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¿Hay salida al panorama social y educativo que se nos presenta?

[Esta entrada es continuación de la publicada anteriormente “Cuando más educación no equivale a mejor empleo”]

“Lo que no es posible siquiera es pensar en transformar el mundo sin un sueño, sin utopía o sin proyecto. Las puras ilusiones son los sueños falsos de quien, con independencia de sus buenas intenciones, hace la propuesta de quimeras que, por eso mismo, no pueden realizarse. La transformación del mundo necesita tanto del sueño como la indispensable autenticidad de éste depende de la lealtad de quien sueñe las condiciones históricas, materiales, en los niveles de desarrollo tecnológico, científico del contexto soñado”.

(Freire, 2006, 64)

La realidad dibujada en las entradas publicadas anteriormente en el blog, no representa un presente o futuro invariable guiado por fuerzas mágicas imposibles de controlar, se trata de una realidad que está siendo construida y en cuya construcción estamos participando.

En una sociedad que nos empuja hacia la dispersión, el individualismo y el aislamiento emocional, tenemos que ser capaces de encontrar esos espacios vacíos desde los que construir puentes, accesos y lugares de encuentro que faciliten la comunicación y acerquen, cada vez más, a los distintos habitantes de las ciudades, haciéndoles participar de la transformación y el crecimiento de una sociedad más humana y humanizada, perdiendo el miedo a las amenazas que esa misma participación podría generarnos en nuestro ejercicio de crecimiento como ciudadanas y ciudadanos.

En el ámbito de la ciudadanía, los derechos sociales y la lucha contra las políticas y poderes del sistema-mundo capitalista, la irrupción del 15M durante la primavera de 2011 supuso la entrada de aire fresco en una sociedad asfixiada por la corrupción, la crisis económica y las desigualdades construidas por años de políticas neoliberales. “Aquella manifestación supuso no solo una sorpresa de aquellos nostálgicos y nostálgicas del mayo del 68, sino una sorpresa social que alentó la esperanza de quienes pensaban que “otro mundo es posible”, poniendo en vilo a la minoría que no deseaba modificar el statu quo en aras de mantener su posición privilegiada” (Hernández Merayo, 2015, 147)

Una manifestación que gestó un movimiento de encuentro de la ciudadanía a través de la pluralidad, el empuje de una juventud descontenta y llena de inseguridades ante su futuro y la negociación constante con el resto de la sociedad (Hernández Merayo, 2015)

La apertura de nuevos procesos participativos en nuestras ciudades se debe concebir como el paso para la recuperación de una democracia viciada por el capitalismo. La participación ciudadana no solo en procesos de decisión política, sino en la construcción de nuevos espacios de deliberación y encuentro, espacios potenciadores de una ciudadanía crítica y comprometida con nuevos modelos de utilización del tiempo, de los espacios y de las relaciones debiera ser un objetivo primordial de cualquier cambio social.

Movimientos, colectivos y experiencias de participación como Stop desahucios, coop57, Asociación de parados Casería de Montijo, Cooperativa Agroecológica Hortigas, Abogad@s en red… y otras muchas, contribuyen a recuperar la democracia participativa y a generar procesos de apoyo mutuo que superan los márgenes y la desigualdad en los que nos encierra el sistema-mundo capitalista.

En palabras de Bauman (2005, p. 99) se hace necesario que sintamos que “aquello que desde el punto de vista de la conquista de los mercados -conquista ya alcanzada o aún en curso- es una “zona gris”, para sus habitantes conquistados, conquistados a medias o a punto de serlo es una comunidad, un vecindario, un círculo de amigos, compañeros de vida y de por vida… Un mundo cuyos habitantes no son competidores ni objetos de uso y consumo, sino compañeros (que ayudan, que reciben ayuda) en el constante e interminable esfuerzo conjunto de construir una vida en común y de hacer que esa vida en común sea más fácil.”.

Pero, los movimientos sociales representan además una oportunidad para el conocimiento académico y la educación. A través de procesos de educación popular y la apertura de nuevos proyectos educativos en el ámbito de lo social “Los movimientos sociales permiten releer la actualidad desde unos parámetros diferentes y alternativos a los dominantes. Cambian los códigos a partir de los que se interpreta la realidad y se toman las decisiones” (Marí, 2005, 187).

Movimientos sociales y educación popular nos permiten trasgredir los límites institucionales de la educación para construir otras educaciones posibles acordes con esa transformación social con la que soñamos y que rompen con las prácticas hegemónicas cerradas y totalitarias que se imponen desde el discurso dominante.

En el marco académico universitario podemos encontrar igualmente numerosos ejemplos que transgreden espacio y tiempo institucional para constituirse como nuevos laboratorios de experimentación y aprendizaje. Las universidades nómadas, las universidades populares o los espacios P2P (Herreros, 2010), los propios bancos del tiempo o el Banco Común de Conocimientos (BCC) representan nuevas formas de comprender los procesos de aprendizaje, ligados y unidos además al desarrollo de las nuevas tecnologías de la información.

En palabras de Boaventura de Souza (2010, 14) “tenemos que partir de una idea de humildad, que se entronca con aquello que un sabio llamó ‘ecología de saberes’, pues los conocimientos teóricos y científicos apenas son uno de los conocimientos vigentes en el mundo. El conocimiento popular, de las mujeres, de los indígenas, de las comunidades urbanas, es un conocimiento tan valioso como el teórico. Pero para emprender esta transformación tenemos que desaprender, tenemos que hacer un esfuerzo interno de abrirnos a otras realidades de conocimiento”.


Una semana Entalegad@s

“Las palabras designan la experiencia, pero no son la experiencia. En el momento en que intento explicar lo que he experimentado exclusivamente en pensamientos y palabras, la experiencia desaparece: se seca, muere, se convierte en una mera idea. De esto se deriva que el ser es indescriptible en palabras y solo es comunicable con la condición de que mi experiencia sea compartida. En la estructura del tener, dominan las palabras muertas; en la estructura del ser, domina la experiencia viva e inexpresable”

(E. Fromm, Tener y ser)

En los últimos días me he encontrado en varias ocasiones con personas que me pedían que les explicara qué hicimos en el IV EnTalegArte: encuentro de Arte, Cultura y Educación en el medio penitenciario que se celebró el pasado mes de Noviembre y en el que vengo participando desde hace unos años con la Asociación PIDES. Cuando intento explicar lo que hemos hecho, o como se distribuyen los talleres, que trabajamos, como se desarrollan las sesiones de trabajo… siento que no me salen las palabras, es como si no encontrara la forma de transmitir lo que sucede en esos días, la persona que me pregunta me mira, extrañada, frunce el ceño, intenta comprender y acto seguido responde – Ahh… ya.-

Es entonces cuando me doy cuenta que no merece la pena explicarlo, que por más que busque en el vocabulario no encuentro las palabras suficientes para que una frase pueda describir las experiencias vividas. Sí, las experiencias. No porque yo haya vivido un sin fin de experiencias durante esa semana, aunque también sería cierto, sino porque son muchas personas compartiendo distintas experiencias, muchas personas abandonando en algún momento parte de ese modo de vida que correspondería a la orientación del “Tener” que tan bien describió Fromm, para acercarse al “Ser”. Grupos de personas que dejan de hablar de independencia, libertad, amor, y razón crítica para experimentarlas; Que dejan por momentos de ser parte del mundo consumidor para convertirse en activos protagonistas de la experiencia vivida; Que dejan de aprender para aprehender en el sentido freireano del término; Que aprecian la importancia del compartir la experiencia, la importancia de dar y darse a los demás.

Esta sociedad nos educa para dejar de vivir, de experimentar. Pensamos, cada vez más, que la simple transmisión de un concepto, de una idea… ¡de una experiencia! es suficiente para conocer aquello que nos interesa. Las clases obligatorias, la imperiosa dictadura del tiempo impuesto nos va atravesando para convertirnos en esclavos del reloj. Pretendemos resumir las experiencias a una simple respuesta escrita o transmitida de forma oral, de la misma manera que tratamos de reducir las emociones de un libro a un resumen esquemático de sus ideas.

Por eso me es imposible explicar las experiencias vividas durante esa semana Entalegados. Porque, puedo contarte una dinámica, recitarte la letra de una canción, explicarte como se resuelve un conflicto, contarte como nuestro cuerpo se transforma en arte, decirte como se interviene en el contexto o hablarte de lo que hacemos y de cómo intervenimos (o mejor dicho, somos intervenidas/os por quienes nos rodean), pero no puedo transmitirte lo que ha sido porque solo podrás entenderlo cuando lo hayas vivido.

¿Encerrados dentro de nosotras/os mismos?

¿Encerrados dentro de nosotras/os mismos?

 

 


No ha sido un banco fue nuestra Universidad

Ya se sabe que en el carnaval de Cádiz  siempre hay crítica a nuestra sociedad, a la actual y a la que está por llegar. Esta vez le ha tocado a la Universidad y es que la comparsa del grupo OBDC formada casi en su totalidad por gente joven está claro que no podía dejar pasar la oportunidad de hacer crítica a una institución de la que deben estar tan cerca aún. De hecho ya el año pasado dejaron algún detalle hablando del futuro de la educación y de las y los universitarios. Ahí os dejo la letra de este pasodoble a la corrupción en la Universidad de Cádiz:

 

“Pan de cada día en nuestro estado mafia

la corrupción desfila en una pasarela de vicio y estafa

llegó la moda a Cádiz en forma de tarjetas black

esta vez no ha sido un banco fue nuestra Universidad.

 

Premio a los gestores de la honorable institución

con honoris causa de mangante

sacaron el cum laude en caros restaurantes

pero, es legal compañero

pasa la visa de nuevo que invitan los estudiantes.

 

Cayéndose los techos a los futuros ingenieros.

Vicerrectores tirando el dinero

de tu educación para sus santos huevos.

 

Sin justificar que no hay profesorado.

Para financiar sus viajes privados

mamar y pagar el derroche de pijos tan aburguesados

 

Recuerdo que en mi casa con lagrima y dolor

siempre privándonos de todo pagando con sudor

matrícula a precio de oro mientras

esos golfos en el faro almorzaban

con fatiguita y cariño

mis dos padres trabajaban

pé que su niño estudiara.”

 

(Letra de Germán García Rendón y Enrique García Rosado, comparsa OBDC el show de Pinocchio)

 

 


Carta de la desexcelencia: salvemos la universidad *

Hoy me he encontrado con esta entrada en la página web de Jordi Adell. Como ya hice con la carta  abierta a Andreas Schleicher creo que son iniciativas que hay que difundir, más allá de que como dice mi querido amigo Carlos, yo también me encuentre a estas alturas “harto de tanta filosofía, de tanto estudio concienzudo sobre cómo actuar. Cientos de artículos y decenas de libros. Análisis críticos sobre circunstancias que atenazan al mundo, a la actividad laboral, al modelo productivo, a las relaciones entre las personas, o al desarrollo de la sociedad en su medio. Pesados debates, milenarias asambleas, panfletos, carteles, discursos, líderes, palabras…” .

Así que sin más, os animo no solo a que la difundáis por todos los medios posibles, sino a que en la practica cotidiana hagáis posible ese cambio, quizás poniendo en marcha esa “slow science” o no, tal vez librándose del yugo del neoliberalismo, quizás uniéndose a esos grupos que ya trabajan con otras orientaciones

CARTA DE LA “DESEXCELENCIA”

En los inicios del siglo XXI, la excelencia es una idea omnipresente. La encontramos en la empresa, en el deporte, en la alimentación, en la televisión, y ha llegado hasta la intimidad de nuestros hogares. La excelencia expresa la superación personal, el crecimiento continuo del rendimiento y del éxito en un mundo en el que se extiende la idea de que nos hallamos frente a un profundo cambio donde solo los más fuertes sobrevivirán.

Recuperada por la política neoliberal y por el mundo empresarial desde los años 80, la excelencia se apoya en un lenguaje mágico y seductor que despierta cierta sonrisa ya que hay mucha distancia entre los eslóganes de los nuevos managers y la realidad que tratan de construir. Sin embargo, esta sonrisa desaparece cuando analizamos los efectos concretos de una gestión de las cosas basada en la idea de la excelencia: hipercompetitividad, desvalorización de los saberes construidos sobre la experiencia, modificación continua de las prácticas profesionales, precariedad, evaluaciones estandarizadas, todo ello provoca efectos negativos de desmotivación, baja autoestima y disminución de la calidad del trabajo.

Aunque en la universidad la idea de la excelencia ha llegado más tarde que en otros ámbitos, muchos dirían que ha sido acogida con los brazos abiertos, con la fe del converso. En el agitado proceso de Bolonia, que consagraba la competitividad entre las universidades europeas, se hacía necesario cuidar la propia imagen de marca universitaria, transformar la propia institución en una máquina de guerra capaz de absorber mayores fondos y los mejores estudiantes y profesores para poder posicionarse en los lugares de prestigio de los ránquines globales. En un contexto de crisis y penuria, la preocupación por la financiación ha impulsado aún más los sistemas de gestión de la investigación y la enseñanza basados en indicadores.

Tras una década de reformas ininterrumpidas, se observa en la actualidad un progresivo deterioro y no una mejora de la institución universitaria. Es cierto que se ha crecido en capacidad de comunicación, en capacidad de producir indicadores de excelencia que llevan a algunos a mejores posiciones en los sistemas de clasificación. Pero todo esto no garantiza que haya mejorado la calidad de nuestro trabajo. Peor aún, estos crecimientos esconden muchas veces una bajada de dicha calidad: mercantilización del aprendizaje, sustitución de saberes teórico-reflexivos por saberes instrumentales, declive del espíritu crítico, especialización extrema de campos y líneas de investigación, fraudes en la investigación, etc. Tras la fachada de cartón piedra, la política de la excelencia lleva a un resultado exactamente inverso al que trata de promover.

Esta constatación lleva a proponer la idea de “Desexcelencia”. Lejos de querer significar un llamamiento a la mediocridad o la pereza, la desexcelencia invita a preocuparse por la calidad real y efectiva del trabajo en la universidad, de modo que seamos conscientes de la naturaleza del trabajo que realizamos y de la satisfacción que puede producir. Según este enfoque, inspirado en el trabajo artesanal, la calidad se cultiva conciliando el acto y el sentido, lo que pone en cuestión la actual gestión de las universidades. El llamamiento a la desexcelencia no reivindica la vuelta a ninguna edad de oro sino que invita a criticar la actual evolución fallida de las universidades.

¿Para qué una “carta de la desexcelencia”?

A lo largo de la década pasada se han hecho oír en el mundo académico en Francia y Bélgica, numerosas voces críticas que han denunciado las prácticas de la excelencia en la investigación y la docencia. Entre otras propuestas, se ha preconizado ralentizar –Slow Science– y repensar los valores en el mundo universitario de cara a alcanzar un trabajo de mayor calidad: trabajo compartido, honestidad, gratuidad, satisfacción con el trabajo bien hecho.

Se han promovido múltiples llamamientos con miles de firmas de apoyo en todo el mundo. Este hecho es satisfactorio, pero se hace necesario ir más allá de la firma, la sensibilización y la denuncia. Es preciso que cada uno reflexione sobre el lugar que ocupa en la reproducción de la ideología de la excelencia. Se hace necesario conocer la responsabilidad personal en el desarrollo de esta lógica y saber hasta qué punto formamos parte y colaboramos en el funcionamiento de está mecánica. Cuando aceptamos ciertas reformas generadas en nombre de la excelencia, cuando cumplimos las imposiciones que esta nos reclama y la carrera competitiva que impone, nos convertimos en actores de nuestra propia destrucción.

Una forma de salir de estas contradicciones es transformar nuestras maneras de ser y actuar y poner en práctica nuestros valores y no solo hacer llamamientos a las autoridades educativas, que parecen más reocupadas por la imagen que por el funcionamiento real de la universidad.

Con esta finalidad nace la carta de la desexcelencia. Es fruto de una reflexión colectiva que pretende abrirse a la participación de todos. Una reflexión que busca sustituir la ilusa meta de la excelencia por la idea de un trabajo honesto y bien hecho en el marco de una universidad pública, democrática y accesible, algo muy diferente a las tendencias que hoy se abren ante nuestros ojos.

Más allá del debate, aceptación y firma de esta carta, se pretende su difusión a través de la apropiación personal y crítica de su contenido y mediante la adopción en la vida académica de cada uno de nosotros: en la docencia, en la investigación y en la gestión. Las proposiciones que contiene la carta pueden ser moduladas en función de los perfiles individuales y de las posibilidades de acción de cada uno. Por más que les pese a los nuevos managers de la universidad, hay múltiples intersticios en los que se desarrollan formas de resistencia muy diferentes. Desde esta carta no se hace un llamamiento al suicidio profesional a través de su cumplimiento a rajatabla. Proponemos que esto pueda ser modulado dependiendo del margen de maniobra de cada estamento académico. Para lograr una comunidad universitaria basada en el diálogo y la solidaridad, lo ideal sería su máxima extensión.

DOCENCIA

La enseñanza es una misión esencial de la universidad. No es un producto de consumo sujeto a normas de rentabilidad.

Consecuentemente, me comprometo a:

– Defender la libertad de acceso de los estudiantes a la universidad.

– Oponerme a la organización de áreas de conocimiento basadas en fenómenos de moda o de mayor número de alumnos.

– Denunciar los discursos y dinámicas que están transformando las universidades en instituciones estrictamente profesionalizantes, prometiendo la adquisición de competencias directamente operacionales.

– Rechazar el trato a los alumnos como si fueran clientes o consumidores. Más en concreto:

            -Llevando al centro de la docencia dinámicas de construcción del saber poniendo en marcha dispositivos pedagógicos que permitan la construcción conjunta de saberes –seminarios conjuntos entre asignaturas, trabajos prácticos-.

            – Luchando contra la infantilización de los alumnos en los procesos de aprendizaje que va aparejada con la estandarización de contenidos y de las expectativas. Ello impide el desarrollo de la curiosidad y del espíritu crítico.

            – Evitando la estandarización de las formas de evaluación.

– Mantener una exigencia intelectual hacia los estudiantes, explicándoles sus obligaciones y responsabilidades en materia de trabajo personal y exponiéndoles los objetivos y las exigencias de los cursos, discutiendo con ellos la organización de los contenidos y recogiendo información para valorar el efecto de la docencia y planificar cursos sucesivos.

– Crear una enseñanza reflexiva que permita al alumno construir herramientas para interpretar mejor el mundo.

– Rechazar los listados de “competencias” que no tengan como principal objetivo la expansión personal e intelectual de estudiantes y profesores mediante la construcción de saberes (pensamiento), saber hacer (métodos) y saber estar (valores).

– Promover reflexiones pedagógicas colectivas a escala departamental para contener la creciente estandarización actual de la enseñanza.

– Velar porque las líneas pedagógicas institucionales centralizadas no caigan en las mencionadas formas de estandarización docente y de uniformización tecnológica de la pedagogía.

– No promover o participar en cursos, o tipos de formación que puedan producir una discriminación económica.

– No seleccionar nuevos profesores o nuevas promociones que se basen únicamente en su experiencia de investigación y publicaciones o en su capacidad de movilizar fondos de investigación. Las capacidades pedagógicas han de ser una prioridad para contratar docentes.

– Valorar la experiencia profesional en las contrataciones solo cuando esta beneficie a los alumnos y a la investigación.

– Exigir que cualquier procedimiento de evaluación externa o interna de la docencia tenga claramente especificados sus criterios y objetivos y recoja los puntos de vista de los evaluados sobre la cuestión.

INVESTIGACIÓN

Para nosotros, la investigación genera conocimientos diversos y abiertos. No es una empresa productivista y utilitaria. No tiene como finalidad la fabricación de productos acabados.

En consecuencia, me comprometo a:

– Considerar la investigación y la docencia como inseparables, tanto en los principios como en la práctica. La investigación se enriquece con el dispositivo pedagógico y este permite la transmisión de conocimientos y el surgimiento de nuevas preguntas de investigación.

– Defender la libre elección de temas de investigación, sin imposiciones basadas en criterios de rentabilidad.

– Rechazar las actuales lógicas de evaluación y clasificaciones que ponen en competición a los investigadores y a los grupos de investigación haciendo que peligre el trabajo colaborativo. En concreto, me comprometo a:

            – No dar validez a los ránquines internacionales, cuyas finalidades y métodos deben ser discutidos.

            – No participar o someterme a evaluaciones que no se correspondan con autoevaluaciones decididas por los propios grupos de investigación. Lo que significa que los criterios de evaluación hayan sido discutidos colegialmente y lleven a evaluar objetivos pensados conjuntamente.

            – No aplicar sistemas de evaluación en la universidad que provengan de otro tipo de evaluación concebida de manera estándar para otro tipo de organizaciones (como empresas, por ejemplo).

            – Rendir cuentas a la sociedad, pero sin que esto cree una dependencia de la demanda social o privada. Es necesario defender la perspectiva de una investigación a la escucha del mundo, pero lo suficientemente autónoma para que su agenda no venga marcada por otras finalidades.

– Respetar las reglas en cuanto a la contratación y promoción del profesorado.

            – No primar procedimientos de contratación que desfavorezcan a los candidatos “locales”

            – Eliminar la hegemonía de baremos cuantitativos (número de publicaciones, índice de impacto, factor h…). Reintroducir prioritariamente los procedimientos cualitativos que se centren sobre la valoración del contenido de los expedientes.

            – No utilizar el postdoctorado en el extranjero como criterio de selección (es claramente discriminatorio para las mujeres y los menos favorecidos económicamente)

            – Para los procesos de selección, contratación y promoción, creación de formularios y procedimientos abiertos que den cabida a la argumentación y la expresión de los méritos de manera argumentada y no sujeta a número de caracteres u otras limitaciones por los procedimientos informáticos al uso.

            – Promover ayudas accesibles a aquellos que no alcancen las contrataciones

            – Promover que los procesos de movilidad en la investigación se acojan a programas financiados.

– No sometimiento a la obsesión productivista en materia de publicaciones. Crear medios para que las investigaciones largas no se vean discriminadas por esta obsesión de publicar rápido. Facilitar la difusión de la investigación al conjunto de la sociedad.

Lo que implica:

             – Apartarme del uso de indicadores bibliométricos en la gestión de las carreras y en la selección de los proyectos de investigación.

            – Evitar obsesionarse con la posición ocupada en el marco muy cuestionable de los indicadores bibliométricos (índice h, factor impacto…) o con la posición ocupada por otros colegas.

            – Reflexionar junto a los investigadores más jóvenes sobre los peligros de una investigación basada en la ideología de la excelencia que da prioridad a la cantidad y la rapidez por delante de la calidad y el contenido.

            – Favorecer la publicación de textos de síntesis (en artículos, libros o capítulos de libro) y no la reiteración o clonación de artículos con vistas a inflar el curriculum.

            – No firmar artículos en los que no haya tenido un papel activo en la investigación y la escritura.

            – Favorecer plazos de entrega largos en las convocatorias para conseguir mejores niveles de calidad en la escritura.

            – Favorecer la escritura conjunta posibilitando la firma en nombre de colectivos y no de autores.

            – No dar por supuesto el inglés como lengua de publicación

            – Cuidar que los contratos de publicación no dejen nuestras investigaciones en manos privadas y con finalidades mercantiles.

            – Publicar en Open Acces

            – Publicar en revistas locales, regionales, nacionales y en las editoriales universitarias.

            – Favorecer la discusión de mis investigaciones dentro y fuera de los medios académicos.

            – Redactar y publicar resultados a disposición de medios y colectivos no académicos (revistas de asociaciones, por ejemplo).

           – No dejar que mi trabajo de investigación me aleje de otros ámbitos de la actividad universitaria.

– Combatir la conversión de los grupos, departamentos o institutos de investigación en células empresarializadas:

            -Favoreciendo la gestión colegial y democrática, demandando sistemas que la posibiliten

           -Favoreciendo la existencia de estructuras interdisciplinares en la universidad.

            -Favoreciendo diversas formas de vinculación de las personas a las unidades de investigación.

            -Protegiendo y desinfantilizando la situación de los doctorandos. Promoviendo su participación paritaria y su libertad académica de elección en la investigación.

Igualmente, posibilitando una información lo más clara posible sobre sus expectativas profesionales en la universidad y eliminando en lo posible su precarización en todos los terrenos.

            -Favoreciendo el uso público y no con fines personales de los resultados de investigación producidos colectivamente y con fondos públicos. Las investigaciones realizadas con dichos fondos pertenecen a la sociedad.

-Limitar las cargas administrativas que dificultan actualmente las tareas de docencia e investigación (informes, guías docentes, evaluación, coordinación, gestión de proyectos…)

-En los contratos de investigación realizados con entidades privadas, incluir, en la medida de lo posible, un uso abierto de los resultados.

GESTIÓN-ADMINISTRACIÓN

La administración es un componente esencial en el funcionamiento de la universidad. No ha de entenderse como el equipamiento pasivo y maleable de los nuevos managers universitarios.

En consecuencia, me comprometo a:

-Exigir una estructura administrativa suficiente con un trabajo satisfactorio en todas sus dimensiones: salariales, espaciales, formativas, organizativas.

-Velar por que las nuevas iniciativas de docencia e investigación no se planifiquen sin contar con los medios que aseguren su correcto desarrollo.

-Contar con los puntos de vista y recomendaciones del personal administrativo

-Reivindicar un peso creciente de la esfera administrativa en las tomas de decisión.

-Valorizar y movilizar recursos internos en materia de organización del trabajo y de gestión en vez de recurrir a consultorías y servicios externos.

UNIVERSIDAD SERVICIO PÚBLICO

Las universidades tienen una misión de servicio a la colectividad. Son, y deben seguir siendo, un lugar abierto y conectado a la sociedad. Sin embargo, este servicio no debe reducirse a cubrir necesidades y demandas sociales marcadas por lo inmediato, decididas por los responsables políticos para su propia visibilidad personal o institucional. Tampoco es un servicio público de cara al mercado de trabajo o a las empresas para sus propias dinámicas de rentabilidad.

En consecuencia, me comprometo a:

– Defender la libertad de expresión de los miembros de la universidad, incluso cuando supongan una crítica a la institución universitaria.

– Apoyar los vínculos de la universidad con la sociedad (asociaciones, empresas, movimientos sociales) siempre que conlleven un beneficio y aprendizaje mutuo y un sentido de emancipación colectiva.

-Rechazar la visibilización personal o de la universidad a cualquier precio (por ejem. en espacios televisivos donde el formato televisivo hace imposible la explicación de argumentos complejos)

– Crear nuevos espacios y herramientas de discusión entre científicos y no científicos, que puedan generar nuevos encuentros y formas de comunicación y expresión del conocimiento.

vía Jordi Adell: http://elbonia.cent.uji.es/jordi/2014/09/14/carta-de-la-desexcelencia-salvemos-la-universidad/


La imbecilidad de la enseñanza en la Universidad (2ª parte)

By Forges

By Forges

Hace unos días tuve la suerte de que la Delegación de Estudiantes de Ciencias de la Educación de Granada me invitara a compartir un rato con las y los interesados en sus jornadas de participación estudiantil.

Para mí siempre es un placer poder compartir un rato de charla, debate, encuentro con quienes hoy son estudiantes de educación y mañana, probablemente, sean profesoras/es, pedagogas/os o educadoras/es sociales.

Me habían invitado a dar una pequeña charla/taller sobre normativa y legislación universitaria. Podéis imaginar lo aburrido del tema y sobre todo lo pesado que se puede hacer un encuentro sobre normativa y legislación. Aún no sé por qué cada vez que hay que hablar de normativa me llaman para que me encargue de ello, debe ser porque soy muy aburrido o muy friki. Aunque entonces me consuelo sabiendo que siempre habrá alguien más friki o aburrida que yo, aunque en estos momentos no esté disponible para charlas por estar haciendo las américas por Chile.

El caso es que me propuse no hacer un taller al uso, o más bien, no volverme un tostón de esos que no paran de recitar normativa como si estuviesen en un sermón delante de los fieles dispuestos a seguir el discurso. Intenté organizarlo todo en torno a 3 dinámicas de participación y reflexión, acompañadas de un prezi final, simple y sin mucha chicha (aún dudo de haber conseguido mi propósito).

Pero, el tema que me ocupa en esta entrada no es el taller en sí, ni los contenidos del mismo, sino la motivación con que las y los estudiantes acuden a eventos varios que se organizan en sus Facultades y Universidades.

Hace ya un tiempo publicaba en este blog una entrada en la que Miguel Ángel Santos Guerra reflexionaba sobre la imbecilidad de la enseñanza en la universidad. Hoy me ha tocado vivir de cerca lo que desde mi punto de vista ahonda aún más en esa visión que Santos Guerra daba sobre la facilidad que el profesorado puede tener para hacer de su clase un mero paseo sin contenido y sin sentido.

El hecho en cuestión se desarrolló de la siguiente forma:

El taller comenzaba invitando a quienes asistían a prestarse voluntariamente a echarme una mano con la preparación de la primera dinámica, sin que supiesen que en realidad aquello que iban a hacer constituía ya la dinámica en sí.

Tras pedir a las voluntarias y voluntarios que hiciesen ciertas gestiones necesarias para el futuro del taller pude conversar con aquellas, poquitas, personas que quedaron en el aula, lo que aproveché para satisfacer ciertas curiosidades…

– ¿Cómo es que os habéis apuntado a estas jornadas de participación estudiantil?

Iluso de mí, pensaba que me responderían con sus ansias de conocimiento, curiosidad, su espíritu de contribuir a los derechos de sus compañeras y compañeros, sus ganas de conocer el mundo de la representación, su curiosidad política…

Es que nos dan un punto en una asignatura.

¿Os imagináis mi cara?. En realidad no me sorprendía nada, uno ya está acostumbrado a que cierto profesorado ofrezca puntos en sus asignaturas por asistir a determinados eventos (sobre todo si son organizados por ellas/os mismas/os o participan en el mismo con una “emocionante” charla. Y claro, comencé a pensar que asignaturas podían estar relacionadas con la participación y cómo los contenidos adquiridos en aquellas charlas podían contribuir a desarrollar la conciencia crítica, los objetivos, contenidos, etc, etc de la asignatura…

– ¿Y que asignatura es?

– Atención a la diversidad

Atención a la diversidad… por más que le he dado vueltas al asunto sigo sin encontrar la relación entre atención a la diversidad en el aula de educación infantil y unas jornadas/talleres de participación estudiantil universitaria, no digamos con la normativa universitaria que afecta a los grados. 

Ante semejante panorama mi respuesta, llevando el tiempo que llevo realizando talleres en la cárcel, no podía ser otra.

– Bueno, yo doy talleres en la cárcel. Pero, lamento deciros que hoy no voy a contar nada relacionado con eso. Así que a ver dónde buscamos la diversidad… 

Veamos…

Yo no entro en valoraciones personales, pero ¡¡¡¿cómo puede ser que estudiantes de una carrera tan importante para el desarrollo de los primeros años de las niñas y niños, puedan aprobar o mejorar la nota de una asignatura como “atención a la diversidad” por la asistencia a unas jornadas/talleres de participación estudiantil?!!!

Yo soy de aquellos que piensan que la participación estudiantil en la Universidad, como parte de la formación política y ciudadana que debe atesorar toda persona en una sociedad es un pilar básico. Aseguro que todo lo que se puede aprender participando, organizando, leyendo normativas y reglamentos, debatiendo y dialogando con otras compañeras y compañeros, con profesorado, PAS y diversas entidades y colectivos, peleando y discutiendo por defender tus derechos como estudiante y como persona son el aprendizaje más enriquecedor que cualquier estudiante en formación puede llevarse de su paso por la Universidad y lo aseguro porque mis años involucrado en la representación y participación estudiantil así como en otros movimientos me dió una formación y unas destrezas que jamás adquirí en las asignatura de la carrera. Pero, también soy de aquellas personas que piensan que la formación de las y los futuros profesionales de la educación debe tener cimientos sólidos adquiridos por el desarrollo innovador y creativo de los conocimientos actuales en los distintos campos de actuación.

OJO: en ningún momento estoy diciendo que las asignaturas sean el pilar que transfieran dichos conocimientos, estos solo se consiguen con la propia inquietud, la sed de no dejar de aprender y la persistencia en buscar respuestas y hacerse preguntas sobre todo lo que engloba la educación y la sociedad en que vivimos.

Recuerdo casos similares, como aquellas jornadas en las que casi todas las asitentes querían hacerse una foto con las y los distintos conferenciantes, convirtiendo aquello en un espectáculo digno de las gruppies de los 60. Evidentemente la razón estaba en que su profesora (¡qué sabiduría!) les había pedido una foto con los conferenciantes como prueba de su asistencia a las jornadas.

O aquellas jornadas en las que alguien defendía su derecho a firmar por su amiga en la hoja de asistencia, ya que esta no había podido asistir a las jornadas… y así un largo etcétera.

Da la impresión de que los actuales títulos de grado no solo NO han acabado con vicios académicos ancestrales, sino que los han acrecentado. Sin duda muchas personas harían caer la responsabilidad de todo esto en la profesora o profesor de turno, ¡qué claro que la tiene, y mucha!, aunque seamos buenos e imaginemos que sus motivos tendrá para dar un punto por la asistencia a eventos así e incluso podría justificarlo (como justifican otras cosas), seguro. Pero, para mí, hay una responsabilidad que cae en las y los estudiantes que más que asistir, participar y disfrutar de jornadas, talleres, congresos y ponencias por su contenido e interés profesional y de formación, lo hacen por el número de puntos obtenidos en una u otra asignatura con la consiguiente frustración, sobre todo, para quienes organizan estos eventos.

Bueno, digamos que habría que hablar de otras muchas responsabilidades, pero las dejo para debate.

by Forges

by Forges

 

 

 

 


Menos es más

No suelo usar este espacio especialmente para recomendar vídeos o películas, pero visto el enorme revuelo que causa en nuestra sociedad la situación educativa en Finlandia me permito recomendar este documental sobre el modelo educativo Finlandés.

Sí, una más. Ya sé que estáis hasta el gorro de  escuchar hablar sobre el modelo educativo en Finlandia. Os preguntaréis qué puede mostrar este video que no os haya mostrado cualquier otro documental, libro o programa televisivo sobre la educación en Finlandia. Muy sencillo, en este documental quienes ponen la voz sobre su educación son las y los estudiantes finlandeses y los protagonistas del video son ellos junto a los actores principales de cualquier modelo educativo.

El investigador  de Harvard Tony Wagner, hace un gran repaso del sistema educativo en Finlandia y para comenzar se interesa por la construcción personal de los jóvenes estudiantes. Sus respuestas ante su futuro y sus aspiraciones son, sin duda alguna, parecidas a la vez que totalmente diferentes a las que podríamos encontrar en jóvenes de nuestro entorno más cercano. Yo personalmente me quedo con algunas respuestas ante la pregunta “Cuando imaginan su futuro como adultos o el proceso de llegar a serlo, ¿creen ustedes que quisieran adquirir más de lo que ahora poseen, lo mismo, menos?”

– “Creo que es más importante que me guste lo que haga antes que lo que pueda ganar por ello…”

– “En realidad no importa mucho la cantidad de dinero que tengas, sino tener sólo cuanto necesitas”

– “Para mí es más importante el amor por las cosas que hago, que tener dinero”

– “Los empleos que más dinero producen, son también los que normalmente más tiempo requieren. Por lo que si ganas millones pero detestas lo que haces, no valdría la pena. Por eso MENOS ES, MUCHAS VECES, MÁS

Estas chicas y chicos son el anticristo ¿ehh?. Bueno, respuestas hay para todos los gustos, también está quien quiere ser rica/o. Es decir son chicas y chicos normales, NO SUPER ESTUDIANTES.

Eso sí parece que han desarrollado mucho más lo valores de “vida buena” que los de la “buena vida”, alguna influencia tendrá ahí la escuela…

Por cierto, un ejercicio práctico: propongo buscar en el nuevo proyecto de la hermosa Ley Wert el número de veces que aparecen las palabras descubrir, investigar, innovar o innovación (en esta leer el contexto en que aparece).

Después el documental sigue haciendo un repaso a toda la situación geográfica, económica e histórica de Finlandia, algo sin lo que no se puede explicar el logro educativo. Y mostrando el día a día de las clases finlandesas y del desarrollo profesional de las profesoras y profesores de este país.

Otra buena frase: ” para nosotros es más importante aprender algo desde la perspectiva pedagógica y tener una orientación reflexiva e inquisitiva”… en fin, prácticamente igual que en nuestras Facultades.

Otra clave: “En las escuelas estadounidenses (podríamos sustituirlo por España), las tecnologías se emplean principalmente como herramientas para las presentaciones de los docentes: white point, power point, etc. En Finlandia se enfatiza que los estudiantes las utilicen como herramientas de aprendizaje”

No me gustaría mitificar el sistema finlandés que tiene sus críticas (¿las tiene?) y mucho menos menospreciar el trabajo que se lleva a cabo a lo largo de todo nuestro país en, como a mi me gusta llamarlas, pequeñas islas que siguen luchando por construir otra educación y que logran un gran desarrollo personal y profesional en sus estudiantes. Pero eso da para otro post…

Si os animáis a estar 60 minutillos viendo algo interesante y os apetece, no dudéis en dejar vuestra opinión por aquí.

A disfrutarlo!


Visión de futuro

Os dejo el último artículo que escribí para la revista 87 grados. Si aún no conocéis la revista os animo a seguir sus publicaciones y a colaborar en cualquier faceta con quienes la ponen en marcha.

Mi primera reacción ante la noticia fue de rabia, impotencia e incredulidad ante lo que estaba escuchando. No podía dar crédito a lo que me contaban y no entendía las razones que podían llevar a tomar una decisión de ese tipo. – ¿Inhibidores de frecuencia en la Facultad de Educación? Pero, a quién se le ha ocurrido eso, ¡para qué!

Los primeros segundos, minutos, ¡horas! De desconcierto dieron paso a la comprensión y, por qué no decirlo, a la admiración hacia quienes tomando en serio la importancia de la gestión del dinero público y la responsabilidad ética, política y social de la universidad, decidieron poner en marcha esta apuesta por la sostenibilidad.

¡Qué visión de futuro! ¡qué enorme conciencia social! ¡que comprensión de la realidad!. Curiosamente, cuando recibía aquella, en principio fatídica noticia, me encontraba leyendo el último libro del tristemente fallecido Ramón Fernández Durán “La Quiebra del Capitalismo Global: 2000-2030. Preparándonos para el comienzo del colapso de la Civilización Industrial”. En uno de sus capítulos Ramón hace una interesante reflexión sobre nuestra sociedad de la información y la comunicación y la imposibilidad de que se pueda seguir manteniendo una aldea global perfectamente interconectada a través del ciberespacio a partir de 2050, debido sobre todo a una más que probable crisis de los recursos energéticos fósiles, algo que provocará, según él, que tarde o temprano tengamos que restructurar y reconstruir la forma en que hemos comprendido las interconexiones de esta “aldea global”, llegando a tener que seleccionar nuestras prioridades en relación al consumo energético.

Afortunadamente hoy en día queda gente con visión de futuro y sobre todo con la responsabilidad suficiente para asumir que tenemos que comenzar a desconectarnos poco a poco de las tecnologías que absorben y consumen las relaciones personales, para evitar el colapso global de la civilización del que nos habla Fernández Durán. Qué si no haría que en una facultad de educación se hayan instalado inhibidores de frecuencia para evitar el uso de teléfonos móviles y distintos aparatos tecnológicos en su conexión a internet.

Uno tiende a pensar en la bondad de las instituciones y de quienes las gestionan, y claro, entiende que esta decisión intenta evitar interrupciones en las profundas disertaciones, debates y conferencias que se llevan a cabo en un lugar como el Aula Magna. Pero pensando en el currículo del grado de magisterio, pedagogía, educación social… uno no puede dejar de recordar que existen asignaturas de nuevas tecnologías, que se llevan a cabo exposiciones con enlaces a videos de internet y sobre todo en qué sucederá cuando sea el/la ponente quien necesite la conexión.

Sin duda, como diría José María Cano (el compositor) no sé ni quiero saber la razones que dan derecho a limitar la conexión a internet, pero debe haberlas y deben ser de peso para anteponer esta decisión a la de poner marcadores electrónicos para evitar colas en secretaría, arreglar las goteras de la facultad o acomodar todas y cada una de las aulas y accesos de la facultad a las personas con movilidad reducida. Aunque después de todo, como algún día escuché decir, la facultad no puede ser un paraíso para todo el mundo.


Resucitando la esperanza en tiempos de oscuridad (H. Giroux)

Rescato unos párrafos de una lectura que hice hace ya un tiempo y su autos escribió hace mucho más tiempo. Creo que viene muy bien a estos momentos que vivimos.

” Mientras las leyes del mercado toman preeminencia sobre las leyes del estado como guardianas del bien público, el gobierno ayuda poco en la mediación comunicativa entre el avance del capital y sus rapaces intereses comerciales. Tampoco colabora con los intereses de las esferas no comerciales y de mercado que crean los espacios políticos, económicos y sociales y las condiciones de discurso vitales para una ciudadanía crítica y vida pública democrática. Dentro del discurso del neoliberalismo, se hace difícil para el ciudadano medio hablar de transformación o política, o incluso enfrentar, la creciente corrupción, la caída de los ingresos, la liquidación progresiva de la liquidación laboral, o la eliminación de beneficios para la gente que trabaja part- time.

El vocabulario democrático liberal de derechos, provisiones sociales, comunidad, responsabilidad social, salario digno, seguridad laboral, igualdad, y justicia parecen haber quedado fuera de lugar en un país donde la promesa de la democracia ha sido reemplazada por el casino capitalista, una filosofía de ganador toma todo, conveniente tanto para los jugadores de lotería como comerciantes. Mientras la cultura corporativista se extiende aún más profundo en las instituciones básicas de la sociedad política y civil, sostenida a diario por una cultura industrial en manos del capital concentrado, se refuerza con mayor fuerza por el temor e inseguridad públicos de que el futuro no contiene nada más que una versión aguada del presente. Cuando el discurso del neoliberalismo es el que prevalece delimitando el imaginario público, no hay vocabulario para el cambio social progresista, visones democráticamente inspiradas, o nociones críticas de agente social para expandir el significado y propósito de la vida pública democrática. Contra la realidad de salarios laborales bajos, la erosión de provisiones sociales de un creciente número de gente, y la expansión de la guerra contra la gente joven de color dentro y fuera de las fronteras a modo de construcción imperial , la fuerza destructora conducida por el Mercado por parte del neoliberalismo continua movilizando su interés en producir identidades de mercado y relaciones de mercado que últimamente cortan la relación entre la educación y el cambio social reduciéndolo a obligaciones de consumismo.

Al extenderse de modo aún más profundo la ideología neoliberal y la cultura corporativista en las instituciones básicas de la sociedad civil y políticas, hay una disminución simultánea en las esferas públicas no comerciales – tales como las escuelas públicas, librerías independientes, iglesias, estaciones de radio públicas no comerciales, sindicatos y instituciones voluntarias comprometidas en el diálogo, educación, y aprendizaje- que albergue la vida individual dentro de la pública y provea un vehículo robusto para la ciudadanía democrática y participativa. En el vació que deja la disminución democrática, el fanatismo religioso, chauvinismo cultural, discriminación y racismo se convierten en las tropas dominantes de los neoconservadores y otros grupos extremistas ansiosos por sacar ventaja de la creciente inseguridad, el miedo y la ansiedad que resulta del desempleo, la Guerra contra el terror, y las comunidades “desenredadas”.Como resultado del ataque corporativo consolidado sobre la vida pública, el mantenimiento de las esferas públicas democráticas desde las cuales lanzar una visión moral o para comprometerse en una lucha viable contra la política así establecida pierde toda credibilidad- por no mencionar apoyo económico.

 …Necesitamos un nuevo lenguaje para la política, para analizar dónde puede tomar lugar, y lo que significa movilizar alianzas de trabajadores, intelectuales, académicos, periodistas, grupos juveniles, y otros para reclamar, como el coronel West ha puesto correctamente como, esperanza en tiempos de oscuridad.”

(Henry A. Giroux)

Os dejo el enlace a la página donde podéis leer el texto completo:

http://www.henryagiroux.com/Neo&Demof%20Democ_Spanish.htm


Pedagogía de las mentiras

“Si te atienes a la línea del partido, no hace falta que documentes nada; puedes decir lo que te venga en gana… Es uno de los priviliegios de la obediencia. Pero si te muestras crítico con la opinión recibida, tendrás que documentar todas y cada una de tus frases” (Noam Chomsky en la des-educación)

No quiero confundir a nadie. La línea del partido no es solo la marcada desde ciertos partidos políticos o desde ciertas facciones de dichos partidos. La línea del partido es una forma de dar nombre a las fuerzas de poder de las estructuras en las que nos encontramos inmersos. La línea del partido tiene mucho que ver con las fuerzas dominantes, los diferentes grupos de influencia y poder, las jerarquías que mantienen la corriente de opinión válida y permitida en universidades, facultades, aulas, asociaciones, partidos políticos. En defenitiva la línea del partido marca lo políticamente correcto: mentir para mantener el orden, el desconocimiento y la ceguera en todas y cada una de las personas que construimos esta sociedad.

Si me quedara solo con lo dicho anteriormente estaría traicionando a mis propias ideas. Es cierto que casi nos sentimos obligadas/os a seguir una determinada línea de pensamiento, pero quedarnos en eso significaría aceptar que somos simples reproductores de lo que se nos transmite, incapaces de actuar, de tomar las riendas de nuestra vida y decidir conscientemente a pesar de los pesares.

La pedagogía de las mentiras se aprende desde los primeros años de vida, se reproduce en nuestras escuelas e impregna cada centímetro de los pasillos de nuestras universidadades. Si nos fijamos con un poco de detenimiento la pedagogía de las mentiras empieza en el momento en que como estudiante te acomodas a la línea de pensamiento marcada por tu profesor/a con el objetivo, bien aprendido, de agachar la cabeza tan abajo como haga falta siempre que la recompensa de la nota llegue en el momento deseado.

La pedagogía de las mentiras se sustenta en 3 columnas que se afianzan en nuestro interior hasta formar parte de nuestro propia razón de ser:

1. Toda acción tiene o debe tener una recompensa: Es la primera y más importante regla que aprendemos, nuestro moderno mundo líquido nos ha enseñado que no merece la pena hacer nada si por ello no se obtiene una recompensa o si por hacerlo perdemos la recompensa a la que podríamos aspirar.

Quien ostenta “el poder” Miente u oculta para mantener un estatus, una determinada posición; quien aún no ha llegado a la cima del poder aprende que para subir la escalera es mejor adherirse a la línea marcada desde arriba. Así mantenemos la mentira o la ocultamos con la esperanza de recibir los favores necearios para llegar antes que el resto a la cumbre.

2. Tu participación cuenta, pero solo en la medida en que se atiene a las reglas del juego: La retórica de la participación se ha utilizado en los últimos tiempos para haceer valer las líneas de pensamiento marcadas desde las instancias de poder. Aunque no sea verdad, aunque realmente puedas discernir la regla número uno sigue marcando nuestras acciones y nos repite constantemente que para llegar a algún sitio no debemos ir a la contra.

De esta forma la pedagogía de las mentiras se asegura una cantera de seguidores capaces de justificar cualquier acción realizada por quienes “guían” el camino marcado. Si quieres que tus aportaciones se escuchen, y más allá de eso se pongan en marcha, no deben dañar la imagen y el discurso de las fuerzas de poder dominantes.

3.  La verdad está determinada por la posición que ostentas en la escala de poder: Aunque tengas todo lo necesario para demostrar que te mienten, que nos mienten, todos tus argumentos serán desmontados con una locuaz intevención que garantizará que:

–  Se estudiará tu aportación.

– Se tendrá en cuenta lo que dices.

– O para terminar más rápido (hoy en día esto sucede en muy pocas ocasiones), ¡mientes!.

Darle la vuelta a la tortilla es fácil para quienes no quieren escuchar argumentos distintos y alternativos a los marcados de antemano.

Si aún después de todo esto algún día se te ocurre ir en contra de la línea del partido, nadando a contracorriente te aconsejo que lleves siempre contigo un buen salvavidas. A pesar de que aquello que puedas decir sea algo tan claro que cualquier mortal pudiese asegurar que está pasando y que es una realidad palpable, verás como en cuestión de minutos se convierte en un expediente X del que nadie sabe nada. Un ejemplo centrado en la universidad: si se te ocurre decir que las asignaturas dentro de un departamento son escogidas siguiendo la línea jerárquica del mismo y no en función del trabajo que se ha realizado sobre la materia en cuestión, y pesar de que lo estés viviendo con tus propios ojos, serás tildada/o de alborotador/a que cuestiona la profesionalidad de un colectivo al que parece ser, no se le puede cuestionar nada.

Quienes siguen la corriente marcada por la línea del partido se olvidan con facilidad de algo que mantiene la lucha por descubrir la verdad: Vamos tomando conciencia de que hemos de tomar partido en cada decisión, vamos aprendiendo que hay otras formas de llegar más allá de “la verdad” que nos enseñan.

Hay una pedagogía de la resistencia que va más allá de la simple reproducción, que encuentra caminos alternativos, que construye redes de colaboración activa y que camina más allá de la línea marcada por el partido. Pero eso es otra historia…

 


¿El nivel intelectual de la Universidad es gallináceo?

“El nivel intelectual de la Universidad es gallináceo. Yo entiendo mucho de gallinas y al decir gallináceo quiero decir cosas científicamente justificables:

  • Las gallinas no vuelan, y en estos momentos la Universidad…
  • Las gallinas tienen una visión muy precisa, pero en túnel, para un espacio muy reducido. Como en las facultades.
  • Las gallinas no colaboran nunca. En la Universidad no se colabora ni en broma, siempre hay recelos.
  • Las gallinas ponen huevos que no valen para nada para su especie, y además son tan tontas que, aunque se pasen toda la vida sin incubar ninguno de sus huevos, porque se los quitamos, siguen poniéndolos. La productividad universitaria no se detiene a pensar: pero, ¿lo que estoy haciendo vale para algo?”

José Antonio Marina en una entrevista realizada por Cristóbal Cobo y Javier Esteban

Quizás solo añadiría una frase más a la cita: las gallinas siempre tienen un gallo que las controla y en nuestra universidad todo el mundo parece necesitar un gallo que diga lo que hay que hacer. Para quien tenga dudas puede consultar esta investigación (Forkman, B. y M.J. Haskell. 2004. The maintenance of stable dominance hierarchies and the pattern of aggression: for the suppression hypothesis. Ethology, 110(9):737-744.) o para no complicarse mucho dirigirse a esta página, quizás menos científica, pero más clara.

Pues sí, hace unos días ordenando todos los trabajos y papeles acumulados durante la carrera me encontré con un artículo en el que se citaba este fragmento de José Antonio Marina. Sin duda buscar y leer la entrevista completa da para comentar y entrar en un sin fin de detalles y temas por explorar, pero centrándome en tan sólo este fragmento me surgían mil preguntas que ya otras veces me he hecho y que se me ocurrió que no estaría mal compartir.

En muchas ocasiones he tenido la oportunidad de conversar con compañeras y compañeros sobre esa visión que a veces se tiene desde la Universidad, fundamentalmente en el profesorado, de aquello que ocurre más allá de los muros académicos. Me pregunto una y otra vez cómo la visión que se mantiene rehuye generalmente de una colaboración entre académicos o grupos de investigación, casi no merece la pena hablar si nos centramos en una colaboración entre ramas de conocimiento.

El problema que se produce ahora es que esa visión, que tradicionalmente podríamos achacar o atribuir al profesorado, se extiende actualmente a un estudiantado que parece entrar en un mundo paralelo cuando pisa las aulas universitarias. Cada vez más estudiantes universitarios se sitúan por encima del bien y del mal, se elevan (o así lo creen) por encima de cualquier mortal que no haya tenido la oportunidad o que no haya elegido seguir cursando la educación universitaria, e interiorizan que sus teorías y trabajos son más o menos válidos en función del título que le avale para realizarlo.

En muchas ocasiones, y con razón, he escuchado la lapidaria frase “la gente de educación estáis muy cerrados al exterior, no miráis más allá de vuestros muros” y a pesar de argumentar en defensa de un colectivo del que formo parte, al que respeto por encima de todo y del que tengo (tenemos) mucho que aprender, no me queda más que reconocer que, a veces, pecamos en exceso de una confianza en nosotros, y solo en nosotros, para cambiar, innovar y mejorar las cosas relacionadas con la educación.

Pero, más allá de todo eso la titulítis individualista en la que nos introducimos poco a poco nos ciega para construir caminos colectivos más comprometidos con el cambio de la realidad social y sobre todo educativa en la que nos encontramos inmersos, claro que aquí cabría preguntarse qué queremos cambiar y sobre todo si realmente a todas las personas inmersas en tareas universitarias, desde estudiantes a profesorado y PAS, les interesa cambiar esta deriva.

Mi respuesta es NO. esa respuesta no es más que la convicción, personal, totalmente sesgada y sin referencia a estudio cuantitativo o cualitativo alguno que la corrobore, de que existe una gran cantidad de personas que siguen pensando que el fin de estudiar una carrera universitaria es encontrar la comodidad para intentar trabajar el menor tiempo posible y poder disfrutar de un mayor prestigio entre la sociedad.

Mi respuesta es NO. Porque aún hay a quien le conviene que el sistema siga tal cual está, que premie el oportunismo, la mentira y la doblegación a los intereses de los poderes hegemónicos dominantes. Nos preguntamos por qué nuestras académicas y académicos no se manifiesta públicamente y en círculos de gobierno contra la situación actual pero sí lo hace en pequeños corrillos o en una cafetería. El estudiantado, en su mayoría, solo reproduce lo que genera mayor beneficio personal.

Todo ese afán de triunfo nos lleva a no preocuparnos por lo que pasa en la puerta del vecino, sobre todo porque el vecino no es más que un competidor más. La lógica neoliberal se ha insertado en una institución pública como la Universiad, es la privatización encubierta de la que hablan un gran número de sociólogos, economistas o intelectuales de prestigio. Es la lógica que plantea Zigmun Bauman desde su descripción de la sociedad líquida, todo lo que queda fuera del domínio de los mercados y del interés individual está condenado a ser desterrado a la “zona gris”. Pero, si para nosotros tiene sentido esa “zona gris” por qué nos dejamos llevar por la marea.

“Aquello que desde el punto de vista de la conquista de los mercados -conquista ya alcanzada o aún en curso- es una “zona gris”, para sus habitantes conquistados, conquistados a medias o a punto de serlo es una comunidad, un vecindario, un círculo de amigos, compañeros de vida y de por vida… Un mundo cuyos habitantes no son competidores ni objetos de uso y consumo, sino compañeros (que ayudan, que reciben ayuda) en el constante e interminable esfuerzo conjunto de construir una vida en común y de hacer que esa vida en común sea más fácil.” (Bauman, 2003, p. 99).

La apuesta del mercado es la individualización, y la apuesta de nuestras universidades se suma a esa individualización bajo la construción de un trabajo cooperativo/colaborativo ficticio firmado y sellado en multitud de documentos e informes, repetido verbalmente hasta el hastío, pero sin experimentación alguna en la práctica.

Se insta a estudiantes a trabajar en grupos de colaboración/cooperación para realizar un trabajo pero, por qué son posteriormente evaluados por un agente externo que jamás sabrá como funcionaron las dinámicas dentro del grupo, por qué se valora tan solo el trabajo/resultado final sin tener en cuenta el proceso de interacciones y de compromiso en la elaboración de la tarea.

Se insta a colaborar, pero esa colaboración queda siempre supeditada a alguien que la dirige y cuando ese alguien nos deja libertad de acción, en una gran cantidad de ocasiones, nos sentimos perdidos, desconcertados, como si nos enfrentáramos a algo con lo que nunca nos han dicho que hacer y cómo hacerlo. La capacidad autónoma de decisiones reflexionadas y conscientes se ha disipado en nuestras instituciones educativas desde la infancia y cuando nos llega el momento de decidir y actuar no sabemos qué camino tomar, ni tan siquiera como hacerlo.

Se ha institucionalizado la concepción de que dialogar, problematizar aquello que se está construyendo es el equivalente de discutir, romper relaciones y crearnos problemas con la persona de al lado y, seamos sinceros, en una sociedad alimentada por el progreso rápido y continuado, la reflexión y la discusión sobre el por qué y para qué de las cosas no hace sino estorbar al “correcto” devenir de los acontecimientos.

Nuestra querida universidad (o las investigadoras e investigadores que la habitan) se cuida bien de no frenar la producción científica que genera, pero la inmensa cantidad de esas investigaciones dificilmente influirán en una mejora de la sociedad. La razón no es otra que la de que esas investigaciones no fueron pensadas para mejorar o aportar cambios a la sociedad, sino para contribuir al currículum académico de quien las construye. Como escuché decir hace relativamente poco a John Elliot “no podemos conseguir grandes cambios, pero sí generar pequeños cambios desde acciones basadas en la investigación teórica, reflexiva y colaborativa”

La visión reflejada se torna, en cualquier caso, excesivamente pesimista. Afortunadamente tras los muros de nuestra Universidad continúan trabajando algunas personas que tratan de dar otra significación al sentido académico, que reconstruyen su práctica codo a codo con la sociedad y que buscan un sentido a lo que hacen.

 


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