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Gracias Wert, gracias señoras y señores del PP (artículo publicado en la revista 87grados)

Yo sabía que no me fallarían. Dos años aguantando a todo tipo de personas despotricar de las competencias educativas del actual gobierno y de su ministro de educación. Dos años soportando que critiquen cada decisión que toman para mejorar la calidad y la solidez de la educación de la juventud de este país. Pero, ya sabía yo que no me fallarían.

Yo soy uno de esos que cree hasta el final en la responsabilidad política de mis gobernantes, soy de los que piensan que para mejorar la educación tenemos que seleccionar a los mejores (el “las” me sobra, porque somos NOSOTROS “LOS mejores”). ¿Cómo pretendemos competir con los países más punteros si aquí andamos complicándonos la vida con la igualdad? Un paso tras otro en la dirección correcta, sí señores, eso es lo que tenemos que agradecer a nuestro preciado Ministro de Educación y su gobierno. Un paso serio y decidido hacia la competitividad.

Un paso que nos aleje de una vez por toda de la solidaridad, esa lacra social que hace que pensemos en el resto de las personas que nos rodean y que busquemos objetivos comunes y colectivos; un paso que se dirija hacia el orden económico de la eficiencia, que acabe de una vez por toda con todo atisbo de compañerismo y ñoñería en la que nos han metido.

Hacía falta poner en marcha una iniciativa como “educación para la fiscalidad”. Y hacía falta porque en este país sobran la ciudadanía, el compromiso, la ética y los valores; y falta mucha educación fiscal. Hacía falta porque hay que enseñarles a nuestras niñas y niños lo que significan los impuestos fiscales, para qué sirven los tributos que pagan a su “Estado soberano”.

Hace falta que nuestras maestras y maestros sean conscientes de la importancia de esta asignatura y de lo que significa estar comprometida/o, o ser un simple pelele de los decretos de sus gobiernos.

Porque no es lo mismo enseñar qué es y qué significa tener una cuenta bancaria, que enseñar qué armas, guerras y opresiones se financian con ese dinero depositado en manos de nuestros bancos; porque no es lo mismo enseñar la obligación de tributar nuestros impuestos como buenas ciudadanas y ciudadanos, que enseñar que esos impuestos financian los caprichos de una Iglesia, UNA, en un Estado laico; porque no es lo mismo enseñar los servicios públicos que se financian con esos impuestos, que la forma en que nuestro dinero se desvanece costeando monarquías, guerras y rescates bancarios, mientras nos privatizan la sanidad, la educación y los demás servicios públicos; Y es que, al fin y al cabo, es mejor enseñar a nuestras niñas y niños que deben ser responsables con su dinero, a enseñarles la realidad y decirles que les roban sus gobiernos. Los gobiernos que abusando de la confianza de sus votantes usurpan al pueblo soberano, y utilizan unas urnas para hacerse dueños del destino de su gente. No amigas y amigos del profesorado, no es lo mismo aplicar un temario dado, que ejercer como docente y construir nuestro temario.

Por eso quiero darle mi más sincera enhorabuena a este gobierno. Les doy las gracias y la enhorabuena, porque con cada decisión consiguen alimentar mis ansias de insumisión educativa, porque por más que eliminen asignaturas se olvidan que la ciudadanía no se encierra en las aulas, en los libros, ni en las líneas de un decreto. La ciudadanía está en la calle, reconstruyéndose, rehaciéndose a sí misma, preparando el golpe de efecto a la políticas neoliberales de su gobierno.


Visión de futuro

Os dejo el último artículo que escribí para la revista 87 grados. Si aún no conocéis la revista os animo a seguir sus publicaciones y a colaborar en cualquier faceta con quienes la ponen en marcha.

Mi primera reacción ante la noticia fue de rabia, impotencia e incredulidad ante lo que estaba escuchando. No podía dar crédito a lo que me contaban y no entendía las razones que podían llevar a tomar una decisión de ese tipo. – ¿Inhibidores de frecuencia en la Facultad de Educación? Pero, a quién se le ha ocurrido eso, ¡para qué!

Los primeros segundos, minutos, ¡horas! De desconcierto dieron paso a la comprensión y, por qué no decirlo, a la admiración hacia quienes tomando en serio la importancia de la gestión del dinero público y la responsabilidad ética, política y social de la universidad, decidieron poner en marcha esta apuesta por la sostenibilidad.

¡Qué visión de futuro! ¡qué enorme conciencia social! ¡que comprensión de la realidad!. Curiosamente, cuando recibía aquella, en principio fatídica noticia, me encontraba leyendo el último libro del tristemente fallecido Ramón Fernández Durán “La Quiebra del Capitalismo Global: 2000-2030. Preparándonos para el comienzo del colapso de la Civilización Industrial”. En uno de sus capítulos Ramón hace una interesante reflexión sobre nuestra sociedad de la información y la comunicación y la imposibilidad de que se pueda seguir manteniendo una aldea global perfectamente interconectada a través del ciberespacio a partir de 2050, debido sobre todo a una más que probable crisis de los recursos energéticos fósiles, algo que provocará, según él, que tarde o temprano tengamos que restructurar y reconstruir la forma en que hemos comprendido las interconexiones de esta “aldea global”, llegando a tener que seleccionar nuestras prioridades en relación al consumo energético.

Afortunadamente hoy en día queda gente con visión de futuro y sobre todo con la responsabilidad suficiente para asumir que tenemos que comenzar a desconectarnos poco a poco de las tecnologías que absorben y consumen las relaciones personales, para evitar el colapso global de la civilización del que nos habla Fernández Durán. Qué si no haría que en una facultad de educación se hayan instalado inhibidores de frecuencia para evitar el uso de teléfonos móviles y distintos aparatos tecnológicos en su conexión a internet.

Uno tiende a pensar en la bondad de las instituciones y de quienes las gestionan, y claro, entiende que esta decisión intenta evitar interrupciones en las profundas disertaciones, debates y conferencias que se llevan a cabo en un lugar como el Aula Magna. Pero pensando en el currículo del grado de magisterio, pedagogía, educación social… uno no puede dejar de recordar que existen asignaturas de nuevas tecnologías, que se llevan a cabo exposiciones con enlaces a videos de internet y sobre todo en qué sucederá cuando sea el/la ponente quien necesite la conexión.

Sin duda, como diría José María Cano (el compositor) no sé ni quiero saber la razones que dan derecho a limitar la conexión a internet, pero debe haberlas y deben ser de peso para anteponer esta decisión a la de poner marcadores electrónicos para evitar colas en secretaría, arreglar las goteras de la facultad o acomodar todas y cada una de las aulas y accesos de la facultad a las personas con movilidad reducida. Aunque después de todo, como algún día escuché decir, la facultad no puede ser un paraíso para todo el mundo.


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