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Desnudando a LA BESTIA

Tú nunca soñaste con caer en las entrañas de LA BESTIA. Esa bestia que embiste, agarra y devora todo lo que queda cerca de su campo de visión, una visión que llega muy lejos. Casi no queda espacio en nuestro planeta que no se vea arrastrado a las fauces de LA BESTIA.

LA BESTIA creció por necesidad, nuestra necesidad. Se presentó como solución a los problemas de una humanidad perdida en sus ideas o carente de ellas. No hay pobreza que la pobreza no se trague, ni diferencias con las que LA BESTIA acabe, casi siempre, como acaba con todo lo que toca, devorándolas. LA BESTIA te da todo aquello que poco a poco te irá quitando, cada día de tu preciado tiempo. LA BESTIA se alimenta de tu tiempo, igual que consume el tiempo de todo lo que engulle.

La bestia

Por necesidad, tú acudes a LA BESTIA. Una bestia vestida con traje de cordero, pero que no esconde sus negras garras, ni sus afilados dientes. Garras, que se retiran por un instante, para ofrecerte el CONTRATO de tu felicidad. Desde ese momento, te toca pagar con tu vida todo aquello que LA BESTIA, en sus múltiples formas, te ha ofrecido para uso y disfrute de tu feliz camino hacia tu muerte cerebral.

LA BESTIA debora mujeres y hombres, casi con la misma facilidad con la que tu estiras la mano y quitás el capuchón al bolígrafo, para trazar ese pequeño garabato al final de TU CONTRATO. LA BESTIA crece y se alimenta de lo que ya nos vendió con anterioridad. LA BESTIA no entiende de ética, pero sí de estética. LA BESTIA no sabe de amor, pero si le hace falta, lo compra. LA BESTIA, te vende salud mientras te quita la vida. LA BESTIA camina deprisa, con la misma rapidez con la que consume tu tiempo. LA BESTIA no tiene amigos, pero para ti, los fabrica. LA BESTIA no tiene familia por eso no espera a nadie. LA BESTIA no muere nunca, por eso a todos nos mata lentamente mientras esperamos alcanzar las promesas que ella nos ha ofrecido.

¿Quién es nuestra BESTIA?


Las cárceles se arrastran…

Ayer se cumplian 75 años de la muerte de Miguel Hernández, poeta del pueblo y voz de los invisibles. Moría en la cárcel de Alicante, enfermo de tubercolosis. Ayer no tuve un solo minuto para poder sentarme a escribir unas palabras sobre esa persona que tanta letra dejó escrita. Y no quería dejar pasar un día más sin dedicar un pequeño fragmento   a esa persona que tantas lecciones nos fué dejando.

Es curioso, que tanto hayamos desechado la poesía, que no nos paremos a pensar cuantos poemas albergamos en un día.

Si despierto bien temprano y voy camino a trabajar “Por las calles voy dejando; algo que voy recogiendo:; pedazos de vida mía; venidos desde muy lejos” y aunque en poco mi trabajo, al del campo se pueda comparar, yo me acuerdo de esos “Jornaleros que habéis cobrado en plomo; sufrimientos, trabajos y dineros.; cuerpos de sometido y alto lomo: jornaleros.“. Así, siento que “tengo estos huesos hechos a las penas; y a las cavilaciones estas sienes; pena que vas, cavilación que vienes por pensar queEl mundo de los demás, no es el nuestro: no es el mío” y preguntarme “¿No cesará este rayo que me habita el corazón?.

Quisiera sentir, como el poeta, que “Vientos del pueblo me llevan,; vientos del pueblo me arrastran,; me esparcen el corazón; y me aventan la garganta.“, pero el día de trabajo es largo y al final de la jornada solo pienso que “después de haber cavado este barbecho,; me tomaré un descanso por la grama; y beberé del agua que en la rama; aumenta su frescura en mi provecho“.

Se hunde en mi pecho el compromiso y al sentarme a descansar, el silencio me trae el recuerdo de los días que un taller sirvió para recordar al poeta desaparecido. Recordarlo tras los muros de “las cárceles [que] se arrastran por la humedad del mundo…; buscan a un hombre, buscan a un pueblo, lo persiguen,; lo absorven, se lo tragan“. ¿Qué mejor que una prisión para volver a recordar que tan solo “para la libertad siento más corazones; que arenas en mi pecho“?. ¿Qué mejor que una prisión para rendir un homenaje a aquel que no dudó, ni vaciló en pedir la libertad de un pueblo?: “Cierra las puertas, echa la aldaba, carcelero.; Ata duro a ese hombre: no le atarás el alma.; Son muchas llaves, muchos cerrojos, injusticias:; no le atarás el alma.“, porque “¿Quién encierra una sonrisa?; ¿Quién amuralla una voz?“.

No se olvida mi memoria que, “Mis ojos sin tus ojos, no son ojos,; que son dos hormigueros solitarios,; y son mis manos sin las tuyas varios; intratables espinos a manojos“, que no estoy solo, que vamos junt@s, enfrentad@s a esas “tristes guerras…; tristes, tristes“, que van dejando un reguero de sangre, un sin fin de muertes y un pueblo llamando a los muros.

Mi refugio es esa “cantidad de mundos; que con los ojos abres,; que con los brazos cierras. La cantidad de mundos; que con los ojos cierras,; que con los brazos abres” porque, si algo nos pudo salvar fue que “Pasó el amor, la luna, entre nosotros; y devoró los cuerpos solitarios.; Y somos dos fantasmas que se buscan; y se encuentran lejanos“.

Y hoy, 75 años después de esa muerte, aún podemos preguntarnos, cómo olvida un pueblo a quien al pueblo escribe, como se borran los versos, las palabras, hasta caer en el exilio. Olvidamos los amantes cada estrofa dedicada, las historias de la cárcel, el compromiso con el hombre, con la lucha, con el sueño.

Hoy, 75 años después, “quiero escarbar la tierra con los dientes,; quiero apartar la tierra parte a parte; a dentelladas secas y calientes… que tenemos que hablar de muchas cosas,; compañero del alma, compañero.

Miguel Hernández


¿Por qué escribo?

“No es posible leer sin escribir, ni escribir sin leer… Nadie escribe si no escribe, del mismo modo que nadie nada si no nada.”

(Paulo Freire, Cartas a quien pretende enseñar)

Hace pocos días, hablando con una buena amiga y mejor persona, terminé contándole un poco por encima cual era mi motivación para escribir. Sí, siempre hay una motivación para algo y no siempre estuvo presente en mí la motivación por escribir y dejar lo escrito abierto a la lectura para otras personas.

Quizás, como muchas otras personas, comencé a escribir simplemente por volcar muchos de mis sentimientos en un papel, por contarme a mí mismo aquello que no sabía como expresar para los demás. Mi despertar a la escritura pública, está menos relacionado conmigo mismo y mucho más con una conciencia de ser y estar siendo parte del mundo que compartimos.

No escribo para agradar, ni tampoco para comprobar como llegan mis pensamientos a otras personas. Escribo para, de alguna forma, dejar una huella de aquello que voy viviendo. Escribo para buscar el intercambio de ideas, pero también para no dejar que todo aquello que experimento en mi practica diaria o en mis lecturas cotidianas quede apresado entre los muros de mis pensamientos internos.

Escribir

Si como persona, escribir se convierte en una forma de estar formando parte del mundo y de un intercambio de ideas, como profesional de la educación, escribir se convierte para mi en un deber. Se convierte en el deber de dejar escrita parte de una historia, una historia vivida por mí, pero también por otras personas en las prácticas educativas en las que estamos inmersas. Una historia que cuenta multitud de pequeñas historias, de distintas prácticas. Una historia que cuenta los aciertos, pero también los fallos y las soluciones encontradas. Una historia que nace con la intención de contagiar a otras personas el amor por actuar en al ámbito de la educación social, pero que no busca ser ejemplo a seguir, sino un diálogo para construir.

La escuela, al menos la que yo viví, me enseño a escribir solo para reproducir textos. Me enseñó a escribir separando esta practica de la de leer, y me enseñó a leer olvidando la importancia de escribir. Quizás, y tengo la esperanza de que actualmente así sea, la escuela debería ser ese lugar donde aprendiésemos la importancia de dejar nuestras propias historias escritas. Donde leer y escribir, dejen de ser dos prácticas separadas, donde leer ocupe el lugar central del conocimiento, para dejar paso a la importancia de escrbir para conocer. Donde descubriésemos la importancia que puede adquirir escribir, para que quizás en algún otro momento, cualquier persona pueda dialogar con nuestras palabras.

Para actuar en la sociedad, para poner en marcha proyectos y practicas de acción social transformadora, acudimos a los ejemplos de otras personas. Ejemplos que nacen de la practica personal y colectiva, pero que se plasman en libros, videos, blogs, páginas webs… Sin embargo, nos olvidamos, o más bien no nos sentimos con la seguridad suficiente, de pensar que nuestra propia practica pueda servir a alguien para aprender, para informarse, o simplemente, para entrar en debate con nuestras ideas y prácticas personales y/o grupales.

Por eso escribo. Por la conciencia social, política y personal que me dice que debemos ser testigos vivos de aquello que hacemos. Por la convicción de qué tenemos la obligación para con la sociedad de dejar huella, no solo en las personas con las que compartimos y trabajamos diariamente, sino también con aquellas que algún día puedan estar buscando, igual que todos/as lo hemos hecho, una pista para comenzar su camino en el ámbito de la acción social.

¿Y tú por qué escribes? ¿Por qué no escribes?


¿Hay salida al panorama social y educativo que se nos presenta?

[Esta entrada es continuación de la publicada anteriormente “Cuando más educación no equivale a mejor empleo”]

“Lo que no es posible siquiera es pensar en transformar el mundo sin un sueño, sin utopía o sin proyecto. Las puras ilusiones son los sueños falsos de quien, con independencia de sus buenas intenciones, hace la propuesta de quimeras que, por eso mismo, no pueden realizarse. La transformación del mundo necesita tanto del sueño como la indispensable autenticidad de éste depende de la lealtad de quien sueñe las condiciones históricas, materiales, en los niveles de desarrollo tecnológico, científico del contexto soñado”.

(Freire, 2006, 64)

La realidad dibujada en las entradas publicadas anteriormente en el blog, no representa un presente o futuro invariable guiado por fuerzas mágicas imposibles de controlar, se trata de una realidad que está siendo construida y en cuya construcción estamos participando.

En una sociedad que nos empuja hacia la dispersión, el individualismo y el aislamiento emocional, tenemos que ser capaces de encontrar esos espacios vacíos desde los que construir puentes, accesos y lugares de encuentro que faciliten la comunicación y acerquen, cada vez más, a los distintos habitantes de las ciudades, haciéndoles participar de la transformación y el crecimiento de una sociedad más humana y humanizada, perdiendo el miedo a las amenazas que esa misma participación podría generarnos en nuestro ejercicio de crecimiento como ciudadanas y ciudadanos.

En el ámbito de la ciudadanía, los derechos sociales y la lucha contra las políticas y poderes del sistema-mundo capitalista, la irrupción del 15M durante la primavera de 2011 supuso la entrada de aire fresco en una sociedad asfixiada por la corrupción, la crisis económica y las desigualdades construidas por años de políticas neoliberales. “Aquella manifestación supuso no solo una sorpresa de aquellos nostálgicos y nostálgicas del mayo del 68, sino una sorpresa social que alentó la esperanza de quienes pensaban que “otro mundo es posible”, poniendo en vilo a la minoría que no deseaba modificar el statu quo en aras de mantener su posición privilegiada” (Hernández Merayo, 2015, 147)

Una manifestación que gestó un movimiento de encuentro de la ciudadanía a través de la pluralidad, el empuje de una juventud descontenta y llena de inseguridades ante su futuro y la negociación constante con el resto de la sociedad (Hernández Merayo, 2015)

La apertura de nuevos procesos participativos en nuestras ciudades se debe concebir como el paso para la recuperación de una democracia viciada por el capitalismo. La participación ciudadana no solo en procesos de decisión política, sino en la construcción de nuevos espacios de deliberación y encuentro, espacios potenciadores de una ciudadanía crítica y comprometida con nuevos modelos de utilización del tiempo, de los espacios y de las relaciones debiera ser un objetivo primordial de cualquier cambio social.

Movimientos, colectivos y experiencias de participación como Stop desahucios, coop57, Asociación de parados Casería de Montijo, Cooperativa Agroecológica Hortigas, Abogad@s en red… y otras muchas, contribuyen a recuperar la democracia participativa y a generar procesos de apoyo mutuo que superan los márgenes y la desigualdad en los que nos encierra el sistema-mundo capitalista.

En palabras de Bauman (2005, p. 99) se hace necesario que sintamos que “aquello que desde el punto de vista de la conquista de los mercados -conquista ya alcanzada o aún en curso- es una “zona gris”, para sus habitantes conquistados, conquistados a medias o a punto de serlo es una comunidad, un vecindario, un círculo de amigos, compañeros de vida y de por vida… Un mundo cuyos habitantes no son competidores ni objetos de uso y consumo, sino compañeros (que ayudan, que reciben ayuda) en el constante e interminable esfuerzo conjunto de construir una vida en común y de hacer que esa vida en común sea más fácil.”.

Pero, los movimientos sociales representan además una oportunidad para el conocimiento académico y la educación. A través de procesos de educación popular y la apertura de nuevos proyectos educativos en el ámbito de lo social “Los movimientos sociales permiten releer la actualidad desde unos parámetros diferentes y alternativos a los dominantes. Cambian los códigos a partir de los que se interpreta la realidad y se toman las decisiones” (Marí, 2005, 187).

Movimientos sociales y educación popular nos permiten trasgredir los límites institucionales de la educación para construir otras educaciones posibles acordes con esa transformación social con la que soñamos y que rompen con las prácticas hegemónicas cerradas y totalitarias que se imponen desde el discurso dominante.

En el marco académico universitario podemos encontrar igualmente numerosos ejemplos que transgreden espacio y tiempo institucional para constituirse como nuevos laboratorios de experimentación y aprendizaje. Las universidades nómadas, las universidades populares o los espacios P2P (Herreros, 2010), los propios bancos del tiempo o el Banco Común de Conocimientos (BCC) representan nuevas formas de comprender los procesos de aprendizaje, ligados y unidos además al desarrollo de las nuevas tecnologías de la información.

En palabras de Boaventura de Souza (2010, 14) “tenemos que partir de una idea de humildad, que se entronca con aquello que un sabio llamó ‘ecología de saberes’, pues los conocimientos teóricos y científicos apenas son uno de los conocimientos vigentes en el mundo. El conocimiento popular, de las mujeres, de los indígenas, de las comunidades urbanas, es un conocimiento tan valioso como el teórico. Pero para emprender esta transformación tenemos que desaprender, tenemos que hacer un esfuerzo interno de abrirnos a otras realidades de conocimiento”.


Crisis social e institucional y educación: cuando más educación no equivale a mejor empleo

 “La educación es un campo de lucha y de compromiso. También actúa para representar luchas de carácter más general en torno a lo que deben hacer nuestras instituciones, a quienes deben servir y quienes deben tomar estas decisiones. Y, sin embargo, en sí misma es una de las principales áreas donde se definen los recursos, el poder y la ideología en relación con la política, la financiación, el currículo, la pedagogía y la evaluación. Por lo tanto, la educación es a la vez causa y efecto, es determinante y está determinada”

(Apple, 2002, 52)

Como ya he señalado en entradas anteriores (desigualdad social como caballo de troya de la reacción capitalista, desigualdad, educación y políticas neoliberales; la capacidad camaleónica del sistema capitalista) la globalización no es un proceso nuevo ni que afecte únicamente al ámbito de la economía. El concepto de globalización es polisémico, pero además su alcance como proceso se encuentra atravesado por un componente ideológico (Jones, 2015; Fernández Rodriguez, 2015; De Sousa Santos, 2011; Cobo, 2011). Este componente ideológico forma parte del ataque sistemático al que se están viendo enfrentadas las instituciones educativas en las últimas décadas. Amparadas en las pruebas de calificación y evaluación, en los discursos sobre la calidad y en la desregulación y privatización constante de los sistemas educativos, entre otras cosas, la globalización neoliberal ha diseñado una hoja de ruta para hacer tambalear los cimientos de las instituciones educativas heredadas de la modernidad, haciendo difícil la lucha por modelos alternativos que prioricen lo social, la igualdad y la justicia y limitando paulatinamente el acceso a la educación a las clases menos privilegiadas.

Las fuerzas neoliberales, los anhelos neoconservadores y la nueva clase media directiva y profesional se han dado la mano en lo que Michael Apple ha venido en denominar la nueva triple alianza hegemónica (2002).

Las reformas educativas llevadas a cabo desde la reestructuración global de los sistemas educativos mundiales han instaurado el régimen de la estandarización en el punto de mira de la política educativa, poniendo en marcha sistemas de medición externos que tratan de homogeneizar los conocimientos que tiene que adquirir cualquier estudiante en cualquier parte del mundo, una estandarización que pretende instaurar la construcción de una educación basada casi exclusivamente en la tiranía cuantitativa de la medición de resultados (Saura y Luengo Navas, 2015).

Estamos de nuevo ante la reducción del poder de los propios Estados para decidir sobre la deriva de sus sistemas educativos, supeditando sus decisiones a las recomendaciones y designios dictados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), una organización internacional que se ha erigido como guía en la puesta en marcha de la “educación del futuro”, siendo el Informe del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (Informe PISA) la herramienta de comparación utilizada para medir el rendimiento de los distintos sistemas educativos (Saura y Luengo Navas, 2015).

En España la aprobación de la LOMCE (Ley orgánica para la mejora de la calidad educativa) supone un fiel reflejo de la plasmación de esa triple alianza hegemónica de la que hablamos en párrafos anteriores. La creación y difusión de un discurso generalizado de bajo rendimiento y ejemplificado a través de los resultados en las evaluaciones PISA, el movimiento neoconservador –incluyendo a la jerarquía eclesiástica- llama a una vuelta a los exámenes del pasado, a la recuperación de los conocimientos “verdaderos” y a la tradición, a un currículo normalizado y estandarizado nacionalmente, al fin de la diversidad lingüística fundada en el miedo al otro, a lo desconocido; por su parte el a la neoliberal apela a la reducción del gasto educativo, a la protección a las escuelas concertadas y la inversión masiva en las mismas, y a la liberación, privatización y desregulación en materia educativa; por último, esa nueva clase dirigente que aspira a no perder estatus social, esa clase que en otros ámbitos de la vida puede moverse en entornos más liberales y de apoyo a corrientes de izquierda, apela a una eficaz gestión y al establecimiento de niveles más elevados en educación para evitar que sus propias hijas e hijos tengan que sufrir niveles de competición elevados por parte de otras niñas y niños (Apple, 2002). La reproducción de las desigualdades sociales se estructura así como una realidad impuesta no solo por las dinámicas de poder emergentes desde las propias instituciones, sino además, y sobre todo a golpe de legislación.

En el ámbito de la Educación Superior el conflicto dibujado para los niveles educativos inferiores se ve además acrecentado por la constante demanda de una formación que garantice la mano de obra que el sistema-mundo capitalista necesita para poder seguir poniendo en marcha los flujos económicos esperados.

En unas instituciones inmersas en el mercado global y amenazadas por el fantasma de la privatización “el conocimiento humanístico y los valores universitarios están siendo extirpados, mientras la Educación Superior se vuelve crecientemente corporativa.” (Giroux, 2008, 130).

En España, el informe “Universidad 2000” o “informe Bricall” financiado por una parte de las grandes empresas españolas y elaborado por la Conferencia de rectores de las Universidades Españolas (CRUE), llegaba a la conclusión a principios de siglo de que la inadaptación de la Universidad española se había agudizado en los últimos años del siglo anterior. Se habría así la puerta a las transformaciones que estarían por llegar y que venían preparándose años atrás para implementar el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES). La competitividad a través de los procesos de evaluación y acreditación, la externalización de servicios, la flexibilidad laboral y organizativa y la transferencia de conocimiento comenzaban a estar en el vocabulario común de nuestra cultura científica.

Lo que se decía debía preparar a las universitarias y universitarios del futuro para el cambio social, cultural y científico no era sino la primera piedra del proceso de privatización y desregulación de la Educación Superior, un ataque directo a la democracia universitaria y a la institución pública universitaria.

La presión hacia la internacionalización de nuestras instituciones públicas de Educación Superior, una internacionalización que pasa por presionar hacia una movilidad forzada si se quiere seguir manteniendo el puesto de trabajo o ascender en la escala de valoración académica; la integración de las nuevas tecnologías, con la puesta en practica de los cursos masivos on-line llamados a sustituir el modelo educativo universitario tal y como lo conocemos; las presiones de las agencias de evaluación sobre el profesorado para elevar la cantidad y la “calidad” de sus artículos científicos, o mejor dicho para poder sobrevivir en un ambiente que se torna cada día más salvaje y competitivo; la aparición de “nuevos proveedores de servicio”, entidades privadas, locales o del mercado global que con el objeto de ganar beneficios económicos ofrecen servicios de educación superior con el punto de mira puesto en los beneficios (Fernández Rodríguez, 2009).

Se impone un nuevo imperativo moral que rige las vidas de quienes se atreven a superar las barreras de entrada hacia el mundo universitario “publicar o morir” (Giroux, 2008) un imperativo que a diferencia de lo que sucede en EE.UU. en España aún no ha sido sustituido por la nueva corriente de “privatizar o morir”, aunque el recorrido sea paralelo.

La calidad se convierte en un nuevo caballo de batalla al que plantar cara, “la atracción hacia la excelencia promovida por los ejecutivos de la universidad actualmente funciona como un logotipo corporativo, motivando a la eficiencia mientras despoja al pensamiento crítico de cualquier sustancia política e intelectual.” (Giroux, 2008, 130).

A todo esto se unen las dinámicas de poder propias de una institución heredada de la modernidad. En estas dinámicas de poder es donde se dan cita los conflictos en torno a lo que Fernández Rodríguez (2009) denomina “geopolítica del conocimiento académico”. Conservadores, conservadores críticos, radicales y modernizadores pugnan por delimitar el camino a seguir en el desarrollo ideológico de la institución universitaria. Las posiciones frente al poder político y social y frente al poder académico dibujan el mapa ideológico del enfrentamiento en una institución en la que la desigualdad en materia de género también se convierte en un terreno de lucha para las mujeres (Ballarín, 2015).

Desde el prisma del sector estudiantil, bajo el discurso de la teoría del capital humano y ante una realidad social donde el trabajo deja de estar garantizado las y los estudiantes buscan seguir formándose acumulando credenciales a la espera de una oportunidad para integrarse en un mundo laboral donde el trabajo deja de estar garantizado por el nivel de educación. “La conmoción que ha supuesto el fenómeno, nuevo y en rápido ascenso, de los graduados sin empleo, o de los graduados que tienen empleos muy por debajo de las expectativas generadas por sus títulos (expectativas consideradas legítimas), es un golpe muy doloroso” (Bauman, 2013, 79).

Al aumento gradual de las tasas universitarias y a la crisis económica social que afrontan muchas familias se une la reducción de las cuantías de becas universitarias, que generan que muchas de las universitarias y universitarios que se matriculan en un año en la universidad tengan que abandonar la carrera por la imposibilidad de hacer frente al pago de los precios públicos[1]. Se configura un sistema educativo accesible solo para quienes tienen la posibilidad de pagarlo o quienes ceden a las reglas del mercado competiendo por encima de cualquier cosa por alcanzar el objetivo, y la selección se agudiza conforme ascendemos en el nivel de credenciales.

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[1] Desde 2013 el abandono en las carreras universitarias por no poder hacer frente al pago de matrículas ha crecido constantemente. Se pueden consultar varios artículos de prensa sobre el tema en los siguientes enlaces:

http://www.eldiario.es/sociedad/numero-universitarios-desciende-perdidas-publica_0_287321508.html

http://web.eldia.es/canarias/2015-11-01/4-Casi-alumnos-abandonan-ULL-motivos-economicos.htm

http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/06/17/actualidad/1371499455_460313.html

 


Para 2017… vamos a llenarlo todo de sonrisas

“Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas

defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos

defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias

defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres

defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
                  y también de la alegría”

(Defensa de la alegría, Mario Benedetti)

De nuevo sentado delante del ordenador para escribir esta entrada saludando al año que entra. Quizás este año tengamos que buscar las fuerzas, en cualquier sitio de donde podamos sacarlas, para comenzar a sonreir. Estoy seguro de que miles de personas pedirán salud para el próximo año, esa salud que, ya en algún año pasado desee que todas y todos tuviésemos para afrontar lo que día a día se nos viene encima, pero esta vez, a riesgo de polemizar, me gustaría que todas y todos lucháramos por sonreir al 2017.

Deseo que sonriámos para sentirnos más cerca de quienes nos rodean. Sonreir, para saber que no estamos sol@s, que hay una multitud de risas que se contagian a partir de la primera carcajada. Sonreir, para resistir el tiempo necesario el recorte de los derechos sociales y laborales conquistados pero, sonreir, también para que quienes están arriba sientan el miedo de millones de sonrisas que caminan juntas para recuperarlos.

Sonreir, para auyentar el miedo de caminar solas en una cultura patriarcal que sigue oprimiendo la libertad de las mujeres, porque son muchas las sonrisas que comienzan a oirse en la noche a pesar de que no cesen los pasos que acechan desde la oscuridad. Sonreir, para poder llorar sin miedo a ser señalad@s por ello pero, también para poder guardar tus lagrimas cuando te lo pida el cuerpo. Sonreir, frente a los test y los exámenes, que estandarizan los aprendizajes, porque nunca entenderán esas otras historias que suceden, ajenas a la doctrina de lo cuantificable. Sonreir, porque nuestra risa también pone nervios@s a quienes quieren vernos a tod@s cortad@s por el mismo patrón.

La risa es contagiosa, deshinibidora, es complice e inesperada, inoportuna y ajena, provocadora y relajante, amistosa y sincera. Una sonrisa es el comienzo de una relación y el final de una dulce despedida. Por eso en 2017 vamos a llenar de sonrisas el mundo que nos rodea, despertando los sueños colectivos que nos permitan seguir construyendo los anhelos de esos otros mundos posibles.

¡¡¡¡Feliz fin de año y sonriente 2017!!!!


¿Se están vaciando las prisiones en España? Una mirada a lo que hay detrás del descenso de presas/os en las cárceles

Viene siendo costumbre en los últimos años utilizar la paulatina reducción de internas/os en la cárceles españolas para llenar más de un titular (Aquí algún que otro ejemplo: 1, 2), pero ¿qué hay detrás de esta reducción?¿es solo cuestión de datos cuantitativos o tenemos que indagar que políticas se están poniendo en marcha detrás de este descenso masivo?¿Por qué es importante mirar que sucede con las y los extranjeros en nuestras prisiones?

Desde 2010, el sistema penitenciario vive un período de recesión, produciéndose la disminución constante de la población penitenciaria, acompañada de un notable descenso de la criminalidad (Brandariz, 2015). Un descenso de población penitenciaria que ha afectado sobre todo a la población extranjera, no por falta de detenciones sobre la población migrante, que han seguido al alza, sino por la aplicación de las expulsiones a sus países (Brandariz, 2015; Ballester, 2016). Un fenómeno que, sin duda, se ve incrementado con la aplicación de la última reforma del partido popular (LO 1/2015 de 30 de marzo) en lo que es una forma de “utilizar el colectivo inmigrante como herramienta de descogestión de las cárceles” (Ballester, 2016, 106). Pero, si por algo destaca este período es por la reducción de la prisión preventiva y el aumento de la concesión del tercer grado y la libertad condicional (Ballester, 2016) que ha soportado la mayor reducción de la población carcelaria, en lo que se dibuja como una forma de hacer frente al período de crisis económica surgido desde 2008 y con el que ya se preveían las dificultades del sistema penitenciario para poder mantener el ritmo de crecimiento en cuanto a población penitenciaria de la década anterior, sobre todo teniendo en cuenta los recortes en medidas sociales acuciados en la inversión en servicios penitenciarios, “supresión de la merienda para los presos/as como medida de ahorro en Cataluña…fin del servicio de orientación y asistencia jurídico penitenciaria en Andalucía, hasta la reducción en la prestación de tratamientos contra la Hepatitis C” (Forero y Jiménez, 2014, 36 citado por Ballester 2016, 103).

Entrando en análisis sobre los derechos de las personas extranjeras, la modificación de la Ley Orgánica 10/1995, de 23 de noviembre del código penal, llevada a cabo como resultado de la promulgación de la nueva Ley Orgánica 1/2015, de 30 de marzo, supone restringir aún más las posibilidades de las personas provenientes de otros países de poder establecerse en España y regularizar su situación o al menos sentirse parte de la sociedad española.

LA LEY ORGÁNICA 1/2015, DE 30 DE MARZO COMO COLOFÓN DE UN ATAQUE DELIBERADO HACIA LOS EXTRANJEROS

La reforma llevada a cabo por el gobierno del partido popular el pasado año sobre la legislación penitenciaria, no supone más que un avance más hacia las reformas que buscan blindar la entrada de migraciones en la conformación de la que algunas investigadoras han venido denominando “Europa Fortaleza” (Sassen, 2013).

Así, esta reforma va intrínsecamente unida a las llevadas a cabo en materia de seguridad ciudadana con la denominada socialmente como “ley mordaza”, Ley Orgánica 4/2015, de 30 de marzo, de protección de la seguridad ciudadana, al Real Decreto-ley 16/2012, de 20 de abril, de medidas urgentes para garantizar la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud y mejorar la calidad y seguridad de sus prestaciones y, por supuesto, a Ley Orgánica 4/2000, de 11 de enero, sobre derechos y libertades de los extranjeros en España y su integración social y sus posteriores modificaciones.

En este sentido, en la medida en que toda esta batería de leyes contienen diversos aspectos relacionados con el trato, la acogida, los derechos y los servicios sociales que el Gobierno garantiza, o en este caso limita, al colectivo de extranjeros en España, residan o no de forma legal en nuestro país, suponen parte de una construcción específica de la visión sobre las migraciones que conlleva aparejada una determinada visión sobre la sociedad que construimos y el mundo en que vivimos.

En un país donde una gran parte de las prisiones hace unos años se encontraban masificadas, la reducción de presos que se ha conseguido en los últimos años puede considerarse por parte de la sociedad como todo un éxito de la administración y del gobierno actual en funciones, hasta correr el riesgo, incluso, de pensarse que esta reducción tan drástica de la ocupación de nuestras prisiones tiene que ver con políticas de desarrollo, educación y prevención llevadas a cabo por los últimos gobiernos populares.

Sin embargo, la disminución de personas presas en la ocupación de los distintos centros penitenciarios, tiene mucho más que ver con las políticas practicadas por nuestro gobierno con respecto a los extranjeros que viven en el país y con las sucesivas reformas llevadas a cabo para fortalecer el control de acceso y las fronteras que con políticas de integración y desarrollo social.

Atendiendo a las cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE)[1] la población reclusa extranjera es la que más ha bajado en los últimos años, desde 2009 año en que dicha población estuvo situada en 27.162 personas este número ha caído hasta las 19.697 en 2014. Después de una continuada subida durante más de 20 años, la población reclusa de nuestro país ha experimentado un continuado descenso que en el caso de las personas extranjeras ha supuesto la reducción de un 15% en el período comprendido entre 2009 y 2015 según informaban algunos medios de comunicación[2]

De esta forma la modificación que introduce la reforma del código penal con la L.O. 1/2015, de 30 de marzo, no hará más que incrementar esta disminución de presos extranjeros en los centros penitenciarios del país. No obstante una de las modificaciones introducidas es la referida al artículo 89 de la anterior L.O. 10/1995, de 23 de noviembre, que de establecer que las “penas privativas de libertad inferiores a seis años impuestas a un extranjero no residente legalmente en España podrán ser sustituidas por su expulsi6n del territorio nacional.” se modifica quedando de la siguiente forma:

“Las penas de prisión de más de un año impuestas a un ciudadano extranjero serán sustituidas por su expulsión del territorio español”

Ha de notarse que el cambio no hace sino ampliar la categoría de quienes podrán ser objeto de la aplicación de este artículo, ya que mientras en la anterior Ley Orgánica esta categoría no incluía a quienes no teniendo la nacionalidad española residían legalmente en el país, esta modificación elimina esa posibilidad quedando estas personas dentro del ordenamiento del citado artículo.

Del mismo modo debemos preguntarnos si a través de la redacción del artículo con la consiguiente decisión de expulsar a la persona infractora sin el cumplimento de la pena, no pudiese estar eludiendo el Estado una de las funciones que se recogen en la Constitución Española como fundamentales y primordiales de las penas privativas de libertad:

“Las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social”

 (Articulo 25.2 del Capitulo 2, sección 1ª de la Constitución Española)

En la medida en que nuestro gobierno pudiese eludir la responsabilidad de la reeducación y reinserción de la persona infractora, con la consiguiente reparación de la pena para con la sociedad, no hace más que afirmar que las políticas llevadas a cabo con este fin y en concreto la ley sobre la que centramos nuestro análisis, están sobre todo encaminadas a limitar las posibilidades de las y los extranjeros de formar parte de una sociedad, la nuestra, mucho más integradora y respetuosa con los derechos y libertades de quienes la integran o aspiran a integrarla en algún momento.

Unida a esta modificación se encuentra también la reducción de los años de condena para determinar la expulsión de la persona infractora una vez cumplidas tres cuartas partes de la condena, que mientras en la anterior L.O. quedaba establecida en los 6 años de condena sin especificar que estos años fueran resultado de la unión de varias penas impuestas, en su modificación queda de la siguiente forma:

“Cuando hubiera sido impuesta una pena de más de cinco años de prisión, o varias penas que excedieran de esa duración, el juez o tribunal acordará la ejecución de todo o parte de la pena, en la medida en que resulte necesario para asegurar la defensa del orden jurídico y restablecer la confianza en la vigencia de la norma infringida por el delito. En estos casos, se sustituirá la ejecución del resto de la pena por la expulsión del penado del territorio español, cuando el penado cumpla la parte de la pena que se hubiera determinado, acceda al tercer grado o se le conceda la libertad condicional.

La modificación introducida en esta parte del artículo, del mismo modo que en la anteriormente comentada, no se entiende sin tener en cuenta como dicha modificación puede estar relacionada con la modificación establecida en los otros artículos objeto análisis en la modificación de esta L.O. 1/2015, de 30 de marzo, aquellos que modifican los artículos 270 y 274 de la anterior L.O.:

“Será castigado con la pena de prisión de seis meses a cuatro años y multa de doce a veinticuatro meses el que, con ánimo de obtener un beneficio económico directo o indirecto y en perjuicio de tercero, reproduzca, plagie, distribuya, comunique públicamente o de cualquier otro modo explote económicamente, en todo o en parte, una obra o prestación literaria, artística o científica, o su transformación, interpretación o ejecución artística fijada en cualquier tipo de soporte o comunicada a través de cualquier medio, sin la autorización de los titulares de los correspondientes derechos de propiedad intelectual o de sus cesionarios.”

“La venta ambulante u ocasional de los productos a que se refieren los apartados anteriores será castigada con la pena de prisión de seis meses a dos años.

 Sin duda la primera modificación que endurece las penas de “seis meses a dos años o de multa de seis a veinticuatro meses” establecidas en el artículo 270 de la anterior L.O. 10/1995, de 23 de noviembre en relación a la distribución y reproducción de artículos con derechos de autor, y la relación con la que modifica el artículo 274 introduciendo la venta ambulante específicamente, penaliza sobre todo a aquellas personas que en nuestras sociedad se dedican a lo que coloquialmente se denomina “top manta” y que en su amplia mayoría, sino en su totalidad son extranjeros, en su mayoría migrantes sin papeles que son directa o indirectamente utilizados por diversas organizaciones para vender esos materiales.

Sería injusto no contemplar que dentro de las modificaciones realizadas a través de la L.O. 1/2015, de 30 de marzo con respecto a las migraciones hay una concretamente que podríamos decir ha venido a mejorar o al menos reducir las sanciones impuestas a quienes ayudaran a entrar en territorio español a extranjeros vulnerando la legislación. En este sentido se modifica el artículo 318 bis de la L.O. 10/1995, de 23 de noviembre que castigaba con penas de entre cuatro y ocho años de cárcel” quienes ofrecieran dicha ayuda, quedando la modificación de la siguiente forma:

“El que intencionadamente ayude a una persona que no sea nacional de un Estado miembro de la Unión Europea a entrar en territorio español o a transitar a través del mismo de un modo que vulnere la legislación sobre entrada o tránsito de extranjeros, será castigado con una pena de multa de tres a doce meses o prisión de tres meses a un año.

Los hechos no serán punibles cuando el objetivo perseguido por el autor fuere únicamente prestar ayuda humanitaria a la persona de que se trate.”

En este sentido podríamos hablar de una despenalización de la ayuda, sobre todo cuando, tal y como dice la redacción de dicho artículo, se trate de ayuda “humanitaria”. Pero, podríamos preguntarnos también que va a ser entendido por los distintos jueces como ayuda humanitaria y que seguridad garantiza esa libre interpretación y la ambigüedad con la que se redacta dicho artículo.

Las modificaciones analizadas en relación con la nueva reforma de la legislación respecto al código penal no han hecho sino endurecer la situación de desamparo ante la que se encuentran quienes residen en España de forma ilegal o aún más allá, las ciudadanas y ciudadanos que residiendo de forma legal en nuestro país, no tienen la nacionalidad española, tal y como queda reflejado en las modificaciones del artículo 89, suponiendo un incremento de los riesgos a correr para quienes, ya sea para reunirse con su familia, para mejorar económicamente o por las redes establecidas con nuestro país decide dejar parte de su vida en su lugar de origen para decidir migrar y establecerse en España.

Nos encontramos así, en la actualidad, en un período de contención del flujo penitenciario, un período que no hace de recorte de derechos generalizado en la sociedad y que utiliza la crisis económica y social actual como excusa para poner en marcha políticas penitenciarias centradas sobre todo en la gestión de la seguridad por encima de los principios de reeducación y reinserción proclamados en nuestra Constitución, un período que hace más necesaria que nunca la intervención en las prisiones de los profesionales del ámbito social, porque “lo más probable, en vista de esta situación, es que mientras la economía vaya bien, los políticos volverán a centrar sus discursos en la seguridad y tendrán una herramienta de castigo muy potente, mientras que en el caso de que vayan ahogados en cuanto a financiación se refiere [como sucede en la actualidad], utilizarán las estrategias que ellos mismos incluyeron en el Código, con previsión, para paliar esta realidad específica” (Ballester, 2016, 111).

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[1] Las estadísticas del INE pueden consultarse en la siguiente dirección: http://www.ine.es/welcome.shtml

[2] Puede consultarse la noticia en el siguiente enlace: http://www.eldiario.es/politica/extranjeros-protagonizan-poblacion-reclusa-lustro_0_356265355.html

 


La lucha por permanecer en el mercado de trabajo (Desigualdad, educación y políticas neoliberales IV)

“El terror a perder el puesto de trabajo suprime cualquier tentación de defenderse”

(Jones, 2013, 69)

Nos encontramos ante una evolución de los procesos de desigualdad y de distanciamiento entre clases sociales que viene producido por la fragmentación del trabajador que lucha por convertirse en la mercancía deseada por el mercado de trabajo (Barrigüete, 2005) para poder sobrevivir aunque para ello tenga que “flexibilizar” o lo que es lo mismo renunciar a sus expectativas aceptando condiciones cada vez más miserables.

Los recientes datos del Informe sobre empleo y protección social realizado por la Fundación FOESSA (2015) indican que el deterioro en las rentas más bajas no tiene precedentes en los últimos 40 años, unido a esto la rotación en los puestos de trabajo se confirma como medida generalizada, una medida que incide en la inseguridad laboral de quienes consiguen alcanzar el disputado premio de un contrato de trabajo. Parafraseando a Bauman (2013) podríamos decir que en esta sociedad construida para transferir las presiones económicas y sociales hacia abajo, a quienes sufren los procesos de exclusión siempre les puede quedar la esperanza de que le toque la lotería de un trabajo.

Pero, tal y como nos transmite Barrigüete (2005) no debemos caer en el reduccionismo de confundir trabajo y empleo, ya que estaríamos sentando las bases para desenfocar el verdadero problema, que es más el reparto del producto social y la creación de las condiciones políticas para ello que el reparto del trabajo. Por estas razones no se puede decir que el trabajo sea un bien escaso.”

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By Forges

En la sociedad actual el trabajo queda subordinado a los caprichos del capital, siendo este el principal motor de creación de empleo cuando en realidad no debiera ser más que un producto generado por el propio trabajo (Barrigüete, 2005). Las políticas neoliberales aprovechan el debilitamiento progresivo de los sindicatos, antaño firmes defensores de los derechos de las trabajadoras y trabajadores, para imponer las dinámicas laborales soñadas por los ideólogos del liberalismo (Antenas y Vivas, 2012; Jones, 2013).

La idea inoculada a la clase obrera de que no deberían estar ahí, la contaste ridiculización de la vida de las clases trabajadoras estigmatizando y acusando a dicha clase social de ser un lastre para la sociedad, unida al eterno discurso vociferado por los voceros del neoliberalismo de que todo el mundo al margen de las circunstancias puede salir de ahí si se lo propone, han terminado instaurando la convicción de que la clase obrera es una simple etapa de paso, una condición de la que hay que escapar a toda costa, pasando incluso por encima de la propia clase. Pero lo cierto es que detrás del discurso la realidad muestra que solo un escaso número de afortunadas personas acceden a esa movilidad de clase que se nos quiere vender (Jones, 2013).

Los avances tecnológicos abren el camino a las empresas para poder deshacerse de un buen número de trabajadores al mismo tiempo que presiona a los que quedan para que se adapten a las nuevos tiempos tecnológicos, la deslocalización empresarial y apertura de nuevos mercado a través de la libre circulación de empresas presiona a la clase trabajadora para aceptar salarios más bajos (Barrigüete, 2005) y condiciones laborales que violan todos los acuerdos del contrato social de la modernidad. En palabras de Boaventura de Sousa Santos pasamos“del pre- al post-contractualismo sin transitar por el contractualismo”[1] (2011, 22).

Mientras tanto la maquinaria neoliberal a través de las políticas de empleo comienza a poner en marcha el rodillo de destrucción de todo lo que pueda recordar a aquellos años de lucha social donde trabajadoras y trabajadores, sindicatos y movimientos políticos de izquierda hacían frente a los designios del capital, “los trabajos bien pagados, seguros y cualificados de los que la gente estaba orgullosa, que habían sido el eje de la identidad de la clase obrera, fueron erradicados. Todas las cosas que la gente asociaba a la clase trabajadora fueron desapareciendo” (Jones, 2013, 73). Ahora sí, ya todos podíamos decir que éramos de clase media. Y si aún no lo éramos teníamos que buscar la forma de acceder a ella. La necesidad de identificación con el discurso dominante, la necesidad de sentirnos parte de, de ser parte de esa ciudadanía incluida en el contrato social ha marcado el camino a seguir.

Los inmigrantes son señalados y construidos como parte del problema laboral. Los discursos de la derecha mediática y política hacen mella en la autoestima de una clase obrera que lejos de señalar hacia arriba para buscar a los causantes de su situación de pobreza mira hacia sus iguales, hacia esos grupos aspirantes a conseguir la ciudadanía prometida desde el discurso dominante, para verlos como competidoras y competidores directos en su afán de conseguir “el sueño prometido” (Jones, 2013)

Las mujeres acceden al mundo laboral construidas como trabajadoras “genéricas”[2] a través del renovado pacto entre el capitalismo y el patriarcado (Cobo, 2011). La mujer flexible se ve abocada a la doble lucha de conseguir y/o mantener un puesto de trabajo remunerado mientras lucha porque se reconozcan sus derechos a poder elegir libremente y a que se reconfiguren las relaciones que construyen el trabajo de los cuidados como un deber exclusivo de las mujeres.

De esta forma, mujeres e inmigrantes representan el grueso que ha venido a sustituir en este sistema-mundo capitalista neoliberal al difuminado proletariado de siglos pasados, conformando lo que Saskia Sassen denomina como “clases de servidumbre” (Cobo, 2011).

El llamado a la especialización; la pérdida constante de valor en las credenciales educativas; la pérdida de fuentes de trabajo de un día para otro, casi sin dejar tiempo para reaccionar; la presión económica, que empuja a una movilidad forzada, sustituyendo la linealidad de un puesto laboral para toda la vida; y la fragmentación de las relaciones que antaño nos insuflaban seguridad (Bauman, 2005), han terminado destruyendo los lazos de apoyo que mantenían el equilibrio de fuerzas en el campo de batalla, dejando vía libre al austericidio[3] y las políticas privatizadoras y de desregulación laboral.

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[1] Según lo presenta De Sousa Santos “el post-contractualismo es el proceso mediante el cual grupos e intereses sociales hasta ahora incluidos en el contrato social quedan excluidos del mismo, sin perspectivas de poder regresar a su seno… El pre-contractualismo consiste, por su parte, en impedir el acceso a la ciudadanía a grupos sociales anteriormente considerados candidatso a la ciudadanía y que tenían expectativas fundadas de poder acceder a ella” (2011, 21).

[2] El concepto de trabajadoras “genéricas” acuñado por Celia Amorós hace referencia a una construcción de las mujeres como trabajadoras flexibles, capaces de adaptarse a horarios y situaciones distintas y de aceptar las condiciones de sobreexplotación rechazadas por otras (Cobo, 2011).

[3] Con esta palabra se ha venido denominando a aquellas actuaciones arbitrarias que, con la excusa de construirse como imprescindibles, se ponen en marcha asfixiando las posibilidades de desarrollo de los sectores más pobres y vulnerables de la población.


La desigualdad social como caballo de Troya de la reacción capitalista

“Lo cierto es que cabe decir que nos encontramos en un mundo post-foucaultiano (lo cual revela, retrospectivamente lo muy organizado que era ese mundo anarquista de Foucault)”

(De Sousa Santos, 2011, 16)

La sociedad actual se ha desarrollado bajo el paraguas de la modernidad, una modernidad que basaba su legitimidad en los poderes atribuidos al Estado a través del contrato social. Dicho contrato social quedaba conformado desde unos criterios de inclusión a los que también correspondían antagónicamente una serie de criterios de exclusión. Así el contrato social quedaba restringido única y exclusivamente a los individuos y sus asociaciones, excluyendo de esta forma a la naturaleza; por otro lado solo los ciudadanos son considerados parte del contrato social, lo que excluye a mujeres, migrantes, minorías étnicas, etc.; para terminar solo los intereses que se expresan en el ámbito de la sociedad civil forman parte del contrato, quedando excluidos los espacios domésticos, los intereses personales y la intimidad (De Sousa Santos, 2011).

Viñeta de Mafalda by Quino

Viñeta de Mafalda by Quino

Sin embargo, en una sociedad fragmentada y polarizada social, política, económica y culturalmente los criterios establecidos bajo el contrato social entran en crisis, reelaborando los significados de aquellos valores heredados de la modernidad y la Ilustración y conformando una base estructural en la que los procesos de exclusión se sitúan por encima de los de inclusión. De esta forma parte de la ciudadanía que hasta ahora se encontraban formando parte de ese contrato social queda excluida del mismo, al mismo tiempo que se impide el acceso a este a esa conjunto de grupos que podían tener la esperanza de adquirirla (De Sousa Santos, 2011).

Pero la crisis del contrato social se encuentra inevitablemente unida a la crisis del otro gran contrato heredado de la Modernidad, el contrato sexual. Las instituciones que regulaban la sexualidad y los pactos entre mujeres y hombres están siendo socavadas, uno de los pilares básicos de la familia patriarcal, aquel que consagraba al hombre como proveedor económico de la familia mientras que limitaba a las mujeres al papel de amas de casa, se ha quebrado. Las mujeres, gracias a años de lucha y reivindicación alcanzan poco a poco nuevos puestos en el mercado laboral y escalan –a un ritmo más lento del que sería deseable- puestos en la escala de decisión política (Cobo, 2011).

Unida a esta crisis contractual y fragmentación social nos encontramos con el establecimiento de unas relaciones sociales que han perdido las referencias de aquellos vínculos inquebrantables, seguros y duraderos de las que la dotaba la modernidad, adentrándose cada vez más en una modernidad líquida que se caracteriza por la fragilidad de las relaciones interpersonales; el miedo a lo desconocido, al otro construido como diferente y ajeno a la propia persona; la flexibilidad y la movilidad forzadas, que conllevan consecuencias no solo a nivel personal, sino a nivel profesional y de empleo (Bauman, 2005). Se trata en definitiva de la transferencia de los conflictos y problemas sociales sobre los individuos haciendo que emergan actitudes antisociales que buscan resistir a la presión de la deriva social (Touraine, 2009).

La realidad se conforma así desde un caldo de cultivo que camina en paralelo a la aparición de un fascismo societal, donde los excluidos son segregados en las propias ciudades que habitan, construyendo un modelo de Estado centrado en el control y la represión en las “zonas excluidas” mientras actúa amparado en el discurso de la protección en las zonas “civilizadas”, todo bajo la estrecha vigilancia de los aparatos para-estatales que no dudan en usurpar el control social del Estado, ya sea neutralizándolo o suplantándolo (De Sousa Santos, 2011).

Viñeta de "El Roto"

Viñeta de “El Roto”

En medio de todo este terremoto global, la divinización del “homo económicus” y el “homo consumens” (Bauman, 2005) acaparan el centro civilizatorio, conformando una realidad social que se rige por los dictados de una sociedad de consumo donde “se tratan todas las cosas -incluidos los hombres- como comestibles…[que] no hace ninguna diferencia entre una manzana y un niño, porque tiene hambre para comerse a los dos.” (Alba Rico, 2003, 8-9).

Todo se compra y todo se vende. Las relaciones se conforman en torno al precio que somos capaces de pagar para mantenerlas, liberados de ataduras sociales nos lanzamos en los brazos del consumo voraz alimentado por la infatigable búsqueda por parte de los mercaderes de nuevos y atractivos productos para vender. “Para los consumidores imperfectos, estos <<no poseedores>> contemporáneos, no comprar es el irritante estigma de una vida no realizada, una vida de vacío que no es buena para nada. Significa no sólo la ausencia de placer, sino también la ausencia de dignidad humana” (Bauman, 2013, 100).

Viñeta de "El roto"

Viñeta de “El roto”

En torno a estos procesos de pobreza y exclusión se produce un “silencio estructural” que oculta que “los efectos de la globalización económica sobre la vida de las mujeres han contribuido significativamente a la feminización de la pobreza o la segregación genérica del mercado laboral, entre otros fenómenos” (Cobo, 2011, 116).

Sin lugar a dudas, la mayoría del trabajo mal pagado termina en manos de las mujeres que al estar lastradas por las lignificadas raíces del “impuesto reproductivo” a través del cual se extrae “la plusvalía de dignidad genérica” se ven privadas de un acceso en igualdad de condiciones al ámbito laboral. Las políticas de recortes que genera la consecuente privatización de los servicios públicos, propicia el aumento del trabajo de los cuidados en manos de las mujeres, un trabajo que, como siempre que el Estado deja de asumir su papel en las políticas sociales, continúa invisibilizado en la sociedad. Niñas y mujeres se convierten así en el sector que más carga con las consecuencias de las políticas neoliberales de ajuste presupuestario (Cobo, 2011).

Por otro lado, el auge de los movimientos poblacionales, generados en amplia media por la globalización económica, dibujan además un contexto de acción muy distinto al que hace unos años nos enfrentábamos en nuestras ciudades. El propio crecimiento poblacional da lugar a identidades que reconstruyen el espacio público, en palabras de Bauman “Cuanto más grande y heterogénea es una ciudad, más atractivos puede contener y ofrecer.” (2003, 33). Sin embargo, en nuestro país, acostumbrados a una ficticia homogeneidad, solo sostenida por la invisibilización a la que fueron relegados los gitanos durante años, las migraciones plantean nuevos retos en lo que a la cultura se refiere, sobre todo en lo relacionado con la diversidad, la inclusión cultural y la educación (Terrén, 2007) en un modelo de ciudad que tradicionalmente se ha caracterizado por excluir más que por incluir a quienes no entraban en los cánones marcados.

Señalados como la causa de todos los problemas, los otros, los extranjeros construidos como extraños y no pertenecientes al territorio son el foco de las miradas de los políticos y los medios de la extrema derecha política, el dedo acusador de la derecha política les señala consiguiendo que desaparezca aquel discurso que vinculaba los problemas sociales con los errores y las injusticias cometidas por el sistema capitalista (Jones, 2013), haciendo emerger nuevos discursos racistas como medio de canalizar el descontento generalizado de una ciudadanía que busca desesperadamente salvarse sin tener que cambiar el modelo de vida al que la sociedad le ha acostumbrado.

Viñeta de Forges.

Viñeta de Forges.

Las ciudades contemporáneas se convierten así “en los campos de batalla donde coinciden los poderes mundiales y las obstinadas razones de ser de cada uno de sus habitantes; donde éstos chocan y combaten en busca de un acuerdo satisfactorio o mínimamente tolerable; un tipo de convivencia que se espera constituya una paz duradera”.(Bauman 2009, 25-26)


La capacidad camaleónica del sistema capitalista (Desigualdad, educación y políticas neoliberales, 2ª parte)

“El Establishment es un camaleón, que evoluciona y se adapta según dictan las necesidades. Y, sin embargo, una cosa que distingue al Establishment actual de sus encarnaciones anteriores es su triunfalismo. Antaño los poderosos afrontaban amenazas importantes que los mantenían a raya. Sin embargo, da la impresión de que los oponentes de nuestro Establishment actual han dejado de existir de forma organizada o significativa. Los políticos se ajustan en su gran mayoría a un guión parecido; a los antaño poderosos sindicatos, hoy se los trata como si carecieran de sitio legítimo en la vida política o incluso pública. Y los economistas y académicos que rechazan la ideología del Establishment han sido en gran medida expulsados de la comunidad intelectual”

(Jones, 2015, 25)

No existen alternativas al dinero cuando tanto el sistema económico capitalista en general como la economía en tanto ciencia, se sitúan en el centro de nuestra construcción como sociedad, convirtiéndose en la moneda de cambio con la que condicionamos la vida, nuestras relaciones y la salud de nuestros recursos naturales.

La crisis sistémica que se ha vivido desde el hundimiento de Wall Street en 2008 y su posterior proliferación mundial llevó a muchos a pensar que había llegado “el fin del neoliberalismo” (Antenas y Vivas, 2012). Pero, más allá de esto, lo que parecía iba a ser el final del sistema capitalista neoliberal o al menos la restructuración del mismo bajo concepciones más humanas, fue un punto de inflexión que ha servido para justificar decisiones políticas basadas en la desregulación, el aumento de los impuestos a las clases trabajadoras, la privatización de los servicios públicos, la desregulación laboral y la bajada de salarios (Cobo, 2011).

El crack económico de 2008 se extendió por todo el mundo -aún hoy continuamos sufriendo las consecuencias de las decisiones tomadas para paliarlo- alcanzando a todos los países en mayor o menor medida a través del entramado económico creado por los mercados financieros (Stiglitz, 2009). Pero, esta crisis ha servido, sobre todo, como catapulta de lanzamiento para introducir en Europa las políticas que tanto el FMI como el BM han venido desarrollando durante los años 80 y 90 en los países de la periferia, contribuyendo, como ya denunció a principios de este siglo Joseph Stiglitz, a la creciente miseria y la hambruna en estos países, agravando las crisis financieras que atravesaban diversas economías asiáticas, forzando el cierre de fábricas y privatizando servicios públicos como la educación y la sanidad, en definitiva, alargando la sombra de las colonizaciones capitalistas producidas desde hace al menos dos siglos atrás y convirtiéndose en el nuevo motor de la colonización económica capitalista (Ziegler, 2002; Stiglitz, 2009).

Desde el estallido de la burbuja económica los organismos supranacionales y los gobiernos de estado –estos últimos como focos directos en los que la ciudadanía ponía sus deseos de salir de la crisis que estaban experimentando- tuvieron claro que había que hacer algo, era necesario intervenir para evitar que la crisis arrasara con lo conseguido en los años de bonanza económica. Las soluciones, pensando en las necesidades de la población podían parecernos claras, incluso obvias. Si la pérdida de empleos iba a incidir limitando la capacidad de sobrevivir de miles de personas, estaba claro que contribuir a la creación de empleo se convertía en una prioridad, como también lo era garantizar la supervivencia de una ciudadanía activa y evitar que las desigualdades y la brecha entre ricos y pobres acabara destruyendo a las clases medias y subsumiendo a las clases trabajadoras a la más inconcebible de las miserias.

Pero, en una sorprendente maniobra digna del mejor escapista, en un primer momento los gobiernos –incluido el gobierno español- y posteriormente el propio Banco Central Europeo decidieron que rescatar a la banca, aún a costa de ahogar, aún más, a las clases trabajadoras de una ciudadanía que ya venía pagando una crisis que no había provocado, era más importante que aportar el dinero suficiente para potenciar una inversión pública y la creación de empleo que hiciera revertir la situación. Como en su momento diría el economista Joseph Stiglitz “con la enorme cantidad de dinero público que ha recibido la banca privada, podrían haberse establecido bancas públicas que hubieran garantizado la disponibilidad de crédito.” (Navarro, 2011).

Viñeta de Eneko las Heras (@EnekoHumor)

Viñeta de Eneko las Heras (@EnekoHumor)

Las políticas de recortes y privatización se convertían en la solución mágica diseñada por los políticos neoliberales, una solución que pasaba por instaurar un régimen de austeridad económica en inversión y empleo público que ha terminado por provocar un estancamiento y un escaso crecimiento económico (Navarro, 2016), acrecentado los procesos de desigualdad y exclusión social.

To de continued…


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