Archivo de la categoría: movimiento estudiantil

Carta de la desexcelencia: salvemos la universidad *

Hoy me he encontrado con esta entrada en la página web de Jordi Adell. Como ya hice con la carta  abierta a Andreas Schleicher creo que son iniciativas que hay que difundir, más allá de que como dice mi querido amigo Carlos, yo también me encuentre a estas alturas “harto de tanta filosofía, de tanto estudio concienzudo sobre cómo actuar. Cientos de artículos y decenas de libros. Análisis críticos sobre circunstancias que atenazan al mundo, a la actividad laboral, al modelo productivo, a las relaciones entre las personas, o al desarrollo de la sociedad en su medio. Pesados debates, milenarias asambleas, panfletos, carteles, discursos, líderes, palabras…” .

Así que sin más, os animo no solo a que la difundáis por todos los medios posibles, sino a que en la practica cotidiana hagáis posible ese cambio, quizás poniendo en marcha esa “slow science” o no, tal vez librándose del yugo del neoliberalismo, quizás uniéndose a esos grupos que ya trabajan con otras orientaciones

CARTA DE LA “DESEXCELENCIA”

En los inicios del siglo XXI, la excelencia es una idea omnipresente. La encontramos en la empresa, en el deporte, en la alimentación, en la televisión, y ha llegado hasta la intimidad de nuestros hogares. La excelencia expresa la superación personal, el crecimiento continuo del rendimiento y del éxito en un mundo en el que se extiende la idea de que nos hallamos frente a un profundo cambio donde solo los más fuertes sobrevivirán.

Recuperada por la política neoliberal y por el mundo empresarial desde los años 80, la excelencia se apoya en un lenguaje mágico y seductor que despierta cierta sonrisa ya que hay mucha distancia entre los eslóganes de los nuevos managers y la realidad que tratan de construir. Sin embargo, esta sonrisa desaparece cuando analizamos los efectos concretos de una gestión de las cosas basada en la idea de la excelencia: hipercompetitividad, desvalorización de los saberes construidos sobre la experiencia, modificación continua de las prácticas profesionales, precariedad, evaluaciones estandarizadas, todo ello provoca efectos negativos de desmotivación, baja autoestima y disminución de la calidad del trabajo.

Aunque en la universidad la idea de la excelencia ha llegado más tarde que en otros ámbitos, muchos dirían que ha sido acogida con los brazos abiertos, con la fe del converso. En el agitado proceso de Bolonia, que consagraba la competitividad entre las universidades europeas, se hacía necesario cuidar la propia imagen de marca universitaria, transformar la propia institución en una máquina de guerra capaz de absorber mayores fondos y los mejores estudiantes y profesores para poder posicionarse en los lugares de prestigio de los ránquines globales. En un contexto de crisis y penuria, la preocupación por la financiación ha impulsado aún más los sistemas de gestión de la investigación y la enseñanza basados en indicadores.

Tras una década de reformas ininterrumpidas, se observa en la actualidad un progresivo deterioro y no una mejora de la institución universitaria. Es cierto que se ha crecido en capacidad de comunicación, en capacidad de producir indicadores de excelencia que llevan a algunos a mejores posiciones en los sistemas de clasificación. Pero todo esto no garantiza que haya mejorado la calidad de nuestro trabajo. Peor aún, estos crecimientos esconden muchas veces una bajada de dicha calidad: mercantilización del aprendizaje, sustitución de saberes teórico-reflexivos por saberes instrumentales, declive del espíritu crítico, especialización extrema de campos y líneas de investigación, fraudes en la investigación, etc. Tras la fachada de cartón piedra, la política de la excelencia lleva a un resultado exactamente inverso al que trata de promover.

Esta constatación lleva a proponer la idea de “Desexcelencia”. Lejos de querer significar un llamamiento a la mediocridad o la pereza, la desexcelencia invita a preocuparse por la calidad real y efectiva del trabajo en la universidad, de modo que seamos conscientes de la naturaleza del trabajo que realizamos y de la satisfacción que puede producir. Según este enfoque, inspirado en el trabajo artesanal, la calidad se cultiva conciliando el acto y el sentido, lo que pone en cuestión la actual gestión de las universidades. El llamamiento a la desexcelencia no reivindica la vuelta a ninguna edad de oro sino que invita a criticar la actual evolución fallida de las universidades.

¿Para qué una “carta de la desexcelencia”?

A lo largo de la década pasada se han hecho oír en el mundo académico en Francia y Bélgica, numerosas voces críticas que han denunciado las prácticas de la excelencia en la investigación y la docencia. Entre otras propuestas, se ha preconizado ralentizar –Slow Science– y repensar los valores en el mundo universitario de cara a alcanzar un trabajo de mayor calidad: trabajo compartido, honestidad, gratuidad, satisfacción con el trabajo bien hecho.

Se han promovido múltiples llamamientos con miles de firmas de apoyo en todo el mundo. Este hecho es satisfactorio, pero se hace necesario ir más allá de la firma, la sensibilización y la denuncia. Es preciso que cada uno reflexione sobre el lugar que ocupa en la reproducción de la ideología de la excelencia. Se hace necesario conocer la responsabilidad personal en el desarrollo de esta lógica y saber hasta qué punto formamos parte y colaboramos en el funcionamiento de está mecánica. Cuando aceptamos ciertas reformas generadas en nombre de la excelencia, cuando cumplimos las imposiciones que esta nos reclama y la carrera competitiva que impone, nos convertimos en actores de nuestra propia destrucción.

Una forma de salir de estas contradicciones es transformar nuestras maneras de ser y actuar y poner en práctica nuestros valores y no solo hacer llamamientos a las autoridades educativas, que parecen más reocupadas por la imagen que por el funcionamiento real de la universidad.

Con esta finalidad nace la carta de la desexcelencia. Es fruto de una reflexión colectiva que pretende abrirse a la participación de todos. Una reflexión que busca sustituir la ilusa meta de la excelencia por la idea de un trabajo honesto y bien hecho en el marco de una universidad pública, democrática y accesible, algo muy diferente a las tendencias que hoy se abren ante nuestros ojos.

Más allá del debate, aceptación y firma de esta carta, se pretende su difusión a través de la apropiación personal y crítica de su contenido y mediante la adopción en la vida académica de cada uno de nosotros: en la docencia, en la investigación y en la gestión. Las proposiciones que contiene la carta pueden ser moduladas en función de los perfiles individuales y de las posibilidades de acción de cada uno. Por más que les pese a los nuevos managers de la universidad, hay múltiples intersticios en los que se desarrollan formas de resistencia muy diferentes. Desde esta carta no se hace un llamamiento al suicidio profesional a través de su cumplimiento a rajatabla. Proponemos que esto pueda ser modulado dependiendo del margen de maniobra de cada estamento académico. Para lograr una comunidad universitaria basada en el diálogo y la solidaridad, lo ideal sería su máxima extensión.

DOCENCIA

La enseñanza es una misión esencial de la universidad. No es un producto de consumo sujeto a normas de rentabilidad.

Consecuentemente, me comprometo a:

– Defender la libertad de acceso de los estudiantes a la universidad.

– Oponerme a la organización de áreas de conocimiento basadas en fenómenos de moda o de mayor número de alumnos.

– Denunciar los discursos y dinámicas que están transformando las universidades en instituciones estrictamente profesionalizantes, prometiendo la adquisición de competencias directamente operacionales.

– Rechazar el trato a los alumnos como si fueran clientes o consumidores. Más en concreto:

            -Llevando al centro de la docencia dinámicas de construcción del saber poniendo en marcha dispositivos pedagógicos que permitan la construcción conjunta de saberes –seminarios conjuntos entre asignaturas, trabajos prácticos-.

            – Luchando contra la infantilización de los alumnos en los procesos de aprendizaje que va aparejada con la estandarización de contenidos y de las expectativas. Ello impide el desarrollo de la curiosidad y del espíritu crítico.

            – Evitando la estandarización de las formas de evaluación.

– Mantener una exigencia intelectual hacia los estudiantes, explicándoles sus obligaciones y responsabilidades en materia de trabajo personal y exponiéndoles los objetivos y las exigencias de los cursos, discutiendo con ellos la organización de los contenidos y recogiendo información para valorar el efecto de la docencia y planificar cursos sucesivos.

– Crear una enseñanza reflexiva que permita al alumno construir herramientas para interpretar mejor el mundo.

– Rechazar los listados de “competencias” que no tengan como principal objetivo la expansión personal e intelectual de estudiantes y profesores mediante la construcción de saberes (pensamiento), saber hacer (métodos) y saber estar (valores).

– Promover reflexiones pedagógicas colectivas a escala departamental para contener la creciente estandarización actual de la enseñanza.

– Velar porque las líneas pedagógicas institucionales centralizadas no caigan en las mencionadas formas de estandarización docente y de uniformización tecnológica de la pedagogía.

– No promover o participar en cursos, o tipos de formación que puedan producir una discriminación económica.

– No seleccionar nuevos profesores o nuevas promociones que se basen únicamente en su experiencia de investigación y publicaciones o en su capacidad de movilizar fondos de investigación. Las capacidades pedagógicas han de ser una prioridad para contratar docentes.

– Valorar la experiencia profesional en las contrataciones solo cuando esta beneficie a los alumnos y a la investigación.

– Exigir que cualquier procedimiento de evaluación externa o interna de la docencia tenga claramente especificados sus criterios y objetivos y recoja los puntos de vista de los evaluados sobre la cuestión.

INVESTIGACIÓN

Para nosotros, la investigación genera conocimientos diversos y abiertos. No es una empresa productivista y utilitaria. No tiene como finalidad la fabricación de productos acabados.

En consecuencia, me comprometo a:

– Considerar la investigación y la docencia como inseparables, tanto en los principios como en la práctica. La investigación se enriquece con el dispositivo pedagógico y este permite la transmisión de conocimientos y el surgimiento de nuevas preguntas de investigación.

– Defender la libre elección de temas de investigación, sin imposiciones basadas en criterios de rentabilidad.

– Rechazar las actuales lógicas de evaluación y clasificaciones que ponen en competición a los investigadores y a los grupos de investigación haciendo que peligre el trabajo colaborativo. En concreto, me comprometo a:

            – No dar validez a los ránquines internacionales, cuyas finalidades y métodos deben ser discutidos.

            – No participar o someterme a evaluaciones que no se correspondan con autoevaluaciones decididas por los propios grupos de investigación. Lo que significa que los criterios de evaluación hayan sido discutidos colegialmente y lleven a evaluar objetivos pensados conjuntamente.

            – No aplicar sistemas de evaluación en la universidad que provengan de otro tipo de evaluación concebida de manera estándar para otro tipo de organizaciones (como empresas, por ejemplo).

            – Rendir cuentas a la sociedad, pero sin que esto cree una dependencia de la demanda social o privada. Es necesario defender la perspectiva de una investigación a la escucha del mundo, pero lo suficientemente autónoma para que su agenda no venga marcada por otras finalidades.

– Respetar las reglas en cuanto a la contratación y promoción del profesorado.

            – No primar procedimientos de contratación que desfavorezcan a los candidatos “locales”

            – Eliminar la hegemonía de baremos cuantitativos (número de publicaciones, índice de impacto, factor h…). Reintroducir prioritariamente los procedimientos cualitativos que se centren sobre la valoración del contenido de los expedientes.

            – No utilizar el postdoctorado en el extranjero como criterio de selección (es claramente discriminatorio para las mujeres y los menos favorecidos económicamente)

            – Para los procesos de selección, contratación y promoción, creación de formularios y procedimientos abiertos que den cabida a la argumentación y la expresión de los méritos de manera argumentada y no sujeta a número de caracteres u otras limitaciones por los procedimientos informáticos al uso.

            – Promover ayudas accesibles a aquellos que no alcancen las contrataciones

            – Promover que los procesos de movilidad en la investigación se acojan a programas financiados.

– No sometimiento a la obsesión productivista en materia de publicaciones. Crear medios para que las investigaciones largas no se vean discriminadas por esta obsesión de publicar rápido. Facilitar la difusión de la investigación al conjunto de la sociedad.

Lo que implica:

             – Apartarme del uso de indicadores bibliométricos en la gestión de las carreras y en la selección de los proyectos de investigación.

            – Evitar obsesionarse con la posición ocupada en el marco muy cuestionable de los indicadores bibliométricos (índice h, factor impacto…) o con la posición ocupada por otros colegas.

            – Reflexionar junto a los investigadores más jóvenes sobre los peligros de una investigación basada en la ideología de la excelencia que da prioridad a la cantidad y la rapidez por delante de la calidad y el contenido.

            – Favorecer la publicación de textos de síntesis (en artículos, libros o capítulos de libro) y no la reiteración o clonación de artículos con vistas a inflar el curriculum.

            – No firmar artículos en los que no haya tenido un papel activo en la investigación y la escritura.

            – Favorecer plazos de entrega largos en las convocatorias para conseguir mejores niveles de calidad en la escritura.

            – Favorecer la escritura conjunta posibilitando la firma en nombre de colectivos y no de autores.

            – No dar por supuesto el inglés como lengua de publicación

            – Cuidar que los contratos de publicación no dejen nuestras investigaciones en manos privadas y con finalidades mercantiles.

            – Publicar en Open Acces

            – Publicar en revistas locales, regionales, nacionales y en las editoriales universitarias.

            – Favorecer la discusión de mis investigaciones dentro y fuera de los medios académicos.

            – Redactar y publicar resultados a disposición de medios y colectivos no académicos (revistas de asociaciones, por ejemplo).

           – No dejar que mi trabajo de investigación me aleje de otros ámbitos de la actividad universitaria.

– Combatir la conversión de los grupos, departamentos o institutos de investigación en células empresarializadas:

            -Favoreciendo la gestión colegial y democrática, demandando sistemas que la posibiliten

           -Favoreciendo la existencia de estructuras interdisciplinares en la universidad.

            -Favoreciendo diversas formas de vinculación de las personas a las unidades de investigación.

            -Protegiendo y desinfantilizando la situación de los doctorandos. Promoviendo su participación paritaria y su libertad académica de elección en la investigación.

Igualmente, posibilitando una información lo más clara posible sobre sus expectativas profesionales en la universidad y eliminando en lo posible su precarización en todos los terrenos.

            -Favoreciendo el uso público y no con fines personales de los resultados de investigación producidos colectivamente y con fondos públicos. Las investigaciones realizadas con dichos fondos pertenecen a la sociedad.

-Limitar las cargas administrativas que dificultan actualmente las tareas de docencia e investigación (informes, guías docentes, evaluación, coordinación, gestión de proyectos…)

-En los contratos de investigación realizados con entidades privadas, incluir, en la medida de lo posible, un uso abierto de los resultados.

GESTIÓN-ADMINISTRACIÓN

La administración es un componente esencial en el funcionamiento de la universidad. No ha de entenderse como el equipamiento pasivo y maleable de los nuevos managers universitarios.

En consecuencia, me comprometo a:

-Exigir una estructura administrativa suficiente con un trabajo satisfactorio en todas sus dimensiones: salariales, espaciales, formativas, organizativas.

-Velar por que las nuevas iniciativas de docencia e investigación no se planifiquen sin contar con los medios que aseguren su correcto desarrollo.

-Contar con los puntos de vista y recomendaciones del personal administrativo

-Reivindicar un peso creciente de la esfera administrativa en las tomas de decisión.

-Valorizar y movilizar recursos internos en materia de organización del trabajo y de gestión en vez de recurrir a consultorías y servicios externos.

UNIVERSIDAD SERVICIO PÚBLICO

Las universidades tienen una misión de servicio a la colectividad. Son, y deben seguir siendo, un lugar abierto y conectado a la sociedad. Sin embargo, este servicio no debe reducirse a cubrir necesidades y demandas sociales marcadas por lo inmediato, decididas por los responsables políticos para su propia visibilidad personal o institucional. Tampoco es un servicio público de cara al mercado de trabajo o a las empresas para sus propias dinámicas de rentabilidad.

En consecuencia, me comprometo a:

– Defender la libertad de expresión de los miembros de la universidad, incluso cuando supongan una crítica a la institución universitaria.

– Apoyar los vínculos de la universidad con la sociedad (asociaciones, empresas, movimientos sociales) siempre que conlleven un beneficio y aprendizaje mutuo y un sentido de emancipación colectiva.

-Rechazar la visibilización personal o de la universidad a cualquier precio (por ejem. en espacios televisivos donde el formato televisivo hace imposible la explicación de argumentos complejos)

– Crear nuevos espacios y herramientas de discusión entre científicos y no científicos, que puedan generar nuevos encuentros y formas de comunicación y expresión del conocimiento.

vía Jordi Adell: http://elbonia.cent.uji.es/jordi/2014/09/14/carta-de-la-desexcelencia-salvemos-la-universidad/

Anuncios

La imbecilidad de la enseñanza en la Universidad (2ª parte)

By Forges

By Forges

Hace unos días tuve la suerte de que la Delegación de Estudiantes de Ciencias de la Educación de Granada me invitara a compartir un rato con las y los interesados en sus jornadas de participación estudiantil.

Para mí siempre es un placer poder compartir un rato de charla, debate, encuentro con quienes hoy son estudiantes de educación y mañana, probablemente, sean profesoras/es, pedagogas/os o educadoras/es sociales.

Me habían invitado a dar una pequeña charla/taller sobre normativa y legislación universitaria. Podéis imaginar lo aburrido del tema y sobre todo lo pesado que se puede hacer un encuentro sobre normativa y legislación. Aún no sé por qué cada vez que hay que hablar de normativa me llaman para que me encargue de ello, debe ser porque soy muy aburrido o muy friki. Aunque entonces me consuelo sabiendo que siempre habrá alguien más friki o aburrida que yo, aunque en estos momentos no esté disponible para charlas por estar haciendo las américas por Chile.

El caso es que me propuse no hacer un taller al uso, o más bien, no volverme un tostón de esos que no paran de recitar normativa como si estuviesen en un sermón delante de los fieles dispuestos a seguir el discurso. Intenté organizarlo todo en torno a 3 dinámicas de participación y reflexión, acompañadas de un prezi final, simple y sin mucha chicha (aún dudo de haber conseguido mi propósito).

Pero, el tema que me ocupa en esta entrada no es el taller en sí, ni los contenidos del mismo, sino la motivación con que las y los estudiantes acuden a eventos varios que se organizan en sus Facultades y Universidades.

Hace ya un tiempo publicaba en este blog una entrada en la que Miguel Ángel Santos Guerra reflexionaba sobre la imbecilidad de la enseñanza en la universidad. Hoy me ha tocado vivir de cerca lo que desde mi punto de vista ahonda aún más en esa visión que Santos Guerra daba sobre la facilidad que el profesorado puede tener para hacer de su clase un mero paseo sin contenido y sin sentido.

El hecho en cuestión se desarrolló de la siguiente forma:

El taller comenzaba invitando a quienes asistían a prestarse voluntariamente a echarme una mano con la preparación de la primera dinámica, sin que supiesen que en realidad aquello que iban a hacer constituía ya la dinámica en sí.

Tras pedir a las voluntarias y voluntarios que hiciesen ciertas gestiones necesarias para el futuro del taller pude conversar con aquellas, poquitas, personas que quedaron en el aula, lo que aproveché para satisfacer ciertas curiosidades…

– ¿Cómo es que os habéis apuntado a estas jornadas de participación estudiantil?

Iluso de mí, pensaba que me responderían con sus ansias de conocimiento, curiosidad, su espíritu de contribuir a los derechos de sus compañeras y compañeros, sus ganas de conocer el mundo de la representación, su curiosidad política…

Es que nos dan un punto en una asignatura.

¿Os imagináis mi cara?. En realidad no me sorprendía nada, uno ya está acostumbrado a que cierto profesorado ofrezca puntos en sus asignaturas por asistir a determinados eventos (sobre todo si son organizados por ellas/os mismas/os o participan en el mismo con una “emocionante” charla. Y claro, comencé a pensar que asignaturas podían estar relacionadas con la participación y cómo los contenidos adquiridos en aquellas charlas podían contribuir a desarrollar la conciencia crítica, los objetivos, contenidos, etc, etc de la asignatura…

– ¿Y que asignatura es?

– Atención a la diversidad

Atención a la diversidad… por más que le he dado vueltas al asunto sigo sin encontrar la relación entre atención a la diversidad en el aula de educación infantil y unas jornadas/talleres de participación estudiantil universitaria, no digamos con la normativa universitaria que afecta a los grados. 

Ante semejante panorama mi respuesta, llevando el tiempo que llevo realizando talleres en la cárcel, no podía ser otra.

– Bueno, yo doy talleres en la cárcel. Pero, lamento deciros que hoy no voy a contar nada relacionado con eso. Así que a ver dónde buscamos la diversidad… 

Veamos…

Yo no entro en valoraciones personales, pero ¡¡¡¿cómo puede ser que estudiantes de una carrera tan importante para el desarrollo de los primeros años de las niñas y niños, puedan aprobar o mejorar la nota de una asignatura como “atención a la diversidad” por la asistencia a unas jornadas/talleres de participación estudiantil?!!!

Yo soy de aquellos que piensan que la participación estudiantil en la Universidad, como parte de la formación política y ciudadana que debe atesorar toda persona en una sociedad es un pilar básico. Aseguro que todo lo que se puede aprender participando, organizando, leyendo normativas y reglamentos, debatiendo y dialogando con otras compañeras y compañeros, con profesorado, PAS y diversas entidades y colectivos, peleando y discutiendo por defender tus derechos como estudiante y como persona son el aprendizaje más enriquecedor que cualquier estudiante en formación puede llevarse de su paso por la Universidad y lo aseguro porque mis años involucrado en la representación y participación estudiantil así como en otros movimientos me dió una formación y unas destrezas que jamás adquirí en las asignatura de la carrera. Pero, también soy de aquellas personas que piensan que la formación de las y los futuros profesionales de la educación debe tener cimientos sólidos adquiridos por el desarrollo innovador y creativo de los conocimientos actuales en los distintos campos de actuación.

OJO: en ningún momento estoy diciendo que las asignaturas sean el pilar que transfieran dichos conocimientos, estos solo se consiguen con la propia inquietud, la sed de no dejar de aprender y la persistencia en buscar respuestas y hacerse preguntas sobre todo lo que engloba la educación y la sociedad en que vivimos.

Recuerdo casos similares, como aquellas jornadas en las que casi todas las asitentes querían hacerse una foto con las y los distintos conferenciantes, convirtiendo aquello en un espectáculo digno de las gruppies de los 60. Evidentemente la razón estaba en que su profesora (¡qué sabiduría!) les había pedido una foto con los conferenciantes como prueba de su asistencia a las jornadas.

O aquellas jornadas en las que alguien defendía su derecho a firmar por su amiga en la hoja de asistencia, ya que esta no había podido asistir a las jornadas… y así un largo etcétera.

Da la impresión de que los actuales títulos de grado no solo NO han acabado con vicios académicos ancestrales, sino que los han acrecentado. Sin duda muchas personas harían caer la responsabilidad de todo esto en la profesora o profesor de turno, ¡qué claro que la tiene, y mucha!, aunque seamos buenos e imaginemos que sus motivos tendrá para dar un punto por la asistencia a eventos así e incluso podría justificarlo (como justifican otras cosas), seguro. Pero, para mí, hay una responsabilidad que cae en las y los estudiantes que más que asistir, participar y disfrutar de jornadas, talleres, congresos y ponencias por su contenido e interés profesional y de formación, lo hacen por el número de puntos obtenidos en una u otra asignatura con la consiguiente frustración, sobre todo, para quienes organizan estos eventos.

Bueno, digamos que habría que hablar de otras muchas responsabilidades, pero las dejo para debate.

by Forges

by Forges

 

 

 

 


Recuperando horizontes, construyendo caminos desde la representación estudiantil II: espacios de movilización, participación y representación

 

Los Consejos y Delegaciones de estudiantes abren un nuevo espacio de participación política dentro de la Universidad, estos organismos están compuestos íntegramente por estudiantes, siendo gestionados en su totalidad por quienes las integran y teniendo una autonomía de actuación total (al menos en teoría) del consejo de Gobierno y de otros órganos colegiados y unipersonales de la Universidad tal y como por ejemplo recogen los estatutos de la Universidad de Granada y el reglamento de la delegación General de Estudiantes de la UGR sobre este ultimo órgano.

 

El funcionamiento de las delegaciones y consejos de estudiantes varia en función de las competencias, organización y formas de financiación recogida por sus integrantes en el reglamento de funcionamiento de las mismas y reflejado en el caso de los consejos y delegaciones de universidad en los estatutos generales de la misma. Esta libertad de acción permite que podamos encontrar delegaciones o consejos de estudiantes que funcionen de forma muy distinta sin ser esto un condicionante a su fin ultimo, la defensa y lucha por los derechos de estudiantes.

 

La construcción de las formas de participación dentro de la universidad no queda, por otro lado, limitada por el reglamento y el funcionamiento de la delegación o consejo de estudiantes, aunque estos órganos si recogen la máxima representación dentro de la institución universitaria.

 

Si admitimos como valido el supuesto de que la participación dentro de la universidad no queda limitada a la orientación realizada desde el máximo órgano de representación, podemos afirmar que somos los y las estudiantes como personas libres y responsables de nuestra practica diaria quienes construimos las distintas formas de participación en la universidad y que estas pueden tener tantas formas y opciones como queramos darles.

 

La autonomía de los máximos órganos de representación con respecto a los órganos colegiados de la universidad posibilita, ademas, un trabajo conjunto entre las delegaciones y consejos de estudiantes y asociaciones, ONG’s y otros colectivos representativos de la sociedad, siempre y cuando estas colaboraciones no vayan en contra de los fines últimos recogidos en los reglamentos de dichos órganos y en los estatutos de las universidades a las que pertenecen.

 

Por otro lado, esta participación en la construcción de nuevos espacios de expresión y cambio en los modelos de aprendizaje, podría encontrar un apoyo en las acciones realizadas por quienes nos representan en los máximos órganos de representación y en los órganos colegiados de la Universidad, de forma que nuestras ideas, nuestros proyectos y nuestras actividades puedan obtener nuevos caminos de financiación, transmisión y reconocimiento en la institución.

 

según Navarrete Lorenzo, “los jovenes no se sienten ni autores ni actores de la historia de su tiempo, sienten que es imposible autoubicarse”. En contra de esta afirmación, yo si creo que nos sabemos actores y autores de nuestro tiempo, la diferencia estriba en que queremos decir cuando hablamos de participación y sobre todo en aquello que se legitima como participación dentro de la universidad.

 

La variabilidad de cada persona, así como la defensa de determinadas ideas y principios de actuación conduce a que hablar de participación estudiantil implique realizar un amplio recorrido por sus diversas representaciones o las distintas formas en que esta es entendida.

 

A modo de resumen, desde mi punto de vista, tres son las visiones que podemos encontrar en torno a la participación estudiantil y sobre todo a la motivación que desde las distintas opciones se puede dar para participar dentro de la universidad:

 

1. En primer lugar podemos encontrarnos con grupos de estudiantes que no participen de la representación estudiantil, simplemente por motivaciones ideológicas. Estos estudiantes sin embargo, generan distintos espacios de participación paralelos a la representación formal e incluso a las distintas delegaciones y consejos que además de seguir movilizando y fomentando la participación del sector estudiantil, aporta nuevas visiones y construcciones de los espacios públicos en la universidad, así como de la transmisión del conocimiento que se da en esta. En este sentido no están de acuerdo con la organización de dichos órganos y con la subordinación, que desde su punto de vista existe en ellos a los poderes organizativos del sistema universitario.

 

2. Una segunda forma de participación estaría marcada por aquellas personas que representan en distintos órganos colegiados a sus compañeras y compañeros, pero que, quizás por falta de conocimiento, de tiempo o simplemente por no encontrar los caminos adecuados no terminan de transmitir aquello que se trabaja en las distintas reuniones. Por otro lado desde la representación, podemos encontrarnos con personas que ademas están involucradas en otras formas de participación, principalmente con actividades organizadas por asociaciones o por los propios vicedecanatos; y otras personas que simplemente se interesan por representar y estar algo mas informadas de aquello que sucede en el ámbito de su facultad o su universidad.

 

3. Por ultimo podemos encontrarnos con personas que estén involucradas en la participación desde distintos ámbitos, ya sea desde el plano social, representativo, asociacional o en las delegaciones y consejos de estudiantes.

 

Como señala Rodríguez López (2003) existen grupos volcados no solo en la participación dentro de la universidad sino en el reconocimiento de dicha participación, algo que no deberíamos olvidar. En este sentido en su trabajo señala la labor de “Sapienza Pirata” un grupo que busca que “la Universidad reconozca como parte de los currícula los seminarios, lecturas o actividades que el movimiento estudiantil o los sectores mas dinámicos de las facultades sean capaces de crear. Estas experiencias pueden ser el embrión de formas nuevas de conocimiento, pero sobre todo mecanismos de autoorganización política con capacidad para modificar la propia institución y de generar formas de renta autónomas a los circuitos de explotación del trabajo cognitivo. ”

 

En cualquier caso la forma de participación en la que estemos dispuestos a involucrarnos dentro de nuestra universidad no debería de imposibilitar el contacto constante entre las distintas motivaciones, ya que el fin ultimo de todas se traduce en la consecución de la defensa de nuestros intereses como estudiantes y sobre todo en la mejora de la Universidad, del conocimiento que en ella se genera y de la función social que esta debería cumplir en nuestra sociedad.

 

“Los estudiantes deben participar en el gobierno universitario porque están en condiciones de hacerlo, y porque conocen y sufren mas que nadie los problemas universitarios. Esta participación debe darse tanto a través de los representantes estudiantiles en órganos de cogobierno, como de las organizaciones gremiales y centros de estudiantes” (Cuello Pagnone y Parisí).

 

La información como clave de la participación

 

En el estudio realizado recientemente por Cuello Pagnone y Parisí, Participación política estudiantil al interior de la Universidad: interés en política y conocimiento sobre la vida institucional. Se refleja la importancia de una información transparente y fluida en la consecución de una mayor participación por parte del sector estudiantil en la política universitaria, de este modo los autores señalan que:

 

“Sumado a la desinformación se registraron reclamos, de parte del estudiantado hacia la institución en general o hacia los representantes estudiantiles, en términos de demandas en cuanto a la cantidad, calidad y claridad información ”

 

Pero, por otro lado en dicho estudio se concluye que aquellas personas que de alguna forma participaban involucrándose en procesos de participación en la universidad registraban una mayor cantidad de información sobre las políticas universitarias llevadas a cabo y sobre el funcionamiento en general de la organización de la universidad (Cuello Pagnone y Parisí).

 

Las conclusiones de este estudio deberían hacernos reflexionar con respecto a la participación estudiantil, a cómo se lleva a cabo la transmisión de información y sobre todo al enriquecimiento de conocimiento que se adquiere al estar involucrados en labores de representación y participación.

 

Pero este apartado busca responder a algunas de las preguntas que con mayor frecuencia nos hacemos cuando decidimos colaborar o participar dentro de la universidad y de las actividades que se llevan a cabo en ella: ¿cómo participo? ¿qué puedo hacer?

 

Quizás en respuesta a esta pregunta nos bastaría con citar la famosa frase de Machado “caminante no hay camino, se hace camino al andar”. Y es que como se ha intentado reflejar en el apartado anterior la participación depende mucho de nuestras propias motivaciones, de hasta qué punto estemos dispuestos a involucrarnos y por su puesto de hacia dónde nos encaminan nuestras ideas.

 

Lo cierto es que la revitalización del movimiento estudiantil en general y del movimiento estudiantil universitario en particular, pasa por saber crear cauces de participación que permitan entrar en contacto con la política universitaria y con la información que se genera dentro de los distintos órganos a la amplia diversidad de ideas, creencias y motivaciones que integran las universidades, preservando siempre los principios democráticos de no represión y no discriminación y el valor de las argumentación en la validez de ideas sobre las opiniones vacías y basadas en dogmatismos ideológicos.

 

Las formas de participación que se desprenden de la exposición realizada comprenden una amplia variedad de posibilidades:

 

– Representación en órganos colegiados de la universidad, facultad o departamentos.

– Representación en las distintas delegaciones y consejos de estudiantes.

– Participación en la elaboración de actividades organizadas por distintas organizaciones o asociaciones.

 

Propuesta y elaboración de actividades a realizar por los propios estudiantes.

– Participación en medios de difusión de información: periódicos, boletines, revistas, radio, televisión, redes sociales…

 

etc.

Un abanico tan amplio de posibilidades deja paso a generar las motivaciones suficientes como para que cada persona se sienta participe de un movimiento que pugna por recuperar la importancia y el reconocimiento que ha ido perdiendo en los últimos años y sobre todo el reconocimiento de una juventud que no esta muerta, ni es apática. Aunque quizás tenga falta de confianza en sus posibilidades y en sus ideas, tal y como resalta Navarrete Lorenzo:

 

“Para que el movimiento estudiantil volviera a tener la influencia social de los 60 tendria que cambiar la mentalidad de los universitarios, tendrían que tener mayor confianza en sus posibles acciones. Pero ahora, lo que reina en la mente del universitario es el desencanto, la desconfianza, el egoísmo y otros aspectos que hacen imposible que vuelva a ser el agente de cambio que fué”

Y os dejo la bibliografía para quién esté interesado en algo más sobre el tema:

Carrillo-Linares, Alberto. Movimiento estudiantil antifranquista, cultura política y transición política a la democracia. asado y Memoria. Revista de Historia Contemporánea, 5, 2006, pp. 149-170 .

Cuello Pagnone, Marina y Parisí, Elio. Participación política estudiantil al interior de la universidad: interés en política y conocimiento sobre la vida institucional.

Decreto 1236/1971, de 14 de mayo, por el que se aprueban los estatutos provisionales de la Universidad de Granada. B.O.E. De 17 de junio de 1971, no 144, pags. 9775-8784. Descargado el 2 de enero de 2011 de http://www.boe.es/aeboe/consultas/bases_datos/doc.php?id=BOE-A-1971-753

Fouce, José G. El movimiento estudiantil español a lo largo del tiempo: la transición y los anos 90. Un análisis cualitativo. Nómadas 2007, nº7, enero-junio. Universidad Complutense de Madrid (Madrid).

González Calleja, Eduardo y Souto Kustrin, Sandra. De la dictadura a la república: orígenes y auge de los movimientos juveniles en España. HISPANIA. Revista Española de Historia, 2007, vol. LXVII, num. 225, enero-abril, pags. 73-102.

Ley de 29 de julio de 1943 Sobre Ordenación de la Universidad Española. BOE de 31 de julio de 1943, no 212, pags. 7406 a 7431 .consultada en http://www.filosofia.org/mfa/fae943a.htm el 28 de diciembre de 2010.

Navarrete Lorenzo, Montserrat. El cambio del movimiento estudiantil. De la revolución a la apatía. Acciones e investigaciones sociales , pags 75-88.

Real Decreto de 21 de mayo de 1919 consultado en http://personal.us.es/alporu/legislacion/plan_silio.htm el 29 de diciembre de 2010.

Rodríguez Lçopez, Emmanuel. La universidad y su critica. Movimiento estudiantil, reforma universitaria y mercado de trabajo (1975-2003). LOGOS. Anales del Seminario de Metafísica 2003, 36 49-63 .


Recuperando horizontes, construyendo caminos desde la representación estudiantil I

Bueno pues aquí dejo la primera parte de la Ponencia que tuve la suerte de compartir en las I Jornadas de Representación Estudiantil organizadas por las facultades de Ciencias de la Educación y Ciencias de la Universidad de Granada en 2010.

Hablar de representación o mejor dicho de participación estudiantil en las instituciones educativas  y particularmente en la Universidad obliga a hacer un repaso histórico a las formas y espacios que han servido para dar expresión a la voz de de estudiantes en toda la amplitud que el término recoge.

Si centramos nuestra atención en nuestro Estado podemos afirmar que el movimiento estudiantil ha sido precursor de verdaderos cambios políticos y sociales a lo largo de nuestra historia, sobre todo desde los siglos XIX y XX. Como señalan Gonzalez Calleja y Souto Kustrín (2007) en España “los primeros movimientos de protesta juvenil fueron fundamentalmenteuniversitarios”. Varios sucesos recogidos por estos autores en su trabajo De la dictadura a la república: orígenes y auge de los movimientos juveniles en España, indican la importancia de estos movimientos, así como su compromiso con el avance y progreso de la democracia y de la sociedad en la que se suceden. Los autores citan por ejemplo la “Noche de San Daniel del 10 de abril de 1865” donde se luchó por la defensa de la libertad de cátedra, los alborotos de la Santa Isabel en noviembre de 1884 con las mismos intereses de defensa en favor de la libertad de cátedra, las primaveras de 1903 y 1905 contra el aumento del clericalismo en las aulas… Estas movilizacionesy manifestaciones marcarían los inicios de un movimiento que ha tenido diferentes motivaciones y respuestas a las circunstancias vividas a lo largo del siglo siguiente.

Durante siglo XX la movilización estudiantil recorre una línea en la que ha evolucionado a través de distintas formas de participación en la institución universitaria, en el gobierno de la propia universidad y en la transformación de la sociedad.

Los primeros años del siglo y hasta el golpe de Estado que generaría la guerra civil española, lamovilización estudiantil mantuvo un papel muy activo en la politica estatal, hasta el punto de que algunos trabajos relacionan el estallido de la guerra con la fuerte oposición entre grupos de movilización juvenil, muchos de estos muy relacionados con los distintos grupos de participación estudiantil universitaria.

El final de la guerra y la dictadura del general Franco reducidiría la representación y participación estudiantil dentro de la Universidad al sindicato español universitario (SEU), un sindicato de organización vertical, marcado por la ideología del régimen y que servía como un elemento más de instrucción y control de la población, sobre todo de los grupos opuestos al régimen. Cómo ejemplo basta echar un vistazo a algunas de las competencias atribuidas a dicho sindicato en la Ley de 29 de julio de 1943 sobre Ordenación de la Universidad Española:

“a) Agrupar a todos los estudiantes universitarios.

c) Infundir con sus actividades e instituciones el espíritu de la Falange en los escolares universitarios.

d) Participar en la selección de los alumnos universitarios para el intercambio de pensiones o ampliación de estudios en Centros nacionales o del extranjero, de suerte que su informe favorable sobre la formación política de los candidatos sea preceptivo para la designación.

g) Organizar, de acuerdo con las normas del Ministerio de Educación Nacional, del Frente de Juventudes y de las disposiciones rectorales, el Servicio Obligatorio de Trabajo, cualquiera que sea el lugar en que haya de realizar sus tareas.

h) Determinar, conforme a las normas de la Delegación nacional del Frente de Juventudes, los planes obligatorios de Educación Física y Deportiva, que, una vez aprobados por el Ministerio de Educación Nacional, pondrá en práctica de acuerdo con las disposiciones rectorales los recursos materiales necesarios para la puesta en práctica de estos planes serán facilitados por el Ministerio de Educación Nacional.

i) Organizar Comedores y Hogares del Estudiante, Albergues de Verano e Invierno, y cuantas instituciones tiendan a fomentar el espíritu de camaradería entre sus afiliados y a mejorar su preparación para la vida humana.”

Si bien, este sindicato lejos de establecerse como el instrumento de transmisión y subordinación que el régimen requería para el control de la juventud chocaría, sobre todo a partir de los años 50, con una generación nueva, que al darse cuenta de las funciones doctrinarias de dicho sindicato constituiría el germen de un sindicato paralelo (Sindicato Democrático), controlado íntegramente por estudiantes y que participó activamente en acciones contra la dominación académica y social generada por la dictadura (Carrillo-Linares, 2006).

Resulta fundamental resaltar el papel que según los trabajos consultados (Fouce, 2003 y Carrillo-Linares, 2006) tendrían las organizaciones juveniles, sobre todo durante las décadas de los 60 y 70, nacidas de las inquietudes de estudiantes que buscaban una salida democrática al régimen dictatorial.

“El aire de modernidad social y de refresco mental penetró, más que por ningún sitio, por la aulas universitarias, a veces incluso contra la moral de muchos de los partidos de la oposición, lo que nos alude a que el proceso iba más allá de lo puramente político” (Carrillo-Linares 2006).

A este respecto estos estudios sobre la participación estudiantil de finales de la dictadura y sobre todo durante la transición política, dejan claro el papel movilizador del liderazgo estudiantil de la época, formando una pieza clave de la transición democrática del Estado.

Tal y como señala Carrillo-Linares (2006):

“El régimen siempre temió mucho más la protesta obrera pero, en cierta medida, perdió de vista los efectos destructivos del otro movimiento, que fue mucho más corrosivo, del entramado profundo sobre el que se construye una sociedad”.

El período de transición dejó paso a una nueva organización estatal, basada en los principios democráticos heredados del estado de bienestar y que imponía nuevas formas de participación desde los movimientos estudiantiles. Pero, con anterioridad a la llegada de la democracia la puesta en marcha de la Ley general de Educación de 1970, promulgada durante el final de la dictadura y que representó un intento de aplacar a los sectores críticos del régimen, incluyó la ampliación de la participación en los procesos y órganos de toma de decisiones, una de las reivindicaciones de los movimientos de renovación pedagógica y sobre todo de aquellos profesores que no gozaban de una seguridad funcionarial en el sistema, los llamados profesores no numerarios (PNN). El papel de estos profesores no numerarios tras la promulgación de la LGE y su integración total en el sistema funcionarial, generaría un cambio con terribles consecuencias para la movilización estudiantil (Rodríguez López, 2003).

Así por ejemplo los estatutos de 1970 de la Universidad de Granada recogen la participación de una representación de estudiantes en distintos órganos colegiados. Tanto en su artículo 27 sobre la composicíón del claustro, del que formarían parte “seis estudiantes por facultad o escuela técnica superior, que hayan aprobado el primer año de sus estudios” y “un estudiante por Escuela universitaria”. Como en el artículo 35 sobre la composición de la junta de gobierno, de la que formarían parte “en representación de cada Facultad o Escuela Técnica Superior, un estudiante que haya aprobado los dos primeros años de estudios”.

El movimiento estudiantil y la participación dentro de la universidad se regulaba ahora mediante la elección de representantes en los distintos órganos de gobierno. Esta medida a la vez que garantizaba una representación de estudiantes en aquellos órganos en los que se tomaban las decisiones, generaba nuevas incógnitas en cuanto a la capacidad de negociación, movilización y presión del sector estudiantil que además había perdido en las reformas educativas de los años 70 y 80 a sus aliados en las presiones de los años 60, aquellos profesores y profesoras que no gozaban de plaza fija en el sistema eduativo.

La nueva situación tendría un pulso decisivo en la aprobación de la Ley universitaria de 1986, que generó la primera manifestación estudiantil de la recién estrenada democracia en el ámbito estatal, marcada principalmente por abolir la selectividad y que si bien no consiguió su fin último, reflejó una capacidad de convocatoria superior con respecto a la movilización generada por otros sectores (Fouce, 2003).

Desde la década de los noventa la representación de estudiantes en los distintos órganos colegiados ha ido aumentando, pero eso ha supuesto para muchos, una pérdida de la capacidad de movilización del estudiantado para defender sus derechos. Por otro lado, la mayoría de trabajos sobre representación estudiantil y sobre la incidencia de la participación de estudiantes en la política universitaria destacan la poca implicación del sector, valiéndose sobre todo de las referencias obtenidas en cuanto al porcentaje de votantes registrados en los distintos procesos electorales, así como al número de candidatas y candidatos postulados para la representación.

Sin embargo, como señala Fouce (2003):

“El frecuente uso que suele hacerse de esta comparación intergeneracional [entre transición y actualidad] para descalificar a los jóvenes de hoy y sus movimientos no parece tener mucho sentido y parece responder, más bien, a una serie de intereses particulares que se centran en bloquear a las nuevas generaciones y sus impulsos renovadores y transformadores. ”


MOVIMIENTOS ESTUDIANTILES, REIVINDICACIONES PARALELAS (II)

p { margin-bottom: 0.21cm; }

MAI 1968,

¡Se cierra!Grito del corazón de los guardianes del museo hombre usado

Grito del corazón para transplantar

para remendar
Grito de un corazón extenuado
¡Se cierra!
Se cierra la Filmoteca y la Sorbona también
¡Se cierra!
Se aprisiona la esperanza
Se enclaustran las ideas
¡Se cierra!
Y si la juventud abre la boca
por la fuerza de las cosas
por las fuerzas del orden
se la hacen cerrar
¡Se cierra!
Pero la juventud por tierra
aporreada pisoteada
gaseada y cegada
se levanta para forzar las grandes puertas abiertas
las puertas de un pasado emntiroso
caduco
¡Se abre!
Se abre sobre la vida
la solidaridad
y sobre la libertad y la lucidez.
(Jacques Prévet)

Pero, ¿en qué terminaron las reivindicaciones de aquellos sectores estudiantiles más críticos con el SEU y con las políticas complacientes de quienes estaban al frente?

Las críticas vaticinaban un gran cambio en la representación estudiantil, y sobre todo una enorme repercusión en las políticas gubernamentales y universitarias. Pero, el régimen no permitiría que estas reivindicaciones superaran lo previsto por los órganos de poder y llevando a cabo un cambio de estrategia (hasta ahora la respuesta a tales reivindicaciones había sido la imposición por medio de la fuerza) creaba las Asociaciones Profesionales Estudiantiles (APE) (1) con las que lograba absorver a una gran parte del sector estudiantil, ya que estas proporcionaban la posibilidad de salidas profesionales y se constituían como una “alternativa profesional y apolítica” tanto al SEU como a los Sindicatos Democráticos de Estudiantes Universitarios (SDEU) algo que ya denunciarían por aquel entonces tanto la FUDE como la Unión de Estudiantes Demócratas (UDE).

La desaparición del SEU vino sobre todo precedida por una intensa actividad política y reivindicativa de muchas personas que al margen de este sindicato y como independientes comenzaron a vertebrarse en actividades paralelas, inbrincándose con movimientos sociales y constituyendo vías alternativas a un órgano que ¡no les representaba!. En la revista “Díaleg” de la Universidad de Valencia José Antonio Noguera decía:

”Había un gran movimiento cultural. Un grupo de independientes nos organizamos al margen del SEU. Decidimos no conceder representatividad a los cargos del SEU, que a veces éramos nosotros mismos. Recuerdo que hacíamos revistas orales: Paco Brines y Jacobo Muñoz hicieron “La caña gris”, lo mejor que se hacía en poesía. Bartrina, Alfons Cucó y Raimon cantaban. Yo presidía el cine club universitario -que teóricamente era del SEU-. Había revistas orales, de gran aceptación y éxito. Editábamos la revista “Concret”, y después “Dialeg” – Vicent Álvarez, J. V. Marques, el sacerdote latinoamericano Pablo Varela, Cucó y yo mismo-”.(2)

La vertebración del CEUNE en 2010 iba a contar en su composición con la presencia de varios actores que ayudarían a equilibrar la balanza en aquellas decisones contradictorias, asegurando un punto de apoyo más a las políticas impuestas por los gobiernos de turno. Las asociaciones de estudiantes y la inclusión de la representación de las Universidades privadas del Estado tendrían el mismo peso que la representación estudiantil elegida democráticamente y a través de los órganos estudiantiles de representación correspondientes, con una sorpresa añadida, aquellas universidades que no contaran con una Delegación o Consejo de Estudiantes legalmente constituido deberían elegir a su representante de entre los estudiantes representantes en Consejo de Gobierno, posibilitando así, una vez más, el uso de la pillería en la elección de representantes (algunas universidades dictaminaron que para la elección a representante en el CEUNE pudieran votar no solo las y los representantes estudiantiles en Consejo de Gobierno, sino también el profesorado y PAS presente en dicho órgano). El CEUNE nacía así perdiendo parte de las garantías democráticas que vaticinaba de cara a la participación y representación estudiantil.

Para parte de quienes forman hoy dicho Consejo de Estudiantes del Estado o algunas de las personas que han visto como se ha impuesto un Estatuto y una organización contando tan solo con el apoyo y asesoramiento de asociaciones que no recogían a toda la representación estudiantil democráticamente elegida en cada Universidad, la respuesta al CEUNE está clara, hay que garantizar estructuras paralelas al mismo, que se construyan desde las garantías democráticas y de representatividad y que se transformen en verdaderas promotoras de las necesidades y decisiones de las y los estudiantes de a pie.

La historia que continúa desde 1965 y 1966 es de sobra conocida por todas y todos, en varias Universidades (Sevilla, Madrid y Barcelona) el rechazo a las APE se acentúa, consiguiéndo además el apoyo de un sector del profesorado crítico con las políticas del régimen y que se adhería personalmente a las protestas estudiantiles.

Se volvía a crear un Sindicato Estudiantil paralelo, tras el triunfo del Congreso Democrático de Valencia sobre el intento del presidente de las APE’s, a quien los estudiantes no reconocían como su representante, de reunir de nuevo a todos los estudiantes (3). Este Sindicato se estructura sobre los principios de la democracia asamblearia, se constituían asambleas de curso, facultad y distrito, y se organizan los trabajo en distintas especialidades: estudios universitarios, que analizaba documentos y proponía alternativas tanto al funcionamiento académico como político; Información, que intentaba conectar las reivindicaciones estudiantiles con las obrearas y sindicales , realizando además todas las labores de difusión; y actividades culturales, que ponía en marcha teatros, encuentros, conciertos, creación de revistas, seminarios, etc.

Lo que sigue desde este año 2011 y el año que nos sigue es cosa de quienes tienen la certeza de luchar por los intereses compartidos de una Universidad Pública; Democrática en todas sus decisiones, órganos y procesos electorales; que garantice el acceso de todas las capas sociales a la educación, sin restos de discriminación; aislada de intereses políticos partidistas… lo que sigue es construcción de todas y cada una de las personas que están directamente relacionadas con la representación y participación estudiantil y, estoy seguro de que he conocido a muchas personas que no cederán en su empeño.

¡nunca dejéis que nada os haga desfallecer!


p { margin-bottom: 0.21cm; }a:link { }

1. Rojos y demócratas. La oposición al franquismo en la Universidad de Valencia. 1939-1975. Benito Sanz Díaz. Edita: CC.OO. PV, FEIS y Albatros. Valencia. 2002. ISBN 84-7274-256-3 ; Gómez Oliver, Miguel. El movimiento estudiantil español durante el franquismo (1965-1975).Revista crítica de ciencias sociales ISSN 0254-1106, Nº. 81, 2008 , 93-110


2. Rojos y demócratas. La oposición al franquismoen la Universidad de Valencia. 1939-1975. Benito Sanz Díaz. Edita: CC.OO. PV. FEIS y Albatros. Valencia. 2002. ISBN 84-7274-256-3

3. Sanz Díaz, Benito. El fin del Franquismo en la Universidad. “II Encuentro de Investigadores del Franquismo”. Volumen II, pp. 97-114.I nstituto Gil-Albert, FEIS, y Universidades de Valencia y Alicante. Alicante. Alicante. 1995

+info:

Claret Miranda, Jaume. Cuando las cátedras eran trincheras. La depuración política e ideológica de la UNiversidad española durante el primer franquismo. HISPANIA NOVA. Revista de Historia Contemporánea. Número 6 (2006) http://hispanianova.rediris.es


MOVIMIENTOS ESTUDIANTILES, REIVINDICACIONES PARALELAS (I)

Termina en breve el año académico en todas nuestras universidades y desde lo vivido en estos últimos años no podía sino brindar alguna que otra entrada a quienes lucharon y a aquellas personas que hoy en día mantiene viva la llama de las reivindicaciones en nuestras universidades.

Dicen quienes aman la historia que esta siempre se repite una y otra vez, dice también un refrán que el hombre (o la mujer) es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra” pero, y si la historia realmente estuviese repitiéndose. Bueno quizás una repetición sería exagerar, pero no puedo evitar ver ciertos ¿paralelismos?

No voy a alejarme mucho en el tiempo, pero hace tan solo unos 35 años en un país sumido en la dictadura del General F. Franco…

Cuentan las y los historiadores y corroboran diversos escritos que allá por los años 60 y 70 del siglo XX, la universidad que conocemos se hallaba sumida en un mar de contradiciones, luchas internas y vientos de renovación. Dicen también que ya por 1956 nacía una de las primeras protestas estudiantiles en contra de lo que se denominaba Sindicato Español Universitario (SEU) y que tras aquella protesta se constituía el primer Congreso Libre de Estudiantes…

Aún recuerdo aquel año, apenas habría llegado a adecuarme al funcionamiento de la universidad, pero había algo que llamaba mi atención. Un grupo de estudiantes que reclamaban más participación, un grupo de estudiantes que pedían tener voz en aquello que se estaba construyendo (y de lo que ni siquiera se nos estaba informando). Mientras tanto, yo vivía inmerso en uno de tantos “programas piloto” del proceso “Bolonia”.

Los años 50 pasaron con el proceso de “apertura” que comenzaba a realizar la dictadura de cara a obtener cierta aceptación internacional. Aquel viejo SEU empezaba a llenarse de estudiantes que guiados por la necesidad de constituirse como voces críticas (democráticas y altenativas) dentro del propio sindicato llevaban a cabo actividades culturales, elaboraban revistas y difundían información sobre la situación de la universidad, estableciendo enlaces con los mivimientos obreros y la ciudadanía…

Mientras, yo en 2009 comencé a involucrarme de una forma más activa en la representación estudiantil. No tenía claro cómo, pero quería cambiar aquello que consideraba no funcionaba bien, tampoco era consciente de la diversidad de intereses y movimientos contrapuestos o confluyentes que existían en este tipo de organización.

Las elecciones a los cargos de la Delegación General de Estudiantes (DGE) marcaron de forma drástica mi camino dentro de la representación. Pero, quizás lo que más podría destacar del comienzo de ese activismo representativo, es la suerte de haber podido conocer a un grupo de compañeras y compañeros comprometidos con lo que hacían y que además no vacilaban ni escatimaban ni un instante para ponerse a trabajar en aquello en lo que creían.

En estos años (y aún antes, según he ido leyendo y me han ido informando) ya existía la Coordinadora de Representantes de Estudiantes de las Universidades Públicas (CREUP) un foro que a simple vista podría antojarse como encuentro de quienes dentro de las distintas universidades quieren buscar caminos alternativos a los marcados por las instancias de poder, dejadme pensar que puede resultar lo contrario. Pero, más allá de esto en varias universidades españolas habían asumido la representación personas bastante críticas con las reformas que se llevaban a cabo, personas que en algunos casos, en otros no, habían formado parte de aquellos movimientos “antibolonia” y que planteaban formas y estructuras de participación más democráticas y transparentes de cara al conjunto de la comunidad universitaria y sobre todo al sector estudiantil. Más allá de eso en Andalucía coincidían, gracias al empeño y empuje sobre todo (según me cuentan) de una compañera de Cádiz, un grupo de personas que volvían a relanzar lo que en años anteriores ya se conocía como Coordinadora Andaluza Interuniversitaria (CAI), un foro donde los máximos representantes estudiantiles discutían, se formaban y establecían planes de acción conjuntos….

Un decreto de septiembre de 1961 proclamaba la posibilidad de elección libre de los delegados de curso y centro, un triunfo de la lucha estudiantil que posibilitaba la coordinación por parte de grupos como la Federación Universitaria Democrática Española (FUDE) de estudiantes en los cargos del SEU. Entre 1963 y 1964 los representantes elegidos democráticamente por los estudiantes proclaman la ruptura con las jerarquías no sujetas a normas democráticas del SEU. Nacía un sindicato democrático e independiente de los poderes universitarios y gubernamentales con “la idea de unir la lucha por la democracia en la universidad, con la lucha por la democracia en España”(1)

A finales de los 90 y principios del siglo XXI, los movimientos antibolonia reflejaron el sentimiento de una buena parte del sector estudiantil universitario. Buscaban una reorientación de la reforma y un debate abierto sobre el proceso que se estaba llevando a cabo. Sus peticiones y su análisis no han sido, aún, reconocidas a pesar de demostrarse la anticipación en sus documentos a lo que actualmente denuncian muchas de las personas que sufren esta reforma. Los poderes gubernamentales han actuado con cierta anticipación, y dibujando una historia muy diferente a la realidad hacían como suya la puesta en marcha a finales de 2010 de una de las reivindicaciones históricas del movimiento estudiantil, la creación de un órgano de representación, debate y puesta en común de las necesidades del colectivo más amplio de la Universidad, las y los estudiantes.

En 1964, la Cámara de Estudiantes de Ciencias Económicas de Barcelona transmite en su revista “Siega” un análisis “demoledor” de la situación en la universidad en la que consideran que hay “un profesorado seleccionado de forma dudosa y poco garantista, que permite la existencia de muchos catedráticos incompetentes; con unos planes de estudio mal elaborados, en cuya concepción y ejecución los estudiantes no tienen ni voz ni voto… Una universidad mal dotada económicamente y peor administrada. De ahí, que los estudiantes no conciban su trabajo como una responsabilidad intelectual, que no estén orientados en sus estudios, y que la universidad se encuentre aislada de los problemas del país.”(2) Para terminar pedían “un sindicato independiente y representativo, diferenciado de las autoridades politicas y académicas y con capacidad de diálogo frente a ellas”(3).

A finales de 2010 y principios de 2011 el Ministerio de Educación organizaba sendas reuniones por medio de la cátedra UNESCO de política universitaria a la que asistían casi la totalidad de representantes de estudiantes elegidos de forma democrática por sus compañeras y compañeros de universidad. En aquella reunión un amplio sector de las personas allí reunidas expresaban su desacuerdo con el Estatuto del Estudiante Universitario sobre el que se instaba a debatir (entre otras cosas porque ya no había nada que cambiar y se trataba de una reunión de trámite) y con la composición del órgano estatal que actuaría como representación (en la figura de su presidente) ante los órganos de Gobierno Estatales en las negociaciones sobre aquellas políticas universitarias que afectaban al sector estudiantil, entre otras cosas porque la figura presidencial del Consejo de Estudiantes Universitario del Estado (CEUNE) estaba ya bien definida y recaería en el Ministro de Educación de turno. Los representantes de estudiantes reclamabamos entonces “un órgano independiente y representativo, diferenciado de las autoridades políticas y académicas, y con capacidad de diálogo y negociación frente a ellas”.

Continuaŕa…


1. Gómez Oliver, Miguel. El movimiento estudiantil español durante el franquismo (1965-1975).Revista crítica de ciencias sociais, ISSN 0254-1106, Nº. 81, 2008 , 93-110

2. Ibid.

3. Op. cit.

Más info:

Informe de la Cámara de Estudiantes sobre “los problemas de los Universitario” aparecido en el número 3 de la Revista oral “Siega” de la Facultad de ciencias económicas de Barcelona. 5 de marzo de 1964.

Rojos y demócratas. La oposición al franquismo en la Universidad de Valencia. 1939-1975. Benito Sanz Díaz. Edita: CC.OO. PV, FEIS y Albatros. Valencia. 2002. ISBN 84-7274-256-3

Jaume Claret Miranda, Cuando las cátedras eran trincheras. La depuración política e ideológica de la Universidad española durante el primer franquismo. HISPANIA NOVA. Revista de Historia Contemporánea. Número 6 (2006) http://hispanianova.rediris.es

Fernández-Montesinos Gurruchaga, Andrea (2008). Hijos de vencedores y vencidos: los sucesos de Febrero de 1956 en la universidad central. Memoria de Máter presentada en la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Compluense en Septiembre de 2008.


FELIZ 2011, FELIZ VIAJE

“Más lejos, tenéis que ir más lejos

de los árboles caídos que os aprisionan.
Y cuando los hayáis ganado
tened bien presente no deteneros.

Más lejos, siempre id más lejos,

más lejos del presente que ahora os encadena.
Y cuando estéis liberados
volved a empezar nuevos pasos.

Más lejos, siempre mucho más lejos,
más lejos, del mañana que ya se acerca.
Y cuando creáis que habéis llegado,
sabed encontrar nuevas sendas.

Viaje a Itaca (Lluis Llach)

Se acerca el final de este 2010 y todos esperamos un nuevo año, pensamos que aquellas cosas que no pudieron ser en estos doce meses llegarán a cumplirse en los meses que llegan.

Al final de nuestra última uva tomaremos champán, repartiremos besos y dentro muy dentro de nuestros pensamientos volveremos a desear que este año que entra sea un año mejor, un año el que se acaben las guerras, los abusos a quienes menos tienen, las desigualdades, la violencia, el machismo, el odio a quienes son diferentes… pero, ¿vamos a esperar que todo eso suceda?

Hace unos días me decía un amigo y compañero lo que cansa no dejar de hacer cosas para mejorar lo que ahora tenemos y como todo se viene abajo cuando te das cuenta que aquello que se hace llega a muy pocas personas y algunas tan siquiera pueden llegar a apreciarlo.

Este año yo también me voy a comer esas uvas que nuestra tradición dice nos traen suerte para el nuevo año, voy a tomar una copa de champán, si es posible con un anillo de oro dentro, para seguir atrayendo la suerte, felicitaré a todas aquellas personas que estén cerca en ese día. Pero además no voy a desear que mejore el mundo en el que vivo, no voy a desear que cambien las cosas y las guerras acaben, no. Voy a desear que quienes están día a día peleando para que las cosas cambien nunca caigan en el desánimo. Voy a pelear con todas mis fuerzas para que nadie tire la toalla, porque si esas personas, las que están cerca, las que conozco, quienes están ahí dejando de lado sus ambiciones personales para atender las necesidades de otras personas dejan un día de hacer lo poquito que hacen, entonces sí que no tendremos ningún cambio posible.

Vivimos quietos, callados, esperando que algo cambie, que todo comience a ser mejor pero no podemos seguir esperando a que alguien haga algo, deberíamos pensar que nuestro mundo solo nos condiciona pero eso no hace que todo lo que vivimos este predeterminado por nada, por nadie. Somos constructures de nuestro mundo y no podemos seguir parados esperando que alguien ponga el próximo ladrillo.

Resulta desalentador ver como día a día el camino a recorrer se hace más duro y a veces más largo, pero solo os pido que no os desaniméis, que sepáis que siempre hay alguien que reconoce lo que hacéis. Dificilmente podrémos ver unos tímidos resultados de aquellos que hacemos cada día y que tan pocas personas conocen, pero todo ese proceso, todo ese proyecto de vida va contaminando conciencias, comienza a generar conocimiento y lo que es más importante, acción.

Si algo quiero que me traiga el 2011, es seguir viviendo la inquietud de quienes no se conforman con vivir en el mundo en el que viven porque como dicen algunas parsonas “es mejor que otros”, sino que buscan que esos otros mejoren su mundo seguir viendo la fuerza de muchas personas en el duro viaje a Itaca y la decisión de que todo debe cambiar, porque existe la posibilidad de cambiarlo, por pequeña que sea, y esa posibilidad nos invita a no rendirnos.

Os voy a pedir una cosa a quienes seguís ahí, sin dejar de luchar por vuestros derechos, sin dejar de denunciar una injusticia tras otra, un atropello detrás de otro, no os rindáis, sois las únicas personas que mantenéis la esperanza en la realidad del día a día.

Feliz 2011.


¿La república de los estudiantes?

Así se refirió Gabriel de Mazo a la universidad en 1908, la concibió como una república de estudiantes no porque quisiera que los estudiantes o aquellos a quienes normalmente consideramos como tales tomaran el poder en lo que sería en todo caso una “dictadura de los estudiantes”, sino porque consideró como estudiante a toda persona que acude a esta institución para aprender, para desarrollarse como persona, para buscar respuestas basadas en la ciencia, y eso incluía desde a quien entraba al primer curso con más miedo que seguridad de a dónde se dirigía hasta a la catedrática o catedrático más laureado por sus investigaciones.

La democracia en la universidad es algo por lo que se ha luchado históricamente desde el nacimiento de la institución, buscando la participación de toda la comunidad en la construción tanto de la institución como del conocimiento que en ella debía generarse.

Hace unos días, mientras buscaba artículos y lecturas para un trabajo, me encontré con dos artículos publicados en “El País”: Universidad y Democracia, Universidad y Democracia y en ellos los autores reflexionansobre la idea de democracia en la universidad, concluyendo que el actual modelo democrático que está instaurado en estas instituciones nos ha llevado a donde estamos: corporativismo, poca o nula calidad y repercusión de las investigaciones, confrontación de intereses, exclusión de grandes investigadoras e investigadores…

Ni que decir tiene que algo falla en nuestras universidades, pero en contra de lo que se argumenta en dichos artículos no creo que el cambio de un modelo democrático por un modelo de corte autocrático o del estilo que proponen pueda ser un camino válido para solucionar los problemas. Más bien deberíamos fijar nuestra vista, al menos en mi opinión, en ¿qué tipo de democracia se está practicando actualmente en nuestras universidades? ¿cuál es el funcionamiento y uso que tienen los órganos de gobierno? John Dewey ya por 1888 advertía la diferencia que existía entre considerar la democracia como la voluntad de una “masa” de personas atadas a uno voto, con lo que obtendríamos una visión numérica y parcial del significado de democracia; y considerarla como un todo orgánico “los hombres no sólo son átomos aislados antisociales; sino que en una intrínseca relación con los demás hombres superan por completo la teoría de ser una masa de hombres, un montón de granos que necesitan un mortero para mantener el orden”. De esta forma Dewey considera el funcionamiento de la democracia como un organismo que se nutre de las diferencias e interacciones de quienes la componen. Para Dewey la democracia no sólo era una forma de gobierno, sino una concepción ética en basa a una organización social.

Hacia ahí deberíamos caminar, pero no cabe duda de que como dicen los autores de los artículos de “El País”, existe un corporativismo en nuestras universidades y en nuestra instituciones educativas,y una visión partidista e interesada que en ocasiones ha llevado a gestionarlas como meras empresas o asociaciones en las que la privatización de las relaciones ha configurado una selección de cuadros de gobierno basados en el clientelismo y la cesión a intereses particularistas y no a la elección de la candidata o candidato mejor preparado. Relaciones que en ocasiones incluso han excluido a investigadoras e investigadores que buscan apoyo en instituciones extranjeras.

Convendría dejar claro que como dicen estos autores la universidad es una institución que debe buscar el conocimiento y aprendizaje, pero eso no limita las posibilidades de participación democrática de toda la comunidad. Si la lógica democrática está llevando a esos particularistos en la universidad sería útil plantearnos ¿qué espacio tiene la educación democrática en nuestras escuelas? ¿Cómo hacemos llegar los valores y teorías intrínsecos a una democracia en nuestras clases (incluidas las universitarias)?



Dewey realizó un extenso trabajo a lo largo de su vida sobre la democracia y su relación con la educación que quedó reflejado sobre todo en su gran obra “Democracia y educación”, dejando claro que las instituciones educativas no sólo deben ser un espacio de paso para la vida democrática en la sociedad adulta, sino que como sociedades en miniatura (que deberían recoger la diversidad de las mismas) deben adoptar prácticas democráticas en sus interacciones. Tan solo la búsqueda de intereses compartidos y las interacciones entre grupos y personas de forma dialógica puede asegurarnos un avance definitivo en la producción de investigaciones y aprendizajes de calidad.



En cualquier caso, al hacer referencia a las grandes universidades conviene no olvidarse de todos los aspectos que las hacen diferentes al resto: diversidad, inclusión, mediadas de acción positiva, fomento de la investigación, apuesta por métodos pioneros y democráticos de educación… En este sentido, y a pesar de lo largo de la cita, me gustaría reflejar el comentario que Ramón Flecha, catedrático de sociología de la Universidad de Barcelona e investigador principal del proyecto INCLUD-ED, hacía en la revista Escuela en 2006:



“En ochenta años de historia, Harvard Educational Review, sólo ha destacado una experiencia educativa en nuestro país en un artículo al que pusieron el siguiente título: “La Verneda de Sant Martí: una escuela donde la gente se atreve a soñar”. En las universidades de calidad se tienen muy en cuenta autores y autoras que investigan como acercarnos a los sueños; solo en las universidades mediocres y con estructuras feudales se atacan a quienes investigan, practican y enseñan esas teorías. A mí me decían en los años 80 “menos Freire y más Ausubel” como si el primero fuera solo un humanista sin nivel científico; luego fui invitado por Harvard a hablar en un masivo homenaje a Paulo en el que pude comprobar una vez más que la comunidad científica internacional nunca ni siquiera conocerá a quienes me decían esas cosas y por el contrario siempre valorarán a Freire…Quienes en educación oponen ciencia a sueños no son científicos. Quienes dicen “dejémonos de utopías, bajemos a la realidad”, nunca mejorarán la realidad y ni siquiera llegarán a conocerla. Quienes dicen que el pesimismo es el optimismo inteligente son muy poco inteligentes; nunca mejorarán la educación pero, eso sí, verán refrendada su profecía que fatalmente se cumple, que las cosas están mal y continuarán peor”



Desde los años 80 ¿ha cambiado el discurso?

* La cita de Dewey está recogida de su ensayo the ethics of democracy, citado en la tesis doctoral de Ana Paola Romo “La educación democrática en John Dewey: una propuesta pedagógica de transformación social en Mexico”, Pamplona (2006).


Y ahora ¿qué?…

Antes de nada me gustaria que quienes lean este post dsculpen la extensión del mismo, pero de alguna forma aquellos pensamientos que pudieron llevarse a cabo y espero se realicen debía expresarlos sin disminuir su significado.Tengo la sensación de que en las organizaciones en las que últimamente he estado involucrado hay discursos que no funcionan, discursos y formas de actuación que quizás vienen importados de las actuaciones que observamos comunmente en nuestros Estados o en las propias instituciones a las que pertenecemos.Hemos, y me incluyo porque debí advertilo con mayor antelación, funcionado bajo el paradigma de una democracia representativa emanada de supuestos neoliberales y que basa su rendición de cuentas en los procesos electorales obtenidos y por obtener.

Se ha pasado por alto la importancia de la información y de la de una evaluación interna y externa que nos ayude a mejorar sobre la marcha. Una forma de democracia opuesta a la participación activa e informada. Pero estas dos formas de entender la democracia no solo no están enfrentadas sino que pueden complementarse, existiendo, a mi parecer, diversos puntos que deben ser tenidos en cuenta la hora de actuar por parte de las organizaciones y asociaciones estudiantiles:

* La participación en la toma de decisiones no está reñida con la representación, de hecho en una democracia participativa también se funciona, cuando las circunstancias lo requieren por medio de delegaciones y representantes. La diferencia radica en que esta representación se articula desde los deseos de las personas informadas en todo momento de aquello que se está llevando a acabo y capaces por lo tanto de tomar parte de forma consciente e informada en dichas decisiones.

* No puede existir una democracia participativa si nuestras propias asociaciones no se rigen estrictamente por procesos democraticos internos.

* Esto, además, hace necesario que la participación a escalas más amplias esté entroncada y en constante conexión con asociaciones y organizaciones democráticas a niveles más locales, con el objeto de que la participación de cualquier persona en cualquiera de los niveles sea posible.

* No podemos aspirar a la democracia de una organización estudiantil si la financiación por parte de distintas instituciones se transforma en la sumisión a objetivos antidemocráticos.

* Los partidos políticos y las organizaciones estudiantiles debieran ser autónomos. Una organización de estudiantes no puede ser la extremidad del tronco de un partido político, sea cual sea, porque como bien dice Boaventura da Souza “no tendríamos democracia participativa, sino una farsa”. Esta autonomía no exime de cierta complementariedad, necesari y deseable siempre y cuando los partidos representen una mínima credibilidad en sus proposiciones.

* Optar por una democracia participativa implica variedad de los conocimientos; apertura a la crítica interna, de suma importancia si se pretende mejorar el funcionamiento; asunción de visiones dispares; y confrontación de ideas en un diálogo significativo.

Hemos puesto todo nuestro esfuerzo en construir a traves de la voluntad de las personas o de la estructura de las organizaciones y nos hemos olvidado de lo que podría ser el ingrediente fundamental: la red de información que construimos.

Nuestras capacidades de acción y colaboración disminuyen cuando descuidamos los procesos de información interior y exteriormente. En plena era de las nuevas TIC nos hemos olvidado por completo de la importancia que tiene comunicar nuestra ideas, nuestras decisiones, de como acciones como estas añaden transparencia y valor a lo que hacemos.

Saber hacia dónde caminamos y por donde hacerlo o de que forma queremos hacerlo es una de las tareas fundamentales de toda organización, construir un proyecto de trabajo es, por tanto, vital si se quierellegar a caminar y este es sin duda un ejercicio de liderazgo compartido.

Como señala Kreps en una de sus investigaciones(citado por Eduardo Terrén en su articulo Micropolitica y capital social:flujos de conocimiento y redes de comunicación en la organización escolar) “la comunicación es la herramienta fundamental en el ejercicio del liderazgo, en la consecución de un clima de cooperación en torno a un objetivo, en la elaboración y difusión de una imagen de la organización y en el trasvase fluido de la información tanto de dentro afuera como en el interior mismo de la organización”.

Resumiendo, si la comunicación falla el proyecto deja de funcionar o jamás termina de construirse.

Hemos limitado la información, terminando por corromper y desarticular una organización y lo que es peor un proyecto. Hemos doblado las rodillas en la primera cuesta y aún pensamos que hemos subido el Everest. No hay motivos para pensar que lo que comenzó como un reto ha terminado como una farsa, pero sí para pensar que es necesario un cambio de actitud, de mentalidad, de métodos de trabajo y sobre todo, un cambio en la gestión de la información.

Un cambo que a mi parecer solo puedo esperar de dos de las organizaciones en las que, de alguna manera, aún sigo involucrado. No porque lo hayan llevado a cabo, sino porque demuestran manejar la información que surge en su interior de forma más transparente. Transformando las redes de información en, como las denomina Eduardo Terrén, “redes de confianza” que generan colaboración.

La participación estudiantil debe comenzar a construir conocimientos sobre sí misma y sobre el entorno, sobre la institución en la que representa y sobre la sociedad en la que participa. Conocimientos que deben guiarnos a ser capaces de defender nuestros derechos con argumentos sólidos y críticos con aquello que queremos cambiar en nuestras universidades y en nuestra sociedad.

Todo las ideas de este post se deben a la experiencia vivida en los ultimos años y las lecturas de las ultimas semanas de Henry Giroux, Michael Apple, Eduardo Terrén, Paulo Freire, Rafael Feito, Peter Maclaren y sobre todo a la intervencion de Boaventura de Sousa Santos en el foro social mundial.


Participación estudiantil: momentos para un cambio

Llevo casi dos años involucrado de diferentes formas en la participación estudiantil y sobre todo en la representación en órganos de Gobierno de la universidad. En este tiempo he tenido tiempo de ver muchas reuniones, consejos de departamentos, juntas de centro… En todas ellas se mezclaba el interés porque el sector estudiantil estuviera representado con la incapacidad, o las pocas ganas de querer realmente mejorar y potenciar esa representación para hacerla independiente, crítica, creativa y comprometida.

Las actitudes y respuestas automáticas que prosiguen a la intervención de cualquier representante en un órgano colegiado, merecerían, en la inmensa mayoría de ocasiones ser comentadas, pero mi intención en este post no es dar a conocer las situaciones que se pueden llegar a producir en estas reuniones, para ello insto a cualquiera que tenga interés en conocerla a que asista a alguna de ellas. En cualquier caso y resumiendo un poco la filosofía de casi todas, la intención de hablar sobre temas que verdaderamente importan al alumnado es simplemente una declaración de intenciones de cada campaña electoral, la realidad se mueve entre las peleas departamentales por más espacios para el profesorado, la carga de créditos de cada profesora o profesor y las críticas improductivas y a veces sin aporte de mejora al equipo en ese momento esté gestionando la institución, por supuesto, por parte del grupo contrario (evidentemente existen, afortunadamente, intervenciones que tratan de mejorar, cambiar y criticar con aportaciones muy interesantes); si un estudiante espera que se hable sobre algún tema que de verdad le afecte o le interese, que vaya preparándose un buen discurso y pierda el miedo a levantar la mano para pedir el turno de palabra, esto podría resultar lógico pero, entonces ¿por qué tantas vueltas en las clases para explicarnos que la educación debe girar en torno al alumnado?.

Tengo que reconocer que en dos años he perdido y ganado mucho colaborando y participando en la representación estudiantil:

Perdí tiempo para dedicar a mis asignaturas, quizás sin haber participado, tendría terminada a estas alturas la carrera, mi nota media no sería la actual (un 8 aproximadamente), y sobre todo no tendría que haber realizado tantos exámenes en septiembre, para demostrar que asistir a clase es productivo cuando no solo se leen diapositivas y se toman apuntes como si siguiéramos en esa educación bancaria de la que hablaba Freire, sino que comienza a ser realmente un aprendizaje significativo cuando se construyen conocimientos de forma conjunta, se debaten los contenidos de la asignatura y se analiza la realidad en la que nos encontramos o nos encontraremos envueltos en el ejercicio de nuestra profesión.

Por otro lado, si no hubiese entrado a formar parte de esta participación estudiantil, nunca hubiese conocido a tantas personas que han contribuido a cambiar y mejorar mi forma de analizar la realidad; jamás hubiera tenido la oportunidad de darme cuenta de que nuestros programas, nuestras normativas, nuestros espacios, se deciden y se aprueban en órganos que cuentan con representación estudiantil, que tenemos la posibilidad y el deber de participar y contribuir a que todo eso mejore, no solo para nosotros, sino para el resto de estudiantes y para el conjunto de la comunidad universitaria; de mejorar mi capacidad crítica y constructiva; de colaborar con personas con ideas diferentes pero con las mismas ganas de mejorar la situación; de crear de forma autónoma y con trabajo en grupo proyectos que llegan a realizarse… Me siento incapaz de mirar atrás e imaginar estos últimos dos años sin el aporte social, anímico, académico y sobre todo sin el aprendizaje alcanzado con y entre mi propio grupo de pares.

Hace unas días dejaba el cargo que tenía en la Delegación de Estudiantes de mi Facultad, lo dejaba con sentimientos opuestos, la tristeza por abandonar voluntariamente algo que me ha aportado tanto y la alegría de saber que el equipo que ha trabajado allí ha sabido ir abandonando algo que corresponde continuar a quienes entran con ganas y energías para continuar aportando la crítica constructiva, la participación activa, la ilusión por nuevos proyectos y la información transparente al movimiento estudiantil y al gobierno de la Universidad.

Por mi parte continuaré colaborando en todo lo que necesiten y seguiré representando en aquellos cargos para los que fui elegido.
A pesar de que como dice un compañero de proyectos y amigo corren tiempos de marionetas, títeres y escuderos políticos en la representación estudiantil, aunque las dudas ante lo que se avecina y depara el nuevo EEES a los movimientos estudiantiles son grandes. Mis principios y mis ideas me impiden dejar de pelear por una democracia escolar y universitaria que es posible, exenta de vicios, construida con la acción personal y colaborativa de quienes creen en ella, y basada en políticas sociales integradoras, críticas, constructivas.

No voy a sentarme a ver cómo pasa el tiempo, esperanzado en que las cosas que no me gustan cambien solas, manteniendo ese pensamiento determinista que tanto denunció Freire, el cual por el contrario defendía que aún estando condicionados por nuestro mundo tenemos el derecho y deber de cambiar el mundo. No vivo en la utopía de soñar que todo puede cambiar, como seguramente pensará más de una persona que esté leyendo esto, más bien crezco en la acción utópica de saber que mis decisiones y mis acciones pueden y deben estar guiadas a la mejora de la sociedad y del proceso de construcción de mi persona en el que siempre me encuentro inmerso. Como decía Freinet “No podéis preparar a vuestros alumnos para que construyan mañana el mundo de sus sueños, si vosotros ya no creéis en esos sueños”.

Con este post solo quería darle las gracias a aquellas personas con las que me he encontrado este año y que han alimentado mis ganas de seguir construyendo ideas y proyectos: A María Mercedes, porque es una de las personas más involucradas y comprometidas que he conocido ¡qué suerte tuvo la delegación!; a Mariam, porque su apoyo fue fundamental para que la Delegación siguiera adelante; a Judith, por soportar esos días interminables, por aportarme esa crítica sincera y pararme los pies cuando me salgo del tiesto; a Tere por sus ideas que inspiran más de un proyecto; a Sandra siempre dispuesta a echar una mano; a los grupos que tocaron en aquel concierto de la facultad, por su voluntad gratuita; A Juanma, por ser transmisor de una gran cantidad de ideas creativas y por alimentar mi espíritu crítico. A quienes se quedan trabajando en la delegación con las mismas ganas con las que empezamos nosotros: Rosa, por estar dispuesta en cada momento a ayudar en lo que hiciera falta; José Antonio, porque desde el principio ha mostrado ese interés por mejorar la participación y construir nuevos espacios de debate; a Conchi, porque no conozco a nadie tan crítica e inquieta en defender los derechos de sus compañeras y compañeros; a Alfonso por defender que quienes representamos también tenemos derechos; a tantas y tantos otros que pueden hacer posible que la representación estudiantil deje de ser el brazo político de distintos sectores para convertirse en un movimiento realmente independiente, capaz de pensar, construir y opinar sin ser portavoces de las ideas de otros grupos.

Imagino que cuando vuelva de mi viaje de estudios a Irlanda seguiré pensando nuevos proyectos, aunque no seguiré tan involucrado como hasta ahora, o sí, en toda esta representación estudiantil. Mientras tanto espero desconectar algo más de lo que lo hago aquí y poder disfrutar de Dublín, sobre todo de las ideas que me ofrezca para trasladarlas aquí, al fin y al cabo ¿qué sería ya de mi sin la participación activa en la Universidad y en la sociedad?


A %d blogueros les gusta esto: