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Un libro al mes: Apegos feroces de V. Gornick

Llevo un tiempo queriendo recuperar esta costumbre de hacer alguna recomendación de lectura, como aquella serie de entradas de 12 meses, 12 libros que ya hice hace un tiempo. Esta vez, sin limitarme a novelas, novelas cortas y demás, abriendo las posibilidades a todas esos libros que caen en mis manos y tarde o temprano acaban devorados por mis ojos.

Esta vez quería hablar de esta pequeña novela, más bien autobiografía de Vivian Gornick.

Apegos feroces

Portada del libro “Apegos feroces” de V. Gornick

Titulo: Apegos feroces.

Autora: Vivian Gornick.

Editorial: Sexto piso. Narrativa.

Año de publicación: 2017 (Edición original en inglés en 1987).

Páginas: 197.

Valoración personal: Fácil lectura, con un amplio espectro de contextos y relaciones que lo hace interesante para una gran variedad de personas, aunque sobre todo creo que puede interesar su lectura a mujeres que viven o han vivido esa dificultad de construirse libres en un entorno de estrechas relaciones, marcadas por fuertes valores familiares y/o culturales y que no cejan en su lucha por romper con lo que les oprime sin dejar de amar su historia.

Llegué a este libro por casualidad, no voy a esconder que fue el título lo que me llamó la atención e hizo que me interesara por leer ese pequeño resumen que siempre nos suelen aportar en la contraportada. Soy de esas personas a las que le gusta pasar el tiempo en una librería, ojeando lo que hay y no siempre llevándome algo. Una costumbre que entiendo pueda desesperar a quienes alguna vez me acompañan en un paseo libresco.

Quizás convendría avisar que el título no es más que aquello con lo que quizás se identifica la autora, pero sin duda, el libro podría titularse “paseos por mi barrio”, “historias de barrio” o “por qué soy como soy”… está claro que ninguno de estos títulos engancharía tanto, pero no dejarían de identificar lo que encontraremos en sus páginas.

Tengo que decir que las primeras páginas del libro no me enganchaban, se me resistía. Pero, teniendo en cuenta que se convirtió en uno de esos libros que yo llamo “libro de autobús y desayuno”, básicamente porque son los libros que me dedico a leer en esos momentos, estaba claro que terminaría por leerlo completo.

Los saltos en el tiempo, los curiosos diálogos entre madre e hija, mientras pasean por esa ciudad que ha visto crecer su relación, la llamativa forma de describir sus recuerdos de niñez o simplemente esa forma de evolucionar en su vida como mujer, intentando huir de los corsés culturales y familiares o tratando de escapar de convencionalismos sociales, mientras se cae en otros, logran poco a poco que vayamos al simpatizando con la historia que se nos plantea:

“La infelicidad tiene que estar viva para que pueda suceder cualquier cosa”

(pág. 41).

Tal cual lo expresa la autora, la infelicidad se convierte casi en una constante en la vida con la que no nos queda más remedio que luchar, a veces comprendiendo que no se trata más que un paso para que quede abierta la puerta a nuevas posibilidades de aprender o escoger otros caminos.

El contínuo cruce de reproches entre madre e hija, se convierte en una tónica general del libro. Quizás es una lucha más común de lo que vemos. Esas aspiraciones personales que chocan con lo que una madre espera que haga su hija en la vida; esa forma de soñar la vida de los demás e intentar que sea lo que “se debe hacer”, más allá de lo que la otra persona quiera; ese encuentro entre dos generaciones que han crecido en una sociedad que se ha transformado, cambiando las formas de vivir nuestras relaciones familiares, sociales, de pareja… Una lucha por comprender lo que nos rodea y comprendernos como personas en relación a esos valores que vamos construyendo:

“- ¡Pues claro que sí! Mi madre murió entre los brazos de mi hermana, con todos sus hijos alrededor. ¿Cómo voy a morir yo? ¿Me lo puedes decir? Seguro que pasará una semana antes de que encuentren mi cadáver. Pasan días sin que tenga noticias tuyas. A tu hermano lo veo tres veces al año. ¿Y los vecinos? ¿Quiénes? ¿Quién está pendiente de mi?…
– … Tu madre no murió en brazos de su hija porque tu hermana la quisiese más de lo que nosotros te queremos a ti. Tu hermana odiaba a tu madre y lo sabes. Estaba ahí porque era su deber y porque toda su vida de casada vivió al lado. No tenía nada que ver con el amor…
– Llámalo como quiera – me responde enfadada-, era un modo de vivir mucho más humano.”

(Págs. 51-52)

“Creo que mi madre tuvo pronto sentimientos encontrados sobre mí y la universidad, aunque había querido que yo fuese a la facultad, de eso no había duda, y su empeño porque así fuese le había infundido fuerzas…
Cuando después de licenciarme se enteró de que yo no era maestra, actuó como si la hubiera timado. En su mente una joven entraba por una puerta con un cartel que decía <<facultad>> y salía por otra con un cartel que decía <<maestra>>…
No había comprendido que ir a la universidad significaba que comenzaría a pensar: con coherencia y en voz alta. Esto la dejó descolocada.”

(Págs. 106-107)

Pero, Vivian Gornick va a atravesar su autobiografía con todo aquello a lo que termina por enfrentarse una mujer, porque esos apegos no solo nacen en una relación familiar, en un encuentro madre-hija. Las aspiraciones profesionales y la relación de pareja con los hombres, la liberación como mujer y el apego a los valores culturales históricos, todo atraviesa esta historia a la que en cada página vamos pidiéndole un poco más de cada uno de los personajes que se presentan y lo vamos obteniendo. Desde las relaciones personales a la política, pasando por el amor y sus expresiones más liberadoras o cosificantes:

“En realidad, no prestábamos demasiada atención al hecho de que nos peleábamos constantemente. Nos reíamos del estereotipo social que representábamos: la feminista y el izquierdista enzarzados en una batalla erótica. Pensábamos que, como no dejábamos de hablar, teníamos una conexión. En realidad, solo conectábamos en la cama. De pie, defendíamos nuestras posturas. Considerado el alboroto, ahora llama la atención que las sorpresas siguieran llegando.”

(Pág. 162)

Sin duda no es un libro sobre una mujer y la relación que establece con su madre. Apegos feroces, es un libro sobre como aquello con lo que crecemos contínua presente en nuestras vidas, en cada una de nuestas acciones, relaciones y decisiones, por más que intentemos alejarnos de su influencia.

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