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¿Hay salida al panorama social y educativo que se nos presenta?

[Esta entrada es continuación de la publicada anteriormente “Cuando más educación no equivale a mejor empleo”]

“Lo que no es posible siquiera es pensar en transformar el mundo sin un sueño, sin utopía o sin proyecto. Las puras ilusiones son los sueños falsos de quien, con independencia de sus buenas intenciones, hace la propuesta de quimeras que, por eso mismo, no pueden realizarse. La transformación del mundo necesita tanto del sueño como la indispensable autenticidad de éste depende de la lealtad de quien sueñe las condiciones históricas, materiales, en los niveles de desarrollo tecnológico, científico del contexto soñado”.

(Freire, 2006, 64)

La realidad dibujada en las entradas publicadas anteriormente en el blog, no representa un presente o futuro invariable guiado por fuerzas mágicas imposibles de controlar, se trata de una realidad que está siendo construida y en cuya construcción estamos participando.

En una sociedad que nos empuja hacia la dispersión, el individualismo y el aislamiento emocional, tenemos que ser capaces de encontrar esos espacios vacíos desde los que construir puentes, accesos y lugares de encuentro que faciliten la comunicación y acerquen, cada vez más, a los distintos habitantes de las ciudades, haciéndoles participar de la transformación y el crecimiento de una sociedad más humana y humanizada, perdiendo el miedo a las amenazas que esa misma participación podría generarnos en nuestro ejercicio de crecimiento como ciudadanas y ciudadanos.

En el ámbito de la ciudadanía, los derechos sociales y la lucha contra las políticas y poderes del sistema-mundo capitalista, la irrupción del 15M durante la primavera de 2011 supuso la entrada de aire fresco en una sociedad asfixiada por la corrupción, la crisis económica y las desigualdades construidas por años de políticas neoliberales. “Aquella manifestación supuso no solo una sorpresa de aquellos nostálgicos y nostálgicas del mayo del 68, sino una sorpresa social que alentó la esperanza de quienes pensaban que “otro mundo es posible”, poniendo en vilo a la minoría que no deseaba modificar el statu quo en aras de mantener su posición privilegiada” (Hernández Merayo, 2015, 147)

Una manifestación que gestó un movimiento de encuentro de la ciudadanía a través de la pluralidad, el empuje de una juventud descontenta y llena de inseguridades ante su futuro y la negociación constante con el resto de la sociedad (Hernández Merayo, 2015)

La apertura de nuevos procesos participativos en nuestras ciudades se debe concebir como el paso para la recuperación de una democracia viciada por el capitalismo. La participación ciudadana no solo en procesos de decisión política, sino en la construcción de nuevos espacios de deliberación y encuentro, espacios potenciadores de una ciudadanía crítica y comprometida con nuevos modelos de utilización del tiempo, de los espacios y de las relaciones debiera ser un objetivo primordial de cualquier cambio social.

Movimientos, colectivos y experiencias de participación como Stop desahucios, coop57, Asociación de parados Casería de Montijo, Cooperativa Agroecológica Hortigas, Abogad@s en red… y otras muchas, contribuyen a recuperar la democracia participativa y a generar procesos de apoyo mutuo que superan los márgenes y la desigualdad en los que nos encierra el sistema-mundo capitalista.

En palabras de Bauman (2005, p. 99) se hace necesario que sintamos que “aquello que desde el punto de vista de la conquista de los mercados -conquista ya alcanzada o aún en curso- es una “zona gris”, para sus habitantes conquistados, conquistados a medias o a punto de serlo es una comunidad, un vecindario, un círculo de amigos, compañeros de vida y de por vida… Un mundo cuyos habitantes no son competidores ni objetos de uso y consumo, sino compañeros (que ayudan, que reciben ayuda) en el constante e interminable esfuerzo conjunto de construir una vida en común y de hacer que esa vida en común sea más fácil.”.

Pero, los movimientos sociales representan además una oportunidad para el conocimiento académico y la educación. A través de procesos de educación popular y la apertura de nuevos proyectos educativos en el ámbito de lo social “Los movimientos sociales permiten releer la actualidad desde unos parámetros diferentes y alternativos a los dominantes. Cambian los códigos a partir de los que se interpreta la realidad y se toman las decisiones” (Marí, 2005, 187).

Movimientos sociales y educación popular nos permiten trasgredir los límites institucionales de la educación para construir otras educaciones posibles acordes con esa transformación social con la que soñamos y que rompen con las prácticas hegemónicas cerradas y totalitarias que se imponen desde el discurso dominante.

En el marco académico universitario podemos encontrar igualmente numerosos ejemplos que transgreden espacio y tiempo institucional para constituirse como nuevos laboratorios de experimentación y aprendizaje. Las universidades nómadas, las universidades populares o los espacios P2P (Herreros, 2010), los propios bancos del tiempo o el Banco Común de Conocimientos (BCC) representan nuevas formas de comprender los procesos de aprendizaje, ligados y unidos además al desarrollo de las nuevas tecnologías de la información.

En palabras de Boaventura de Souza (2010, 14) “tenemos que partir de una idea de humildad, que se entronca con aquello que un sabio llamó ‘ecología de saberes’, pues los conocimientos teóricos y científicos apenas son uno de los conocimientos vigentes en el mundo. El conocimiento popular, de las mujeres, de los indígenas, de las comunidades urbanas, es un conocimiento tan valioso como el teórico. Pero para emprender esta transformación tenemos que desaprender, tenemos que hacer un esfuerzo interno de abrirnos a otras realidades de conocimiento”.

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¿Se están vaciando las prisiones en España? Una mirada a lo que hay detrás del descenso de presas/os en las cárceles

Viene siendo costumbre en los últimos años utilizar la paulatina reducción de internas/os en la cárceles españolas para llenar más de un titular (Aquí algún que otro ejemplo: 1, 2), pero ¿qué hay detrás de esta reducción?¿es solo cuestión de datos cuantitativos o tenemos que indagar que políticas se están poniendo en marcha detrás de este descenso masivo?¿Por qué es importante mirar que sucede con las y los extranjeros en nuestras prisiones?

Desde 2010, el sistema penitenciario vive un período de recesión, produciéndose la disminución constante de la población penitenciaria, acompañada de un notable descenso de la criminalidad (Brandariz, 2015). Un descenso de población penitenciaria que ha afectado sobre todo a la población extranjera, no por falta de detenciones sobre la población migrante, que han seguido al alza, sino por la aplicación de las expulsiones a sus países (Brandariz, 2015; Ballester, 2016). Un fenómeno que, sin duda, se ve incrementado con la aplicación de la última reforma del partido popular (LO 1/2015 de 30 de marzo) en lo que es una forma de “utilizar el colectivo inmigrante como herramienta de descogestión de las cárceles” (Ballester, 2016, 106). Pero, si por algo destaca este período es por la reducción de la prisión preventiva y el aumento de la concesión del tercer grado y la libertad condicional (Ballester, 2016) que ha soportado la mayor reducción de la población carcelaria, en lo que se dibuja como una forma de hacer frente al período de crisis económica surgido desde 2008 y con el que ya se preveían las dificultades del sistema penitenciario para poder mantener el ritmo de crecimiento en cuanto a población penitenciaria de la década anterior, sobre todo teniendo en cuenta los recortes en medidas sociales acuciados en la inversión en servicios penitenciarios, “supresión de la merienda para los presos/as como medida de ahorro en Cataluña…fin del servicio de orientación y asistencia jurídico penitenciaria en Andalucía, hasta la reducción en la prestación de tratamientos contra la Hepatitis C” (Forero y Jiménez, 2014, 36 citado por Ballester 2016, 103).

Entrando en análisis sobre los derechos de las personas extranjeras, la modificación de la Ley Orgánica 10/1995, de 23 de noviembre del código penal, llevada a cabo como resultado de la promulgación de la nueva Ley Orgánica 1/2015, de 30 de marzo, supone restringir aún más las posibilidades de las personas provenientes de otros países de poder establecerse en España y regularizar su situación o al menos sentirse parte de la sociedad española.

LA LEY ORGÁNICA 1/2015, DE 30 DE MARZO COMO COLOFÓN DE UN ATAQUE DELIBERADO HACIA LOS EXTRANJEROS

La reforma llevada a cabo por el gobierno del partido popular el pasado año sobre la legislación penitenciaria, no supone más que un avance más hacia las reformas que buscan blindar la entrada de migraciones en la conformación de la que algunas investigadoras han venido denominando “Europa Fortaleza” (Sassen, 2013).

Así, esta reforma va intrínsecamente unida a las llevadas a cabo en materia de seguridad ciudadana con la denominada socialmente como “ley mordaza”, Ley Orgánica 4/2015, de 30 de marzo, de protección de la seguridad ciudadana, al Real Decreto-ley 16/2012, de 20 de abril, de medidas urgentes para garantizar la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud y mejorar la calidad y seguridad de sus prestaciones y, por supuesto, a Ley Orgánica 4/2000, de 11 de enero, sobre derechos y libertades de los extranjeros en España y su integración social y sus posteriores modificaciones.

En este sentido, en la medida en que toda esta batería de leyes contienen diversos aspectos relacionados con el trato, la acogida, los derechos y los servicios sociales que el Gobierno garantiza, o en este caso limita, al colectivo de extranjeros en España, residan o no de forma legal en nuestro país, suponen parte de una construcción específica de la visión sobre las migraciones que conlleva aparejada una determinada visión sobre la sociedad que construimos y el mundo en que vivimos.

En un país donde una gran parte de las prisiones hace unos años se encontraban masificadas, la reducción de presos que se ha conseguido en los últimos años puede considerarse por parte de la sociedad como todo un éxito de la administración y del gobierno actual en funciones, hasta correr el riesgo, incluso, de pensarse que esta reducción tan drástica de la ocupación de nuestras prisiones tiene que ver con políticas de desarrollo, educación y prevención llevadas a cabo por los últimos gobiernos populares.

Sin embargo, la disminución de personas presas en la ocupación de los distintos centros penitenciarios, tiene mucho más que ver con las políticas practicadas por nuestro gobierno con respecto a los extranjeros que viven en el país y con las sucesivas reformas llevadas a cabo para fortalecer el control de acceso y las fronteras que con políticas de integración y desarrollo social.

Atendiendo a las cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE)[1] la población reclusa extranjera es la que más ha bajado en los últimos años, desde 2009 año en que dicha población estuvo situada en 27.162 personas este número ha caído hasta las 19.697 en 2014. Después de una continuada subida durante más de 20 años, la población reclusa de nuestro país ha experimentado un continuado descenso que en el caso de las personas extranjeras ha supuesto la reducción de un 15% en el período comprendido entre 2009 y 2015 según informaban algunos medios de comunicación[2]

De esta forma la modificación que introduce la reforma del código penal con la L.O. 1/2015, de 30 de marzo, no hará más que incrementar esta disminución de presos extranjeros en los centros penitenciarios del país. No obstante una de las modificaciones introducidas es la referida al artículo 89 de la anterior L.O. 10/1995, de 23 de noviembre, que de establecer que las “penas privativas de libertad inferiores a seis años impuestas a un extranjero no residente legalmente en España podrán ser sustituidas por su expulsi6n del territorio nacional.” se modifica quedando de la siguiente forma:

“Las penas de prisión de más de un año impuestas a un ciudadano extranjero serán sustituidas por su expulsión del territorio español”

Ha de notarse que el cambio no hace sino ampliar la categoría de quienes podrán ser objeto de la aplicación de este artículo, ya que mientras en la anterior Ley Orgánica esta categoría no incluía a quienes no teniendo la nacionalidad española residían legalmente en el país, esta modificación elimina esa posibilidad quedando estas personas dentro del ordenamiento del citado artículo.

Del mismo modo debemos preguntarnos si a través de la redacción del artículo con la consiguiente decisión de expulsar a la persona infractora sin el cumplimento de la pena, no pudiese estar eludiendo el Estado una de las funciones que se recogen en la Constitución Española como fundamentales y primordiales de las penas privativas de libertad:

“Las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social”

 (Articulo 25.2 del Capitulo 2, sección 1ª de la Constitución Española)

En la medida en que nuestro gobierno pudiese eludir la responsabilidad de la reeducación y reinserción de la persona infractora, con la consiguiente reparación de la pena para con la sociedad, no hace más que afirmar que las políticas llevadas a cabo con este fin y en concreto la ley sobre la que centramos nuestro análisis, están sobre todo encaminadas a limitar las posibilidades de las y los extranjeros de formar parte de una sociedad, la nuestra, mucho más integradora y respetuosa con los derechos y libertades de quienes la integran o aspiran a integrarla en algún momento.

Unida a esta modificación se encuentra también la reducción de los años de condena para determinar la expulsión de la persona infractora una vez cumplidas tres cuartas partes de la condena, que mientras en la anterior L.O. quedaba establecida en los 6 años de condena sin especificar que estos años fueran resultado de la unión de varias penas impuestas, en su modificación queda de la siguiente forma:

“Cuando hubiera sido impuesta una pena de más de cinco años de prisión, o varias penas que excedieran de esa duración, el juez o tribunal acordará la ejecución de todo o parte de la pena, en la medida en que resulte necesario para asegurar la defensa del orden jurídico y restablecer la confianza en la vigencia de la norma infringida por el delito. En estos casos, se sustituirá la ejecución del resto de la pena por la expulsión del penado del territorio español, cuando el penado cumpla la parte de la pena que se hubiera determinado, acceda al tercer grado o se le conceda la libertad condicional.

La modificación introducida en esta parte del artículo, del mismo modo que en la anteriormente comentada, no se entiende sin tener en cuenta como dicha modificación puede estar relacionada con la modificación establecida en los otros artículos objeto análisis en la modificación de esta L.O. 1/2015, de 30 de marzo, aquellos que modifican los artículos 270 y 274 de la anterior L.O.:

“Será castigado con la pena de prisión de seis meses a cuatro años y multa de doce a veinticuatro meses el que, con ánimo de obtener un beneficio económico directo o indirecto y en perjuicio de tercero, reproduzca, plagie, distribuya, comunique públicamente o de cualquier otro modo explote económicamente, en todo o en parte, una obra o prestación literaria, artística o científica, o su transformación, interpretación o ejecución artística fijada en cualquier tipo de soporte o comunicada a través de cualquier medio, sin la autorización de los titulares de los correspondientes derechos de propiedad intelectual o de sus cesionarios.”

“La venta ambulante u ocasional de los productos a que se refieren los apartados anteriores será castigada con la pena de prisión de seis meses a dos años.

 Sin duda la primera modificación que endurece las penas de “seis meses a dos años o de multa de seis a veinticuatro meses” establecidas en el artículo 270 de la anterior L.O. 10/1995, de 23 de noviembre en relación a la distribución y reproducción de artículos con derechos de autor, y la relación con la que modifica el artículo 274 introduciendo la venta ambulante específicamente, penaliza sobre todo a aquellas personas que en nuestras sociedad se dedican a lo que coloquialmente se denomina “top manta” y que en su amplia mayoría, sino en su totalidad son extranjeros, en su mayoría migrantes sin papeles que son directa o indirectamente utilizados por diversas organizaciones para vender esos materiales.

Sería injusto no contemplar que dentro de las modificaciones realizadas a través de la L.O. 1/2015, de 30 de marzo con respecto a las migraciones hay una concretamente que podríamos decir ha venido a mejorar o al menos reducir las sanciones impuestas a quienes ayudaran a entrar en territorio español a extranjeros vulnerando la legislación. En este sentido se modifica el artículo 318 bis de la L.O. 10/1995, de 23 de noviembre que castigaba con penas de entre cuatro y ocho años de cárcel” quienes ofrecieran dicha ayuda, quedando la modificación de la siguiente forma:

“El que intencionadamente ayude a una persona que no sea nacional de un Estado miembro de la Unión Europea a entrar en territorio español o a transitar a través del mismo de un modo que vulnere la legislación sobre entrada o tránsito de extranjeros, será castigado con una pena de multa de tres a doce meses o prisión de tres meses a un año.

Los hechos no serán punibles cuando el objetivo perseguido por el autor fuere únicamente prestar ayuda humanitaria a la persona de que se trate.”

En este sentido podríamos hablar de una despenalización de la ayuda, sobre todo cuando, tal y como dice la redacción de dicho artículo, se trate de ayuda “humanitaria”. Pero, podríamos preguntarnos también que va a ser entendido por los distintos jueces como ayuda humanitaria y que seguridad garantiza esa libre interpretación y la ambigüedad con la que se redacta dicho artículo.

Las modificaciones analizadas en relación con la nueva reforma de la legislación respecto al código penal no han hecho sino endurecer la situación de desamparo ante la que se encuentran quienes residen en España de forma ilegal o aún más allá, las ciudadanas y ciudadanos que residiendo de forma legal en nuestro país, no tienen la nacionalidad española, tal y como queda reflejado en las modificaciones del artículo 89, suponiendo un incremento de los riesgos a correr para quienes, ya sea para reunirse con su familia, para mejorar económicamente o por las redes establecidas con nuestro país decide dejar parte de su vida en su lugar de origen para decidir migrar y establecerse en España.

Nos encontramos así, en la actualidad, en un período de contención del flujo penitenciario, un período que no hace de recorte de derechos generalizado en la sociedad y que utiliza la crisis económica y social actual como excusa para poner en marcha políticas penitenciarias centradas sobre todo en la gestión de la seguridad por encima de los principios de reeducación y reinserción proclamados en nuestra Constitución, un período que hace más necesaria que nunca la intervención en las prisiones de los profesionales del ámbito social, porque “lo más probable, en vista de esta situación, es que mientras la economía vaya bien, los políticos volverán a centrar sus discursos en la seguridad y tendrán una herramienta de castigo muy potente, mientras que en el caso de que vayan ahogados en cuanto a financiación se refiere [como sucede en la actualidad], utilizarán las estrategias que ellos mismos incluyeron en el Código, con previsión, para paliar esta realidad específica” (Ballester, 2016, 111).

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[1] Las estadísticas del INE pueden consultarse en la siguiente dirección: http://www.ine.es/welcome.shtml

[2] Puede consultarse la noticia en el siguiente enlace: http://www.eldiario.es/politica/extranjeros-protagonizan-poblacion-reclusa-lustro_0_356265355.html

 


La lucha por permanecer en el mercado de trabajo (Desigualdad, educación y políticas neoliberales IV)

“El terror a perder el puesto de trabajo suprime cualquier tentación de defenderse”

(Jones, 2013, 69)

Nos encontramos ante una evolución de los procesos de desigualdad y de distanciamiento entre clases sociales que viene producido por la fragmentación del trabajador que lucha por convertirse en la mercancía deseada por el mercado de trabajo (Barrigüete, 2005) para poder sobrevivir aunque para ello tenga que “flexibilizar” o lo que es lo mismo renunciar a sus expectativas aceptando condiciones cada vez más miserables.

Los recientes datos del Informe sobre empleo y protección social realizado por la Fundación FOESSA (2015) indican que el deterioro en las rentas más bajas no tiene precedentes en los últimos 40 años, unido a esto la rotación en los puestos de trabajo se confirma como medida generalizada, una medida que incide en la inseguridad laboral de quienes consiguen alcanzar el disputado premio de un contrato de trabajo. Parafraseando a Bauman (2013) podríamos decir que en esta sociedad construida para transferir las presiones económicas y sociales hacia abajo, a quienes sufren los procesos de exclusión siempre les puede quedar la esperanza de que le toque la lotería de un trabajo.

Pero, tal y como nos transmite Barrigüete (2005) no debemos caer en el reduccionismo de confundir trabajo y empleo, ya que estaríamos sentando las bases para desenfocar el verdadero problema, que es más el reparto del producto social y la creación de las condiciones políticas para ello que el reparto del trabajo. Por estas razones no se puede decir que el trabajo sea un bien escaso.”

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By Forges

En la sociedad actual el trabajo queda subordinado a los caprichos del capital, siendo este el principal motor de creación de empleo cuando en realidad no debiera ser más que un producto generado por el propio trabajo (Barrigüete, 2005). Las políticas neoliberales aprovechan el debilitamiento progresivo de los sindicatos, antaño firmes defensores de los derechos de las trabajadoras y trabajadores, para imponer las dinámicas laborales soñadas por los ideólogos del liberalismo (Antenas y Vivas, 2012; Jones, 2013).

La idea inoculada a la clase obrera de que no deberían estar ahí, la contaste ridiculización de la vida de las clases trabajadoras estigmatizando y acusando a dicha clase social de ser un lastre para la sociedad, unida al eterno discurso vociferado por los voceros del neoliberalismo de que todo el mundo al margen de las circunstancias puede salir de ahí si se lo propone, han terminado instaurando la convicción de que la clase obrera es una simple etapa de paso, una condición de la que hay que escapar a toda costa, pasando incluso por encima de la propia clase. Pero lo cierto es que detrás del discurso la realidad muestra que solo un escaso número de afortunadas personas acceden a esa movilidad de clase que se nos quiere vender (Jones, 2013).

Los avances tecnológicos abren el camino a las empresas para poder deshacerse de un buen número de trabajadores al mismo tiempo que presiona a los que quedan para que se adapten a las nuevos tiempos tecnológicos, la deslocalización empresarial y apertura de nuevos mercado a través de la libre circulación de empresas presiona a la clase trabajadora para aceptar salarios más bajos (Barrigüete, 2005) y condiciones laborales que violan todos los acuerdos del contrato social de la modernidad. En palabras de Boaventura de Sousa Santos pasamos“del pre- al post-contractualismo sin transitar por el contractualismo”[1] (2011, 22).

Mientras tanto la maquinaria neoliberal a través de las políticas de empleo comienza a poner en marcha el rodillo de destrucción de todo lo que pueda recordar a aquellos años de lucha social donde trabajadoras y trabajadores, sindicatos y movimientos políticos de izquierda hacían frente a los designios del capital, “los trabajos bien pagados, seguros y cualificados de los que la gente estaba orgullosa, que habían sido el eje de la identidad de la clase obrera, fueron erradicados. Todas las cosas que la gente asociaba a la clase trabajadora fueron desapareciendo” (Jones, 2013, 73). Ahora sí, ya todos podíamos decir que éramos de clase media. Y si aún no lo éramos teníamos que buscar la forma de acceder a ella. La necesidad de identificación con el discurso dominante, la necesidad de sentirnos parte de, de ser parte de esa ciudadanía incluida en el contrato social ha marcado el camino a seguir.

Los inmigrantes son señalados y construidos como parte del problema laboral. Los discursos de la derecha mediática y política hacen mella en la autoestima de una clase obrera que lejos de señalar hacia arriba para buscar a los causantes de su situación de pobreza mira hacia sus iguales, hacia esos grupos aspirantes a conseguir la ciudadanía prometida desde el discurso dominante, para verlos como competidoras y competidores directos en su afán de conseguir “el sueño prometido” (Jones, 2013)

Las mujeres acceden al mundo laboral construidas como trabajadoras “genéricas”[2] a través del renovado pacto entre el capitalismo y el patriarcado (Cobo, 2011). La mujer flexible se ve abocada a la doble lucha de conseguir y/o mantener un puesto de trabajo remunerado mientras lucha porque se reconozcan sus derechos a poder elegir libremente y a que se reconfiguren las relaciones que construyen el trabajo de los cuidados como un deber exclusivo de las mujeres.

De esta forma, mujeres e inmigrantes representan el grueso que ha venido a sustituir en este sistema-mundo capitalista neoliberal al difuminado proletariado de siglos pasados, conformando lo que Saskia Sassen denomina como “clases de servidumbre” (Cobo, 2011).

El llamado a la especialización; la pérdida constante de valor en las credenciales educativas; la pérdida de fuentes de trabajo de un día para otro, casi sin dejar tiempo para reaccionar; la presión económica, que empuja a una movilidad forzada, sustituyendo la linealidad de un puesto laboral para toda la vida; y la fragmentación de las relaciones que antaño nos insuflaban seguridad (Bauman, 2005), han terminado destruyendo los lazos de apoyo que mantenían el equilibrio de fuerzas en el campo de batalla, dejando vía libre al austericidio[3] y las políticas privatizadoras y de desregulación laboral.

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[1] Según lo presenta De Sousa Santos “el post-contractualismo es el proceso mediante el cual grupos e intereses sociales hasta ahora incluidos en el contrato social quedan excluidos del mismo, sin perspectivas de poder regresar a su seno… El pre-contractualismo consiste, por su parte, en impedir el acceso a la ciudadanía a grupos sociales anteriormente considerados candidatso a la ciudadanía y que tenían expectativas fundadas de poder acceder a ella” (2011, 21).

[2] El concepto de trabajadoras “genéricas” acuñado por Celia Amorós hace referencia a una construcción de las mujeres como trabajadoras flexibles, capaces de adaptarse a horarios y situaciones distintas y de aceptar las condiciones de sobreexplotación rechazadas por otras (Cobo, 2011).

[3] Con esta palabra se ha venido denominando a aquellas actuaciones arbitrarias que, con la excusa de construirse como imprescindibles, se ponen en marcha asfixiando las posibilidades de desarrollo de los sectores más pobres y vulnerables de la población.


La desigualdad social como caballo de Troya de la reacción capitalista

“Lo cierto es que cabe decir que nos encontramos en un mundo post-foucaultiano (lo cual revela, retrospectivamente lo muy organizado que era ese mundo anarquista de Foucault)”

(De Sousa Santos, 2011, 16)

La sociedad actual se ha desarrollado bajo el paraguas de la modernidad, una modernidad que basaba su legitimidad en los poderes atribuidos al Estado a través del contrato social. Dicho contrato social quedaba conformado desde unos criterios de inclusión a los que también correspondían antagónicamente una serie de criterios de exclusión. Así el contrato social quedaba restringido única y exclusivamente a los individuos y sus asociaciones, excluyendo de esta forma a la naturaleza; por otro lado solo los ciudadanos son considerados parte del contrato social, lo que excluye a mujeres, migrantes, minorías étnicas, etc.; para terminar solo los intereses que se expresan en el ámbito de la sociedad civil forman parte del contrato, quedando excluidos los espacios domésticos, los intereses personales y la intimidad (De Sousa Santos, 2011).

Viñeta de Mafalda by Quino

Viñeta de Mafalda by Quino

Sin embargo, en una sociedad fragmentada y polarizada social, política, económica y culturalmente los criterios establecidos bajo el contrato social entran en crisis, reelaborando los significados de aquellos valores heredados de la modernidad y la Ilustración y conformando una base estructural en la que los procesos de exclusión se sitúan por encima de los de inclusión. De esta forma parte de la ciudadanía que hasta ahora se encontraban formando parte de ese contrato social queda excluida del mismo, al mismo tiempo que se impide el acceso a este a esa conjunto de grupos que podían tener la esperanza de adquirirla (De Sousa Santos, 2011).

Pero la crisis del contrato social se encuentra inevitablemente unida a la crisis del otro gran contrato heredado de la Modernidad, el contrato sexual. Las instituciones que regulaban la sexualidad y los pactos entre mujeres y hombres están siendo socavadas, uno de los pilares básicos de la familia patriarcal, aquel que consagraba al hombre como proveedor económico de la familia mientras que limitaba a las mujeres al papel de amas de casa, se ha quebrado. Las mujeres, gracias a años de lucha y reivindicación alcanzan poco a poco nuevos puestos en el mercado laboral y escalan –a un ritmo más lento del que sería deseable- puestos en la escala de decisión política (Cobo, 2011).

Unida a esta crisis contractual y fragmentación social nos encontramos con el establecimiento de unas relaciones sociales que han perdido las referencias de aquellos vínculos inquebrantables, seguros y duraderos de las que la dotaba la modernidad, adentrándose cada vez más en una modernidad líquida que se caracteriza por la fragilidad de las relaciones interpersonales; el miedo a lo desconocido, al otro construido como diferente y ajeno a la propia persona; la flexibilidad y la movilidad forzadas, que conllevan consecuencias no solo a nivel personal, sino a nivel profesional y de empleo (Bauman, 2005). Se trata en definitiva de la transferencia de los conflictos y problemas sociales sobre los individuos haciendo que emergan actitudes antisociales que buscan resistir a la presión de la deriva social (Touraine, 2009).

La realidad se conforma así desde un caldo de cultivo que camina en paralelo a la aparición de un fascismo societal, donde los excluidos son segregados en las propias ciudades que habitan, construyendo un modelo de Estado centrado en el control y la represión en las “zonas excluidas” mientras actúa amparado en el discurso de la protección en las zonas “civilizadas”, todo bajo la estrecha vigilancia de los aparatos para-estatales que no dudan en usurpar el control social del Estado, ya sea neutralizándolo o suplantándolo (De Sousa Santos, 2011).

Viñeta de "El Roto"

Viñeta de “El Roto”

En medio de todo este terremoto global, la divinización del “homo económicus” y el “homo consumens” (Bauman, 2005) acaparan el centro civilizatorio, conformando una realidad social que se rige por los dictados de una sociedad de consumo donde “se tratan todas las cosas -incluidos los hombres- como comestibles…[que] no hace ninguna diferencia entre una manzana y un niño, porque tiene hambre para comerse a los dos.” (Alba Rico, 2003, 8-9).

Todo se compra y todo se vende. Las relaciones se conforman en torno al precio que somos capaces de pagar para mantenerlas, liberados de ataduras sociales nos lanzamos en los brazos del consumo voraz alimentado por la infatigable búsqueda por parte de los mercaderes de nuevos y atractivos productos para vender. “Para los consumidores imperfectos, estos <<no poseedores>> contemporáneos, no comprar es el irritante estigma de una vida no realizada, una vida de vacío que no es buena para nada. Significa no sólo la ausencia de placer, sino también la ausencia de dignidad humana” (Bauman, 2013, 100).

Viñeta de "El roto"

Viñeta de “El roto”

En torno a estos procesos de pobreza y exclusión se produce un “silencio estructural” que oculta que “los efectos de la globalización económica sobre la vida de las mujeres han contribuido significativamente a la feminización de la pobreza o la segregación genérica del mercado laboral, entre otros fenómenos” (Cobo, 2011, 116).

Sin lugar a dudas, la mayoría del trabajo mal pagado termina en manos de las mujeres que al estar lastradas por las lignificadas raíces del “impuesto reproductivo” a través del cual se extrae “la plusvalía de dignidad genérica” se ven privadas de un acceso en igualdad de condiciones al ámbito laboral. Las políticas de recortes que genera la consecuente privatización de los servicios públicos, propicia el aumento del trabajo de los cuidados en manos de las mujeres, un trabajo que, como siempre que el Estado deja de asumir su papel en las políticas sociales, continúa invisibilizado en la sociedad. Niñas y mujeres se convierten así en el sector que más carga con las consecuencias de las políticas neoliberales de ajuste presupuestario (Cobo, 2011).

Por otro lado, el auge de los movimientos poblacionales, generados en amplia media por la globalización económica, dibujan además un contexto de acción muy distinto al que hace unos años nos enfrentábamos en nuestras ciudades. El propio crecimiento poblacional da lugar a identidades que reconstruyen el espacio público, en palabras de Bauman “Cuanto más grande y heterogénea es una ciudad, más atractivos puede contener y ofrecer.” (2003, 33). Sin embargo, en nuestro país, acostumbrados a una ficticia homogeneidad, solo sostenida por la invisibilización a la que fueron relegados los gitanos durante años, las migraciones plantean nuevos retos en lo que a la cultura se refiere, sobre todo en lo relacionado con la diversidad, la inclusión cultural y la educación (Terrén, 2007) en un modelo de ciudad que tradicionalmente se ha caracterizado por excluir más que por incluir a quienes no entraban en los cánones marcados.

Señalados como la causa de todos los problemas, los otros, los extranjeros construidos como extraños y no pertenecientes al territorio son el foco de las miradas de los políticos y los medios de la extrema derecha política, el dedo acusador de la derecha política les señala consiguiendo que desaparezca aquel discurso que vinculaba los problemas sociales con los errores y las injusticias cometidas por el sistema capitalista (Jones, 2013), haciendo emerger nuevos discursos racistas como medio de canalizar el descontento generalizado de una ciudadanía que busca desesperadamente salvarse sin tener que cambiar el modelo de vida al que la sociedad le ha acostumbrado.

Viñeta de Forges.

Viñeta de Forges.

Las ciudades contemporáneas se convierten así “en los campos de batalla donde coinciden los poderes mundiales y las obstinadas razones de ser de cada uno de sus habitantes; donde éstos chocan y combaten en busca de un acuerdo satisfactorio o mínimamente tolerable; un tipo de convivencia que se espera constituya una paz duradera”.(Bauman 2009, 25-26)


La capacidad camaleónica del sistema capitalista (Desigualdad, educación y políticas neoliberales, 2ª parte)

“El Establishment es un camaleón, que evoluciona y se adapta según dictan las necesidades. Y, sin embargo, una cosa que distingue al Establishment actual de sus encarnaciones anteriores es su triunfalismo. Antaño los poderosos afrontaban amenazas importantes que los mantenían a raya. Sin embargo, da la impresión de que los oponentes de nuestro Establishment actual han dejado de existir de forma organizada o significativa. Los políticos se ajustan en su gran mayoría a un guión parecido; a los antaño poderosos sindicatos, hoy se los trata como si carecieran de sitio legítimo en la vida política o incluso pública. Y los economistas y académicos que rechazan la ideología del Establishment han sido en gran medida expulsados de la comunidad intelectual”

(Jones, 2015, 25)

No existen alternativas al dinero cuando tanto el sistema económico capitalista en general como la economía en tanto ciencia, se sitúan en el centro de nuestra construcción como sociedad, convirtiéndose en la moneda de cambio con la que condicionamos la vida, nuestras relaciones y la salud de nuestros recursos naturales.

La crisis sistémica que se ha vivido desde el hundimiento de Wall Street en 2008 y su posterior proliferación mundial llevó a muchos a pensar que había llegado “el fin del neoliberalismo” (Antenas y Vivas, 2012). Pero, más allá de esto, lo que parecía iba a ser el final del sistema capitalista neoliberal o al menos la restructuración del mismo bajo concepciones más humanas, fue un punto de inflexión que ha servido para justificar decisiones políticas basadas en la desregulación, el aumento de los impuestos a las clases trabajadoras, la privatización de los servicios públicos, la desregulación laboral y la bajada de salarios (Cobo, 2011).

El crack económico de 2008 se extendió por todo el mundo -aún hoy continuamos sufriendo las consecuencias de las decisiones tomadas para paliarlo- alcanzando a todos los países en mayor o menor medida a través del entramado económico creado por los mercados financieros (Stiglitz, 2009). Pero, esta crisis ha servido, sobre todo, como catapulta de lanzamiento para introducir en Europa las políticas que tanto el FMI como el BM han venido desarrollando durante los años 80 y 90 en los países de la periferia, contribuyendo, como ya denunció a principios de este siglo Joseph Stiglitz, a la creciente miseria y la hambruna en estos países, agravando las crisis financieras que atravesaban diversas economías asiáticas, forzando el cierre de fábricas y privatizando servicios públicos como la educación y la sanidad, en definitiva, alargando la sombra de las colonizaciones capitalistas producidas desde hace al menos dos siglos atrás y convirtiéndose en el nuevo motor de la colonización económica capitalista (Ziegler, 2002; Stiglitz, 2009).

Desde el estallido de la burbuja económica los organismos supranacionales y los gobiernos de estado –estos últimos como focos directos en los que la ciudadanía ponía sus deseos de salir de la crisis que estaban experimentando- tuvieron claro que había que hacer algo, era necesario intervenir para evitar que la crisis arrasara con lo conseguido en los años de bonanza económica. Las soluciones, pensando en las necesidades de la población podían parecernos claras, incluso obvias. Si la pérdida de empleos iba a incidir limitando la capacidad de sobrevivir de miles de personas, estaba claro que contribuir a la creación de empleo se convertía en una prioridad, como también lo era garantizar la supervivencia de una ciudadanía activa y evitar que las desigualdades y la brecha entre ricos y pobres acabara destruyendo a las clases medias y subsumiendo a las clases trabajadoras a la más inconcebible de las miserias.

Pero, en una sorprendente maniobra digna del mejor escapista, en un primer momento los gobiernos –incluido el gobierno español- y posteriormente el propio Banco Central Europeo decidieron que rescatar a la banca, aún a costa de ahogar, aún más, a las clases trabajadoras de una ciudadanía que ya venía pagando una crisis que no había provocado, era más importante que aportar el dinero suficiente para potenciar una inversión pública y la creación de empleo que hiciera revertir la situación. Como en su momento diría el economista Joseph Stiglitz “con la enorme cantidad de dinero público que ha recibido la banca privada, podrían haberse establecido bancas públicas que hubieran garantizado la disponibilidad de crédito.” (Navarro, 2011).

Viñeta de Eneko las Heras (@EnekoHumor)

Viñeta de Eneko las Heras (@EnekoHumor)

Las políticas de recortes y privatización se convertían en la solución mágica diseñada por los políticos neoliberales, una solución que pasaba por instaurar un régimen de austeridad económica en inversión y empleo público que ha terminado por provocar un estancamiento y un escaso crecimiento económico (Navarro, 2016), acrecentado los procesos de desigualdad y exclusión social.

To de continued…


Desigualdad, educación y políticas neoliberales. Parte 1: Reorganizando el mundo.

* Esta es la primera de una serie de entradas en las que ir exponiendo el desarrollo de algunas ideas que enlazan las políticas actuales con los procesos de desigualdad social y laboral, así como con la creciente estandarización de las politicas educativas.

Viñeta de FORGES

Viñeta de FORGES

“Cuando el consenso neoliberal habla de estabilidad se refiere a la estabilidad en las expectativas de los mercados y de las inversiones, nunca a la de las expectativas de las personas. De hecho, la estabilidad de los primeros sólo se consigue a costa de la inestabilidad de los segundos”

(De Sousa Santos, 2011, 26)

En una sociedad envuelta en cambios continuados propios de ese mundo líquido que nos dibuja (Bauman, 2005; 2013) la crisis económica mundial de 2008 hizo aparición en la escena política internacional y en la sociedad en general, una crisis que iba mucho más allá del aspecto económico, convirtiéndose en una crisis institucional, social, medioambiental, política y ética, una crisis que abarcaba además al modelo de democracia imperante hasta la actualidad, acrecentando la crisis de un modelo, el sistema capitalista neoliberal.

Nacida a finales de los años 40 en el transcurso de un reunión en la pequeña aldea de Mont Pélerin en Suiza, la ideología liberal de Von Hayek y las ideas que plasmó en su libro “Camino de servidumbre”, iban a representar la semilla de un concepto de sociedad y organización económico-política que se extendería por todo el planeta, en parte debido al agotamiento de los movimientos sociales de izquierda y del movimiento obrero en los años 60 y 70 del siglo pasado, pero también gracias a una estrategia diseñada para desacreditar cualquier idea que proviniese de una concepción más social del Estado. Una ofensiva diseñada para ser inoculada al sistema no desde la lucha en las calles a las que en aquellas décadas de los 60 y 70 nos tenían acostumbradas las movilizaciones, sino desde el ámbito intelectual y a través think tanks diseñados para propagar sus ideas aprovechando la irrupción de los medios de comunicación y el declive de la socialdemocracia (Jones, 2015).

Se trataba así de una contraofensiva diseñada desde los círculos ideológicos para ir adentrándose en todas las capas del sistema, haciendo patente la afirmación de que “el neoliberalismo es un arma de conquista. Anuncia un fatalismo económico contra el cual toda resistencia parece vana. El neoliberalismo es como el sida, destruye el sistema inmunitario de sus víctimas” (Bourdieu citado por Ziegler, 2002, 64).

Una ofensiva que avanzaría de forma triunfal durante los gobiernos de Thatcher, en Reino Unido y Reegan, en Estados Unidos durante los años 80. Gobiernos que facilitaron la puesta en práctica de las políticas más ofensivas y neoliberales ensayadas por Friedman y los “Chicago Boys” en Chile durante la dictadura de Pinochet.

La caída del muro de Berlín en 1989 y el desplome de la URSS a finales de los 80 y principios de los 90 facilitarían lo que John Williamson denominó como “El Consenso de Washington” (Ziegler, 2002) y que se concretaba en los siguientes principios:

“1. En cada país deudor, es preciso poner en marcha una reforma fiscal basada en dos criterios: a) disminución de la carga tributaria que grava las rentas más altas, con el objetivo último de incentivar a los ricos para que efectúen inversiones productivas, y b) ampliar la base de los contribuyentes; dicho de forma más clara, la supresión de las exenciones fiscales que benefician a los más pobres para incrementar el volumen del impuesto.

  1. Liberalización, tan rápida y completa como sea posible, de los mercados financieros .
  2. Garantizar la igualdad en el trato dispensado a las inversiones autóctonas y a las extranjeras con la finalidad de aumentar la seguridad y, así el volumen de las inversiones extranjeras.
  3. Desmantelamiento, tanto como sea posible hacerlo, del sector público, privatizando de forma especial todas las empresas cuyo propietario sea el Estado o una entidad paraestatal.
  4. Desregulación máxima de la economía del país para garantizar el libre juego de la competencia entre las diferentes fuerzas económicas presentes.
  5. Intensificar la protección de la propiedad privada.
  6. Fomento de la liberalización de los intercambios a un ritmo lo más sostenido posible, teniendo como objetivo mínimo la reducción en un 10% anual de los aranceles aduaneros.
  7. Dado que el libre comercio progresa por medio de las exportaciones, es preciso, como prioridad, favorecer el desarrollo de aquellos sectores económicos que son capaces de exportar bienes.
  8. Limitación del déficit presupuestario.
  9. Creación de la transparencia del mercado: los subsidios estatales a los operadores privados deben ser.”

(Ziegler, 2002, 62-63)

El germen de una nueva organización mundial estaba creciendo al amparo de los nuevos ideólogos del liberalismo económico e impulsada por un “Establishment”, una nueva casta política y económica (Jones, 2015) que se situaba en las más altas cotas de poder de los distintos países basando sus relaciones en la lucha por un objetivo común, la reducción del Estado y del sector público a su mínima expresión mediante la desregulación y la privatización de los servicios.

En un clima como el que se dibuja, en abril de 1994 los ministros del GATT (General Agreement on Tariffs and Trade) firman en Marruecos el principio de acuerdo para la puesta en marcha de la Organización Mundial del Comercio (OMC), organismo supraestatal que se encargaría de la liberalización de la circulación de mercancías y capitales (Ziegler, 2002).

La OMC se sumaba así a las organizaciones nacidas de los pactos de Bretton-Woods en 1944, el Banco Mundial (BC) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) que junto al Acuerdo Multilateral de Inversiones (AMI) promovido por los países de la OCDE e impulsado por la Unión Europea (UE) y los Estados Unidos (EE.UU.) constituiría la más salvaje expresión de un sistema-mundo capitalista que crecía amparado en la impunidad del “fascismo financiero” (De Sousa Santos, 2011).

Bancos, entidades financieras y grandes corporaciones han ido aumentando gradualmente su poder en el ámbito político en el transcurso de las últimas décadas del siglo XIX y los primeros años del siglo XX. Las decisiones políticas y económicas dejaban de estar en manos exclusivamente de los Estados-Nación para pasar a manos de las entidades supranacionales que contribuirían a la gradual desregulación y privatización económica mundial (Alba Rico, 2003; Cobo, 2011; De Sousa Santos, 2011; Ziegler, 2002).

Fue este proceso de globalización promovida y sostenida por los poderes financieros la que “comportó así una creciente crisis de la democracia parlamentaria liberal, que se ha exacerbado, intensificado y acelerado con el crack económico de 2008” (Antenas y Vivas, 2012, 17).

Pero, no debemos olvidar, tal y como nos recuerda Fernández Rodríguez (2015) que este fenómeno globalizador no se limita única y exclusivamente al ámbito económico y político, sino que engloba toda una lógica de un sistema-mundo capitalista que se articula en torno a tres dimensiones: la económica, a través de un sistema de mercado integrado mundialmente; la política, centrada en estados soberanos conectados desde organismos interestatales; y la cultural o “geocultural”¹ que dota de coherencia y legitimidad todo el proyecto. Dimensiones que se han concretado en fracturas a nivel ideológico, geopolítico, cultural, sociológico y subjetivo (Fernández Rodríguez, 2015).


1. Tal y como lo describe Immanuel Wallerstein, esta geopolítica hace referencia a las “normas y modos discursivos generalmente aceptados como legítimos dentro de sistema-mundo” (2005, 116).


La investigación colectiva es como un día de playa (diario de investigador)

Atardecer en la playa de La Ballena en Rota (Cádiz)

Atardecer en la playa de La Ballena en Rota (Cádiz)

Siento que investigar en grupo es como pasar un día de playa. Todo comienza llegando pronto, buscando un buen sitio donde dejar tus cosas para intentar tener un día divertido, tranquilo e interesante. Y claro… aquí va a dar mucho el viento, allí no que luego sube la marea, aquí después se llena de gente, por esta parte no que estamos muy lejos del agua….

En el caso de investigar en grupo comenzamos buscando el tema en el que nos vamos a centrar: que si delimitar el tema, que hay seleccionar los Issues, que los objetivos no están relacionados con el proyecto, que hay que elaborar el diseño, que cada cual tiene su idea en la cabeza, que la metodología no es la adecuada… que a ver si ponemos ya el huevo y empezamos…

En la playa comienza a avanzar el día y todo se va llenando de gente, cada cual con su idea, cada grupo con su espacio y sus mochilas, pero toda persona que llega lo hace con la misma idea de disfrutar el día y pasarlo con más o menos gente, en lo que es casi una negociación invisible, sin normas pero con acuerdos compartidos. Sí, ya sé, siempre está el que pone la música a toda mecha cuando tú quieres leer o echar una cabezada; y la o el que juega a correr por la arena y de camino va llenando las toallas y los bocatas de los demás. Pero, hasta eso se intenta minimizar cuando se trata de pasar un día de playa, al fin y al cabo esa diversidad de vivencias y experiencias es la que le da sentido y construcción a ese espacio que evocamos como “playa”.

En la investigación en grupo creemos que hemos terminado de plantar el huevo cuando por fin hemos delimitado el tema y tenemos nuestro diseño de la investigación hecho. Aunque, realmente aún la gallina ni siquiera ha elegido aún donde va a posarse… Ahora es cuando llega lo divertido. Porque aquí cada cual también trae su mochila a cuestas, y ponerse de acuerdo resulta a veces dificil, a la vez de bonito. Esta el tema, la idea central de la investigación, pero el proceso no es ese, sino el de llegar todas las personas que conformamos el grupo a comprender las ideas que cada una/o tiene sobre esa idea central. Digamos que en ese momento estamos construyendo los acuerdos compartidos sobre la investigación. Pulimos la metoología, nos relacionamos con ella y la conocemos. Perdemos el miedo a equivocarnos al aplicarlas y buscamos (auto) formarnos individual y colectivamente para mejorar nuestros conocimientos sobre el campo. Nosotrs quizás no hemos llegado con las mismas ideas a este estudio de caso, pero sí podemos poner en común los por qué y para qué de su puesta en marcha, y con eso empezamos a construir caso.

Como en la playa, el proceso de investigación colectiva no es lineal ni constante en el tiempo. Al igual que sube la marea somos conscientes que vendrá una bajamar. Pero, lo importante es que siempre haya alguien manteniendo la investigación en stand by, en avance lento y calmado esperando la nueva pleamar.

Tengo la sensación que en nuestro proceso de investigación se acerca esa bajamar, forzada por los procesos y dinámicas universitarias, y el lógico equilibrio que cada persona que forma el grupo tiene que buscar para mantener su proceso de crecimiento profesional y para mí, sobre todo, personal. Quizás perdamos fuerza durante un par de meses pero, también he podido sentir que el grupo en el que estamos trabajando cuenta con las personas necearias para mantener los mínimos de la investigación en un avance lento, pero seguro, esperando la llegada de la próxima pleamar. Mientras tanto al igual que en la playa cuando la marea baja buscamos el charquito que tiene más profundidad para refrescarnos al completo, nosotros buscamos nuevas personas que nos ayuden a cubrir nuestras necesidades y, por qué no, a seguir construyendo todo el proceso que nos queda por delante.

Y en esa andamos ahora. Buscando esa persona, que nos aporte su energía, sus ganas, sus miedos, sus inseguridades, sus conocimientos y sobre todos su compromiso para hacer crecer nuestro grupo. Mientras tanto la observación participante continúa su camino; las entrevistas comienzan a tener nombre; y las etnografías virtuales esperan el abordaje de las curiosas y curiosos investigadores. Pero eso es cosa de otro post.

 


Un investigador en la Tierra Media

Abro un nuevo hilo dentro de este blog para cubrir ese diario de investigadores que nos hemos propuesto llevar a cabo Irene, Elisa, Antonio, Felicidad y yo durante el desarrollo de la investigación que realizamos para el Proyecto “Ecologías del aprendizaje en contextos múltiples” dentro del grupo de investigación de ICUFOP.

Como no se hacerlo de otra forma, pienso que lo primero que os debería transmitir es mi sensación como investigador, cómo me siento, por qué estoy aquí, qué espero… A fin de cuentas presentarme un poco dentro de este extraño mundo que envuelve a la investigación o me envuelve a mí dentro de ella.

Os parecerá extraño el título de esta entrada, pero es que a veces me siento como Pippin (Peregrin Tuk) en esa gran obra de Tolkien que es El Señor de los AnillosMe siento como Pippin porque pienso que como él yo estaba muy tranquilo y feliz detrás de la barra de un bar (eso sí yo en este caso sirviendo las cervezas y copas), sin más complicaciones que las de ir a trabajar, echar las horas en el lugar de trabajo y salir para seguir disfrutando de las bondades de la comarca (en este caso Granada). La vida así era tranquila, a veces con la visita de algún que otro Gandalf o las interesantes reuniones (asambleas) en algún que otro movimiento social. Pero, más allá de esos momentos el tiempo se repartía fácilmente entre la familia, los amigos y la diversión constante.

Pippen (Peregrin Tuk) en una de las escenas de "El señor de los Anillos"

Pippen (Peregrin Tuk) en una de las escenas de “El señor de los Anillos”

Pero, como Pippin nací con el don o la desgracia, según se mire, de la curiosidad constante por todo lo que me rodea, y en el ámbito de la Universidad y la investigación mi curiosidad no entiende de límites. Los avatares de la vida y las amistades peligrosas me llevaron a colaborar con lo que, para no desviarnos mucho del tema, llamaremos “La comunidad del anillo”, con la salvedad de que aquí el anillo podría traducirse como “artículos de impacto en revistas JCR” y que normalmente nos dirimimos entre tirarlas al monte del destino o usarlas para llevar la paz y la transformación a la Tierra Media, pero todo esto es otra historia en la que espero poder detenerme en otro momento.

Seguramente alguien se estará preguntando por qué identificarme con Pippin y no con Sam, Merry o incluso con Frodo. La clave está en que como Pippin yo albergaba ese interés por conocer, pero sin esperar que mi curiosidad me arrancara de mi cómodo círculo de placer en el que mi seguridad y mi tranquila vida se construían sin embarcarse en explorar territorios extraños; Al igual que Pippin en algún momento mi admiración por el conocimiento de los elfos (entendámoslos aquí como aquellos popes que tanto nos meten en la cabeza durante nuestro paso por la academia) nubló parte de mi pensamiento reflexivo y sobre todo de mi acción práctica, y mi tarea era volver a recuperarlo; también como Pippin me involucré en estos viajes gracias a amigas y amigos, primero echas una mano y después tú solo te vas metiendo hasta la cocina; y claro, como Pippin mi curiosidad me lleva, a veces, a cometer alguna que otra imprudencia, me gusta el riesgo y no se controlarme en ese sentido.

Lo que no puedo negar es que a día de hoy estoy totalmente integrado en esta diversa, divertida y arriesgada “comunidad del anillo” y que dentro del último de los viajes (proyectos) que tenemos en marcha comparto aprendizaje, como comentaba al principio, con cuatro compañeros más. Aún no sabemos si este viaje acabará como “la batalla de los cinco ejércitos” o traerá consigo un salto espacio-temporal que nos sitúe dentro de las mejores tramas de juego de tronos. En este caso esperemos no terminar más dispersos que los Stark y poder terminar el trabajo colectivo que se pone en marcha.


Disculpen las molestias estamos evalu… transformándo(nos)

Hace un año aproximadamente que como muchas y muchos sabéis comparto parte de mi tiempo en distintos módulos del Centro Penitenciario de Albolote gracias a la la gente de PIDES, a que aún considero que lo que hacemos allí es importante y a que los compañeros que dentro de la cárcel comparten esos días, siguen colaborando con nosotros en las pesadas actividades, películas y libros que trabajamos.

Llevaba tiempo queriendo dedicar una entrada a la evaluación, sobre todo porque en este mundillo en el que vivimos siempre hay alguna o algún atrevido que más que comerse el producto tal cual, trata de leer la etiqueta del mismo e incluso (cosa poco probable hoy en día) tiene la osadía de preguntar o preguntarse la procedencia de los ingredientes o componentes del mismo.

Para empezar, me gustaría dejar claro que la evaluación nunca es una tarea fácil ya se haga de forma individualizada o colectiva; desde la perspectiva de la autoevaluación o mediante evaluación por un agente externo. Por lo general tendemos a simplificar de tal manera los procesos de evaluación que terminan por aportar más bien poco al desarrollo de nuestras actividades. Así, una evaluación puede convertirse en una acumulación de objetivos cumplidos o por cumplir, vamos, en aquello que estamos acostumbrados a ver en todos los proyectos educativos, sociales, económicos, etc. que conocemos. Un proceso por el que queramos o no, todas y todos indivudualmente o como asociación tendremos que pasar de cara a la galería.

Pero, para mí, una evaluación es mucho más que eso. La evaluación de cualquier proyecto o acción educativa está siempre unida a la evolución del proceso que se está desarrollando, la evaluación se convierte así en la confirmación de la ideología, de los principios y de la fuerza del propio proyecto que estamos construyendo.

En las sesiones de club de lectura, en las distintas actividades y en los debates que establecemos en las sesiones que realizamos en la cárcel hay tres principios básicos que una vez fueron acordados en nuestro primer encuentro hemos respetado durante todas las sesiones:

  • Principio de intimidad: Lo que ocurre en el club de lectura, se queda en el club de lectura.

  • Principio de horizontalidad: Respetar la palabra y la opinión de cada participante aunque no estemos de acuerdo.

  • Principio de voluntariedad: Asistir al club, es totalmente voluntario, ni se prohibe ni se alienta la entrada por medios coercitivos ni de más interés que el propio club.

A estos tres principios que aprendí en mi primer día en el centro mis compañeros de PIDES Carlos y José, acordamos agregar en nuestra primera primera sesión uno nuevo:

  • Principio de libre intervención: mediante el cual acordamos que no será necesario pedir turno de palabra para hablar, comprometiéndonos a respetar y escuchar a la persona que esté interviniendo antes de interrumpir su discurso.

Dicho esto en un momento dado llegué a preguntarme: ¿qué derecho tengo yo para romper cualquiera de estos principios en la realización de la evaluación? O reformulando la pregunta ¿por qué romper estos principios al evaluar la actividad que estamos construyendo o desarrollando entre todos?

Vercauteren, “Mouss” Crabbé y Müller citando a Ardonio1 nos ofrecen dos tipos (a grosso modo) de evaluación, La “evaluación control” y la “evaluación signo”.

La “evaluación control” podríamos representarla como el modelo clásico de evaluación que estamos acostumbradas y acostumbrados a observar, planificar y realizar. En esta evaluación “se fija un marco, se determina un objetivo a alcanzar y éste se articula con una intención más lejana”

evaluación lineal

En este tipo de evaluación las preguntas que nos hacemos se repiten para todos los objetivos: ¿dónde estamos?¿qué nos queda?¿hemos seguido la línea o nos hemos desviado?

Planteandome mi propio proceso de evaluación traté de repasar los supuestos sobre los que se asienta una evaluación como la anterior. ¿De verdad una evaluación así tiene sentido en todos los contextos?¿Cómo evaluar un objetivo que varia en función de como lo hace el contexto y las propias personas que lo habitan y construyen?¿Cómo evaluar un proceso de cambio y aprendizaje continuo en un desarrollo horizontal de las relaciones?

Gran parte de las respuestas las hallé en los libros, pero una parte muy importante de las mismas no se encontraba en ellos, sino en mi propia experiencia al haber sido objeto de las evaluaciones constantes del sistema educativo y de la sociedad en la que vivimos. Existen variadas respuestas y alternativas a la evaluación tradicional y evidentemente yo no voy a descubrir ninguna nueva, pero quizás vaya siendo hora de que las asociaciones, entidades, colectivos, grupos y personas de forma individual que trabajan/trabajamos en el ámbito social no solo construyamos procesos alternativos sino que nos decidamos a evaluar esos procesos sin alterar nuestros principios (muchas me consta que ya lo hacen), a pesar de que las administraciones obligen a tener que justificar de alguna forma los proyectos que se realizan (es evidente que no se puede cambiar de golpe la mentalidad de rendición de cuentas y cumplimiento de objetivos de nuestro entorno).

En este caso, la “evaluación signo” se aborda desde el propio medio en el que se realiza nuestro encuentro de diálogo, lo importante aquí no son los puntos de partida y final, sino todo lo que ocurre entre esos puntos. Lo importante “es la intensidad de los diferentes momentos recorridos y las maneras en que se unen unos a otros”. (pág. 90)

evaluación signo

Al centrarnos en el medio, los objetivos dejan de cobrar importancia porque el propio programa, la propia actividad está siendo evaluada por todo el grupo en el momento de su realización. Las preguntas dejan de centrarse en el objetivo por conseguir para cuestionarnos colectivamente ¿Qué estamos construyendo?¿Qué nos frena como grupo y qué nos impulsa colectivamente? No esperamos a una evaluación posterior para repensar y transformar lo que estamos haciendo, sino que esta se produce en el propio proceso de la actividad.

Como bien exponen David Vercauteren, Olivier “Mouss” Crabbé y Thierry Müller “Una reunión, un proyecto, un grupo, se atascan en redundancias que conducen a un atolladero (un tipo de fuerza pasiva) y en pasiones tristes; se trata de tener en cuenta aquí y ahora ese momento para desenredar los hilos y cambiar de orientación. Bifurcar, crear otra línea y ver lo que pasa (pag. 91).”

Si a pequeña escala Oscar (otro compi de nuestros talleres en la cárcel) y yo, casi de manera inconsciente ponemos en práctica los procesos evaluativos de la “evaluación signo” para reconstruir constantemente nuestras actividades en función de las necesidades del grupo. A gran escala los beneficios de trabajar desde esta perspectiva sin separar el desarrollo de la actividad de la propia evaluación lo pude vivir hace a penas una semana, cuando Oscar, Juan y yo mismo decidimos que teníamos que reconducir las actividades que llevávamos a cabo en uno de los talleres que realizamos juntos.

Parar, repensar, reconstruir e informar. Parece sencillo, pero con el ajetreo de responsabilidades en las que todos o casi todos nos encontramos metidos resulta casi una Odisea.

Lo primero fue plantearnos la duda de que algo fallaba y saber que la carga de ese fallo no recaía en nosostros de forma particular, ni por supuesto en los chavales que dentro de su día a día particular en aquel módulo, bastante hacen con acercarse y curiosear. Pero, si el fallo no estaba ahí…

Indagamos en nuevas actividades (creatividad e innovación), seleccionamos aquellas que por nuestras habilidades y por el contexto podríamos dominar mejor (convicción y decisión), y por último, consultamos y consensuamos nuestras propuestas con nuestros compañeros del módulo para seleccionar las que creían podían motivarles más a trabajar (horizontalidad y participación informada).

Contado así puede parecer una gran puesta en escena, pero en realidad, ni nada es tan pomposo y difícil, ni tuvimos que plantearnos tantas trabas metodológicas. El resumen de andar por casa sería el siguiente:

Tres compañeros de trabajo detectan que algo no funciona. Dos de ellos lo hablan y lo comparten con el tercero. Todos piensan que falta un cambio. Buscan un día y una hora para compartir las propuestas. Se quedan con tres propuestas. Llegan al grupo de reunión y exponen la idea de cambio. El grupo lo recibe con indiferencia, posteriormente comienzan a hablarlo. Acuerdan que hacer el próximo día y nos comprometemos a experimentar algo nuevo. FIN DE LA HISTORIA.

Ya sé que más de una persona que haya llegado hasta aquí estará preguntándose ¿Y eso da resultado?

La respuesta correcta sería: Lo estamos evaluando.

De momento de lo unico que puedo informar es que tras el primer día de cambio, llamémosle “DÍA 1 DC” (Después del cambio), la asistencia al taller se multiplicó (no sin un buen trabajo e insistencia), la participación aumentó, y la confianza del grupo y en el grupo generó nuevas ideas y expectativas sobre la deriva positiva del mismo.

1. Vercauteren, David; “Mouss” Crabbé, Olivier y Müller, Thierry (2010). Micropolíticas de los grupos. Para una ecología de las prácticas colectivas. Traficantes de sueños. Madrid.


Menos es más

No suelo usar este espacio especialmente para recomendar vídeos o películas, pero visto el enorme revuelo que causa en nuestra sociedad la situación educativa en Finlandia me permito recomendar este documental sobre el modelo educativo Finlandés.

Sí, una más. Ya sé que estáis hasta el gorro de  escuchar hablar sobre el modelo educativo en Finlandia. Os preguntaréis qué puede mostrar este video que no os haya mostrado cualquier otro documental, libro o programa televisivo sobre la educación en Finlandia. Muy sencillo, en este documental quienes ponen la voz sobre su educación son las y los estudiantes finlandeses y los protagonistas del video son ellos junto a los actores principales de cualquier modelo educativo.

El investigador  de Harvard Tony Wagner, hace un gran repaso del sistema educativo en Finlandia y para comenzar se interesa por la construcción personal de los jóvenes estudiantes. Sus respuestas ante su futuro y sus aspiraciones son, sin duda alguna, parecidas a la vez que totalmente diferentes a las que podríamos encontrar en jóvenes de nuestro entorno más cercano. Yo personalmente me quedo con algunas respuestas ante la pregunta “Cuando imaginan su futuro como adultos o el proceso de llegar a serlo, ¿creen ustedes que quisieran adquirir más de lo que ahora poseen, lo mismo, menos?”

– “Creo que es más importante que me guste lo que haga antes que lo que pueda ganar por ello…”

– “En realidad no importa mucho la cantidad de dinero que tengas, sino tener sólo cuanto necesitas”

– “Para mí es más importante el amor por las cosas que hago, que tener dinero”

– “Los empleos que más dinero producen, son también los que normalmente más tiempo requieren. Por lo que si ganas millones pero detestas lo que haces, no valdría la pena. Por eso MENOS ES, MUCHAS VECES, MÁS

Estas chicas y chicos son el anticristo ¿ehh?. Bueno, respuestas hay para todos los gustos, también está quien quiere ser rica/o. Es decir son chicas y chicos normales, NO SUPER ESTUDIANTES.

Eso sí parece que han desarrollado mucho más lo valores de “vida buena” que los de la “buena vida”, alguna influencia tendrá ahí la escuela…

Por cierto, un ejercicio práctico: propongo buscar en el nuevo proyecto de la hermosa Ley Wert el número de veces que aparecen las palabras descubrir, investigar, innovar o innovación (en esta leer el contexto en que aparece).

Después el documental sigue haciendo un repaso a toda la situación geográfica, económica e histórica de Finlandia, algo sin lo que no se puede explicar el logro educativo. Y mostrando el día a día de las clases finlandesas y del desarrollo profesional de las profesoras y profesores de este país.

Otra buena frase: ” para nosotros es más importante aprender algo desde la perspectiva pedagógica y tener una orientación reflexiva e inquisitiva”… en fin, prácticamente igual que en nuestras Facultades.

Otra clave: “En las escuelas estadounidenses (podríamos sustituirlo por España), las tecnologías se emplean principalmente como herramientas para las presentaciones de los docentes: white point, power point, etc. En Finlandia se enfatiza que los estudiantes las utilicen como herramientas de aprendizaje”

No me gustaría mitificar el sistema finlandés que tiene sus críticas (¿las tiene?) y mucho menos menospreciar el trabajo que se lleva a cabo a lo largo de todo nuestro país en, como a mi me gusta llamarlas, pequeñas islas que siguen luchando por construir otra educación y que logran un gran desarrollo personal y profesional en sus estudiantes. Pero eso da para otro post…

Si os animáis a estar 60 minutillos viendo algo interesante y os apetece, no dudéis en dejar vuestra opinión por aquí.

A disfrutarlo!


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