenada democracia en el ámbito estatal, marcada principalmente por abolir la selectividad y que si bien no consiguió su fin último, reflejó una capacidad de convocatoria superior con respecto a la movilización generada por otros sectores (Fouce, 2003).

Desde la década de los noventa la representación de estudiantes en los distintos órganos colegiados ha ido aumentando, pero eso ha supuesto para muchos, una pérdida de la capacidad de movilización del estudiantado para defender sus derechos. Por otro lado, la mayoría de trabajos sobre representación estudiantil y sobre la incidencia de la participación de estudiantes en la política universitaria destacan la poca implicación del sector, valiéndose sobre todo de las referencias obtenidas en cuanto al porcentaje de votantes registrados en los distintos procesos electorales, así como al número de candidatas y candidatos postulados para la representación.

Sin embargo, como señala Fouce (2003):

“El frecuente uso que suele hacerse de esta comparación intergeneracional [entre transición y actualidad] para descalificar a los jóvenes de hoy y sus movimientos no parece tener mucho sentido y parece responder, más bien, a una serie de intereses particulares que se centran en bloquear a las nuevas generaciones y sus impulsos renovadores y transformadores. ”


¿La república de los estudiantes?

Así se refirió Gabriel de Mazo a la universidad en 1908, la concibió como una república de estudiantes no porque quisiera que los estudiantes o aquellos a quienes normalmente consideramos como tales tomaran el poder en lo que sería en todo caso una “dictadura de los estudiantes”, sino porque consideró como estudiante a toda persona que acude a esta institución para aprender, para desarrollarse como persona, para buscar respuestas basadas en la ciencia, y eso incluía desde a quien entraba al primer curso con más miedo que seguridad de a dónde se dirigía hasta a la catedrática o catedrático más laureado por sus investigaciones.

La democracia en la universidad es algo por lo que se ha luchado históricamente desde el nacimiento de la institución, buscando la participación de toda la comunidad en la construción tanto de la institución como del conocimiento que en ella debía generarse.

Hace unos días, mientras buscaba artículos y lecturas para un trabajo, me encontré con dos artículos publicados en “El País”: Universidad y Democracia, Universidad y Democracia y en ellos los autores reflexionansobre la idea de democracia en la universidad, concluyendo que el actual modelo democrático que está instaurado en estas instituciones nos ha llevado a donde estamos: corporativismo, poca o nula calidad y repercusión de las investigaciones, confrontación de intereses, exclusión de grandes investigadoras e investigadores…

Ni que decir tiene que algo falla en nuestras universidades, pero en contra de lo que se argumenta en dichos artículos no creo que el cambio de un modelo democrático por un modelo de corte autocrático o del estilo que proponen pueda ser un camino válido para solucionar los problemas. Más bien deberíamos fijar nuestra vista, al menos en mi opinión, en ¿qué tipo de democracia se está practicando actualmente en nuestras universidades? ¿cuál es el funcionamiento y uso que tienen los órganos de gobierno? John Dewey ya por 1888 advertía la diferencia que existía entre considerar la democracia como la voluntad de una “masa” de personas atadas a uno voto, con lo que obtendríamos una visión numérica y parcial del significado de democracia; y considerarla como un todo orgánico “los hombres no sólo son átomos aislados antisociales; sino que en una intrínseca relación con los demás hombres superan por completo la teoría de ser una masa de hombres, un montón de granos que necesitan un mortero para mantener el orden”. De esta forma Dewey considera el funcionamiento de la democracia como un organismo que se nutre de las diferencias e interacciones de quienes la componen. Para Dewey la democracia no sólo era una forma de gobierno, sino una concepción ética en basa a una organización social.

Hacia ahí deberíamos caminar, pero no cabe duda de que como dicen los autores de los artículos de “El País”, existe un corporativismo en nuestras universidades y en nuestra instituciones educativas,y una visión partidista e interesada que en ocasiones ha llevado a gestionarlas como meras empresas o asociaciones en las que la privatización de las relaciones ha configurado una selección de cuadros de gobierno basados en el clientelismo y la cesión a intereses particularistas y no a la elección de la candidata o candidato mejor preparado. Relaciones que en ocasiones incluso han excluido a investigadoras e investigadores que buscan apoyo en instituciones extranjeras.

Convendría dejar claro que como dicen estos autores la universidad es una institución que debe buscar el conocimiento y aprendizaje, pero eso no limita las posibilidades de participación democrática de toda la comunidad. Si la lógica democrática está llevando a esos particularistos en la universidad sería útil plantearnos ¿qué espacio tiene la educación democrática en nuestras escuelas? ¿Cómo hacemos llegar los valores y teorías intrínsecos a una democracia en nuestras clases (incluidas las universitarias)?



Dewey realizó un extenso trabajo a lo largo de su vida sobre la democracia y su relación con la educación que quedó reflejado sobre todo en su gran obra “Democracia y educación”, dejando claro que las instituciones educativas no sólo deben ser un espacio de paso para la vida democrática en la sociedad adulta, sino que como sociedades en miniatura (que deberían recoger la diversidad de las mismas) deben adoptar prácticas democráticas en sus interacciones. Tan solo la búsqueda de intereses compartidos y las interacciones entre grupos y personas de forma dialógica puede asegurarnos un avance definitivo en la producción de investigaciones y aprendizajes de calidad.



En cualquier caso, al hacer referencia a las grandes universidades conviene no olvidarse de todos los aspectos que las hacen diferentes al resto: diversidad, inclusión, mediadas de acción positiva, fomento de la investigación, apuesta por métodos pioneros y democráticos de educación… En este sentido, y a pesar de lo largo de la cita, me gustaría reflejar el comentario que Ramón Flecha, catedrático de sociología de la Universidad de Barcelona e investigador principal del proyecto INCLUD-ED, hacía en la revista Escuela en 2006:



“En ochenta años de historia, Harvard Educational Review, sólo ha destacado una experiencia educativa en nuestro país en un artículo al que pusieron el siguiente título: “La Verneda de Sant Martí: una escuela donde la gente se atreve a soñar”. En las universidades de calidad se tienen muy en cuenta autores y autoras que investigan como acercarnos a los sueños; solo en las universidades mediocres y con estructuras feudales se atacan a quienes investigan, practican y enseñan esas teorías. A mí me decían en los años 80 “menos Freire y más Ausubel” como si el primero fuera solo un humanista sin nivel científico; luego fui invitado por Harvard a hablar en un masivo homenaje a Paulo en el que pude comprobar una vez más que la comunidad científica internacional nunca ni siquiera conocerá a quienes me decían esas cosas y por el contrario siempre valorarán a Freire…Quienes en educación oponen ciencia a sueños no son científicos. Quienes dicen “dejémonos de utopías, bajemos a la realidad”, nunca mejorarán la realidad y ni siquiera llegarán a conocerla. Quienes dicen que el pesimismo es el optimismo inteligente son muy poco inteligentes; nunca mejorarán la educación pero, eso sí, verán refrendada su profecía que fatalmente se cumple, que las cosas están mal y continuarán peor”



Desde los años 80 ¿ha cambiado el discurso?

* La cita de Dewey está recogida de su ensayo the ethics of democracy, citado en la tesis doctoral de Ana Paola Romo “La educación democrática en John Dewey: una propuesta pedagógica de transformación social en Mexico”, Pamplona (2006).


Y ahora ¿qué?…

Antes de nada me gustaria que quienes lean este post dsculpen la extensión del mismo, pero de alguna forma aquellos pensamientos que pudieron llevarse a cabo y espero se realicen debía expresarlos sin disminuir su significado.Tengo la sensación de que en las organizaciones en las que últimamente he estado involucrado hay discursos que no funcionan, discursos y formas de actuación que quizás vienen importados de las actuaciones que observamos comunmente en nuestros Estados o en las propias instituciones a las que pertenecemos.Hemos, y me incluyo porque debí advertilo con mayor antelación, funcionado bajo el paradigma de una democracia representativa emanada de supuestos neoliberales y que basa su rendición de cuentas en los procesos electorales obtenidos y por obtener.

Se ha pasado por alto la importancia de la información y de la de una evaluación interna y externa que nos ayude a mejorar sobre la marcha. Una forma de democracia opuesta a la participación activa e informada. Pero estas dos formas de entender la democracia no solo no están enfrentadas sino que pueden complementarse, existiendo, a mi parecer, diversos puntos que deben ser tenidos en cuenta la hora de actuar por parte de las organizaciones y asociaciones estudiantiles:

* La participación en la toma de decisiones no está reñida con la representación, de hecho en una democracia participativa también se funciona, cuando las circunstancias lo requieren por medio de delegaciones y representantes. La diferencia radica en que esta representación se articula desde los deseos de las personas informadas en todo momento de aquello que se está llevando a acabo y capaces por lo tanto de tomar parte de forma consciente e informada en dichas decisiones.

* No puede existir una democracia participativa si nuestras propias asociaciones no se rigen estrictamente por procesos democraticos internos.

* Esto, además, hace necesario que la participación a escalas más amplias esté entroncada y en constante conexión con asociaciones y organizaciones democráticas a niveles más locales, con el objeto de que la participación de cualquier persona en cualquiera de los niveles sea posible.

* No podemos aspirar a la democracia de una organización estudiantil si la financiación por parte de distintas instituciones se transforma en la sumisión a objetivos antidemocráticos.

* Los partidos políticos y las organizaciones estudiantiles debieran ser autónomos. Una organización de estudiantes no puede ser la extremidad del tronco de un partido político, sea cual sea, porque como bien dice Boaventura da Souza “no tendríamos democracia participativa, sino una farsa”. Esta autonomía no exime de cierta complementariedad, necesari y deseable siempre y cuando los partidos representen una mínima credibilidad en sus proposiciones.

* Optar por una democracia participativa implica variedad de los conocimientos; apertura a la crítica interna, de suma importancia si se pretende mejorar el funcionamiento; asunción de visiones dispares; y confrontación de ideas en un diálogo significativo.

Hemos puesto todo nuestro esfuerzo en construir a traves de la voluntad de las personas o de la estructura de las organizaciones y nos hemos olvidado de lo que podría ser el ingrediente fundamental: la red de información que construimos.

Nuestras capacidades de acción y colaboración disminuyen cuando descuidamos los procesos de información interior y exteriormente. En plena era de las nuevas TIC nos hemos olvidado por completo de la importancia que tiene comunicar nuestra ideas, nuestras decisiones, de como acciones como estas añaden transparencia y valor a lo que hacemos.

Saber hacia dónde caminamos y por donde hacerlo o de que forma queremos hacerlo es una de las tareas fundamentales de toda organización, construir un proyecto de trabajo es, por tanto, vital si se quierellegar a caminar y este es sin duda un ejercicio de liderazgo compartido.

Como señala Kreps en una de sus investigaciones(citado por Eduardo Terrén en su articulo Micropolitica y capital social:flujos de conocimiento y redes de comunicación en la organización escolar) “la comunicación es la herramienta fundamental en el ejercicio del liderazgo, en la consecución de un clima de cooperación en torno a un objetivo, en la elaboración y difusión de una imagen de la organización y en el trasvase fluido de la información tanto de dentro afuera como en el interior mismo de la organización”.

Resumiendo, si la comunicación falla el proyecto deja de funcionar o jamás termina de construirse.

Hemos limitado la información, terminando por corromper y desarticular una organización y lo que es peor un proyecto. Hemos doblado las rodillas en la primera cuesta y aún pensamos que hemos subido el Everest. No hay motivos para pensar que lo que comenzó como un reto ha terminado como una farsa, pero sí para pensar que es necesario un cambio de actitud, de mentalidad, de métodos de trabajo y sobre todo, un cambio en la gestión de la información.

Un cambo que a mi parecer solo puedo esperar de dos de las organizaciones en las que, de alguna manera, aún sigo involucrado. No porque lo hayan llevado a cabo, sino porque demuestran manejar la información que surge en su interior de forma más transparente. Transformando las redes de información en, como las denomina Eduardo Terrén, “redes de confianza” que generan colaboración.

La participación estudiantil debe comenzar a construir conocimientos sobre sí misma y sobre el entorno, sobre la institución en la que representa y sobre la sociedad en la que participa. Conocimientos que deben guiarnos a ser capaces de defender nuestros derechos con argumentos sólidos y críticos con aquello que queremos cambiar en nuestras universidades y en nuestra sociedad.

Todo las ideas de este post se deben a la experiencia vivida en los ultimos años y las lecturas de las ultimas semanas de Henry Giroux, Michael Apple, Eduardo Terrén, Paulo Freire, Rafael Feito, Peter Maclaren y sobre todo a la intervencion de Boaventura de Sousa Santos en el foro social mundial.


Participación estudiantil: momentos para un cambio

Llevo casi dos años involucrado de diferentes formas en la participación estudiantil y sobre todo en la representación en órganos de Gobierno de la universidad. En este tiempo he tenido tiempo de ver muchas reuniones, consejos de departamentos, juntas de centro… En todas ellas se mezclaba el interés porque el sector estudiantil estuviera representado con la incapacidad, o las pocas ganas de querer realmente mejorar y potenciar esa representación para hacerla independiente, crítica, creativa y comprometida.

Las actitudes y respuestas automáticas que prosiguen a la intervención de cualquier representante en un órgano colegiado, merecerían, en la inmensa mayoría de ocasiones ser comentadas, pero mi intención en este post no es dar a conocer las situaciones que se pueden llegar a producir en estas reuniones, para ello insto a cualquiera que tenga interés en conocerla a que asista a alguna de ellas. En cualquier caso y resumiendo un poco la filosofía de casi todas, la intención de hablar sobre temas que verdaderamente importan al alumnado es simplemente una declaración de intenciones de cada campaña electoral, la realidad se mueve entre las peleas departamentales por más espacios para el profesorado, la carga de créditos de cada profesora o profesor y las críticas improductivas y a veces sin aporte de mejora al equipo en ese momento esté gestionando la institución, por supuesto, por parte del grupo contrario (evidentemente existen, afortunadamente, intervenciones que tratan de mejorar, cambiar y criticar con aportaciones muy interesantes); si un estudiante espera que se hable sobre algún tema que de verdad le afecte o le interese, que vaya preparándose un buen discurso y pierda el miedo a levantar la mano para pedir el turno de palabra, esto podría resultar lógico pero, entonces ¿por qué tantas vueltas en las clases para explicarnos que la educación debe girar en torno al alumnado?.

Tengo que reconocer que en dos años he perdido y ganado mucho colaborando y participando en la representación estudiantil:

Perdí tiempo para dedicar a mis asignaturas, quizás sin haber participado, tendría terminada a estas alturas la carrera, mi nota media no sería la actual (un 8 aproximadamente), y sobre todo no tendría que haber realizado tantos exámenes en septiembre, para demostrar que asistir a clase es productivo cuando no solo se leen diapositivas y se toman apuntes como si siguiéramos en esa educación bancaria de la que hablaba Freire, sino que comienza a ser realmente un aprendizaje significativo cuando se construyen conocimientos de forma conjunta, se debaten los contenidos de la asignatura y se analiza la realidad en la que nos encontramos o nos encontraremos envueltos en el ejercicio de nuestra profesión.

Por otro lado, si no hubiese entrado a formar parte de esta participación estudiantil, nunca hubiese conocido a tantas personas que han contribuido a cambiar y mejorar mi forma de analizar la realidad; jamás hubiera tenido la oportunidad de darme cuenta de que nuestros programas, nuestras normativas, nuestros espacios, se deciden y se aprueban en órganos que cuentan con representación estudiantil, que tenemos la posibilidad y el deber de participar y contribuir a que todo eso mejore, no solo para nosotros, sino para el resto de estudiantes y para el conjunto de la comunidad universitaria; de mejorar mi capacidad crítica y constructiva; de colaborar con personas con ideas diferentes pero con las mismas ganas de mejorar la situación; de crear de forma autónoma y con trabajo en grupo proyectos que llegan a realizarse… Me siento incapaz de mirar atrás e imaginar estos últimos dos años sin el aporte social, anímico, académico y sobre todo sin el aprendizaje alcanzado con y entre mi propio grupo de pares.

Hace unas días dejaba el cargo que tenía en la Delegación de Estudiantes de mi Facultad, lo dejaba con sentimientos opuestos, la tristeza por abandonar voluntariamente algo que me ha aportado tanto y la alegría de saber que el equipo que ha trabajado allí ha sabido ir abandonando algo que corresponde continuar a quienes entran con ganas y energías para continuar aportando la crítica constructiva, la participación activa, la ilusión por nuevos proyectos y la información transparente al movimiento estudiantil y al gobierno de la Universidad.

Por mi parte continuaré colaborando en todo lo que necesiten y seguiré representando en aquellos cargos para los que fui elegido.
A pesar de que como dice un compañero de proyectos y amigo corren tiempos de marionetas, títeres y escuderos políticos en la representación estudiantil, aunque las dudas ante lo que se avecina y depara el nuevo EEES a los movimientos estudiantiles son grandes. Mis principios y mis ideas me impiden dejar de pelear por una democracia escolar y universitaria que es posible, exenta de vicios, construida con la acción personal y colaborativa de quienes creen en ella, y basada en políticas sociales integradoras, críticas, constructivas.

No voy a sentarme a ver cómo pasa el tiempo, esperanzado en que las cosas que no me gustan cambien solas, manteniendo ese pensamiento determinista que tanto denunció Freire, el cual por el contrario defendía que aún estando condicionados por nuestro mundo tenemos el derecho y deber de cambiar el mundo. No vivo en la utopía de soñar que todo puede cambiar, como seguramente pensará más de una persona que esté leyendo esto, más bien crezco en la acción utópica de saber que mis decisiones y mis acciones pueden y deben estar guiadas a la mejora de la sociedad y del proceso de construcción de mi persona en el que siempre me encuentro inmerso. Como decía Freinet “No podéis preparar a vuestros alumnos para que construyan mañana el mundo de sus sueños, si vosotros ya no creéis en esos sueños”.

Con este post solo quería darle las gracias a aquellas personas con las que me he encontrado este año y que han alimentado mis ganas de seguir construyendo ideas y proyectos: A María Mercedes, porque es una de las personas más involucradas y comprometidas que he conocido ¡qué suerte tuvo la delegación!; a Mariam, porque su apoyo fue fundamental para que la Delegación siguiera adelante; a Judith, por soportar esos días interminables, por aportarme esa crítica sincera y pararme los pies cuando me salgo del tiesto; a Tere por sus ideas que inspiran más de un proyecto; a Sandra siempre dispuesta a echar una mano; a los grupos que tocaron en aquel concierto de la facultad, por su voluntad gratuita; A Juanma, por ser transmisor de una gran cantidad de ideas creativas y por alimentar mi espíritu crítico. A quienes se quedan trabajando en la delegación con las mismas ganas con las que empezamos nosotros: Rosa, por estar dispuesta en cada momento a ayudar en lo que hiciera falta; José Antonio, porque desde el principio ha mostrado ese interés por mejorar la participación y construir nuevos espacios de debate; a Conchi, porque no conozco a nadie tan crítica e inquieta en defender los derechos de sus compañeras y compañeros; a Alfonso por defender que quienes representamos también tenemos derechos; a tantas y tantos otros que pueden hacer posible que la representación estudiantil deje de ser el brazo político de distintos sectores para convertirse en un movimiento realmente independiente, capaz de pensar, construir y opinar sin ser portavoces de las ideas de otros grupos.

Imagino que cuando vuelva de mi viaje de estudios a Irlanda seguiré pensando nuevos proyectos, aunque no seguiré tan involucrado como hasta ahora, o sí, en toda esta representación estudiantil. Mientras tanto espero desconectar algo más de lo que lo hago aquí y poder disfrutar de Dublín, sobre todo de las ideas que me ofrezca para trasladarlas aquí, al fin y al cabo ¿qué sería ya de mi sin la participación activa en la Universidad y en la sociedad?


¡¡¡¡ARRIBA EL CONFORMISMO!!!!

Esta frase que he leido en cierto lugar con respecto a la actitud de los estudiantes universitarios ha motivado que una vez más retome este blog. Hay montones de cosas que quedan escritas por ahí y guardadas para cuando tenga algo más de tiempo libre y pueda dedicarme a aburrir a toda aquella persona que se atreva a leer mis entradas, pero hoy, después de ver el “conformismo” en persona no puedo hacer menos que dedicar unas líneas a esa actitud tan democrática, venerada y practicada hoy en día.
¡¡¡ARRIBA EL CONFORMISMO!!! eso sí que es verdad, ¿alguien puede negar que está de moda?… en educación hay que seguir conformándose con un Máster de Secundaria en el que nos cobrarán 1600 por aprender lo mismo que hemos aprendido en 5 años de carrera, en la Universidad tenemos que seguir conformándonos con que nos suban las tasas, con la pretensión de cambiar la forma de Gobierno de las universidades públicas, conformarnos con que el año que viene salga una nueva normativa de permanencia y la gente se vaya a la calle antes de enterarse que ha entrado a la universidad, conformarse porque el Plan Bolonia se puso en marcha en desde 1998 y yo aún en 2010 me conformo, conformarme porque yo no estuve informado y ahora no me preocupa que quienes vengan detrás lo estén más que yo. Conformarme, porque al fin y al cabo seguimos considerando que la información debe venir a nosotros en vez de buscarla.
Desde que entré a la Facultad de Ciencias de la Educación, desde que comencé mi carrera he escuchado en cada una de las clases a las que asistía que el modelo de educación estaba cambiando, que debía cambiar, que el alumnado debía ser el protagonista en su proceso de enseñanza-aprendizaje, que debíamos ser nosotros mismos quienes construyéramos nuestro aprendizaje. Pues bién, llegas a un colegio de primaria y sigues viendo que al margen de más actividades y más trabajo la enseñanza sigue siendo eso, enseñanza; te das una vuelta por los institutos de secundaria y resulta que el protagonismo sigue estando en el mismo sitio, detrás de la mesa de la profesora o profesor de turno; las clases magistrales son el día a día de la educación, y te preguntas ¿dónde está cambiando todo el modelo?… ahhh claro, ¡¡¡esto está empezando en la Universidad!!!, seguro que allí el colectivo de estudiantes es realmente el protagonista, seguro que se han acabado las clases magistrales. ¡¡¡Pero si hasta van a empezar a trabajar con un plan de estudios nuevo!!!.
¡¡OH!! catástrofe, cuando entras en esas aulas de la Universidad las clases magistrales siguen existiendo, la enseñanza, y digo enseñanza porque aún gran parte del profesorado lo considera así en la práctica, sigue siendo diriguida por la profesora o profesor, la metodología no ha cambiado, aunque la apariencia y los programas de las asignaturas sí lo hagan. Eso sí hoy en vez de pedirte un exámen se te piden 8 trabajos, la mitad de ellos con poco o nulo sentido, la mayoría repitiendo contenidos y objetivos recogidos en otras asignaturas, con otros trabajos.
¿Y yo que hago?… pues eso, conformarme, al fin y al cabo me siguen diciendo que tengo que hacer, sigo aceptando todo lo que viene e intento no enfadar a quién mañana me pondrá mi nota, ese número que vale para obtener, mi título.
Un profesor que tenía en secundaria decía algo a lo que cada día encuentro más sentido, “TODOS ESTOS PAPELES AL FINAL SERVIRÁN PARA ENVOLVER EL BOCATA DE CHORIZO DEL RECREO DE MAÑANA”.

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