La lucha por permanecer en el mercado de trabajo (Desigualdad, educación y políticas neoliberales IV)

“El terror a perder el puesto de trabajo suprime cualquier tentación de defenderse”

(Jones, 2013, 69)

Nos encontramos ante una evolución de los procesos de desigualdad y de distanciamiento entre clases sociales que viene producido por la fragmentación del trabajador que lucha por convertirse en la mercancía deseada por el mercado de trabajo (Barrigüete, 2005) para poder sobrevivir aunque para ello tenga que “flexibilizar” o lo que es lo mismo renunciar a sus expectativas aceptando condiciones cada vez más miserables.

Los recientes datos del Informe sobre empleo y protección social realizado por la Fundación FOESSA (2015) indican que el deterioro en las rentas más bajas no tiene precedentes en los últimos 40 años, unido a esto la rotación en los puestos de trabajo se confirma como medida generalizada, una medida que incide en la inseguridad laboral de quienes consiguen alcanzar el disputado premio de un contrato de trabajo. Parafraseando a Bauman (2013) podríamos decir que en esta sociedad construida para transferir las presiones económicas y sociales hacia abajo, a quienes sufren los procesos de exclusión siempre les puede quedar la esperanza de que le toque la lotería de un trabajo.

Pero, tal y como nos transmite Barrigüete (2005) no debemos caer en el reduccionismo de confundir trabajo y empleo, ya que estaríamos sentando las bases para desenfocar el verdadero problema, que es más el reparto del producto social y la creación de las condiciones políticas para ello que el reparto del trabajo. Por estas razones no se puede decir que el trabajo sea un bien escaso.”

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By Forges

En la sociedad actual el trabajo queda subordinado a los caprichos del capital, siendo este el principal motor de creación de empleo cuando en realidad no debiera ser más que un producto generado por el propio trabajo (Barrigüete, 2005). Las políticas neoliberales aprovechan el debilitamiento progresivo de los sindicatos, antaño firmes defensores de los derechos de las trabajadoras y trabajadores, para imponer las dinámicas laborales soñadas por los ideólogos del liberalismo (Antenas y Vivas, 2012; Jones, 2013).

La idea inoculada a la clase obrera de que no deberían estar ahí, la contaste ridiculización de la vida de las clases trabajadoras estigmatizando y acusando a dicha clase social de ser un lastre para la sociedad, unida al eterno discurso vociferado por los voceros del neoliberalismo de que todo el mundo al margen de las circunstancias puede salir de ahí si se lo propone, han terminado instaurando la convicción de que la clase obrera es una simple etapa de paso, una condición de la que hay que escapar a toda costa, pasando incluso por encima de la propia clase. Pero lo cierto es que detrás del discurso la realidad muestra que solo un escaso número de afortunadas personas acceden a esa movilidad de clase que se nos quiere vender (Jones, 2013).

Los avances tecnológicos abren el camino a las empresas para poder deshacerse de un buen número de trabajadores al mismo tiempo que presiona a los que quedan para que se adapten a las nuevos tiempos tecnológicos, la deslocalización empresarial y apertura de nuevos mercado a través de la libre circulación de empresas presiona a la clase trabajadora para aceptar salarios más bajos (Barrigüete, 2005) y condiciones laborales que violan todos los acuerdos del contrato social de la modernidad. En palabras de Boaventura de Sousa Santos pasamos“del pre- al post-contractualismo sin transitar por el contractualismo”[1] (2011, 22).

Mientras tanto la maquinaria neoliberal a través de las políticas de empleo comienza a poner en marcha el rodillo de destrucción de todo lo que pueda recordar a aquellos años de lucha social donde trabajadoras y trabajadores, sindicatos y movimientos políticos de izquierda hacían frente a los designios del capital, “los trabajos bien pagados, seguros y cualificados de los que la gente estaba orgullosa, que habían sido el eje de la identidad de la clase obrera, fueron erradicados. Todas las cosas que la gente asociaba a la clase trabajadora fueron desapareciendo” (Jones, 2013, 73). Ahora sí, ya todos podíamos decir que éramos de clase media. Y si aún no lo éramos teníamos que buscar la forma de acceder a ella. La necesidad de identificación con el discurso dominante, la necesidad de sentirnos parte de, de ser parte de esa ciudadanía incluida en el contrato social ha marcado el camino a seguir.

Los inmigrantes son señalados y construidos como parte del problema laboral. Los discursos de la derecha mediática y política hacen mella en la autoestima de una clase obrera que lejos de señalar hacia arriba para buscar a los causantes de su situación de pobreza mira hacia sus iguales, hacia esos grupos aspirantes a conseguir la ciudadanía prometida desde el discurso dominante, para verlos como competidoras y competidores directos en su afán de conseguir “el sueño prometido” (Jones, 2013)

Las mujeres acceden al mundo laboral construidas como trabajadoras “genéricas”[2] a través del renovado pacto entre el capitalismo y el patriarcado (Cobo, 2011). La mujer flexible se ve abocada a la doble lucha de conseguir y/o mantener un puesto de trabajo remunerado mientras lucha porque se reconozcan sus derechos a poder elegir libremente y a que se reconfiguren las relaciones que construyen el trabajo de los cuidados como un deber exclusivo de las mujeres.

De esta forma, mujeres e inmigrantes representan el grueso que ha venido a sustituir en este sistema-mundo capitalista neoliberal al difuminado proletariado de siglos pasados, conformando lo que Saskia Sassen denomina como “clases de servidumbre” (Cobo, 2011).

El llamado a la especialización; la pérdida constante de valor en las credenciales educativas; la pérdida de fuentes de trabajo de un día para otro, casi sin dejar tiempo para reaccionar; la presión económica, que empuja a una movilidad forzada, sustituyendo la linealidad de un puesto laboral para toda la vida; y la fragmentación de las relaciones que antaño nos insuflaban seguridad (Bauman, 2005), han terminado destruyendo los lazos de apoyo que mantenían el equilibrio de fuerzas en el campo de batalla, dejando vía libre al austericidio[3] y las políticas privatizadoras y de desregulación laboral.

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[1] Según lo presenta De Sousa Santos “el post-contractualismo es el proceso mediante el cual grupos e intereses sociales hasta ahora incluidos en el contrato social quedan excluidos del mismo, sin perspectivas de poder regresar a su seno… El pre-contractualismo consiste, por su parte, en impedir el acceso a la ciudadanía a grupos sociales anteriormente considerados candidatso a la ciudadanía y que tenían expectativas fundadas de poder acceder a ella” (2011, 21).

[2] El concepto de trabajadoras “genéricas” acuñado por Celia Amorós hace referencia a una construcción de las mujeres como trabajadoras flexibles, capaces de adaptarse a horarios y situaciones distintas y de aceptar las condiciones de sobreexplotación rechazadas por otras (Cobo, 2011).

[3] Con esta palabra se ha venido denominando a aquellas actuaciones arbitrarias que, con la excusa de construirse como imprescindibles, se ponen en marcha asfixiando las posibilidades de desarrollo de los sectores más pobres y vulnerables de la población.

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La desigualdad social como caballo de Troya de la reacción capitalista

“Lo cierto es que cabe decir que nos encontramos en un mundo post-foucaultiano (lo cual revela, retrospectivamente lo muy organizado que era ese mundo anarquista de Foucault)”

(De Sousa Santos, 2011, 16)

La sociedad actual se ha desarrollado bajo el paraguas de la modernidad, una modernidad que basaba su legitimidad en los poderes atribuidos al Estado a través del contrato social. Dicho contrato social quedaba conformado desde unos criterios de inclusión a los que también correspondían antagónicamente una serie de criterios de exclusión. Así el contrato social quedaba restringido única y exclusivamente a los individuos y sus asociaciones, excluyendo de esta forma a la naturaleza; por otro lado solo los ciudadanos son considerados parte del contrato social, lo que excluye a mujeres, migrantes, minorías étnicas, etc.; para terminar solo los intereses que se expresan en el ámbito de la sociedad civil forman parte del contrato, quedando excluidos los espacios domésticos, los intereses personales y la intimidad (De Sousa Santos, 2011).

Viñeta de Mafalda by Quino

Viñeta de Mafalda by Quino

Sin embargo, en una sociedad fragmentada y polarizada social, política, económica y culturalmente los criterios establecidos bajo el contrato social entran en crisis, reelaborando los significados de aquellos valores heredados de la modernidad y la Ilustración y conformando una base estructural en la que los procesos de exclusión se sitúan por encima de los de inclusión. De esta forma parte de la ciudadanía que hasta ahora se encontraban formando parte de ese contrato social queda excluida del mismo, al mismo tiempo que se impide el acceso a este a esa conjunto de grupos que podían tener la esperanza de adquirirla (De Sousa Santos, 2011).

Pero la crisis del contrato social se encuentra inevitablemente unida a la crisis del otro gran contrato heredado de la Modernidad, el contrato sexual. Las instituciones que regulaban la sexualidad y los pactos entre mujeres y hombres están siendo socavadas, uno de los pilares básicos de la familia patriarcal, aquel que consagraba al hombre como proveedor económico de la familia mientras que limitaba a las mujeres al papel de amas de casa, se ha quebrado. Las mujeres, gracias a años de lucha y reivindicación alcanzan poco a poco nuevos puestos en el mercado laboral y escalan –a un ritmo más lento del que sería deseable- puestos en la escala de decisión política (Cobo, 2011).

Unida a esta crisis contractual y fragmentación social nos encontramos con el establecimiento de unas relaciones sociales que han perdido las referencias de aquellos vínculos inquebrantables, seguros y duraderos de las que la dotaba la modernidad, adentrándose cada vez más en una modernidad líquida que se caracteriza por la fragilidad de las relaciones interpersonales; el miedo a lo desconocido, al otro construido como diferente y ajeno a la propia persona; la flexibilidad y la movilidad forzadas, que conllevan consecuencias no solo a nivel personal, sino a nivel profesional y de empleo (Bauman, 2005). Se trata en definitiva de la transferencia de los conflictos y problemas sociales sobre los individuos haciendo que emergan actitudes antisociales que buscan resistir a la presión de la deriva social (Touraine, 2009).

La realidad se conforma así desde un caldo de cultivo que camina en paralelo a la aparición de un fascismo societal, donde los excluidos son segregados en las propias ciudades que habitan, construyendo un modelo de Estado centrado en el control y la represión en las “zonas excluidas” mientras actúa amparado en el discurso de la protección en las zonas “civilizadas”, todo bajo la estrecha vigilancia de los aparatos para-estatales que no dudan en usurpar el control social del Estado, ya sea neutralizándolo o suplantándolo (De Sousa Santos, 2011).

Viñeta de "El Roto"

Viñeta de “El Roto”

En medio de todo este terremoto global, la divinización del “homo económicus” y el “homo consumens” (Bauman, 2005) acaparan el centro civilizatorio, conformando una realidad social que se rige por los dictados de una sociedad de consumo donde “se tratan todas las cosas -incluidos los hombres- como comestibles…[que] no hace ninguna diferencia entre una manzana y un niño, porque tiene hambre para comerse a los dos.” (Alba Rico, 2003, 8-9).

Todo se compra y todo se vende. Las relaciones se conforman en torno al precio que somos capaces de pagar para mantenerlas, liberados de ataduras sociales nos lanzamos en los brazos del consumo voraz alimentado por la infatigable búsqueda por parte de los mercaderes de nuevos y atractivos productos para vender. “Para los consumidores imperfectos, estos <<no poseedores>> contemporáneos, no comprar es el irritante estigma de una vida no realizada, una vida de vacío que no es buena para nada. Significa no sólo la ausencia de placer, sino también la ausencia de dignidad humana” (Bauman, 2013, 100).

Viñeta de "El roto"

Viñeta de “El roto”

En torno a estos procesos de pobreza y exclusión se produce un “silencio estructural” que oculta que “los efectos de la globalización económica sobre la vida de las mujeres han contribuido significativamente a la feminización de la pobreza o la segregación genérica del mercado laboral, entre otros fenómenos” (Cobo, 2011, 116).

Sin lugar a dudas, la mayoría del trabajo mal pagado termina en manos de las mujeres que al estar lastradas por las lignificadas raíces del “impuesto reproductivo” a través del cual se extrae “la plusvalía de dignidad genérica” se ven privadas de un acceso en igualdad de condiciones al ámbito laboral. Las políticas de recortes que genera la consecuente privatización de los servicios públicos, propicia el aumento del trabajo de los cuidados en manos de las mujeres, un trabajo que, como siempre que el Estado deja de asumir su papel en las políticas sociales, continúa invisibilizado en la sociedad. Niñas y mujeres se convierten así en el sector que más carga con las consecuencias de las políticas neoliberales de ajuste presupuestario (Cobo, 2011).

Por otro lado, el auge de los movimientos poblacionales, generados en amplia media por la globalización económica, dibujan además un contexto de acción muy distinto al que hace unos años nos enfrentábamos en nuestras ciudades. El propio crecimiento poblacional da lugar a identidades que reconstruyen el espacio público, en palabras de Bauman “Cuanto más grande y heterogénea es una ciudad, más atractivos puede contener y ofrecer.” (2003, 33). Sin embargo, en nuestro país, acostumbrados a una ficticia homogeneidad, solo sostenida por la invisibilización a la que fueron relegados los gitanos durante años, las migraciones plantean nuevos retos en lo que a la cultura se refiere, sobre todo en lo relacionado con la diversidad, la inclusión cultural y la educación (Terrén, 2007) en un modelo de ciudad que tradicionalmente se ha caracterizado por excluir más que por incluir a quienes no entraban en los cánones marcados.

Señalados como la causa de todos los problemas, los otros, los extranjeros construidos como extraños y no pertenecientes al territorio son el foco de las miradas de los políticos y los medios de la extrema derecha política, el dedo acusador de la derecha política les señala consiguiendo que desaparezca aquel discurso que vinculaba los problemas sociales con los errores y las injusticias cometidas por el sistema capitalista (Jones, 2013), haciendo emerger nuevos discursos racistas como medio de canalizar el descontento generalizado de una ciudadanía que busca desesperadamente salvarse sin tener que cambiar el modelo de vida al que la sociedad le ha acostumbrado.

Viñeta de Forges.

Viñeta de Forges.

Las ciudades contemporáneas se convierten así “en los campos de batalla donde coinciden los poderes mundiales y las obstinadas razones de ser de cada uno de sus habitantes; donde éstos chocan y combaten en busca de un acuerdo satisfactorio o mínimamente tolerable; un tipo de convivencia que se espera constituya una paz duradera”.(Bauman 2009, 25-26)


La capacidad camaleónica del sistema capitalista (Desigualdad, educación y políticas neoliberales, 2ª parte)

“El Establishment es un camaleón, que evoluciona y se adapta según dictan las necesidades. Y, sin embargo, una cosa que distingue al Establishment actual de sus encarnaciones anteriores es su triunfalismo. Antaño los poderosos afrontaban amenazas importantes que los mantenían a raya. Sin embargo, da la impresión de que los oponentes de nuestro Establishment actual han dejado de existir de forma organizada o significativa. Los políticos se ajustan en su gran mayoría a un guión parecido; a los antaño poderosos sindicatos, hoy se los trata como si carecieran de sitio legítimo en la vida política o incluso pública. Y los economistas y académicos que rechazan la ideología del Establishment han sido en gran medida expulsados de la comunidad intelectual”

(Jones, 2015, 25)

No existen alternativas al dinero cuando tanto el sistema económico capitalista en general como la economía en tanto ciencia, se sitúan en el centro de nuestra construcción como sociedad, convirtiéndose en la moneda de cambio con la que condicionamos la vida, nuestras relaciones y la salud de nuestros recursos naturales.

La crisis sistémica que se ha vivido desde el hundimiento de Wall Street en 2008 y su posterior proliferación mundial llevó a muchos a pensar que había llegado “el fin del neoliberalismo” (Antenas y Vivas, 2012). Pero, más allá de esto, lo que parecía iba a ser el final del sistema capitalista neoliberal o al menos la restructuración del mismo bajo concepciones más humanas, fue un punto de inflexión que ha servido para justificar decisiones políticas basadas en la desregulación, el aumento de los impuestos a las clases trabajadoras, la privatización de los servicios públicos, la desregulación laboral y la bajada de salarios (Cobo, 2011).

El crack económico de 2008 se extendió por todo el mundo -aún hoy continuamos sufriendo las consecuencias de las decisiones tomadas para paliarlo- alcanzando a todos los países en mayor o menor medida a través del entramado económico creado por los mercados financieros (Stiglitz, 2009). Pero, esta crisis ha servido, sobre todo, como catapulta de lanzamiento para introducir en Europa las políticas que tanto el FMI como el BM han venido desarrollando durante los años 80 y 90 en los países de la periferia, contribuyendo, como ya denunció a principios de este siglo Joseph Stiglitz, a la creciente miseria y la hambruna en estos países, agravando las crisis financieras que atravesaban diversas economías asiáticas, forzando el cierre de fábricas y privatizando servicios públicos como la educación y la sanidad, en definitiva, alargando la sombra de las colonizaciones capitalistas producidas desde hace al menos dos siglos atrás y convirtiéndose en el nuevo motor de la colonización económica capitalista (Ziegler, 2002; Stiglitz, 2009).

Desde el estallido de la burbuja económica los organismos supranacionales y los gobiernos de estado –estos últimos como focos directos en los que la ciudadanía ponía sus deseos de salir de la crisis que estaban experimentando- tuvieron claro que había que hacer algo, era necesario intervenir para evitar que la crisis arrasara con lo conseguido en los años de bonanza económica. Las soluciones, pensando en las necesidades de la población podían parecernos claras, incluso obvias. Si la pérdida de empleos iba a incidir limitando la capacidad de sobrevivir de miles de personas, estaba claro que contribuir a la creación de empleo se convertía en una prioridad, como también lo era garantizar la supervivencia de una ciudadanía activa y evitar que las desigualdades y la brecha entre ricos y pobres acabara destruyendo a las clases medias y subsumiendo a las clases trabajadoras a la más inconcebible de las miserias.

Pero, en una sorprendente maniobra digna del mejor escapista, en un primer momento los gobiernos –incluido el gobierno español- y posteriormente el propio Banco Central Europeo decidieron que rescatar a la banca, aún a costa de ahogar, aún más, a las clases trabajadoras de una ciudadanía que ya venía pagando una crisis que no había provocado, era más importante que aportar el dinero suficiente para potenciar una inversión pública y la creación de empleo que hiciera revertir la situación. Como en su momento diría el economista Joseph Stiglitz “con la enorme cantidad de dinero público que ha recibido la banca privada, podrían haberse establecido bancas públicas que hubieran garantizado la disponibilidad de crédito.” (Navarro, 2011).

Viñeta de Eneko las Heras (@EnekoHumor)

Viñeta de Eneko las Heras (@EnekoHumor)

Las políticas de recortes y privatización se convertían en la solución mágica diseñada por los políticos neoliberales, una solución que pasaba por instaurar un régimen de austeridad económica en inversión y empleo público que ha terminado por provocar un estancamiento y un escaso crecimiento económico (Navarro, 2016), acrecentado los procesos de desigualdad y exclusión social.

To de continued…


Desigualdad, educación y políticas neoliberales. Parte 1: Reorganizando el mundo.

* Esta es la primera de una serie de entradas en las que ir exponiendo el desarrollo de algunas ideas que enlazan las políticas actuales con los procesos de desigualdad social y laboral, así como con la creciente estandarización de las politicas educativas.

Viñeta de FORGES

Viñeta de FORGES

“Cuando el consenso neoliberal habla de estabilidad se refiere a la estabilidad en las expectativas de los mercados y de las inversiones, nunca a la de las expectativas de las personas. De hecho, la estabilidad de los primeros sólo se consigue a costa de la inestabilidad de los segundos”

(De Sousa Santos, 2011, 26)

En una sociedad envuelta en cambios continuados propios de ese mundo líquido que nos dibuja (Bauman, 2005; 2013) la crisis económica mundial de 2008 hizo aparición en la escena política internacional y en la sociedad en general, una crisis que iba mucho más allá del aspecto económico, convirtiéndose en una crisis institucional, social, medioambiental, política y ética, una crisis que abarcaba además al modelo de democracia imperante hasta la actualidad, acrecentando la crisis de un modelo, el sistema capitalista neoliberal.

Nacida a finales de los años 40 en el transcurso de un reunión en la pequeña aldea de Mont Pélerin en Suiza, la ideología liberal de Von Hayek y las ideas que plasmó en su libro “Camino de servidumbre”, iban a representar la semilla de un concepto de sociedad y organización económico-política que se extendería por todo el planeta, en parte debido al agotamiento de los movimientos sociales de izquierda y del movimiento obrero en los años 60 y 70 del siglo pasado, pero también gracias a una estrategia diseñada para desacreditar cualquier idea que proviniese de una concepción más social del Estado. Una ofensiva diseñada para ser inoculada al sistema no desde la lucha en las calles a las que en aquellas décadas de los 60 y 70 nos tenían acostumbradas las movilizaciones, sino desde el ámbito intelectual y a través think tanks diseñados para propagar sus ideas aprovechando la irrupción de los medios de comunicación y el declive de la socialdemocracia (Jones, 2015).

Se trataba así de una contraofensiva diseñada desde los círculos ideológicos para ir adentrándose en todas las capas del sistema, haciendo patente la afirmación de que “el neoliberalismo es un arma de conquista. Anuncia un fatalismo económico contra el cual toda resistencia parece vana. El neoliberalismo es como el sida, destruye el sistema inmunitario de sus víctimas” (Bourdieu citado por Ziegler, 2002, 64).

Una ofensiva que avanzaría de forma triunfal durante los gobiernos de Thatcher, en Reino Unido y Reegan, en Estados Unidos durante los años 80. Gobiernos que facilitaron la puesta en práctica de las políticas más ofensivas y neoliberales ensayadas por Friedman y los “Chicago Boys” en Chile durante la dictadura de Pinochet.

La caída del muro de Berlín en 1989 y el desplome de la URSS a finales de los 80 y principios de los 90 facilitarían lo que John Williamson denominó como “El Consenso de Washington” (Ziegler, 2002) y que se concretaba en los siguientes principios:

“1. En cada país deudor, es preciso poner en marcha una reforma fiscal basada en dos criterios: a) disminución de la carga tributaria que grava las rentas más altas, con el objetivo último de incentivar a los ricos para que efectúen inversiones productivas, y b) ampliar la base de los contribuyentes; dicho de forma más clara, la supresión de las exenciones fiscales que benefician a los más pobres para incrementar el volumen del impuesto.

  1. Liberalización, tan rápida y completa como sea posible, de los mercados financieros .
  2. Garantizar la igualdad en el trato dispensado a las inversiones autóctonas y a las extranjeras con la finalidad de aumentar la seguridad y, así el volumen de las inversiones extranjeras.
  3. Desmantelamiento, tanto como sea posible hacerlo, del sector público, privatizando de forma especial todas las empresas cuyo propietario sea el Estado o una entidad paraestatal.
  4. Desregulación máxima de la economía del país para garantizar el libre juego de la competencia entre las diferentes fuerzas económicas presentes.
  5. Intensificar la protección de la propiedad privada.
  6. Fomento de la liberalización de los intercambios a un ritmo lo más sostenido posible, teniendo como objetivo mínimo la reducción en un 10% anual de los aranceles aduaneros.
  7. Dado que el libre comercio progresa por medio de las exportaciones, es preciso, como prioridad, favorecer el desarrollo de aquellos sectores económicos que son capaces de exportar bienes.
  8. Limitación del déficit presupuestario.
  9. Creación de la transparencia del mercado: los subsidios estatales a los operadores privados deben ser.”

(Ziegler, 2002, 62-63)

El germen de una nueva organización mundial estaba creciendo al amparo de los nuevos ideólogos del liberalismo económico e impulsada por un “Establishment”, una nueva casta política y económica (Jones, 2015) que se situaba en las más altas cotas de poder de los distintos países basando sus relaciones en la lucha por un objetivo común, la reducción del Estado y del sector público a su mínima expresión mediante la desregulación y la privatización de los servicios.

En un clima como el que se dibuja, en abril de 1994 los ministros del GATT (General Agreement on Tariffs and Trade) firman en Marruecos el principio de acuerdo para la puesta en marcha de la Organización Mundial del Comercio (OMC), organismo supraestatal que se encargaría de la liberalización de la circulación de mercancías y capitales (Ziegler, 2002).

La OMC se sumaba así a las organizaciones nacidas de los pactos de Bretton-Woods en 1944, el Banco Mundial (BC) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) que junto al Acuerdo Multilateral de Inversiones (AMI) promovido por los países de la OCDE e impulsado por la Unión Europea (UE) y los Estados Unidos (EE.UU.) constituiría la más salvaje expresión de un sistema-mundo capitalista que crecía amparado en la impunidad del “fascismo financiero” (De Sousa Santos, 2011).

Bancos, entidades financieras y grandes corporaciones han ido aumentando gradualmente su poder en el ámbito político en el transcurso de las últimas décadas del siglo XIX y los primeros años del siglo XX. Las decisiones políticas y económicas dejaban de estar en manos exclusivamente de los Estados-Nación para pasar a manos de las entidades supranacionales que contribuirían a la gradual desregulación y privatización económica mundial (Alba Rico, 2003; Cobo, 2011; De Sousa Santos, 2011; Ziegler, 2002).

Fue este proceso de globalización promovida y sostenida por los poderes financieros la que “comportó así una creciente crisis de la democracia parlamentaria liberal, que se ha exacerbado, intensificado y acelerado con el crack económico de 2008” (Antenas y Vivas, 2012, 17).

Pero, no debemos olvidar, tal y como nos recuerda Fernández Rodríguez (2015) que este fenómeno globalizador no se limita única y exclusivamente al ámbito económico y político, sino que engloba toda una lógica de un sistema-mundo capitalista que se articula en torno a tres dimensiones: la económica, a través de un sistema de mercado integrado mundialmente; la política, centrada en estados soberanos conectados desde organismos interestatales; y la cultural o “geocultural”¹ que dota de coherencia y legitimidad todo el proyecto. Dimensiones que se han concretado en fracturas a nivel ideológico, geopolítico, cultural, sociológico y subjetivo (Fernández Rodríguez, 2015).


1. Tal y como lo describe Immanuel Wallerstein, esta geopolítica hace referencia a las “normas y modos discursivos generalmente aceptados como legítimos dentro de sistema-mundo” (2005, 116).


Vuelta al campo de juego

No sé si para bien o para mal, pero si nada me lo impide volveré a estas publicaciones periódicas, que voy lanzando a través de este pequeño espacio en constante evolución, siempre que el trabajo y el tiempo me lo permiten.

En los últimos meses son muchas las entradas del blog que han quedado pendientes de publicación, por falta de tiempo, por inseguridad o por no tener completamente definido el texto para lanzarlo a la web. Lo cierto es que son escritos que no me gusta dejar en el tintero, así que con casi total seguridad se irán intercalando con esas nuevas reflexiones o recomendaciones de libros que vaya haciendo a partir de hoy. Mis diarios, de cárcel, de investigación, no dejaron nunca de seguir evolucionando, más bien fueron creciendo con el paso de los días y aguardan impacientes para volver a mostrarse públicamente, llenos de dudas, de historias, de nuevas ideas, nerviosos por la llegada de una nueva etapa y de un nuevo camino por recorrer.

Si nuestra vida necesita cada cierto tiempo un paréntesis para pensar y repensarse, estos meses quizás han supuesto el paréntesis necesario para replantear esta esfera de comunicación con el exterior. Un paréntesis para descansar, pero también para acumular experiencias y aprendizajes para compartir con quienes leen este blog.

Estamos de vuelta. De vuelta al terreno de juego en todos aquellos espacios de comunicación con los que intento transmitir algo más allá de mis cuadernos, así que a prepararse porque ¡llegán nuevas publicaciones!.


12 meses, 12 libros: La frontera invisible de Kilian Jornet

Título: La frontera invisible

Autor: Kilian Jornet

Páginas: 209

Editorial: Now books

Año: 2013

¿Por qué lo recomiendo?: Porque en cada línea las ganas y la energía de soltar el libro y comenzar a correr van creciendo. Porque para practicar deporte es indispensable no dejar de soñar. Porque nos transmite la reflexión constante en algún momento de soledad corriendo, haciendo bicicleta, escalando o practicando cualquier otro deporte todas y todos hemos tenido.

Vale la pena comenzar el año con un libro que nos siga alimentando las ganas de emprender aventuras y romper los muros que nos paralizan.

La frontera invisible es un libro de superación personal, de lucha contra la muerte y de crecimiento interior que nos embarca hacia la dureza, pero también la belleza del contacto con la naturaleza a través del deporte.

“Las montañas no quieren hacerte reír ni llorar, no te piden perdón ni te felicitan, no dan condolencias ni engaños; las montañas son como espejos, te ves a ti mismo, sin escrúpulos.” (p.32)

“¿Por qué necesitamos ser completos para ser felices?… En la historia de la humanidad, en la historia de la Tierra, pocos círculos han llegado a cerrarse.” (p. 91)

Después de su primer libro, Kilian Jornet nos enseña en la frontera invisible que el deporte puede entenderse de maneras muy diferentes en función de que lo enfoquemos a la competición, en especial la alta competición; o al disfrute personal, ¿o más bien debería decir a la superación personal?.

“Los héroes no existen, únicamente somos los cobardes que ocultamos nuestras debilidades.” (p. 80)

Para quienes nunca se han adentrado en el mundo del deporte en contacto con la naturaleza, encontrará en el libro de Kilian Jornet la energía suficiente para dar el paso y comenzar a buscar experiencias nuevas que le ayuden a conocer su cuerpo y su mente en contacto con lo imprevisible, propio de la naturaleza; Para quienes están metidos de lleno en el mundo del deporte al aire libre, el libro es una invitación al reto constante, a seguir adelante, a no parar en el camino que nos lleva a nuestro sueños, pero también una invitación a soñar nuevos horizontes o, como diría Kilian, nuevas fronteras.

“Si solo hablamos de estilo, de sueños  y de proyectos pero no salimos a buscarlos, nunca sabremos si es posible. No habrá nadie que nos diga: «Ahora, hoy, es el momento, y se tiene que hacer así», porque a donde vamos no ha ido nadie, y la única realidad es que tenemos que salir para descubrirlo por nosostros mismos” (p. 150)

Portada del libro de Kilian Jornet "La frontera invisible"

Portada del libro de Kilian Jornet “La frontera invisible”


12 meses, 12 libros: Chavs: la demonización de la clase obrera de Owen Jones

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Que mejor para terminar un año lleno de contenidos políticos que un libro que nos vuelva a poner sobre la mesa conceptos e ideas que han sido apartados de la vida política y social para seguir construyendo la falsa idea de que las clases sociales dejaron de existir, que todas y todos formamos parte ya de la “amplia” clase media.

En Chavs, Owen Jones nos invita a mirar de otra forma los mensajes que los medios de comunicación lanzan construyendo un determinado pensamiento sobre ciertos sectores de la sociedad. Podemos mirar a esos chavs de Inglaterra que nos retrata el libro como el equivalente de quienes son construidos como “canis” en España, pero esta categorización no representa solo un grupo o subcultura determinado en estos países. Tal y como Jones nos transmite los chavs representan, con distintas denominaciones según el país, toda una capa social que sistemáticamente ha sido menospreciada y caricaturizada por los medios de comunicación como parte de una estrategia neoliberal de acabar con la conciencia de clase.

Según Jones, la clase obrera ha sido objeto sistemático de burlas. Es representada como la “subclase salvaje” menospreciada como zánganos que viven de los subsidios y ayudas del Estado, una clase que no llega siquiera a ser clase trabajadora, la cual según el repetido mantra neoliberal, ya no existe. Hoy todos somos clase media… o al menos vivimos bajo la ilusión de serlo.

Chavs desmenuza cada uno de los estereotipos construidos para hacer desaparecer la conciencia de clase de las y los obreros, una denominación que no se entiende sin conocer el período thatcherista en Inglaterra durante los años ochenta, un período que abriría la época del régimen neoliberal del que aún hoy luchamos por salir. Un régimen que ya entonces hizo suya la meta que  Pinochet declarara anteriormente para Chile: “hacer de Chile no una nación de proletarios, sino de emprendedores”.

Chavs es una descripción de la demonización de esa clase obrera inglesa, pero lógicamente lo es también de los mitos construidos en torno a todo lo referente a la conciencia de clase en el mundo, mitos que han contribuido a alejarnos como miembros de un amplio grupo que continúa sufriendo la presión económica y social mientras los medios de comunicación estereotipan sus vidas.

Tal y como nos cuenta Owen Jones para construir un movimiento capaz de desafiar el régimen económico que nos ahoga es necesario que desmontemos antes esos mitos que nos dicen “que todos somos esencialmente de clase media; que la clase es un concepto anticuado; y que los problemas sociales son en realidad los fallos de un individuo”, leer Chavs es un buen comienzo para recuperar la conciencia de clase que nos han robado y comprender como operan las distintas lógicas de poder político, económico y social en el mantenimiento de un determinado orden social.


12 meses, 12 libros: La conjura de los necios de J. Kennedy Toole

Os debo un libro. El último mes de Noviembre estuve metido en tantas cosas que me fue imposible sacar ese rato que dedico a quienes tienen la valentía y las ganas de pasarse por el blog a ver si escribo algo. El pasado mes de Octubre empezábamos con fuerza este propósito de recomendar un libro por mes, así que mientras preparo la recomendación del mes de Diciembre os dejo ese libro que os debía del mes pasado.

LA CONJURA DE LOS NECIOS 

Sería injusto que este magnífico libro de J. K. Toole no entrara dentro de las recomendaciones de estos 12 meses. J. K. Toole murió sin ver publicada su gran obra. Despreciado por todas la editoriales a las que las envió, Toole decidió quitarse la vida en 1969. Sería finalmente su madre quien a costa de no poca insistencia logró que la obra de su hijo se publicara en 1980.

La conjura de los necios es la historia de Ignatius J. Reilly, alguien que pasa su vida enfrentándose al desgraciado mundo que le ha tocado vivir. Ignatius va a contracorriente, no entiende de normas que no sean las suyas y no tiene más que lamentar la ignorancia del mundo que le rodea. Sabe que tarde o temprano podrá llegar a culminar su gran obra e iluminar a la sociedad con su sabiduría, pero se ha encontrado con un sin fin de necios conjurándose para que no pueda desarrollar ese mundo ideal que tanto ansía.

“el atrevimiento de aquel ignorante fundamentalista rústico y fanático impulsó a mis demás alumnos a crear un comité para exigir que yo corrigiese, puntuase y devolviese sus ensayos y exámenes acumulados. Hubo incluso una pequeña manifestación ante la ventana de mi despacho. Fue todo muy espectacular. Se las arreglaron bastante bien, siendo como eran unos mozalbetes simplones e ignorantes. En el punto culminante de la manifestación, tiré todos aquellos papeluchos, sin corregir, por supuesto, por la ventana, sobre sus propias cabezas. La universidad era demasiado mezquina para aceptar aquel acto de desafío al abismo de la academia contemporánea.

—¡ Ignatius! Nunca me lo habías contado.

—No quería preocuparte. También les dije a los estudiantes que, en bien del futuro de la humanidad, esperaba que todos fueran estériles.”

Por eso, Ignatius recorrerá todos los caminos posibles para poner su plan en marcha a pesar de su madre y las amistades de estas, de la Universidad que desprecia sus conocimientos, de los caciques explotadores que no reconocen su genio… Y para ello luchará contra la necedad de la sociedad, se rebelará contra los “simplones e ignorantes” estudiantes universitarios, será sindicalista para reivindicar los derechos que le corresponden y formará un partido político para conseguir su objetivo más ambicioso.

Pero la conjura de los necios no es solo la historia de un hombre, es la historia de un quijote de los tiempos modernos. Cuando vas leyendo cada página de la novela en tu cabeza comienzan a surgir imágenes, imaginas al propio Ignatius con su gorra verde y esa particular figura que nos describe el libro, pero también ves a los cientos de Ignatius que han ido pasando por tu vida. Quizás incluso llegues a pensar, a temer,  que en cierto modo en algunas ocasiones hay un Ignatius dentro de ti.

“No creo que sean más progresistas tampoco tus ideas sociológicas o políticas. ¿Has abandonado aquel proyecto de formar un partido político o nombrar un candidato para presidente por derecho divino? Recuerdo que cuando por fin te conocí y ataqué tu apatía política, me saliste con esa idea.”

J. K. Toole nos habla de la familia Reilly, pero también tiene una asombrosa habilidad para transportarnos al maravilloso mundo de la New Orleans más caricaturesca, a las relaciones humanas y personales que se entablan en nuestra moderna sociedad.

A Ignatius le rodean una multitud de personajes que engrandecen más si cabe la fábula humorística de la novela. El policía Mancuso, la madre de Ignatius, su novia Myrna (con la que intercambia cartas a cada cual más indescriptible), Jones, Lana Lee… Toda una comunidad que recrea una atmósfera quijotesca a través de la que Ignatius se presenta como el nuevo antihéroe que acude a salvar a nuestra sociedad.


12 meses, 12 libros: Los desorientados de Amin Maalouf

Quienes me conocen saben que me encanta devorar libros, la mayoría de las veces no se trata de novelas, sino de lecturas sobre educación, psicología, investigación, política… Pero, las novelas son esos libros que guardo para cuando tengo un poco de tiempo para mí mismo, cuando llueve y la tarde me deja un rato para disfrutar de una buena historia. 

Así que he decidido abrir este nuevo reto a mí mismo en el blog, una forma de compartir aquellos libros que voy leyendo o he leído, y que van dejando una huella en mi forma de construirme a mi mismo y a lo que me rodea. Cada mes un nuevo libro para compartir y recomendar, quizás me falten meses, pero lo que no faltarán serán palabras. Así pues, hoy le ha tocado al último libro que he tenido el placer de disfrutar. 

Los desorientados (Amin Maalouf)

Es la primera vez que leo a Amin Maalouf. Este libro no llegó por ninguna recomendación ni ninguna lectura hecha por internet, fue mucho más sencillo que todo eso. A la vieja usanza, esta magnífica novela simplemente llamó mi atención a través de ese pequeño resumen que leí en la contraportada mientras vagaba por una librería, algo que acostumbro a hacer de vez en cuando para abrir mi mente a nuevas lecturas.

Los desorientados es un libro sobre la amistad, el rencor, el amor, la guerra, la política, la cultura, el desarraigo y el cambio. Todo y mucho más en una misma historia y relatado a través de los recuerdos que Adam nos va desgranando mientras intenta unir de nuevo a aquellas amistades que fueron dispersándose tras la época de juventud universitaria y que vivieron juntos los cambios a los que tuvieron que enfrentarse en su país.

“Hubo en la época en que nos conocimos incontables veladas que se me confunden ahora en la memoria en una sola. A veces me parece que estábamos siempre juntos, igual que una horda melenuda… No era así en realidad, pero es la impresión que me ha quedado. Seguramente porque los momento intensos y los acontecimientos magnos los vivíamos juntos. Para alegrarnos, para indignarnos y sobre todo, para pelearnos al respecto. ¡Dios, cuánto nos gustaban los debates y las argumentaciones! ¡Cuántas voces! ¡Cuántas trifulcas! Pero eran trifulcas nobles. Creíamos de verdad que nuestras ideas podían influir en el transcurso de los hechos…”

Los sueños forman parte fundamental del libro, esos sueños que un día tuvimos años atrás y que conforme avanzan los años vamos olvidando o relegando a algún lugar oscuro apartado de los pensamientos con bosque nos enfrentamos al día a día:

“Algunos de nosotros soñábamos con convertir nuestra pandilla en un cenáculo literario; otros pensaban en un movimiento político que empezara entre estudiantes antes de extenderse a toda la sociedad; otros más sustentaban aquella idea tan atractiva que Balzac ilustró a su manera en su Historia de los Trece y a tenor de la cual unos amigos, pocos, pero entregados a causas comunes y portadores de una ambición común, un puñado de amigos valerosos, competentes y, sobre todo, unidos de forma indisoluble, podrían cambiar la faz de la tierra.”

Pero, Maalouf retrata mucho más que una simple amistad pasajera, se adentra en aquello que esconde cada relación, en las palabras que en algún momento se dijeron y las que quedaron por decir. El libro va abriendo heridas para poder cerrarlas. Heridas con el pasado, con la migración forzada, con el rencor de quienes quedaron en el país para luchar y de quienes tuvieron que marchar para sobrevivir.

“Se rumorea por aquí que te has ido para no volver. Cada vez que alguien lo repite delante de mí, hago como que me enfado. Lo que me ahorra andarme argumentando, dado que, te lo comento entre nosotros, no sé ya que decir..”

Maalouf ofrece un libro lleno de psicología pero también de política y de reivindicaciones, un libro íntimo a la vez que un grito a la justicia, a la paz y al entendimiento entre quienes tenemos que encontrarnos y convivir diariamente con personas iguales y distintas a nosotros mismos.

“Todo hombre tiene derecho a irse; es su país quien tiene que convencerlo para que se quede, digan lo que digan los políticos grandilocuentes. “No te preguntes qué puede hacer por ti tu país, sino lo que puedes hacer tú por tu país.” ¡Es muy fácil decirlo cuando eres millonario y acaban de elegirte, a los cuarenta y tres años, presidente de los Estados Unidos de América! Pero cuando en tu país no puedes ni trabajar, ni recibir cuidados médicos, ni tener donde vivir, ni estudiar, ni votar libremente, ni decir lo que opinas, ni tan siquiera ir por la calle como te apetezca, ¿de qué vale la sentencia de John F. Kennedy? ¡De muy poca cosa!.”

Imagino, que con el título del libro Amin Maalouf quiere hacernos llegar toda esa desorientación que cualquier persona siente al llegar a un lugar nuevo, con toda una maleta de recuerdos a su espalda, con los primeros deseos de volver pronto y con la ansiedad de sentirse sola ante la inmensidad de relaciones nuevas por construir; o acaso a la desorientación que acompaña a quienes viven las bruscas transformaciones que acompañan a las revoluciones, golpes de estados o vuelcos políticos, una desorientación que inunda desde los aspectos más públicos de la persona como lo más intimo de las relaciones.

“Si los hombres y las mujeres pudieran hablar abiertamente de sus relaciones, de sus sentimientos, de sus cuerpos, toda la humanidad sería más floreciente y más creadora.”

Sea como fuere, a través de su libro Amin Maalouf logra hacernos pensar en momentos vividos, reflexionar sobre la amistad y sobre los conflictos, conocer aún más las injusticias de la guerra, transmitirnos los sentimientos de quien marcha lejos de su lugar de origen, y todo con la excusa de organizar una nueva cena de reencuentro entre amigas y amigos.

“Nada sustituye el afecto de una pandilla de amigos. Nada, ni el trabajo, ni el dinero, ni la vida en familia. ¡Nada sustituye esos momentos en que los amigos se reúnen, y comparten ideas, sueños y comidas! Yo, por lo menos, lo necesito. A lo mejor soy un nostálgico incurable, un adolescente cuya alma no aceptó nunca el mundo de los adultos, pero soy así.”

¿Cuándo la próxima cena?

Portada del libro los desorientados de Amin Maalouf

Portada del libro los desorientados de Amin Maalouf


12 meses, 12 libros: Las intermitencias de la muerte de José Saramago

Las intermitencia de la muerte de José Saramago

Las intermitencias de la muerte de José Saramago

“Vivir con mis propios errores ya me cuesta demasiado trabajo, como para emitir juicios de errores ajenos”

Es extraño que haya tardado tanto en reseñar o escribir algo de José Saramago, sobre todo teniendo en cuenta como me han marcado algunos de sus libros. No fue el primero, pero tampoco el último libro que leí de José Saramago. Quizás la culpa de que cayera durante un tiempo en las garras de la literatura de Saramago la tuvieron aquellas jornadas en homenaje a su figura en las que tuve la suerte de participar junto con otras compañeras y compañeros. En cualquier caso, lo cierto es que una vez que entré en el universo Saramago tuve la necesidad de leer gran parte de sus libros.

Las intermitencias de la muerte es un desafío a nosotros mismos y a aquello que en muchas ocasiones tenemos tanto miedo: la muerte (en minúscula, y si no leed el libro)

La historia parece en principio bien sencilla, simplemente podría reducirse a la maravillosa primera frase del escritor:

“Al día siguiente no murió nadie.”

Pero, con esa primera frase Saramago es capaz de construirnos todo un relato ético, un ensayo filosófico, político y social sobre la muerte y las consecuencias de vivir eternamente. ¿Quién vive de la muerte? ¿quienes trabajan para la muerte? ¿qué problemas puede haber en no morir nunca? ¿tenemos que aceptar la muerte?. Sin duda es memorable la comisión interdisciplinaria donde filósofos, delegados de todas las religiones, Gobierno y demás representantes tratan de busca una salida a los nuevos problemas surgidos de esta vida eterna…

“las religiones, todas, por más vueltas que le demos, no tienen otra justificación para existir que no sea la muerte; la necesitan como pan para la boca”

El recorrido de José Saramago por la conducta humana y la forma de sacar provecho de cualquier situación, el mantenimiento de la pillería, del estatus social, el miedo a la pérdida de control y sobre todo el miedo a perder el poder sobre algo que las propias personas han utilizado para dominarse unas a otras: la muerte.

“La muerte por sí misma, sola, sin ninguna ayuda exterior, siempre ha matado mucho menos que el hombre.”

Construir un relato verosímil de algo completamente irreal es algo que Saramago sabe hacer son una habilidad asombrosa. por eso os recomiendo leer este libro y descubrir las consecuencias de acabar con eso que tanto nos atormenta: la muerte.

Me gustaría dejar, para terminar, una pequeña parte de la misteriosa carta que la muerte (y no la Muerte) hace llegar a los simples mortales:

“yo no soy la Muerte, soy simplemente la muerte, la Muerte es algo que ni por sombre les puede pasar por la cabeza qué es, ustedes, los seres humanos, sólo conocen esta pequeña muerte cotidiana que soy, esta que hasta en las peores catástrofes es incapaz de impedir que la vida continúe, un día llegarán a saber qué es la Muerte con letra mayúscula, en ese momento, si ella, improbablemente, les diese tiempo para eso comprenderían la diferencia real que existe entre lo relativo y lo absoluto, entre lo lleno y lo vacío, entre el ser y el no ser ya…”


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