Archivo del Autor: mdaphe

Sociedad enferma o enfermedades en sociedad

“El individuo en red es <<la clase obrera sublimada>>. Si hay un agente colectivo de la historia que pueda pilotar la transición hacia algo que esté más allá del capitalismo, lo compondrían las personas jóvenes, conectadas y relativamente emancipadas. No son una clase, aunque el desplome del neoliberalismo los ha dejado en gran medida sin futuro. Sin embargo, si pudiéramos transplantarlos a un escenario alternativo de los años treinta, veríamos con claridad su potencial para generar una salida positiva”

(Mason, 2017: 202)

“Yo no vivo en Brasil. Para colmo, no he votado a Bolsonaro, lo que pasa en Venezuela poco me importa, en Andalucía lo que ha pasado es que la gente esta cansada, odio a la derecha y mantengo la esperanza de que mi trabajo y mi esfuerzo concluirá con un futuro de comodidad, viajes y buen estatus social.”

Puede sonar a pijo-progre de derechas o de izquierdas, incluso puede que quienes son de izquierdas, más de izquierdas que los de izquierdas, asemejen la frase con la socialdemocracia, con el socialismo actual, con los desarraigados, con quienes se han alejado de la clase obrera, de la clase social a la que pertenecen. Al fin y al cabo como dicen en la F.R.A.C. (Fundación de Raperos Atípicos de Cádiz), #YoSoyMásComunistaQueTú, eso sí, Sin acritú.

Sin embargo, esa frase forma parte de lo que parece una deriva general que, directa o indirectamente, nos toca de lleno a quienes vivimos dentro del capitalismo actual.

El ascenso de la extrema derecha, fundado en el apoyo a movimientos populistas con líderes autoritarios, se asemeja cada día más a la escalera de tensiones y la reconfiguración política que se vivió en los años 20 y 30 del siglo XX.

Llamadme exagerao… pero ya os digo yo que la asignatura de historia del insti servía para algo más que para echar la siesta (Al margen de esto, Erich Fromm en el miedo a la libertad hace una clara descripción del sadomasoquismo en una sociedad rota).

Cuando el socialismo ha sido declarado inviable por el propio socialismo, cuando las alternativas de salir de la crisis pasan por una tecnología que nos atomiza y nos enfrenta, a la clase obrera (clases medias, las y los soñadores de clase media) no le ha quedado más remedio que volver la mirada atrás, para construir su identidad en torno a aquello que les quedaba y que podía reportarles cierto espacio de seguridad (Mason, 2017). Y lo que le quedaba era aquel “Padre fallido y añorado”, que mostraba la fuerza suficiente y tranquilizaba a través de la vuelta a la familia, el lugar, la etnia, la cultura, los valores y las opciones sexuales concebidas históricamente como tradicionales.

A principios de 2018, terminaba de leer un libro que sin duda dibuja una clara cartografía de lo que estamos viviendo en el plano social, político, cultural y económico en los últimos años. Centrándose en el ascenso de estos nuevos movimientos de extrema derecha y en especial como análisis a la llegada de Trump al poder, distintas autoras y autores exponen en “El gran retroceso” las claves o al menos los hilos de análisis a los que debemos poner atención para construir respuestas consistentes desde políticas y acciones de izquierda.

¿Qué ha pasado para que el ascenso de la derecha se haya fraguado con tanta facilidad en países con distinta organización, historia y construcción social? ¿Han fallado las izquierdas?¿Hay formas de responder al ascenso de la extrema derecha? ¿Por qué también en Andalucía?

Voy a intentar exponer algunas ideas con una mala interpretación personal, partiendo de la descomposición social actual, para intentar buscar esos nudos que puedan recomponer la psicosis en la que nos encontramos, además de contar con la ayuda de algunas lecturas realizadas.

Anhelos de seguridad

Nuestras sociedades actuales devienen periferia. Tal y como expresa Alba Rico “Todo es ya periferia. Y por eso todos se precipitan a delimitar y reforzar las fronteras” (2017, 20) .

La extensión de aquello que la teoría de los sistemas-mundo de Wallerstein conceptualizó como “periferias”, ha engullido las hasta ahora “estables” sociedades del bienestar. La inseguridad se convierte en un negocio más desde el que sacar rentabilidad económica.

Bajo esta realidad, los líderes del populismo de derechas apelan al sentimiento de inseguridad, como un cimiento más desde el que apuntalar el muro de la indiferencia. Las clases medias, hasta ahora representantes de las bondades del capitalismo de mercado, en su sagrada comunión con la socialdemocracia, han perdido la confianza en las medidas de regulación de los gobiernos.

En Europa, las últimas crisis económicas dibujan el impass perfecto, para el surgimiento de nuevas respuestas que satisfagan las necesidades de la población. El interrregno abierto con la última crisis global, abrió nuevas oportunidades para los movimientos críticos de izquierda, pero la fragmentación provocada por el solucionismo cortoplacista de las políticas europeas, también dejó abierta la puerta a los populismos de derecha.

Esta crisis global que se fragua en países del núcleo capitalista, pero se extiende a la periferia más próxima, desdibuja la máscara del capitalismo de sonrisas y colores, mostrando la verdadera cara del monstruo.

La lectura que de esta realidad hacen los nuevos movimientos de extrema derecha, pasa por volver a poner de actualidad los conflictos basados en la identidad. Incapaces de controlar la economía de su país, todos prometen la purificación de la cultura nacional como camino al poder mundial (Appadurai, 2017). Es lo que todos propugnan como “El gobierno de las mayorías”.

En este registro, la extrema derecha, o si queremos simplificarlo, la derecha ha leído perfectamente la necesidad de seguridad, realizada desde las clases que han visto peligrar sus posibilidades de tener una vida futura plena de tranquilidad. La construcción de discursos vacíos, que responden desde un lenguaje visceral pero directo, la alusión a una protección en la que nos repiten constantemente <<tú no tienes que preocuparte de nada, porque yo estoy aquí para protegerte de tus miedos>>, prepara el terreno para un fuerte apego a los viejos valores del fascismo y el populismo de derechas.

Cuando los anclajes que mantienen a la clase obrera con la mirada puesta en la esperanza de un futuro firme, basado en la seguridad del presente, se desmoronan; cuando no encontramos el sinthome mantenga la sujeción del nudo, todo se viene abajo, dando paso al estallido de la personalidad psicótica, de una sociedad enferma, capaz de llevar a cabo cualquier acción, idea o propuesta que satisfaga las necesidades primarias cohibidas durante años. El miedo a la libertad, nos ata a las promesas fáciles nacidas del odio al otro desconocido (Mason, 2017).

Ante la incapacidad para enfrentar los retos de la libertad, volvemos nuestra mirada hacia la cultura del líder. Ante la imposibilidad de disponer de tiempos para la participación social y la creación de comunidad, preferimos al guía ordenado, que nos permita continuar disfrutando de nuestras pulsiones de consumo desenfrenado.

Nos situamos, como diría Fromm en “el miedo a la libertad” (1980), en una relación de simbiosis sadomasoquista, en la que ambos, gobernantes y gobernados encontramos el placer en la seguridad, aún a costa de perder nuestra libertad.

Continuará…

Anuncios

DAME UN LAZO… Y AGITAREMOS EL MUNDO

Pues dejo aquí uno de esos artículos escritos para 87grados, Podéis visitar su página para ver este y otros muchos artículos: https://87grados.wordpress.com/ . Espero que lo disfrutéis.

 

En este último año los lazos se han puesto de moda. Hay quien pone lazos a sus perros, a su gato; se publican tutoriales en youtube para hacer lazos con un solo dedo y lazos de moño triple, que no se lo que es pero por las visualizaciones que tiene pronto acabaremos con uno en la cabeza; hay quien utiliza el lazo como trampa caza conejos; y en la industria textil el lazo llega a tener un departamento especial: lazos de satén, lazos de piel, de astracan, de felpa, estampadas, sin estampar…

Lazos. Esos grandes desconocidos, para confirmarlo, os remito a la entrevista realizada por nuestros corresponsales en este número de 87grados.

Pero, hay lazos que van mucho más allá de los significados materiales con los que se definen en todas las acepciones del diccionario de la RAE. Lazos que rompen la materialidad de sus tejidos para extender todo un conjunto de relaciones.

El lazo, puede evocar el conjunto de elementos que une a una comunidad. De esta forma, ha sido utilizado como metáfora para representar el “lazo social” por pensadores como Rousseau o Durkheim. El psicoanálisis, ha abordado el lazo social y su degradación fruto de la sociedad capitalista, como motor de procesos de individualismo y fundamentalismos.

Para entendernos, podemos decir que este lazo social representa aquello que nos une o pone en relación con otras personas. Una forma de encontrarnos en comunidad, un factor inmaterial, más ético que moral, que hace que nos sintamos en disposición de asociarnos entre diferentes personas, más que de asentarnos en nuestra propia individualidad.

Decía Rousseau que “cuando el vínculo social se rompe en todos los corazones, cuando el más vil interés se adorna con descaro con el nombre sagrado del bien público, la voluntad general enmudece entonces; guiados todos por motivos secretos, no opinan ya como ciudadanos, sino como si jamás hubiese existido el Estado; y se hacen pasar falsamente con el nombre de leyes los inicuos decretos, que sólo tienen por fin el interés particular.”¹

Así, hablar de lazo es hablar de política, sociología, filosofía, psicología, en definitiva, de relaciones y la forma en que las construimos.

Hoy que las derechas se rearman, que las instituciones pierden credibilidad, que el lazo social se desvanece entre discursos apolíticos e individualidades emocionales. Hoy que el miedo acecha y nos encierra, encapsulándonos en nuestro propio yo, es más necesario que nunca que volvamos a (re)pensarnos dentro de nuestros propios lazos. Esos lazos que procuran acoger(nos ) , comprender (nos ) y construir(nos) en comunidad.

Acostumbrados a vivir entre lazos que se cierran sobre sí mismos, hemos olvidado como dice Byung-Chul Han² el poder que alberga la razón para ofrecer hospitalidad. Por eso, se vuelve fundamental repensar esos lazos cerrados, para pensar nuevos Lazos Abiertos.

Lazos abiertos de solidaridad, basada en la justicia, la igualdad y la lucha por la dignidad. Lazos dinamiten, esa división de lo sensible de la que nos habla Rancieré³, permitiendo la participación de las y los excluidos, redescubriéndonos en nuevas voces a través de la experiencia compartida.

Lazos que, en definitiva, multipliquen las posibilidades de acoger nuevas relaciones, hacia un constante devenir del bien común.

Existe un lazo que, precisamente por experimentarse en la cotidianidad de nuestra vida, resulta de especial relevancia en la construcción de comunidad.

Los lazos de la amistad.

Lazos que mantienen viva una revista. Los mismos que construyen asociación. Los que se juntan para reclamar derechos. Esos con los que contactamos en los momentos de mayor felicidad, a los que llamamos en los tiempos de necesidad.

Lazos que, precisamente por representar un sentir común, vinculado al mundo de lo sensible, hacen que en este momento mis manos reduzcan la velocidad con la que pulsan cada tecla del ordenador. Como si cada movimiento de mis dedos quisiera recrearse en las mañanas, tardes y noches vividas desde la amistad.

Ese lazo de la amistad no representa un vínculo que se llena tan solo con el lenguaje de la mercadotecnia neocapitalista, reduciendo las emociones a una suerte de gestión individual de estas. Sino que se presenta como un lazo político y de resistencia, que articula las experiencias de proyectos compartidos. Proyectos políticos, sociales, laborales, familiares… proyectos basados en la confianza, la complicidad y el profundo sentido de transformación del mundo en que vivimos.

Un lazo que sortea las distancias y los tiempos. Que reconfigura los usos de la hipercomunicación acelerada, tejiendo desde la espera, un tiempo de esperanza.

Es un lazo del sentir de las distintas personas con las que tenemos la suerte de encontrarnos. Amistades que han querido ser partícipes de la época que les ha tocado vivir. Es un lazo de vidas intensas y apasionadas que buscan tocar(se) en los corazones, para despertar la revolución de las periferias, de los sin nombre, de las olvidadas.

Cultivar el lazo de la amistad es, hoy más que nunca, cultivar el lazo de la resistencia política y social para enfrentar el resurgir del fascismo. Es construir, pensar, recuperar y soñar proyectos que refuercen nuestro devenir comunidad.

De ahí que, ese lazo de la amistad se presente como un lazo abierto. Un lazo de ideas que quedan inacabadas, en pausa, para dejar paso a nuevos sueños; de igual forma que acoge nuevas amistades que concluyan los sueños olvidados o que esperan ser desempolvados en el viejo baúl de nuestros corazones.


1. Rousseau, J.J. El contrato social. Disponible en pdf en: http://bibliotecadigital.ilce.edu.mx/C o l e c c i o n e s / O b r a s C l a s i c a s / _ d o c s /ContratoSocial.pdf

2. Byung-Chul Han (2017). La expulsión de lo distinto. Harder editorial.

3. Rancière, J. (2014). El reparto de lo sensible. Estética y política. Prometeo Editorial


Un libro al mes: Apegos feroces de V. Gornick

Llevo un tiempo queriendo recuperar esta costumbre de hacer alguna recomendación de lectura, como aquella serie de entradas de 12 meses, 12 libros que ya hice hace un tiempo. Esta vez, sin limitarme a novelas, novelas cortas y demás, abriendo las posibilidades a todas esos libros que caen en mis manos y tarde o temprano acaban devorados por mis ojos.

Esta vez quería hablar de esta pequeña novela, más bien autobiografía de Vivian Gornick.

Apegos feroces

Portada del libro “Apegos feroces” de V. Gornick

Titulo: Apegos feroces.

Autora: Vivian Gornick.

Editorial: Sexto piso. Narrativa.

Año de publicación: 2017 (Edición original en inglés en 1987).

Páginas: 197.

Valoración personal: Fácil lectura, con un amplio espectro de contextos y relaciones que lo hace interesante para una gran variedad de personas, aunque sobre todo creo que puede interesar su lectura a mujeres que viven o han vivido esa dificultad de construirse libres en un entorno de estrechas relaciones, marcadas por fuertes valores familiares y/o culturales y que no cejan en su lucha por romper con lo que les oprime sin dejar de amar su historia.

Llegué a este libro por casualidad, no voy a esconder que fue el título lo que me llamó la atención e hizo que me interesara por leer ese pequeño resumen que siempre nos suelen aportar en la contraportada. Soy de esas personas a las que le gusta pasar el tiempo en una librería, ojeando lo que hay y no siempre llevándome algo. Una costumbre que entiendo pueda desesperar a quienes alguna vez me acompañan en un paseo libresco.

Quizás convendría avisar que el título no es más que aquello con lo que quizás se identifica la autora, pero sin duda, el libro podría titularse “paseos por mi barrio”, “historias de barrio” o “por qué soy como soy”… está claro que ninguno de estos títulos engancharía tanto, pero no dejarían de identificar lo que encontraremos en sus páginas.

Tengo que decir que las primeras páginas del libro no me enganchaban, se me resistía. Pero, teniendo en cuenta que se convirtió en uno de esos libros que yo llamo “libro de autobús y desayuno”, básicamente porque son los libros que me dedico a leer en esos momentos, estaba claro que terminaría por leerlo completo.

Los saltos en el tiempo, los curiosos diálogos entre madre e hija, mientras pasean por esa ciudad que ha visto crecer su relación, la llamativa forma de describir sus recuerdos de niñez o simplemente esa forma de evolucionar en su vida como mujer, intentando huir de los corsés culturales y familiares o tratando de escapar de convencionalismos sociales, mientras se cae en otros, logran poco a poco que vayamos al simpatizando con la historia que se nos plantea:

“La infelicidad tiene que estar viva para que pueda suceder cualquier cosa”

(pág. 41).

Tal cual lo expresa la autora, la infelicidad se convierte casi en una constante en la vida con la que no nos queda más remedio que luchar, a veces comprendiendo que no se trata más que un paso para que quede abierta la puerta a nuevas posibilidades de aprender o escoger otros caminos.

El contínuo cruce de reproches entre madre e hija, se convierte en una tónica general del libro. Quizás es una lucha más común de lo que vemos. Esas aspiraciones personales que chocan con lo que una madre espera que haga su hija en la vida; esa forma de soñar la vida de los demás e intentar que sea lo que “se debe hacer”, más allá de lo que la otra persona quiera; ese encuentro entre dos generaciones que han crecido en una sociedad que se ha transformado, cambiando las formas de vivir nuestras relaciones familiares, sociales, de pareja… Una lucha por comprender lo que nos rodea y comprendernos como personas en relación a esos valores que vamos construyendo:

“- ¡Pues claro que sí! Mi madre murió entre los brazos de mi hermana, con todos sus hijos alrededor. ¿Cómo voy a morir yo? ¿Me lo puedes decir? Seguro que pasará una semana antes de que encuentren mi cadáver. Pasan días sin que tenga noticias tuyas. A tu hermano lo veo tres veces al año. ¿Y los vecinos? ¿Quiénes? ¿Quién está pendiente de mi?…
– … Tu madre no murió en brazos de su hija porque tu hermana la quisiese más de lo que nosotros te queremos a ti. Tu hermana odiaba a tu madre y lo sabes. Estaba ahí porque era su deber y porque toda su vida de casada vivió al lado. No tenía nada que ver con el amor…
– Llámalo como quiera – me responde enfadada-, era un modo de vivir mucho más humano.”

(Págs. 51-52)

“Creo que mi madre tuvo pronto sentimientos encontrados sobre mí y la universidad, aunque había querido que yo fuese a la facultad, de eso no había duda, y su empeño porque así fuese le había infundido fuerzas…
Cuando después de licenciarme se enteró de que yo no era maestra, actuó como si la hubiera timado. En su mente una joven entraba por una puerta con un cartel que decía <<facultad>> y salía por otra con un cartel que decía <<maestra>>…
No había comprendido que ir a la universidad significaba que comenzaría a pensar: con coherencia y en voz alta. Esto la dejó descolocada.”

(Págs. 106-107)

Pero, Vivian Gornick va a atravesar su autobiografía con todo aquello a lo que termina por enfrentarse una mujer, porque esos apegos no solo nacen en una relación familiar, en un encuentro madre-hija. Las aspiraciones profesionales y la relación de pareja con los hombres, la liberación como mujer y el apego a los valores culturales históricos, todo atraviesa esta historia a la que en cada página vamos pidiéndole un poco más de cada uno de los personajes que se presentan y lo vamos obteniendo. Desde las relaciones personales a la política, pasando por el amor y sus expresiones más liberadoras o cosificantes:

“En realidad, no prestábamos demasiada atención al hecho de que nos peleábamos constantemente. Nos reíamos del estereotipo social que representábamos: la feminista y el izquierdista enzarzados en una batalla erótica. Pensábamos que, como no dejábamos de hablar, teníamos una conexión. En realidad, solo conectábamos en la cama. De pie, defendíamos nuestras posturas. Considerado el alboroto, ahora llama la atención que las sorpresas siguieran llegando.”

(Pág. 162)

Sin duda no es un libro sobre una mujer y la relación que establece con su madre. Apegos feroces, es un libro sobre como aquello con lo que crecemos contínua presente en nuestras vidas, en cada una de nuestas acciones, relaciones y decisiones, por más que intentemos alejarnos de su influencia.


El himno de mi patria

Para que no quepa duda de lo que se celebra un día como hoy, no nada mejor que recoger las letras de alguna de las mejores plumas del carnaval. Habrá quien ponga sesudas reflexiones de magníficos libros, poemas, novelas… Yo uso pasodobles de carnaval, porque llegan al pueblo y a su corazón.

1º-. “El himno de mi patria” (Comparsa “Los cobardes”, año 2016. Autor: Antonio Martínez Ares). Para que recordemos a quienes damos alas cuando himnos y banderas son utilizadas para ensalzar los sentimientos más rancios de un país, ocultando las miserias de toda la ciudadanía.

“El himno de mi patria nunca tendrá letra
y nos separará ahora y eternamente.
Es solo un chunda chunda que enciende la mecha
entre todos los países de este país.
El himno es una mano con camisa nueva,
es una mano obrera y progresista;
la misma mano que a manos llenas
crudo se lo lleva en maletines a Suiza.
Es un norte sin fe y todo un sur de canciones.
Es la vieja alianza entre iglesia y estado.
Es el euro, el invento pa hacernos más pobres.
Es la fiesta de un pueblo que goza matando.
Mi patria tiene un himno que abuchea la gente
porque la vieja guerra en la cunetas sigue presente.
El himno suena a himno muerto
y cuatro millones de desempleados velando su cuerpo.
Suena a colegios sin comedores,
a una infanta, tralarí y jueces sin cojones.
Suena a trompeta de legionario,
a furbo y tonadilla, a fiesta nacional,
a América sangrando por nuestra hispanidad.
El himno de mi patria es una patraña…
El verdadero himno, nuestro himno, mi himno,
el de todos, es el himno… himno muy lejos de España.”

 

2º-. “Cuando un Bohemio dice Patria” (Comparsa “Las noches de Bohemia”, año 2010. Autor: Juan Carlos Aragón). Para dejar claro cual es mi patria y a que me refiero cuando hablo de ella, mi patria es mi barrio, mi pueblo, mis amigos, mi patria no existe, porque mi patria nunca tendrá fronteras ni banderas.

Cuando un bohemio dice patria es ninguna y es cualquiera.
La vida me fue enseñando que la patria solo es
una raya en el mundo que llaman frontera,
que le pintan escudos y le clavan banderas
y que luego su gente se mata con la que está en frente
yo no sé por qué.
Tampoco entenderé jamás
como se escoge la profesión suicida
de servir a la patria dando la vida
si vida solo hay una y hay que tratarla de otra manera.
Yo solo entiendo por Patria la tierra que un día te viera nacer,
donde pisaras de niño sus calles y sus playas
Yo soy de Cádiz y a Cádiz dentro de mi alma siempre llevaré
y a Cádiz le cantaré donde quiera que vaya.
Pero no me pidan que mate ni que abra combate por la tierra mía,
que una Patria no vale una guerra
y antes que la tierra vale mas la mía.
Dudo mucho que el mejor amante
sea el que más cante “yo por ti me muero”
que es mas bonito un guiño
cuando el cariño es verdadero,
y el cariño lo he dado como gaditano y como hombre,
llevando su nombre,
llevando su nombre por el mundo entero.

 

3º.- “Con todo mi cariño” (Comparsa “Araka la Kana”, año 2007. Autor: Juan Carlos Aragón). Esta para recordar a todas esas personas que se llaman “patriotas” y se dan golpes en el pecho levantando la cabeza, que un día como hoy tenemos mucho por lo que pedir perdón y muy poco que celebrar.

Con todo mi cariño vaya el pasodoble
a la poca verguenza de algunos de ustedes.
Me parece mentira que los españoles
presuman de sus colonizadores
y de sus víctimas nunca se acuerden.
Con todo mi cariño y toda mi tristeza
a esa poca verguenza quiero recordar,
que cuando a America del sur
llegó Colón con una cruz
y con la espada en que se convirtió,
nos dejo su tan católico legado,
cuatro siglos explotados.
Nos trataron como esclavos
mientras nos cambiaban la lengua.
Nos violaban, nos asesinaban y
cuando volvian se traian el oro y la plata
o ya no se acuerdan.
Y me parece mentira que despues
de tanta y tanta explotación
cuando llega un sudaca
mendigando plata diga un español:
“peste de los inmigrantes,
sudacas tunantes, gentuza asquerosa,
indio largate de aqui
que este nos es tu pais y ya España rebosa”.
Todos los que hablan así,
luego piden pá sus hijos una educación religiosa.
No se te olvide nunca españolito racista maldito
que si a tu país llegan de Sudamerica
cientos de miles pobres inmigrantes
es solamente pá buscar
el medio de sobrevivir
y tus abuelos, ay!, lo hicieron antes.

 

¿Cuál es tu patria?


Libres y acompañados

“Libres y acompañados tendríamos que vivir. Aprender es darnos este espacio en el que ser acogidos y reforzados en nuestras necesidades. Poder entrar y salir, con el afecto de los anónimos, con los ojos y las manos llenas de las creaciones de los otros, de los dolores de quienes no conocemos, de la alegría que desborda los pasillos, los dibujos, las esculturas, las palabras, las imágenes y los colores de un mundo y de un tiempo que no hemos escogido y que por eso mismo debemos vivir a todas”

(M. Garcés, “Fuera de clase”)

Siento que me fuí.

Sin despedirme, sin un adiós, sin saberlo, sin esperarlo…

Siento, que dejé los muros y los tiempos.

 

Continúo… con la sensación de haber dejado atrás muchas cosas

desde hace mucho tiempo.

Esa enorme sensación… de tener proyectos por terminar,

y otros tantos por empezar.

 

Pienso…

que a cada persona que encontré tras los muros,

le robe un pedazo…

 

de amor.

 

Fuí un ladrón de pensamientos… y quiero pensar

que me atreví a ser un asesino de opresiones.

 

Abrísteis vuestras puertas

para dejarme cerrarlas…

sin poder dejar de mirar hacia atrás.

 

Libre de movimientos. Esos movimientos que aprisionan cada pared, cada muro que levantó la sociedad a nuestro alrededor. En cada una/o de vosotras/os, descubrí el placer de construir, de compartir, de hacer crecer espacios de escucha y diálogo.

Pasan los días, pasan los meses… pasará el tiempo y seguiré preguntando si lo más duro fue salir o entrar. Entrar en otros mundos, abrir mis propios miedos, cerrar los prejuicios, romper los candados que nos amarran en estos tiempos de soledad.

Este mundo pone en juego constante nuestra libertad, nuestras posibilidades de poder salir y entrar.

Entrar en relaciones sin contar con el miedo de no saber como poder salir. Visitar mundos que no son nuestros sin sentirnos extrañ@s entre tantas miradas. Abocad@s a elegir. Quedarnos o irnos para para no volver. Un mundo construido en la constante dicotomía dentro/fuera con la que fijamos una realidad que nos aleja de posibilidades de encontrarnos durante un tiempo para continuar el viaje, con la esperanza de volver a vernos.

Dejar la puerta abierta, es mucho más que dar libertad a quienes nos conocen para escoger libremente. Dejar la puerta abierta, es saber que tienes un compromiso con la felicidad de quienes te rodean, que puedes compartir momentos, aprendizajes, risas y llantos. Significa saberte cerca, aunque no compartas tiempo y espacio.

Romper con los muros es mucho más que entrar a martillazo limpio, derribando cada piedra constuida. Derribar barreras, es poder dudar de lo aprendido, abrirse a nuevas posibilidades, experimentar nuevas sensaciones, dejando brotar la semilla de nuestras emociones.

Quizás el mayor reto que nos podemos plantear en nuestras sociedades sea, como explica más arriba M. Garcés, ser capaces de crear esos espacios abiertos al compromiso y la confianza, esos espacios en los que sin perder nuestra propia libertad para seguir creciendo, mantenemos el compromiso colectivo de cuidar(nos) y encontrarnos permaneciendo con las puertas abiertas para acoger y acoger(nos) entre quienes se acercan a compartir.

 


Series televisivas y educación

Ya sea porque te gustan las series o porque eres un Friki de la educación, de es@s que buscan otros caminos donde descubrir discursos relacionados con los procesos de aprendizaje, estoy seguro que hay ciertas seres televisivas, relacionadas de alguna forma con el entorno escolar y educativo que no te queda más remedio que conocer.

A nadie se le escapan aquellas series del estilo de Física o Química o compañeros, que tanto engancharon a parte de la juventud de la época. Recientemente, en España, Merlí se ha presentado como una serie más centrada en el papel del profesor y los métodos de este para transmitir ciertos temas a sus estudiantes. Todas y cada una de estas series siempre presentan algo que resulta aprovechable para nuestra práctica educativa, como cada una de las producciones que podamos encontrar en la ficción televisiva, estén o no centradas directamente en la educación. Pero, hoy me apetecía dedicar un poco de tiempo a recomendaros otra serie que quizás no haya llegado tan fácilmente a vuestra lista de reproducción, aunque nos presenta una buena cantidad de temas para el debate en el plano educativo.

RITA

La serie se centra en el día a día de Rita Madsen, una profesora un tanto peculiar en sus métodos y en su forma de enfrentar su trabajo como docente. Durante toda la serie, parece ser que el principal objetivo de Rita es defender a sus estudiantes, ya sea de las propias madres y padres y su desidia o sobreprotección, o del sistema educativo y la organización escolar. Todos y cada uno de los capítulos de la serie abordan, además, temas relacionados con la vida personal de Rita, un aspecto que quizás le cuesta mucho más controlar, o según dirijamos la mirada, podemos decir que controla de la misma forma que controla todo lo relacionado con su vida profesional, a su manera.

Lo interesante de la serie no está tanto en Rita y sus propios métodos de enseñanza, aunque bien merece un análisis de la figura docente su forma de enfrentar los poderes o la diferencia de encontrarnos en un papel directivo de responsabilidad tridireccional (hacia la institución en la que trabajamos incluyendo el profesorado, nuestr@s estudiantes y la administración educativa), o en un papel que se no tiene esta triple responsabilidad y por tanto puede enfocar su lucha a grupo que considera más importante en su práctica educativa, las y los estudiantes. Cada capítulo nos presenta un tema global sobre educación, sobre todo sobre el sistema educativo, en este caso danés, pero que sin duda podríamos trasladar comparativamente a nuestro propio entorno, salvando las distancias y teniendo siempre en cuenta la particularidad de cada contexto, pero lo cierto es que cada capítulo nos permite adentrarnos en un pequeño análisis educativo, abriendo la posibilidad de reflexionar sobre las necesidades y posibilidades de las instituciones educativas.

Quizás, al menos para mí, la tercera temporada sea la más interesante, sobre todo por la presentación que hace de todo lo relacionado con la diversidad, la integración, la inclusión y las formas en que el sistema exige que se aborde. La confrontación constante entre deseos, posibilidades, inversión económica, apoyo de personal y formación docente, se repiten durante toda la temporada, destacando la constante creatividad que debe atesorar el profesorado para dar respuesta a la variedad de situaciones que se presentan en el aula, exponiendo las miserias de estrategias como el coaching y de aquellas personas que utilizan técnicas sin tener la capacidad ni sensibilidad suficiente para escuchar a otros, reflejando el permanente tira y afloja entre administración educativa, dirección escolar y necesidades del profesorado, o mostrando como los intereses políticos pueden marcar el destino de todo un conjunto de studiantes.

No sé si habéis tenido la oportunidad de seguir la serie u os habéis adentrado recientemente en sus capítulos, en cualquier caso, espero que no olvidéis dejar un comentario para seguir debatiendo sobre los puntos fuertes y no tan fuertes de esta y otras series televisivas que puedan ayudarnos a repensar la práctica educativa.


Deshacer los caminos

Esta entrada llega tarde, para variar, en concreto, llega un mes tarde al reto #blimagen2017 lanzado por @xarxatic en su blog. El reto es sencillo, una imagen y sobre esa imagen, nuestro pensamiento y nuestras reflexiones.

Digamos que ver esa imagen me ha trasladado a múltiples momentos de mi desarrollo personal y profesional. Sentirme allí, de pie, frente a una gran explanada y un camino que se abre hasta perderse en el horizonte, mientras dos trenes aguardan a que alguien, quizás yo mismo vuelva a subir hacia algún otro lugar en el que crecer profesionalmente y nutrirme de lo que otras personas puedan enseñarme.

Siempre he pensado que cualquier camino es una invitación a adentrarnos más allá del lugar en el que nos encontramos en este momento. Caminar, como verbo, implica una acción, la simple acción de situar un pie delante de otro para desplazarnos hacia cualquier otro punto del mapa que se nos abre ante nuestra vida.

De conversaciones con amistades, compañeras y compañeros o familiares me queda la sensación de que, cada vez que pensamos en un camino lo miramos a lo lejos, delante de nosotros. Algunas corrientes de la psicología y la educación de estos tiempos que corren, como todas aquellas centradas en el tan alabado coaching no dejan de trasladarnos aquellos mantras sobre “escoger tu camino”, “comenzar tu camino”, “visualizar tu camino”… Y de tanto utilizarse se ha vuelto empalagosa la famosa frase del gran poeta Machado: “se hace camino al andar”.

Pero, poco o nada se encuentra sobre la acción de deshacer el camino andado, volver atrás, caminar de espaldas o simplemente sobre la diversidad de caminos a seguir, según situamos nuestra mirada. Porque la vida nos la venden (y cada día la compramos más inconscientemente), como aquel tren al que debemos subirnos para no perder la oportunidad. Pero, nunca nos cuentan que los trenes pasan varias veces y con múltiples destinos, nadie nos habla de los cruces de caminos y de la importancia de sentarnos a disfrutar del encuentro con otras y otros caminantes.

Bueno, digamos que Freire sí que nos advirtió que a veces es bueno esperar, sentarnos y esperar “para descansar de lo mucho que haré mientras te espero”. Y en esta sociedad en la que cada día buscamos más la satisfacción instantánea de nuestras acciones, practicar el noble acto de esperar y ser paciente para con nosotros mismos y quienes nos rodean, no deja de ser también un pequeño acto de rebeldía, digamos que poner en marcha la estrategia de frenar la dictadura de la velocidad es una forma de desobediencia que nos debemos a nosotr@s y a la sociedad que construimos. Dormir para resistir que diría Marina Garcés.

Pero, si caminar implica acción, también podemos decidir con quién o quienes queremos ir compartiendo cada paso que damos, olvidarnos de todos aquellos discursos que nos invitan cada día más a andar en solitario, a caminar nuestro camino, a fijar nuestras metas, obviando la importancia de caminar con otras personas para no encontrarnos solas o solos, cuando lleguemos al ansiado final, si es que existe final para nuestros caminos…

De momento, pienso seguir buscando la multitud de posibilidades que nos presenta la vida, sin negarme a volver atrás para reconocer errores, pedir perdón, mirar alrededor antes de seguir solo hacia delante y sobre todo, invitar a otras personas a acompañarme al menos en un trecho de este largo y apasionante a ninguna parte.


¿Los bárbaros?

“Los bárbaros están llegando. Veo mentes refinadas escrutar la llegada de la invasión con los ojos clavados en el horizonte de la televisión. Profesores competentes, desde sus cátedras, miden en los silencios de sus alumnos las ruinas que ha dejado a su paso una horda a la que, de hecho, nadie ha logrado, sin embargo, ver. Y alrededor de lo que se escribe o se imagina aletea la mirada perdida de exégetas que, apesadumbrados, hablan de una tierra saqueada por depredadores sin cultura y sin historia. LOS BÁRBAROS, aquí están”

(Los bárbaros, Alessandro Baricco)

Hace ya tiempo que tenía ganas de escribir algo en refencia al magnífico ensayo de Baricco que tuve la oporunidad de leer hace ya casi un año.

Quizás debería abrir este texto diciendo que la tecnología siempre ha sido un debate abierto, sobre todo en educación. Y, sobre educadoras y educadores recae el peso de una sociedad que cuestiona, busca y espera la respuesta que devuelva la calma, es “pax Augusta”, que al parecer, siempre hemos disfrutado antes que llegaran los radicales aparatos del infierno.

Los bárbaros

Ante la aparición de una nueva transformación social, miedos e intereses se dan la mano para lanzar el “sagrado” mensaje al conjunto de la ciudadanía: “debemos salvar nuestros valores, nuestros conocimientos, nuestras tradiciones y constumbres, debemos cultivar nuestras mentes y proteger a la juventud que viene detrás”. Pero, resulta que una inmensa cantidad de ocasiones es, precisamente, a esa juventud a la que se tiene miedo. Miedo a que no sean incapaces de mantener aquello que las generaciones anteriores tanto han hecho por construir.

Va siendo hora de ceñirse al tema y dejar de dar rodeos. Os da miedo la tecnología, tanto como el miedo que os causa que la próxima generación sea más estupida, menos inteligente o, simplemente, inserte nuevos valores en la sociedad que vosotras y vosotros, guardianes del conocimiento válido, habéis marcado con el certificado de autenticidad social.

Precisamente Baricco, en su libro, también nos habla de esos bárbaros sin escrúpulos, que vienen a destruirlo todo, y de esas valerosas personas que se enfrentan a las hordas de salvajes, para evitar que contaminen todo lo bueno de nuestra sociedad con sus comportamientos sin escrúpulos, su manía de hacer que todo el mundo disfrute lo que era privilegio de unos cuantos (hombres, por lo general), su interés por mezclar y remezclar, su tendencias post- ante todo.

Pero, estos bárbaros están dando una lección a quienes le precedieron, como refleja Baricco en su libro:

“Por regla general, se lucha para controlar los puntos estratégicos del mapa. Pero aquí, de una forma más radical, parece que los agresores están haciendo algo mucho más profundo: están cambiando el mapa… Eran mutantes que sustituían un paisaje por otro, y que allí fundaban su hábitat.” (pág. 13)

Resulta curioso ver como Beethoven también fue etiquetado de bárbaro, pero dejo que os lo cuente el libro. El tema de los bárbaros y los salvajes es tan recurrente que no hay ámbito que escape a incluir algún grupo o persona a quien podamos etiquetar como tal.

Así, “los salvajes” en la tan seguida serie Juego de Tronos son quienes han decidido vivir al margen de las normas y reglas marcadas por la inmensa mayoría de la sociedad. No deja de ser curiosa esa denominación de “bárbaros”, “salvajes”, etc. para un pueblo que parece más libre que la mayoría de los que se nos muestran en poniente y que tanto tendría que aportar a la medieval lucha por el poder. Aunque esto es otra historia.

Invasión bárbaros

Salvaje fue el surgimiento de la televisión, que raptaba a nuestras hijas e hijos para atarlos a las deseos de la caja tonta, salvaje fueron los hippies, los punkies y por supuesto, todo aquella persona que tiene la osadía de cruzar las fronteras marcadas en los mapas, para atreverse a ir más allá… más allá del muro, porque un muro es lo que construimos entre nosotros y aquello que llega nuevo, ya sean personas, avances tecnológicos o transformaciones sociales y culturales. La tendencia general en nuestra sociedad ante aquello que desconocemos es defendernos, importa poco de donde venga o quién lo traiga.

Los medios de comunicación, son de gran ayuda para preservar nuestros miedos y hacer que broten en el momento oportuno: “Hoy ya no se lee como antes…”, “estamos enganchados…”, “destruyen nuestro modo de vida…”, “perdemos el contacto con quienes nos rodean…”, “destruyen la educación…”, “influyen negativamente en nuestra salud mental…”, y por supuesto, la madre de todos los desastres… “afectan a nuestra productividad”, y ya se sabe que en nuestra preciada sociedad, si no produces, no eres nadie. Estos y tantos otros, son discursos que a fuerza de repetirse visualizamos como reales, nunca faltan los casos específicos que no dejan de resaltarse para justificar que, de una vez por todas, ¡hay que tomar medidas!.

OjO, no trato de construir un discurso que niegue que debemos mantener la actitud crítica ante aquello qeu de una forma u otra nos afecta y construye la sociedad que compartimos. Pero, esa actitud crítica también requiere de la capacidad de acercarse a lo extraño, para comprender, para conocer, para saber y poder mirar más allá de los miedos compartidos y transmitidos por la simple necesidad de protegernos de los nuevo.

“Los bárbaros llegan de todas partes. Y esto es algo que nos confundeun poco, porque no podemos aprehender la unidad del asunto, una imagen coherente de la invasión en su globalidad. Uno se pone a discutir a cerca de las grandes librerías, de los fast food, de los reality shows, de la política en televisión, de los chicos que no leen y de un montón de cosas de este tipo, pero lo que no conseguimos hacer es mirar desde arriba y captar la figura que las innumerables aldeas saqueadas dibujan sobre la superficie del mundo. Vemos los saqueos, pero no conseguimos ver la invasión. NI, EN CONSECUENCIA, COMPRENDERLA”. (Pág. 37)

De eso se trata, de comprenderla, porque si pulgarcita ha desarrollado nuevas habilidades, sin duda, estas responden a una necesidad de adaptación y por qué no, una adaptación para su propio beneficio y el de la sociedad en la que quiere vivir.

Necesitamos, como profesionales de la educación, adentrarnos en el nuevo mundo que la juventud vive, un mundo que no está en transformación, sino que ellas y ellos mismos están transformando desde la raíz. Sería absurdo relacionar una enumeración de enlaces para demostrar la cantidad de beneficios que el avance de las tecnologías de la información o el auge de las redes sociales aporta a nuestra día a día personal y/o profesional. No es mi pretensión contribuir a un debate sin sentido entre defensores y detractores.

La clave para quienes comprendemos que las cosas cambian y los cambios son inherentes a nuestra construcción como personas, es indagar más allá de lo que queda en la superficie, mirar desde lo alto, como dice Baricco, entrando en lo más profundo de las motivaciones que generan la necesidad de un cambio tan radical que esta transformando el terreno de juego para situarnos en un mundo totalmente desconocido. Abrir los muros que nos separan, para intentar aprehender las claves de la lucha.

“A menudo, cuando percibimos hedor a bárbaros, tendemos a relacionarnos con uno, dos como máximo, de esos acontecimientos: elegimos lo que más nos molesta o lo más evidente y lo convertimos en nuestro blanco (ese vino es demasiado simple, el fútbol es esclavo del dinero, los jóvenes unicamente escuchan música fácil y espectacular). Pues bien hay algo, en esa actitud, que siempre nos mantendrá alejados de una auténtica comprensión. En realidad, es probable que ninguno de esos acontecimientos esté esencialmente aislado de los demás, ni pueda juzgarse en sí mismo, ni mucho menos condenar” (pág. 55)

 


Desnudando a LA BESTIA

Tú nunca soñaste con caer en las entrañas de LA BESTIA. Esa bestia que embiste, agarra y devora todo lo que queda cerca de su campo de visión, una visión que llega muy lejos. Casi no queda espacio en nuestro planeta que no se vea arrastrado a las fauces de LA BESTIA.

LA BESTIA creció por necesidad, nuestra necesidad. Se presentó como solución a los problemas de una humanidad perdida en sus ideas o carente de ellas. No hay pobreza que la pobreza no se trague, ni diferencias con las que LA BESTIA acabe, casi siempre, como acaba con todo lo que toca, devorándolas. LA BESTIA te da todo aquello que poco a poco te irá quitando, cada día de tu preciado tiempo. LA BESTIA se alimenta de tu tiempo, igual que consume el tiempo de todo lo que engulle.

La bestia

Por necesidad, tú acudes a LA BESTIA. Una bestia vestida con traje de cordero, pero que no esconde sus negras garras, ni sus afilados dientes. Garras, que se retiran por un instante, para ofrecerte el CONTRATO de tu felicidad. Desde ese momento, te toca pagar con tu vida todo aquello que LA BESTIA, en sus múltiples formas, te ha ofrecido para uso y disfrute de tu feliz camino hacia tu muerte cerebral.

LA BESTIA debora mujeres y hombres, casi con la misma facilidad con la que tu estiras la mano y quitás el capuchón al bolígrafo, para trazar ese pequeño garabato al final de TU CONTRATO. LA BESTIA crece y se alimenta de lo que ya nos vendió con anterioridad. LA BESTIA no entiende de ética, pero sí de estética. LA BESTIA no sabe de amor, pero si le hace falta, lo compra. LA BESTIA, te vende salud mientras te quita la vida. LA BESTIA camina deprisa, con la misma rapidez con la que consume tu tiempo. LA BESTIA no tiene amigos, pero para ti, los fabrica. LA BESTIA no tiene familia por eso no espera a nadie. LA BESTIA no muere nunca, por eso a todos nos mata lentamente mientras esperamos alcanzar las promesas que ella nos ha ofrecido.

¿Quién es nuestra BESTIA?


Las cárceles se arrastran…

Ayer se cumplian 75 años de la muerte de Miguel Hernández, poeta del pueblo y voz de los invisibles. Moría en la cárcel de Alicante, enfermo de tubercolosis. Ayer no tuve un solo minuto para poder sentarme a escribir unas palabras sobre esa persona que tanta letra dejó escrita. Y no quería dejar pasar un día más sin dedicar un pequeño fragmento   a esa persona que tantas lecciones nos fué dejando.

Es curioso, que tanto hayamos desechado la poesía, que no nos paremos a pensar cuantos poemas albergamos en un día.

Si despierto bien temprano y voy camino a trabajar “Por las calles voy dejando; algo que voy recogiendo:; pedazos de vida mía; venidos desde muy lejos” y aunque en poco mi trabajo, al del campo se pueda comparar, yo me acuerdo de esos “Jornaleros que habéis cobrado en plomo; sufrimientos, trabajos y dineros.; cuerpos de sometido y alto lomo: jornaleros.“. Así, siento que “tengo estos huesos hechos a las penas; y a las cavilaciones estas sienes; pena que vas, cavilación que vienes por pensar queEl mundo de los demás, no es el nuestro: no es el mío” y preguntarme “¿No cesará este rayo que me habita el corazón?.

Quisiera sentir, como el poeta, que “Vientos del pueblo me llevan,; vientos del pueblo me arrastran,; me esparcen el corazón; y me aventan la garganta.“, pero el día de trabajo es largo y al final de la jornada solo pienso que “después de haber cavado este barbecho,; me tomaré un descanso por la grama; y beberé del agua que en la rama; aumenta su frescura en mi provecho“.

Se hunde en mi pecho el compromiso y al sentarme a descansar, el silencio me trae el recuerdo de los días que un taller sirvió para recordar al poeta desaparecido. Recordarlo tras los muros de “las cárceles [que] se arrastran por la humedad del mundo…; buscan a un hombre, buscan a un pueblo, lo persiguen,; lo absorven, se lo tragan“. ¿Qué mejor que una prisión para volver a recordar que tan solo “para la libertad siento más corazones; que arenas en mi pecho“?. ¿Qué mejor que una prisión para rendir un homenaje a aquel que no dudó, ni vaciló en pedir la libertad de un pueblo?: “Cierra las puertas, echa la aldaba, carcelero.; Ata duro a ese hombre: no le atarás el alma.; Son muchas llaves, muchos cerrojos, injusticias:; no le atarás el alma.“, porque “¿Quién encierra una sonrisa?; ¿Quién amuralla una voz?“.

No se olvida mi memoria que, “Mis ojos sin tus ojos, no son ojos,; que son dos hormigueros solitarios,; y son mis manos sin las tuyas varios; intratables espinos a manojos“, que no estoy solo, que vamos junt@s, enfrentad@s a esas “tristes guerras…; tristes, tristes“, que van dejando un reguero de sangre, un sin fin de muertes y un pueblo llamando a los muros.

Mi refugio es esa “cantidad de mundos; que con los ojos abres,; que con los brazos cierras. La cantidad de mundos; que con los ojos cierras,; que con los brazos abres” porque, si algo nos pudo salvar fue que “Pasó el amor, la luna, entre nosotros; y devoró los cuerpos solitarios.; Y somos dos fantasmas que se buscan; y se encuentran lejanos“.

Y hoy, 75 años después de esa muerte, aún podemos preguntarnos, cómo olvida un pueblo a quien al pueblo escribe, como se borran los versos, las palabras, hasta caer en el exilio. Olvidamos los amantes cada estrofa dedicada, las historias de la cárcel, el compromiso con el hombre, con la lucha, con el sueño.

Hoy, 75 años después, “quiero escarbar la tierra con los dientes,; quiero apartar la tierra parte a parte; a dentelladas secas y calientes… que tenemos que hablar de muchas cosas,; compañero del alma, compañero.

Miguel Hernández


A %d blogueros les gusta esto: